hanbok

 

Dama coreana con 
Han-bok, vestimenta 
tradicional.
La descripción de las características de la agricultura coreana permite ayudar a comprender la problemática del sector contribuyendo a mitigar las fricciones que puedan presentarse en las negociaciones que se realicen respecto a la comercialización de productos agrícolas a nivel bilateral y global.
Introducción.
Antes de desarrollar el tema del panorama actual de la agricultura coreana y los desafíos que debe resolver, es importante hacer una breve mención a los antecedentes más recientes del país, los del siglo pasado, una fracción mínima de su historia que se remonta a 5.000 años.
A comienzos del siglo XX la península coreana fue ocupada por Japón, en una de los pendulares avatares de su historia, permanentemente enfrentada al acoso chino y japonés.
Debe recordarse que el sur de la península, lo que es actualmente la República de Corea, se dedicó tradicionalmente a la agricultura mientras que las riquezas minerales del norte (carbón, plomo, tungsteno, cinc, grafito, manganeso, hierro, cobre, oro, sal), se encuentran donde se ubica la República Popular y Democrática de Corea.
Este conjunto de recursos naturales fueron explotados intensamente por el imperio japonés para atender las necesidades de su industria militar expansionista durante la ocupación de esos territorios entre 1910 y 1945. A continuación, Corea vio destruida su infraestructura y su capacidad productiva con la transformación de su territorio en un campo de batalla en el que las dos grandes potencias de la época enfrentaron armas e ideologías en el marco de la denominada “Guerra Fría” (1950-1953). Corea quedó fragmentada y sumida como los países más pobres del continente asiático en la década de 1950.
En el sur, la industrialización es un fenómeno muy reciente. La economía continuó basada en la agricultura hasta comienzos de la década de los 60 en que comenzaron a establecerse industrias con utilización de mano de obra intensiva como la textil y la alimenticia. La implementación de planes económicos quinquenales concentrados en el desarrollo industrial a partir de 1962 (particularmente de la industria pesada para reducir su dependencia de proveedores externos) redundó en un crecimiento anual promedio del PBI del 9% hasta comienzos de los 90, cuando comenzó a perfilarse la crisis financiera que se precipitaría en Asia en 1997.
La actividad agrícola por su parte, fue perfeccionando sus técnicas y reduciendo consecuentemente la mano de obra. Menos del 20% del territorio es cultivable y se encuentra aprovechado en su casi totalidad. Los cultivos más extendidos son arroz, papa, maíz y cereales en general, mientras que fue en aumento la producción de frutas, particularmente de manzanas, melones, duraznos y peras. Otras producciones de relativa importancia son la soja, el algodón, el cáñamo y la seda.
Mientras tanto, el crecimiento económico del país se concentró en la promoción del comercio exterior, en el desarrollo intenso y obsesivo por la educación y en la capacitación profesional, terciaria y universitaria. La expansión de la industria liviana, principalmente textiles y calzados, dio paso inmediato a la industria automotriz, la electrónica, la alta tecnología como monitores digitales, teléfonos celulares y semiconductores, además de la robótica, la informática, los petroquímicos, la construcción y la industria naval, favoreciendo al mercado laboral y consecuentemente, a la economía en su conjunto.
Así Corea alcanza a ocupar el 12 lugar como potencia económica en el mundo habiendo partido de 84 dólares anuales de ingreso per cápita en 1964 a los casi 27.000 actuales. Pero eso no fue lo más importante. Lo más destacado fue el record de haber duplicado el nivel de salarios de su población en solo 11 años!
Cultivos de te en Bo-sung.
El sector agrícola.
Cuando en la Introducción mencionábamos que la superficie cultivable de Corea era menos del 20 % podemos precisar más y decir que es el 18,58%. En un total de 99.720 km2 para todo el país, ese porcentaje representa apenas 18.547 km2 (o 1.800.000 ha). Esto es el 6,0% de la provincia de Buenos Aires pero sin sus características climáticas ni la riqueza del suelo. Resumiendo, se trata de un territorio reducido debido a las características montañosas, con las cuatro estaciones bien definidas de altas temperaturas y humedad en verano y frío y húmedo durante el invierno donde las nevadas son habituales.
Esa es también la superficie del territorio que alimentó al país durante las primeras décadas de la segunda mitad del siglo pasado y que condicionó la dieta de sus 20 millones de personas. Era un país agrícola donde más del 80% de la población estaba establecida en aéreas rurales.
El crecimiento industrial, informático y tecnológico de Corea fue de proporciones tan colosales que redujo la participación del sector agrícola en el PBI del país del 25,5% en 1970 a menos del 2,8% actual. Mientras tanto, la población creció de aquellos 20 millones de habitantes a 50 millones, de los cuales solo 6,1% está dedicado a las actividades rurales.
La reducción de la mano de obra agrícola resultante del desarrollo económico es un fenómeno comúnen los países industrializados. Pero en Corea ese cambio estructural se realizó cinco veces más rápido queen los países avanzados. Por ejemplo, en Europa y Estados Unidos, la adaptación de la agricultura al proceso de industrialización se hizo en unos 100 años. En Corea, la transformación de la estructura tuvo lugar en sólo 30.Consecuentemente el tiempo necesario para que el PIB agropecuario se adecue al total de PIB, pasando del 40% al 5% como lo fue en Corea, fueron de 120 años para Gran Bretaña, Alemania, Francia, Países Bajos y Dinamarca, 95 para los Estados Unidos, 75 para Japón, ylos mencionados 30 años para Corea.
Templos budistas en
la campiña. 
En el caso de la agricultura coreana, la década de 1950 fue un período basado principalmente en la producción de arroz, un grano básico en su alimentación. Durante las décadas de 1960 y 1970, la incorporación de nuevas técnicas permitió aumentar el suministro de productos agrícolas al creciente mercado interno. Alcanzó su punto culminante en 1978 cuando logró el auto abastecimiento de arroz, gracias a la revolución verde. En las dos décadas siguientes, las del 80 y 90, se produce una modernización productiva con la utilización de alta tecnología, especialmente durante la década de 2000. Al mismo tiempo, durante esas décadas el sector industrial se nutre de mano de obra barata proveniente de las zonas rurales.
La mentalidad de los funcionarios coreanos responsables del sector agrícola tiene incorporada algunos principios rectores. Primero, sin dudas, es que la agricultura juega un rol importantísimo en la producción y abastecimiento de alimentos. Este es un concepto que se entiende mejor cuando se conoce la amenaza permanente que por siglos acosó a la población de la península y que ejemplificáramos brevemente en la Introducción. Incluso el auto abastecimiento logrado en 1978 (aunque con una población mucho menor a la actual) significó un hito en materia de la seguridad estratégica de la nación. Tampoco debe olvidarse que el país continúa en guerra con Corea del Norte dado que en 1953 sólo fue acordado un cese de fuego en Panmunjon, en el paralelo 38.
Segundo, la agricultura contribuye al desarrollo de otras actividades, como la ganadería, y otras industrias relacionadas con la producción como la de fertilizantes, agroquímicos, maquinarias y demás. Tercero, contribuye a la preservación del medio ambiente, un aspecto extremadamente delicado cuando se trata de un territorio súper poblado, con una densidad de más de 500 habitantes por km2, o más dramáticamente, de 2.000 por km2 si excluimos las montañas inhabitables. Cuarto promueve la preservación de los recursos genéticos y quinto contribuye a la estabilidad económica y social.

 

Cambio de guardia frente al
Palacio de Kyung-bok, Seul.
Cambios en los hábitos alimenticios, cambios en la estructura agrícola.
Mucho se habla y se escribe en los medios sobre los cambios extraordinarios en los hábitos de comida, y bebida de los países asiáticos, aunque quienes comentan con razón esas afirmaciones están viendo solo un aspecto de la realidad. Es válido también reconocer los cambios en los hábitos de comida de Occidente, donde ha irrumpido la comida china, la tailandesa, el sushi y una increíble habilidad para manejar los palitos a la hora de comer. Se trata de un fenómeno global.
Por lo tanto, la estructura agrícola está sujeta a constantes cambios relativizando el logro de la autosuficiencia en la producción de arroz de 1978 y que fue motivo de orgullo de las autoridades agrícolas de la época. Lo cierto es que el volumen máximo de consumo de arroz de 197 kg per cápita de 1967 se ha convertido en mucho menos de la mitad en 2010: 73 kg per cápita. Fundamentalmente debido a la occidentalización de los hábitos de comida, al mayor poder adquisitivo de la población que permite el acceso a otros alimentos básicos, y a las mayores exigencias de variedades alimenticias. Por lo tanto aumentaron los consumos de otros granos hasta niveles nunca alcanzados antes de 2010: trigo 34 kg per cápita, soja 8 kg, maíz 5 kg, papa 3,8 kg. Incluso con la incorporación de verduras, que pasaron de 120 kg en 1980 a 154 kg en 2010, y frutas, que en el mismo periodo pasó de 22 kg a 68 kg. Y las carnes que aumentaron de 11kg en 1980 a más de 37 kg en 2010.
Características de las explotaciones agropecuarias.
Es de imaginar que las dimensiones de los establecimientos agrícolas son sumamente pequeñas y hasta en algunos casos antieconómicos. Para dramatizar el concepto podemos dar la cifra de 0,04 ha cultivadas per cápita, por lo tanto, el nivel de autosuficiencia alimenticia es bajísimo a excepción del arroz que es de casi el 100%.
Debido a estas características, existe en Corea una detallada legislación sobre la propiedad y el uso de las tierras de cultivo que tienden a garantizar el suministro de alimentos y la preservación del ámbito territorial del país.
El proceso de industrialización trajo aparejado una gran cantidad de dificultades y desafíos para las autoridades oficiales. Esa situación tuvo un colapso a mediados de la década de 1990 cuando el conjunto de familias dedicadas a las tareas agrícolas disminuyó fuertemente. También se produjo un envejecimiento de la población rural que no encontró en las siguientes generaciones los sucesores necesarios para continuar la explotación familiar y de sus antepasados. No resulta difícil imaginar que mientras eso ocurría, aumentaban las actividades de las empresas agropecuarias. Es decir que la propiedad de la tierra fue variando de micro parcelas a medianas explotaciones de la siguiente generación sin antecedentes agrícolas pero con fuerte intereses económicos.
Para la misma época, el Gobierno estableció una serie de medidas destinadas a controlar las explotaciones agrícolas y la colectivización de tierras de cultivo, con el objeto de reducir los costos de producción y aumentar la competitividad.
Desde entonces, esos planes sufrieron cambios con respecto a las metas originales en la medida en que el mercado interno estuvo más abiertoa las importaciones agrícolas. Como resultado, la cantidad de tierras ociosas ha ido en aumento y esta tendencia se espera que continúe en el futuro. El tamaño total de las tierras agrícolas también se espera que continúe disminuyendo junto con el aumento en la cantidad de tierras que se convierten en otros usos.
Manifestaciones de agricultores.
Consecuentemente, deben resolverse dilemas complejos. Por un lado existe la necesidad de alcanzar un consenso social sobre la preservación deuna cantidad óptima de las tierras agrícolas y la necesidad de buscar formas de gestión para la inactividad de las mismas y asegurar su uso en tiempos de crisis alimentaria. Por otra parte existe una realidad que debe haber surgido ya de los comentarios realizados hasta ahora y es que aproximadamente el 60% de los productores agrícolas son mayores de 60 años y que la mayoría desus propiedades no serán heredadas por sus descendientes. Por lo tanto, la preocupación oficial también se dirige a mejorar las condiciones de retiro y venta de esas tierras de cultivo y evitar que las mismas sean objeto de especulación por parte de empresarios inmobiliarios. Es un delicado equilibrio porque la mayoría de los agricultores tienen expectativas sobre el aumento del valor de sus tierras por un lado mientras que la política del Gobiernoes preservarlas y estabilizar los precios agrícolas.
Tratar estas cuestiones no es un tema fácil, muy por el contrario. Para poder apreciar estas cuestiones en toda su magnitud debe comprenderse que se trata de la administración nacional de un recurso escasísimo, que debe buscarse un permanente incierto y discutible equilibrio entre los intereses agrícolas, las necesidades inmobiliarias y habitacionales de una población de 50 millones de personas en un territorio de elevadísima densidad, la preservación del medio ambiente, las necesidades de esparcimiento y la seguridad nacional.
Situación del sector dentro de la relación bilateral.
Los productos argentinos con mayor aceptación en el mercado coreano continúan siendo los commoditiesy los productos del rubro alimenticio. Los conocidos avatares políticos y económicos de Argentina en las demasiadas décadas pasadas, no han permitido consolidar una corriente exportadora de productos con alto valor agregado. Por su parte, las exportaciones de Corea a Argentina están constituidas por productos industriales y terminados de muy alto valor agregado. El conjunto del intercambio bilateral en relación al total de ambos países puede calificarse de insignificante.
Elementos tradicionales de labranza.
De todas maneras, dentro de los productos del sector agrícola exportados por Argentina se destacan las manufacturas de origen industrial donde el complejo soja comprende más del 50% de las ventas, los minerales (cobre) el 30%, el queso mozzarella, pescados y cueros un 4%.

 

Los productos con mayor potencial para ingresar al mercado coreano son los quesos y lácteos en general, los vinos y el aceite de oliva. Existe un buen mercado para los vinos y en este rubro Argentina tiene un comportamiento aceptable.
En cuanto a otros productos del sector alimenticio, las restricciones sanitarias son una barrera importante para superar en el ingreso al mercado. Las carnes frescas, enfriadas o congeladas encuentran la barrera de la fiebre aftosa. Otro tanto existe para la carne porcina y embutidos, para la carne aviar, para las harinas de carne y huesos bovinos, para los cueros secos y salados, y varios productos más. Para las carnes vacunas cocidas se requiere que las mismas provengan de establecimientos frigoríficos autorizados por las autoridades sanitarias coreanas y todavía no se han producido operaciones de importancia. También hay restricciones para las frutas, las verduras y vegetales en general. Cítricos como limones, cebollas, productos orgánicos, los alimentos modificados genéticamente, las normas para la emisión de certificados fitosanitarios, y una larga lista de temas que están permanentemente en negociación y tratamiento. La lista en este sentido es larga y constituyen aspectos de continuo y reiterado tratamiento entre las autoridades sanitarias de ambos países.
En algunos casos como el de las carnes bovinas cocidas y la carne porcina, los exportadores parecen haber perdido el interés.
En 2011 hubo un logro importante referido a la apertura del mercado para la importación de naranjas que podría extenderse a los limones mediante una nota formal del SENASA para solicitar la incorporación de similar beneficio.
Por su parte Corea reitera la autorización necesaria para sus exportaciones de peras y manzanas que esta “históricamente” a consideración del SENASA.
Conclusiones.
Solamente colocando “agricultura Corea” en un buscador de Internet aparecen 6.890.000 resultados en 0.16 segundos. Una cantidad de información apabullante con la que resulta imposible competir. Este trabajo no tiene por objeto contribuir a esa impresionante lista con “una más”.
Restaurante con comidas tipicas.

La intensión más modesta es intentar dar una aproximación a la comprensión de por qué la agricultura coreana tiene un importante poder de lobby y cuenta, además, con la simpatía de la población.

Son el resultado de las experiencias recogidas en Seúl, por casi 7 años, en cada uno de los frecuentes encuentros negociadores con los funcionarios del sector agrícola, fundamentalmente con los responsables de aplicar las restricciones sanitarias a los productos importados, la National Veterinary Research & Quarantine Service (NVRQS). En esas oportunidades encontré siempre una cordial pero tenaz resistencia a la apertura del mercado coreano a la importación de productos agrícolas desde Argentina.
Si bien el manejo de las barreras no arancelarias constituye una efectiva herramienta de protección de los mercados internos en todo el mundo, en el caso coreano era posible percibir una tenue y sutil barrera infranqueable que iba más allá de las varias contundentes razones fito y zoo sanitarias argumentadas.
Los operadores comerciales extranjeros encuentran permanentemente enormes dificultades en superar las barreras impuestas por siglos y aun milenios de tradición y que mantienen cerrado el mercado a la comunidad económica internacional. La apertura del mercado a los productos importados, excepto aquellos bienes intermedios indispensables para la industria local, resulta siempre lenta, complicada y frustrante en la mayoría de los casos. Y para los productos agrícolas y alimenticios, en grado extremo.
Por siglos y mediante estos mecanismos, Corea adquirió un carácter “insular” que le permitió superar con éxito las sucesivas invasiones de sus poderosos vecinos, China y Japón. Los aspectos particulares de las modalidades económicas y comerciales de Corea son el resultado de una estructura social cerrada, rígida y conservadora que le permitió a su comunidad mantener una identidad étnica y racial, además de una unidad nacional, por miles de años.
Con estos antecedentes resulta más sencillo comprender el elevado enclaustramiento social, étnico y económico del país. Es la tradición del “reino ermitaño” que dificulta la integración del país con el mundo social y económico actual. En lo económico, no resulta fácil atraer capitales, empresarios, ejecutivos y hasta diplomáticos extranjeros como tampoco resulta fácil la apertura del mercado a los productos importados que no sean los insumos intermedios para la industria local.

Dicho aislamiento o “insularidad” (cabe recordar que varios mapas de los siglos XVI y XVII, como el del célebre cartógrafo holandés Jan Jansson, mostraban en 1636 a la península coreana como una isla), tiene aun vigencia en la vida cotidiana y en las políticas nacionales. Es también una realidad física si se tiene en cuenta la barrera infranqueable de 170 km que la separa de Corea del Norte y la uniría al continente.

Plato tipico coreano.
Las autoridades locales encuentran ahora enormes dificultades en revertir siglos y aun milenios de tradición ermitaña e integrar el país a la comunidad económica internacional y participar activamente en el avanzado proceso de globalización.
Dentro de ese esquema, uno de los sectores aun más rígido es el de la agricultura. En los párrafos precedentes se intenta transmitir algunas de las razones en que se basan esas actitudes.
Para comprenderlas aun mejor es importante su ubicación dentro del marco cultural. La filosofía coreana, y oriental en general, tiene un principio importantísimo que es la veneración por los ancestros, el respeto reverente por los mayores, directamente hacia los progenitores, junto con la devoción religiosa por la educación. Corea fue un país inminentemente y mayoritariamente agrícola. Por lo tanto, buena parte de la población tiene padres y abuelos que estuvieron ligados en forma directa y que subsistieron gracias a la actividad agrícola. El país no hubiera podido resucitar de la humillación japonesa de 35 años de ocupación colonial ni de la guerra arrasadora de 1950-1953 de no haber sido por la contribución a satisfacer mínimamente la necesidad básica de la alimentación que realizó el sector agrícola y la población rural, hoy abuelos y padres de los funcionarios del NVRQS.
El otro elemento a considerar es el estado de alerta de guerra permanente con Corea del Norte. Seúl se encuentra a solo 39 km de la frontera y a poco de viajar en dirección norte desde el centro de la capital, por zonas urbanas densamente pobladas, ya comienzan a verse las torres de observación, las alambradas de púas, las defensas fortificadas y toda una infraestructura bélica en estado de vigilia constante… ¡en los últimos 60 años!
A nivel de anécdota cotidiana, la respuesta recibida de un contemporáneo coreano al consultarlo sobre cuál es el recuerdo más fuerte que tiene de aquella época de privaciones fue “soñaba con un plato colmado de arroz”. Durante la feroz ofensiva de los coreanos del norte junto con el ejército chino y la forzada “marcha hacia el sur”, el frio y el hambre constituían una tortura permanente. Las reservas alimenticias eran puñados de arroz, verdaderos tesoros, y que servían de almohadas durante los breves descansos mientras los niños menores, fundamentalmente las niñas, eran abandonados a la vera del camino ante la imposibilidad de seguir alimentándolas. Quizás una situación así sea irrepetible pero lo cierto es que está profundamente incorporada al subconsciente de los coreanos.
Otro elemento más a tener en cuenta es la dimensión del territorio y la valoración que de él se hace, de cada kilometro cuadrado, de cada hectárea en la actividad agrícola, de cada metro cuadrado en la vivienda.
Fideos de arroz.

Este es el propósito de este aporte: trasmitir un marco de referencia lo más cercano a la realidad posible para interpretar las políticas agrícolas de Corea. Por supuesto que ninguno de los conceptos trasmitidos son estables e inamovibles. Los resultados de los TLC son una evidencia irrefutable. La evolución es permanente y la adaptación a un comportamiento global, con sus aspectos positivos y negativos, es inevitable y acelerado.

Desde el punto de vista argentino, muchos de estos parámetros referenciales que fueron expuestos pueden parecer absurdos. Flotamos en un inmenso territorio con una densidad de 14 habitantes por km2; los recursos naturales, sobre todo los que hacen a la alimentación, son “ilimitados”; no profesamos el mismo respeto por los mayores ni, lamentablemente, por la educación; no tenemos una homogeneidad étnica sino que por el contrario constituimos un conjunto heterogéneo de descendientes de inmigrantes amalgamados por lo que fuera una educación pública obligatoria, laica y gratuita de excelencia, y un servicio militar, también obligatorio que, hace 100 años, complementaba la labor de la escuela.
Pero el acceso de los productos agrícolas y alimenticios argentinos a Corea no tiene porque ser limitado o imposible. Es necesario que la rigidez del NVRQS no cuente con la complicidad involuntaria de la burocracia del SENASA, que exista constancia y perseverancia en las acciones de la política exterior respecto de este objetivo, hasta ahora siempre espasmódicas. Solo así, y con paciencia oriental, se logrará el acceso a un mercado fabuloso. A.
Buenos Aires, Argentina. Junio 2012.