Publicado en: Revista Pulso. No. 124. Pag. 18 y 19. 23 septiembre 1969. Buenos Aires Argentina.

LENTA REACCION OFICIAL

Sobredimensionamiento mundial de la producción de fertilizantes. Con un poco de demora, la denuncia que la empresa Petrosur SA. realizara el 18 de junio pasado a la Secretaría de Industria y Comercio Interior, fue final­mente atendida.

En aquella oportunidad la citada firma dedicada a la fabricación de fertilizantes sintéticos, solicitó a las autoridades nacionales la adopción de medidas tendientes a impedir la entrada al país de urea y sulfato de amonio a precios sensiblemente distorsionados por subsidios, primas y política de costos en los países exportadores de esos productos.

El decreto-ley “antidumping”

La medida se materializó con la Resolución 427 de la citada Secretaría solicitando a la Dirección Nacional de Aduanas “que el despacho a plaza de dicha mercadería se efectúe mediante el pago de los derechos y gravá­menes sobre el valor declarado y el afianzamiento bancario de hasta el 100% sobre el mismo valor declarado por la posible diferencia que eventualmente resultare al efectuarse los estudios del caso”. Así consta en el artículo 9o. del decreto-ley No. 5342/63 que desde hace seis años comenzara a cubrir el polvo de la burocracia. El citado decreto-ley, llamado “antidumping”, contempla la fijación de un gravamen que anule la distorsión de precios cuando la importación de mercaderías se efectúe a precios inferiores a los fijados para el consumo interno del país exportador o, cuando a falta de estos datos, se pueda comprobar que el precio de la mercadería introdu­cida es inferior al “precio comparable, para la. exporta­ción, de un producto simñar a un tercer país en el curso de operaciones comerciales normales”.

De todos estos aspectos de competencia desleal y ruinosa para esta industria se han acumulado pruebas irrefutables en el voluminoso expediente (No. 138.439/69) de la Subsecretaría de Industria, sobre el que se están realizando los estudios sobre la fijación del gravamen “antidumping”.

La consecuencia de una crisis

Sin embargo, las preocupaciones de Petrosur no son sino consecuencia de un drama mundial en el que participa toda la industria de los fertilizantes sintéticos debido a las cuantiosas inversiones realizadas sobré la base de expectativas de una mayor demanda que, hasta el momento, no se han concretado en el volumen esperado.

En efecto, el constante aumento demográfico en el mundo, los importantes avances tecnológicos que en materia agropecuaria se han venido operando en las últimas décadas, la crisis del hambre y la respuesta que a ella han pretendido dar los organismos internacionales de ayuda (AID, FAO y otros) juntamente con los programas de auxilio con que las naciones desarrolladas pretenden socorrer a las más necesitadas, provocaron en los directivos de las grandes compañías petroquímicas, de gas y de minas un falso espejismo sobre el auge explosivo de la industria de los fertilizantes y se lanzaron arrolladoramente a la amplicación de sus plantas produc­toras y a una expansión desenfrenada de lo que fue un contagio psicológico al considerar que el mundo podría utilizar toda la cantidad de fertilizantes que se produjese.

La realidad fue completamente distinta. El orden internacional resultó seriamente alterado durante los últimos años, lo cual gravitó sensiblemente en la colabo­ración que las naciones industrializadas podían brindar a los demás países para su desarrollo. Las mismas razones pueden ser aplicadas a los organismos internacionales especializados que siguen la suerte de los grandes movi­mientos financieros mundiales. En cuanto a la mayor demanda de fertilizantes, que cabría esperar de los países subdesarrollados para hacer frente al aumento cada vez mayor de sus poblaciones, y por lo tanto de alimentos, solo se constituyó en una errónea estimación: las investi­gaciones realizadas sobre la aplicación de los fertilizantes sintéticos derivados de la petroquímica a la explotación agropecuaria dieron excelentes Resultados, pero solo si es acompañado de un mejoramiento general de los métodos agrícolas. Quiere decir que no basta con que se utilicen fertilizantes para que la producción del agro aumente, sino que debe ser acompañada de mejores semillas, obras de riego, rotación de cultivos, empleo de insecticidas y la adopción de otras innovaciones tecnológicas que aplica­das a una explotación de subsistencia, como son las economías subdesarrolladas, implicaría una trasformación revolucionaria del orden cultural, económico y social

La formación del “cartel”

Este es entonces el nuevo panorama mundial en el que tienen que desenvolverse las grandes empresas pro­ductoras de fertilizantes. A estos inconvenientes, deriva­dos de la falta de un estudio de mercado previo, deben sumarse los que constituyen una característica propia de esta industria: por un lado la estacionalidad de las ventas hace prácticamente imposible el planeamiento de la producción -un año de buenas lluvias’ marca un des­censo significativo en la compra de fertilizantes por parte de los agricultores-. Por otra parte, la similitud de los productos competitivos, debido a las particularidades de los. productos químicos, hace imposible la competencia de calidad mientras que los consumos de grandes cantida­des eliminan las posibilidades de mejores presentaciones. Queda entonces como única base de competencia los precios y la financiación.

Los efectos desastrosos en la guerra de precios por la colocación de los saldos exportables fue lo que final­mente obligó a los productores europeos a formar el “cartel” Nitrex compuesto por empresas de Alemania (BASF, Ruhr Stickstoff, Hoechst), de Italia (SEIFA), Holanda (CSV), Francia (Comptoir National de l’Azote), Noruega (Norsk-Hydro) y de Bélgica. La mayoría de estas firmas tienen filiales o representaciones en la Argentina. Tal es el caso de Montargento SA. (de SEIFA), BASF Argentina, Hoechst SA., Phibro SA. (de Ruhr Stickstoff) y Compañía Química (de CSV).

El panorama nacional

La industria nacional comenzó a sufrir las consecuen­cias de los desaciertos internacionales a través de una baja continuada en los precios de importación. Los precios al contado de venta CIF Buenos Aires por parte de los exportadores europeos del grupo Nitrex para los fertilizantes nitrogenados urea (46% N) y sulfato de amonio (21% N) comenzaron a caer: 16 dólares en 24 meses, desde fines de 1965 y hasta noviembre de 1967. Pero la disminución es mucho más evidente precisamente en momentos en que la industria nacional comienza a estar en condiciones de abastecer normalmente el mer­cado interno: 12,6 dólares en solo 18 meses, entre noviembre de 1967 y mayo de 1969.

Los plazos y montos de financiación que otorgan los exportadores europeos se encuentran a un nivel que descoloca a los productores nacionales.

Las pruebas de la maniobra

Que estos precios de importación se encuentran dentro de las características del “dumping” que define el decre­to-ley No. 5342/63, se pone de manifiesto cuando se analizan los precios de estos mismos productos en los mercados internos de los países exportadores. Sobre la base de publicaciones internacionales (Nitrogen, European Chemical News) y a través de las informaciones que las Consejerías Económicas destacadas en Europa envia­ran a Buenos Aires en respuesta a lo solicitado por la industria afectada y por las autoridades oficiales, queda evidenciado la diferenciación entre los precios internos y los de exportación. Los precios mayoristas para el consumo interno, de la urea (46% N) oscila en Italia, Alemania, Francia y Bélgica, entre 110 y 100 dólares la tonelada. Para el sulfato de amonio (21% N) en los mismos países los valores son 54 y 53 dólares la tonelada. Si comparamos estas cifras con las de la misma fecha CIF Buenos Aires se observa que la distorsión es del orden de los 35 dólares para la urea y de 10 dólares para el sulfato de amonio.

Los mecanismos de defensa

Llevar los precios mayoristas del consumo en los países europeos a CIF Buenos Aires y al tributo del 20% de derecho de importación que corresponde a estos productos significa una protección mínima ade­cuada para que la industria nacional desarrolle el 40% de su capacidad instalada inactiva y de esta forma alcanzar una economía de producción que le permita lograr un nivel de precios similar al internacional.

Operaciones de este tipo requieren la rápida y efectiva, acción de los organismos oficiales en ayuda de los productores nacionales, imposibilitados de hacer frente a los grandes complejos financieros internacionales, a sub­sidios que, como en el caso del Reino Unido (ninguna de cuyas empresas se encuentra adherida al grupo Nitrex) goza de un subsidio estatal para los fertilizantes del orden del 30%. El decreto-ley “antidumping” debe ser de aplicación permanente toda vez que situaciones de este tipo amenacen a la industria nacional y el resultado de un estricto control que en materia de importación debe prestar el Estado a través de sus organismos especializados. A.

Buenos Aires, Argentina. Septiembre 1969