Desde el Grupo Pan de Azúcar en Angola, las actividades brasileñas en África se desarrollan rápidamente. Hoy el intercambio comercial es de 20.000 millones de dólares.
Ya por la década de 1970, Brasilia le había asignado a África la segunda prioridad en su política exte­rior, sólo precedida por Améri­ca Latina. Así lo expresaba Amílcar Alencastre, ex diplomático y que fuera representante brasileño ante las Naciones Unidas, espe­cialista en temas africanos y del Atlántico Sur.

La participación empresaria.
La actividad comercial bra­sileña en África se de­sarrolló vertiginosamente desde que Itamarty rediseñó su política exterior y avaló la experiencia del supermercado del Grupo Pan de Azú­car en Angola a comienzo de los 70, en plena etapa revolucionaria. Apenas 10 años después, el supermercado contaba con 25 sucursales distribuidas en Luanda y además exportaba sus productos a Costa de Marfil, Senegal, Libe­ria y Nigeria. El mercado afri­cano representaba, ya en ese entonces, nada menos que el 80% de las actividades de esa trading con un creci­miento anual del 25%.
Indudablemente Angola se convirtió en un mercado suma­mente activo para los brasileños. Por aquellos años Brasil era altamente dependiente de las importaciones de combustible y la “crisis de la energía” de 1973 había golpeado duramente a sus proyectos de desarrollo económico. Angola entregaba entre 15.000 y 20.000 barriles diarios de petróleo por valor de 70 millones de dólares en 1980, provenientes del enclave de Cabinda, donde se concentra la actividad petrole­ra del país. Brasil compensaba ampliamente esas compras con sus exportaciones, no solo de alimentos sino también de ómnibus, camiones, barcos pesqueros, maquinarias para la industria textil, produc­tos terminados e intermedios por valores superiores a los 100 millones de dólares.
Como ya se destacara, la política del “pragmatismo responsable” permitía a los gobiernos militares brasileños negociar no solo con el gobierno revolucionario de Angola sino también con el de Mozambique donde favorecido por el idioma común, también realizaba una experiencia inédita: los expertos agrícolas de la Empresa Brasileira de Pesquisas Agropecuarias (Embrapa) colaboran con el gobierno de Mapu­to en el desarrollo de un programa de establecimiento de granjas colectivas, un proyecto de reforma agraria que en el mismo Brasil no se practicaba. Pero también vendía locomotoras de General Electric Brasil, tractores Massey-Ferguson, camiones Scania y los ómnibus MarcoPolo, cámaras frigoríficas de COTIA, además de ingeniería agrícola, servicios hidroeléctricos, ferroviarios, mineros, obras portuarias, instalación y modernización de infraestructura telefónicos, y muchos servicios mas.
Actividades similares se desarrollaban en varios otros países del Africa subsahariana: Costa de Marfil, Benin, Togo, Tanzania, Nigeria -indudable­mente el socio más importante que Brasil tiene en África-, todo esto sin dejar de lado los acuerdos relativos a las principales producciones tropicales que constituyeron el inicio de las relaciones transatlánticas como el café y el cacao.
Apenas en 1976 una firma brasileña, COTIA, comenzó a enviar un vuelo diario a Lagos con 35 toneladas de carne enfriada atendiendo a una soli­citud que realizara el gobierno de Nigeria. Esta operación in­volucró 23 millones de dólares anuales. Actualmente esa empresa está montando nada menos que 79 cámaras fri­goríficas en Nigeria con una capacidad para 250 toneladas cada una por valor de 25 millo­nes de dólares. Estas cámaras serán administradas durante 4 años por COTIA en los cuales se entrenará al personal nigeriano para el manejo y admi­nistración de las mismas mientras que por cinco años más se continuará prestando asistencia técnica integral.
COTIA es la primera trading en volumen de exportaciones al África, dedicándole a este con­tinente el 40% de sus negocios. Básicamente la empresa brasi­leña transfiere know-how y asistencia técnica.
Además, donde es posible, la empresa se asocia con firmas nigerianas como en el caso de la LIK, para la fabricación de autopiezas. O de Drinko, que señala el monto de mayor pe­netración brasileña en cuanto a Imagen. Drinko comenzó la elaboración de la muy conocida bebida gaseosa brasileña “Guaraña” bajo licencia de Brahma para producir unas 120.000 botellas mensuales pa­ra abastecer el mercado nigeriano.
El éxito de la gaseosa fue de tal magnitud, que la misma es consumida totalmente en Kaduna, lugar de su producción, sin llegar a otros centros de consumo como estaba plane­ado. La Inversión fue de 7 millones de dólares.
Otro joint venture es el de Nigerian Ranches Ltd. para la cría de ganado, una estancia llave en mano. En este rubro los brasileños son muy activos y las consultoras ganaderas asesoran a los nigerianos sobre los métodos de cría, engorde, procesamiento de frío y comer­cialización.
En cuanto al valor de las operaciones es indudable que Volkswagen Brasil se en­cuentra entre los primeros lu­gares. Volkswagen posee una planta de ensamblaje en Nigeria. El 60% de los componentes uti­lizados provienen del Brasil. Volkswagen planea ahora introducir en algunos otros países de África su modelo bra­sileño con motor a alcohol, aprovechando las condiciones similares al Brasil para la pro­ducción de caña de azúcar. Ac­tualmente los Volkswagen bra­sileños se venden en 22 países de África.
Brasil exporta también gran­des cantidades de azúcar, algodón, papel, hierro y acero, pro­ductos farmacéuticos, ómnibus, camiones, artefactos do­mésticos con una muy destaca­da indicación de “made for the tropics” herramientas, vidrio, aceite comestible, soja, equipos militares.
Un servicio que los brasile­ños tienden a monopolizar en Nigeria es el de las comunica­ciones. La instalación y moder­nización del servicio telefónico es realizado por varias empre­sas extranjeras, la mayoría de ellas brasileñas como la Graham Bell o la Protec  Sobratel. Pero la supervisión de todas ellas está a cargo de Hidroservice, una firma paulista especializada en consultoría de comunicaciones, con gran experiencia en la solución de problemas que surgen en cli­mas tropicales y con escasez de recursos técnicos. A.
Buenos Aires, Argentina. Mayo 2012.