Los limites reales de la "revolucion verde".

Publicado en:
El Cronista Comercial. Pag 2. 05 mayo 1981. Buenos Aires, Argentina.


El esfuerzo mancomunado de la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford que en 1949 iniciaran la experiencia agroindustrial que se dio en llamar la "Revolución Verde", aportó excelentes resultados durante varios años. Pero el tiempo y las circunstancias actuales están demostrando que las "semillas milagrosas" no son tales.

Las variedades de semillas de trigo enano desarrolladas en México a principios de la década del 50, y las no menos famosas variedades de arroz logradas en Filipinas durante 1962, requieren una adecuada fertilización, un intenso control de insectos y malezas, una abundante irrigación, un buen manejo de la tierra y una intensa utilización de bienes de capital. Todo esto, traducido en términos de energía, implica un elevadísimo costo que los países subdesarrollados o en vías de desarrollo -que son justamente los más necesitados de alimentos- no pueden afrontar.

Logros y fin de una etapa.

Gracias a la "Revolución Verde", México dejó de importar trigo en 1956. Hasta mediados de la década del 70 la India importaba grandes cantidades de alimentos. La implantación de nuevos sistemas de cultivos y semillas permitió que la producción de trigo pasara de 12,3 millones de toneladas en 1965 a 24,1 millones en 1974 y a 34,9 millones en 1980. La producción de arroz pasó de 45,9 millones de toneladas en 1965 a 74,3 millones en 1977. La producción de arroz en Indonesia aumentó el 37% en la década pasada. En Filipinas creció el 40% en el mismo período y en Pakistán se duplicó la producción de trigo y se incrementó en un 30% la de arroz. En los pasados 15 años se observaron notables progresos en la producción mundial de alimentos y forrajes de 951 millones de toneladas en 1965 a casi 1,5 mil millones en 1980.

Sin embargo, este esquema de crecimiento no puede mantenerse en la forma actual. La India necesitará más de 5 mil millones de dólares anuales para proveer de fertilizantes, pesticidas y equipamientos para el sector agrícola. El sistema de irrigación ha llegado al máximo de su capacidad y deben buscarse nuevas fuentes de agua en los próximos 20 años si se quiere guardar la proporción entre la producción de alimentos y el aumento de la población.

La crisis de la energía, que comenzara en 1973, restó efectividad al modelo ortodoxo de la "Revolución Verde" y las semillas logradas por los técnicos agrícolas de hace dos décadas están perdiendo su "milagrosidad".

Los esfuerzos por una mayor producción.
No cabe la menor duda que la tierra cultivable es y será cada vez más escasa en el mundo y cada vez es mayor la población que debe repartirse el total de 1.500 millones de hectáreas en que ha sido estimada la superficie apta para la agricultura y la ganadería.

Para dramatizar esa realidad basta sólo decir que cuando la población mundial era de 500 millones de habitantes en 1650, le correspondía 3 hectáreas a cada ser humano. En 1975, con una población de 4000 millones esa superficie se reduce a menos de 0,4 hectáreas. Pero para el año 2000 cuando la población sea de 7000 millones de habitantes el área utilizable para la producción de alimentos será de 0,2 hectáreas pér capita. O mejor dicho, por boca.

Desde que el inglés Thomas Malthus expusiera su teoría sobre la población y los alimentos a principios del siglo XIX, muchas etapas se han ido cubriendo en la batalla contra el hambre. Se mejoró la producción, se incrementó el rendimiento de la tierra, se extendieron cultivos a tierras marginales, todos logros extraordinarios que la erosión, el aumento de la urbanización y otros motivos se encargaron de reducir. La etapa de la "Revolución Verde", de mediados de nuestra era está llegando a su fin, aunque todavía sea promocionada en algunos países con excedente de energía y en los cuales los países industrializados pueden colocar sus bienes de capital.

Pero ahora los científicos agrícolas trabajan en nuevas técnicas genéticas que puedan dar otro impulso a la producción de alimentos. Se habla de cambios genéticos en las plantas de trigo y maíz que pueden dotarse a sí mismas de capacidad para fijar nitrógeno eliminando la necesidad de fertilizantes. Y otras variedades con un elevado nivel de fotosíntesis que reducirían el tiempo de crecimiento. A.

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