Publicado en: Revista Pulso No. 118. pag. 20 y 21. 12 agosto 1969. Buenos Aires, Argentina.

LA ANEMIA DE LA ALALC

Balance de un ideal: la integración.

Aunque la Argentina es uno de los países que más beneficios ha obtenido de la ALALC, conforme a una costumbre nacional -no tomar en cuenta datos fidedignos de la realidad- la prédica anti-integracionista se ha difundido incluso dentro del gobierno, cuya política en la materia muestra una frialdad cada vez más notoria. Un balance de la situación muestra que los problemas de la Lista Común no impidieron el crecimiento del comercio intrazonal.

El 18 de diciembre de 1967 concluía en Montevideo el VII Período de Sesiones Ordinarias de la ALALC. No fue necesario llegar a la clausura de las sesiones para que algunos prego­neros de la “integración” comen­zaran a difundir la muerte de la ALALC. La VII Conferencia des­pertó un interés inusitado de los periódicos y de las revistas especiali­zadas. La ciudad sede fue visitada por una nueva categoría de delegados, los periodistas, que trataban de dilucidar a verdad que había en los rumores jue dominaban el ámbito empresarial y que llamaban la atención y preocu­paban a todo hombre de negocios. El principal tema de discusión de los representantes latinoamericanos reu­nidos en la mesa de negociaciones del primer piso del edificio de Cebollatí y Médanos era la concreción del se­gundo tramo de la Lista Común.

El tema sigue teniendo actualidad. Aún no se ha podido reunir un conjunto de productos comunes al in­terés de los 11 países adheridos al Tratado de Montevideo que alcance el 25% del comercio intrazonal. Él primer porcentaje, otro 25%, se logró alcanzar durante el desarrollo de la IV Conferencia, celebrada en Bogotá a fines de 1964. Si bien en aquella oportunidad no hubo ma­yores problemas, ya los visionarios de la integración vaticinaban algunos de los inconvenientes con que los nego­ciadores de los gobiernos signatarios del Tratado tropezarían tres años más tarde.

Los obstáculos aumentaron de tamaño durante ese lapso y nuevos inconvenientes se agregaron al ca­mino que conduce hacia la Zona de Libre Comercio: los problemas políticos de los países miembros prosi­guieron, la inestabilidad monetaria continuó causando estragos en las economías de los menos desarrolla­dos, la inflación -y la secuela de males que arrastra consigo- siguió sin ser dominada, el ingreso de Bolivia y Venezuela a la Asociación trajo aparejado los lógicos desajustes que supone la incorporación de dos nuevos países a un proceso en marcha.

Así, el fracaso dé los esfuerzos por concretar el segundo compromiso de Lista Común -asumido el 18 de febrero de 1960 en Montevideo- permitió a los grupos y sectores disidentes y temerosos de la integración desatar una ola de pesimismo o sim­plemente de derrotismo frente al futuro de la ALALC. Hasta se alegó que la Argentina no debía seguir cerrada a una serie de compromisos integracionistas que no auspiciaban nada bueno para sus intereses.

Dada la realidad latinoamericana, hay quienes opinan que los meca­nismos establecidos en el Tratado no eran los más convenientes para lograr la meta de tener totalmente desgra­vado lo esencial del comercio intrazonal para 1973. La disparidad en el grado de desarrollo económico den­tro de los países que componen la Zona, las distancias enormes que separan sus grandes centros de con­sumo, las dificultades derivadas de sus producciones agropecuarias, la inestabilidad política y económica, no son sino algunos de los inconve­nientes que hacen de la integración latinoamericana una tarea ardua y compleja: un desafío a los gobiernos y empresarios.

La verdad de las cifras.

Sin embargo, mientras la opinión pública requería más informaciones sobre la marcha de la ALALC como quien pregunta por la salud de un enfermo moribundo, en Montevideo culminaban la séptima ronda de negocia­ciones de Lista Nacional. En aquella oportunidad se negociaron 539 pro­ductos, resultado de concesiones otor­gadas y recibidas que llevaron a decir al Dr. Horacio Rodríguez Larreta, directivo de IDEA y delegado pri­vado de esa Conferencia, que “la Argentina concretó una magnífica negociación sin lesionar ninguno de sus intereses básicos”. Este es un ejemplo del contrasentido que se crea al pensar en la Lista Común como condicionante del éxito o fracaso de la ALAC y, directamente, del esfuerzo realizado hasta el presente.

Durante 1967 la Argentina parti­cipó en el 42% de las exporta­ciones totales de la ALALC y con el 28% de las importaciones, lo que la llevó a absorber el 34% del total del comercio intrazonal. Las exporta­ciones pasaron de 100 millones de dólares en 1961 a 338,1 millones en 1968, es decir que tomando a 1961 como año base = 100, 1968 repre­senta 338: un aumento sumamente significativo si se tiene en cuenta la participación que en estos valores tienen los productos no tradicionales y que pone de relieve la gravitación que tiene la Argentina en el conjunto latinoamericano.

Razones de la lentitud

La Secretaría de la ALALC expresa que “la integración econó­mica es una obra difícil, perturbada casi constantemente por la acción de los intereses opuestos y representa además, por sobre todas las cosas, un desafío a la capacidad de acción de los países americanos”.

Es indudable que los intereses opuestos son, sin duda, aquellos que temen la competencia de métodos más eficientes, más económicos, más altamente tecnificados de empresas que surgen con nuevas dimensiones al amparo proteccionista del Estado pero que luego sé lanzan agresiva­mente a la conquista de nuevos mer­cados. Existe una tendencia natural de las fuerzas vivas en el continente a rehuir la competencia exterior y que incluso la lleva a no saber aprovechar las oportunidades que brinda el mer­cado ampliado. Con suma frecuencia se llega también a trasladar a la ALALC, a la manera de efectos nega­tivos, las dificultades internas del país, con lo que las especulaciones en torno al proceso de integración plan­tean distintas opciones como irreconciliables entre sí.

Los pasos adelante

Existen realidades concretas que permiten enfrentar las opiniones maliciosas de los voceros de la anemia de la integración y ahuyentan al fantasma del fracaso que pre­tenden crear.

Las Listas Nacionales son el gran baluarte contra el pesimismo y el escepticismo de algunos empresarios. Ellas son las que a través de los miles de productos negociados han posibili­tado el aumento del intercambio. Los márgenes de preferencia otorgados por todos los países miembros de la Zona son los que permitieron incre­mentar el comercio exterior argen­tino en más de 613 millones ele dó­lares durante el último año, y que ya en los primeros tres meses de 1969 se elevó a casi 164 millones de dólares superando en casi 50 millones a igual lapso del año anterior.

Las reuniones sectoriales permiten a los empresarios latinoamericanos intercambiar experiencias y realizar, recomendaciones sobre las desgravaciones anuales, engrosando de este modo las concesiones de las Listas Nacionales. Y las hay muy variadas y muy importantes; la sectorial de la industria de la carne, la de la indus­tria fotográfica, la de artículos cerá­micos, etc. Pero el logro más impor­tante de estas reuniones es, sin lugar a dudas, la firma de los acuerdos de coinplementacion. Fruto de estas reuniones ha sido la adhesión del gobierno a los acuerdos de máquinas de estadística y análogas de cartulina (1962), de válvulas electrónicas (1964), de la industria química (1967), de productos de la industria de bienes del hogar (1968), de pro­ductos de la industria del vidrio (1969) mientras que esperan su tumo otros tan importantes como el del sector de conservas de frutas y legumbres, de productos de la indus­tria de la refrigeración, aire acondicionado y de aparatos eléctricos, mecánicos y técnicos de uso domés­tico; sobre la industria de máquinas de oficina, de la industria del plás­tico, etc. que permitirán como los ya en vigencia intensificar la integración y complementadón de economías y lograr un mejor aprovechamiento de los factores de la producción.

Hay otras conquistas de relevante importancia: los esfuerzos realizados sobre la adopción de una nomencla­tura arancelaria común, tomando como base la nomenclatura de Bru­selas y a ía que solo Ecuador, Para­guay, Uruguay y Venezuela no han adherido aún; las tareas tendientes a armonizar las legislaciones y regla­mentaciones aduaneras; la conversión, de gravámenes mixtos o específicos en derechos ad-valorem, los ante­proyectos de regímenes comunes para la promoción de exportaciones (draw-back, reintegros, etc.), los estu­dios realizados por sectores industria­les, tales como el siderúrgico, petroquímico, papel y celulosa, fertilizan­tes, etc.; la intensificación de las relaciones interbancarias entre las partes contratantes, estimulando la vinculación directa entre los bancos comerciales y facilitando el estableci­miento de líneas de créditos recíprocos; el intercambio de informa­ción sobre producción y comercio agrícola; etc.

Solo algo más: la ALALC es la destinataria del 25% de las expor­taciones argentinas y del 24% del total del intercambio de este país. A.

Buenos Aires, Argentina. Agosto 1969.