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El Cronista Comercial, pag 4. 12 agosto 1980. Buenos Aires, Argentina.

La “revolución verde” requiere financiación para sustituir la importación de alimentos. La visita a Buenos Aires de una misión nigeriana interesada en el sector ganadero del campo argentino demuestra la preocupación de ese país por buscar una solución a una inexorable alternativa.
¿Puede un país basar su economía en una producción perecedera? Este es el caso de Nigeria. Los ingresos de divisas se obtienen en más de un 90% de sus exportaciones de petróleo. Algo así como 15.000 millones de dólares anuales, cerca de 2 millones de barriles diarios. Las reservas identificadas de petróleo permitirán el mismo ritmo de explotación durante 25 o 30 años más. Pero y después ¿qué? Así como en este último cuarto de siglo, el petróleo domina la economía mundial afectando la inflación, los precios y las tendencias del crecimiento económico de los países, así dominarán los alimentos la economía durante el Siglo XXI.

Como la España del siglo XVI.
Las primeras explotaciones de petróleo comenzaron en la década del 40, y no interferían mayormente en el normal desarrollo de la agricultura. Pero fue a partir de la intensificación de esa actividad a mediados de la década del 60 y fundamentalmente desde fines de 1973, cuando los precios del petróleo comenzaron su vertiginosa escalada que toda la actividad agrícola se resintió en beneficio de aquélla mucho más rentable.
Quizás algún asesor oficial haya advertido a las autoridades nigerianas del peligro que esa brusca transferencia de factores productivos acarrea al país. O aun más, quizás le haya relatado alguno de los tantos ejemplos similares que abundan en la historia. “En el Siglo XVI había un reino llamado España que luego del descubrimiento de un nuevo continente y de las riquezas que el mismo encerraba, comenzó a recibir en la metrópolis a sus galeones colmados de oro y plata: y los labriegos que dura y trabajosamente arrancaban las simientes del hostil suelo español, abandonaron sus campos y se fueron en pos de las fortunas rápidas y fáciles. Los gallardos galeones españoles no descargaban ya sus metales preciosos en los puertos de la península sino que lo hacían en los depósitos de sus acreedores que suplían con alimentos, telas y encajes a la abandonada España. Y así desapareció, junto con el oro y la plata, el poderío de un reino europeo”.
No cuesta mucho imaginar la similitud de este caso con la Nigeria del Siglo XX. Pero el Gobierno y las anteriores autoridades del país fueron advertidos de las enseñanzas históricas.
La economía de Nigeria fue esencialmente agrícola. Durante la época colonial de la dominación inglesa, se desarrolló en esta región una intensa actividad económica destinada al cultivo del cacao, maní, aceite de palma, coco y algodón. A comienzos de la década del 60, últimos años de la administración británica, el sector agrícola contribuía con el 65% de las exportaciones totales del país. La participación de los productos del agro en las exportaciones totales de Nigeria pasó al 26% en 1970,10% en 1973 y sólo el 5% en 1976. En la misma proporción en que fueron aumentando las exportaciones de petróleo. De aquel conjunto importante de producciones agrícolas sólo se continúa vendiendo en él exterior el cacao, fundamentalmente debido a los elevados precios en el mercado internacional. El resto, maní, aceite de palma, algodón, dejaron de exportarse y los cultivos fueron abandonados a las plagas y enfermedades y se produjo el éxodo rural.
La situación no podría ser más desalentadora.
En 1974 el Ministerio de Agricultura nigeriano lanzó el programa de Producción Acelerada de Alimentos. Dos años más tarde para activar el languideciente programa anterior se instrumentó otro con el título de Operativo: Alimente a la Nación. Pero ambos no hicieron otra cosa que atenuar levemente el rápido ritmo de reducción de la producción agrícola. El petróleo seguía dominando en forma creciente la economía del país.
La revolución verde.
La llegada de un gobierno civil en setiembre pasado, puso nuevo énfasis en los programas agrícolas y en esta oportunidad fue anunciada la Revolución Verde, que en el término de 5 años, es decir para fines de 1984, deberá haber logrado el autoabastecimiento de alimentos.
El autoabastecimiento permitiría ahorrar unos 700 millones de dólares anuales, que es el monto de las actuales compras de productos alimenticios en el exterior. Tal importancia le ha asignado el gobierno a este programa, que el mismo está” personalmente dirigido por el presidente Shagari.
Pero los problemas que se deben vencer son múltiples y de difícil solución. La mayoría de los agricultores nigerianos son analfabetos y totalmente reacios a incorporar los modernos métodos tecnológicos para la agricultura. Los programas educativos y los servicios de extensión dieron escasos o ningún resultado durante los programas anteriores. Por otra parte, la infraestructura rural (caminos, comunicaciones, hospitales, escuelas, agua, energía eléctrica) es prácticamente inexistente. Otro tanto ocurre con la maquinaria agrícola, el uso de fertilizantes y de nuevas semillas. Además debe considerarse el éxodo rural creciente y constante hacia sectores de la actividad económica mucho más redituables y atractivos: el sector petrolero y el auge de las ciudades portuarias, febriles dentro de un ritmo de importaciones nunca alcanzado anteriormente. En consecuencia todos los programas aplicados anteriormente han dado siempre un paso adelante y dos atrás.
El importante egreso de divisas que anualmente se destinan a la adquisición de alimentos no se justifica en un país que cuenta con tremendos recursos naturales para desarrollar con éxito la agricultura, la ganadería y la actividad pesquera. Así lo reconoció el secretario de Estado de Agricultura, Emmanuel Agwumah, cuando el pasado 17 de julio hizo uso de la palabra en la XXI Reunión Nacional de Desarrollo Ganadero. “La situación es vergonzosa y desalentadora” -agregando que- “no hay razón para que Nigeria gaste tanto en granos mientras estamos en medio de la abundancia”. En esa oportunidad aseguró que el Gobierno Federal proveería los Incentivos necesarios para las inversiones de los empresarios extranjeros que quieran participar en proyectos integrados destinados a solucionar esa situación.
A la búsqueda de la financiación.
Mientras tanto el gobierno nigeriano, se encuentra abocado a resolver uno de los fundamentales obstáculos de la Revolución Verde en cuanto a programas en sí: su financiación y cómo obtenerla. Las autoridades en Lagos, se muestran activas en ese sentido. Un mes atrás recibieron el apoyo del gobierno de Pekín para que la Revolución Verde sea un éxito. Así lo expresó el embajador chino en Nigeria, Lei Yang. Informando que su país estaba preparado para participar en el intento de transformar a Nigeria en un país autosuficiente en materia de alimentos.
Posteriormente, el propio ministro de Agricultura de Nigeria, Ibrahlm Gusau, visitó Brasilia a principios de julio, manteniendo conversaciones con sus colegas brasileños sobre la forma de estrechar relaciones comerciales entre ambos países, en especial en el campo de la agricultura. A su regreso a Nigeria, Gusau, expresó que las conversaciones se habían centrado en la asistencia que el país sudamericano podía prestarle en el campo forestal y ganadero, agregando que Nigeria estaba dispuesta a importar maquinaria agrícola desde Brasil.
Más recientemente, la visita del vicepresidente de los Estados Unidos a Nigeria finalizó con la firma de varios acuerdos, entre ellos y muy especialmente, los relacionados con la “intensificación de la cooperación en la agricultura”. En tal sentido quedó formalizado un grupo de trabajo oficial con funcionarios de ambos países para colaborar en la planificación e implementación de proyectos específicos. Un hecho concreto fue la creación del Comité Conjunto de Consulta Agrícola, con representantes oficiales y privados de ambos países cuyo primer trabajo será un estudio de suelos, con el aporte de técnicos estadounidenses.
El último paso es el envío de una misión a la Argentina con el objeto de buscar apoyo tecnológico y científico para uno de los sectores incluidos en la Revolución Verde: la ganadería.
El desafío que enfrenta Nigeria es enorme y la alternativa inexorable: o aprovecha en forma creciente sus 70 millones de hectáreas cultivables durante el auge del petróleo o el año 2000 sorprenderá al país con unos 140 millones de habitantes condenados al hambre. A.
 
Lagos, Nigeria. Agosto 1980.

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