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Prensa Económica. No. 297, pag. 38. Diciembre 2009. Buenos Aires, Argentina.
La autonomía que tenia Estados Unidos para manejar su economía se ha restringido muchísimo pero dado su tamaño todavía tiene un impacto e importancia muy grande en el mundo. La gran incógnita es cuando comenzará una recuperación y cuan sustentable será.

Desde hace ya un año que el precio del oro sube de manera constante seguido poco después por las apreciaciones del yen y el euro con relación al dólar. La debilidad de la moneda líder es consecuencia de la política de los Estados Unidos que intenta frenar la caída de su economía, francamente en recesión, para lo cual las autoridades de la Reserva Federal (Fed) bajaron la tasa de interés a niveles cercanos a cero y expandieron la base monetaria. Ello, unido a un fuerte incremento del gasto del sector público, tuvo el efecto deseado y todo parece indicar que se evitó ahondar la actual severa depresión económica con catastróficas consecuencias para numerosos países en el presente mundo globalizado.
Pero la Fed se encuentra ahora ante un dilema muy grave ya que en algún momento tendrá que comenzar a revertir la aplicación de esos mecanismos, elevar la tasa de interés y contraer la oferta monetaria. Si lo hace muy pronto corre el riesgo de ahogar la incipiente recuperación de la economía y si lo hace muy tarde, producirá una espiral inflacionaria. 
Durante el reciente proceso de confirmación del segundo periodo de Ben Bernanke como presidente de la Fed en el Senado de los EE.UU. se expresaron duras críticas a la política económica oficial por parte de algunos de sus miembros. En especial referidas a las medidas que se están adoptando para aumentar la oferta monetaria y que a la larga puede producir un fuerte brote inflacionario. Esto preocupa porque hasta la fecha la Fed ha adquirido 1.25 billones de dólares de activos hipotecarios, como una forma de mantener bajo las tasas de interés para préstamos hipotecarios y estimular el mercado inmobiliario y esto ha sido un gasto considerable.
 
Por otra parte, el gobierno estadounidense esta recibiendo fuertes críticas por el déficit fiscal de 1.4 billones de dólares que generaron las medidas tomadas para impedir una caída libre de la economía durante el año 2009. Esto limita su capacidad de maniobra para seguir una política fiscal similar en el año 2010. En un debate sobre la creación de empleo, convocado por el presidente Obama en la primera semana de diciembre, y que reunió a mas de un centenar de lideres de empresas, gremialistas, economistas y altas autoridades nacionales, expresó que  “en última instancia, una verdadera recuperación económica solamente provendrá del sector privado”. Está por verse si ésta se materializará o si la economía volverá a entrar nuevamente en estado crítico  dado el alto nivel de desocupación y la débil demanda del sector consumidor. 
Es este contexto político-económico que está contribuyendo a la incertidumbre sobre el futuro del dólar ya que si no se reduce el déficit fiscal y continúa la expansión de la oferta monetaria de los EE.UU. la consecuencia será una devaluación del dólar y por consiguiente una reducción del valor real de la deuda. 
Mientras esto ocurre, la usina de pronósticos sobre la fortaleza del dólar no deja de funcionar. Ante el incendio de la crisis financiera los optimistas aseguran que “hay agua para apagarlo” mientras los pesimistas vaticinan que “el agua no va a alcanzar”, en una clara alusión a una vieja humorada de los economistas. 
Mucho más se analiza y se escribe sobre el fin de la  hegemonía estadounidense. Si bien algunos parecen ignorar la realidad histórica de los ciclos, otros ocupan distintos espacios en un abanico que va desde una rápida caída al estilo de la desintegración soviética a una lenta degradación a lo largo de varias décadas. Es indudable que en el futuro el dólar estadounidense pasará a ser una moneda más junto con la libra, el euro, el yen. Si eso no ha ocurrido hasta ahora es porque el dólar aun tiene reservas y porque no hay todavía una moneda que lo reemplace. Por lo tanto, antes que comenzar a especular cuando se va a caer el techo -y lo peor es que arriba nuestro-, o a faltarnos el piso bajo los pies –y caernos al vacío-, es de esperar que habrá un reajuste ordenado del sistema financiero internacional. 
La reciente declaración de moratoria unilateral de Dubai es un ejemplo de que todavía el incendio financiero no esta apagado a pesar del rápido aporte de agua de los emiratos vecinos para calmar a los inversionistas. Con esto se trata de evitar que se produzca un default de 30 mil millones de dólares, que en términos comparativos sería mayor que la reestructuración de la deuda de 22 mil millones de Corea en 1998, o un poco menor que la de Rusia ese  mismo año de 40 mil millones. 
Pareciera que hoy los inversores no ven nada grave a menos que las pérdidas se cuenten en cientos de  miles de millones de dólares. La banca Morgan ha pronosticado que la propiedad inmobiliaria comercial seguirá cayendo en el 2010 y posiblemente recién en el 2011 se estabilizara ese mercado, lo cual va a continuar afectando a Dubai que ha hecho grandes inversiones en el sector no solo en el país sino también en hoteles en Las Vegas, New York y Miami entre otros.  Lo que resulta llamativo es que el default virtual de Dubai debiera haber sido una llamada de atención para los inversionistas y sin embargo, luego de unos días de inestabilidad,  las bolsas del mundo siguieron creciendo. Esto podría interpretarse en el sentido de que los inversionistas comienzan a ver el futuro de la economía internacional con una visión más optimista. 
Sin embargo, problemas similares a los de Dubai están afectando, entre otros,  a Italia y Grecia. Este último, tiene una deuda  equivalente al 108% de su PBI y un déficit presupuestario en el año 2009 estimado en un 7% de su PBI y no puede devaluar ya que su moneda es el euro. Consecuentemente existe el peligro de que entre en default porque no va a poder financiar el pago de intereses y capital de los bonos que venzan en el corto plazo. Pero si esto se diera, existe la esperanza de que la Unión Europea aporte recursos para apagar este incendio financiero. 
En conclusión, podemos afirmar que la incógnita planteada al comienzo de la nota se mantiene. Lograr un crecimiento sustentable requerirá un rebalanceo de los patrones de la demanda global, ya que países exportadores netos deberán ajustar su estrategia de crecimiento basada en un aumento continuo de sus exportaciones hacia un crecimiento basado más en un aumento de su demanda interna. Asimismo, países deficitarios en sus cuentas corrientes, deberán reducir la demanda interna y  por consiguiente ahorrar y exportar más. Y finalmente pero no menos importante, les corresponde a los gobiernos fijar reglas claras de juego y proteger los intereses de consumidores y ahorristas y no dejar que los grandes bancos y grupos financieros jueguen a la ruleta rusa en sus cabezas. Recién entonces el dólar podrá estabilizarse y recuperar la confianza de los inversionistas. A. 
Virginia, Estados Unidos. Diciembre 2009.

 

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