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– Prensa Económica. No. 279, pag 115. Octubre 2006. Buenos Aires, Argentina.

Una de las razones del éxito de las economías asiáticas radica en la continuidad del desarrollo tecnológico y el mejoramiento permanente de la calidad de la producción. Para asegurarse la competitividad en los mercados internacionales, las empresas exitosas combinan las industrias tradicionales con industrias de tecnología informática.

El mayor nivel de educación de los asalariados, el más amplio conocimiento tecnológico y una actitud positiva hacia el trabajo, fueron los elementos básicos del éxito sobre los que se apoyo una adecuada política económica en varios de los países asiáticos.


La educación ha sido, por lo tanto, uno de los elementos originales y destacados en la estrategia para lograr el crecimiento económico en buena parte de los países del este y sudeste asiático. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.

En nuestra edición No. 278 de agosto pasado comentamos la importancia que se le asigna en Corea, China, Japón, Taiwán, y en varios países de la región, a la educación primaria y secundaria. Esa misma actitud se proyecta luego al ingreso a las universidades, especialmente a las más prestigiosas. Es una verdadera obsesión, no solo para los estudiantes sino también para sus padres, y constituye una verdadera “cruzada” familiar para lograr ese objetivo. El no poder tener acceso a una buena educación, por el contrario, es considerado un verdadero cataclismo familiar y social.

Las autoridades de esos los países saben que para estar y mantenerse a la vanguardia del conocimiento deben perfeccionar de manera constante los programas que promueven la calidad de la enseñanza en forma competitiva. De esa forma logran niveles mas altos en la formación profesional de sus estudiantes con el objeto de lograr participar y ganar espacios en el mercado internacional y no quedar al margen de la globalización.

Países como Corea, Japón y Taiwán, carentes de muchos recursos naturales, están dedicados al proceso de transformación de materias primas y commodities. Su producción esta destinada principalmente al mercado exterior y dependen fuertemente de las exportaciones. Estas, unidas a las industrias tradicionales con industrias de tecnología informática, constituyen los principales elementos para el desarrollo y el crecimiento económico.

Sin embargo, para lograr un mayor valor agregado en esa cadena de producción resulta fundamental la incorporación y dominio de la tecnología de última generación. La competencia mundial exige la inversión en investigación y desarrollo de nuevos proyectos mediante la aplicación de fuertes recursos destinados a la capacitación en tecnología industrial, información tecnológica, biotecnología, tecnología ambiental y nanotecnología.

Hace pocos años un importante acontecimiento en el comercio mundial puso otra vez a prueba la eficacia de esta política educativa y la actitud de la población y de los empresarios respecto de ella. La apertura de la economía china en las dos ultimas décadas y finalmente el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001 significó un reto para la economía mundial y en especial para la dirigencia política y económica de los países asiáticos. Dicho acontecimiento exigió ajustes en las políticas económicas y comerciales para encarar este nuevo desafío global aun más agresivo.

La respuesta fue una apuesta aun más fuerte y un incentivo adicional para el desarrollo científico y tecnológico en todas las ramas de la industria además de la informática y comunicaciones. De esta forma, casi con un sentido de supervivencia, estos países enfrentan con mayores posibilidades de éxito la competencia del gigante asiático en el mercado internacional.

En septiembre de 2006, el Banco Asiático de Desarrollo (BAD), elevo las predicciones de crecimiento para los 44 países de esa región por segunda vez en el año. Impulsado por el desempeño de las economías de China e India, el BAD estimo en 7,8% el crecimiento económico de la región, cuando antes lo había calculado ya en un envidiable 7,6%. A.

Seúl, Corea. Octubre 2006.

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