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– Prensa Economica. No. 283. Junio 2006. Buenos Aires, Argentina.

No son pocos los ejemplos de países pequeños con escasos o casi ningún recurso natural, que han sido exitosos en sus proyectos de desarrollo económico. Corea es uno de ellos. Logró duplicar el salario de sus trabajadores en solo 11 años durante la década de 1960, además de pasar de un ingreso anual per capita de 84 dólares en 1964 a los 20.000 actuales, ¡poco mas de 40 años después!
 
En Asia están también los ejemplos de Japón, de Singapur, un clásico en materia de prestación de servicios, al igual que Hong Kong y Taiwán, un camino que están recorriendo Indonesia, Malasia y Vietnam.

La voluntad nacional asumida por la sociedad en general y los empresarios, y la persistencia de una política económica coherente, proteccionista para las importaciones, agresiva para las exportaciones, han sido algunas de las características destacadas del desarrollo económico, informático y tecnológico vertiginoso de las últimas décadas en esos países. No es producto de ningún “milagro” sino de una firme decisión de la sociedad, un elevado orgullo nacional, una obsesiva preocupación por el estudio y la educación, y una infatigable vocación por el trabajo.

En la Corea de 1964, aun arrasada por la guerra de 1950/53, el 63% de las importaciones estaban constitui¬das por materias primas, el 17% eran bienes de capital, 14% bienes de consumo directo (mayormente alimentos) y el 6% petróleo. Era el inicio de un fuerte y claro proceso de industrialización. Ya en 2004 la estructura de las importaciones exhibía un cambio sustancial. Las materias primas para transformación constituían el 39%, los bienes de capital el 36%, el petróleo el 14% y los bienes de consumo directos (alimentos) el 11%. Las compras de 1964 se realizaron desde 41 países, las de 2006 desde 227 orígenes distintos por valor de 309,4 mil millones de dólares, un mercado fabuloso. Por su parte, las exportaciones que en 1964 eran de 100 millones de dólares; en 2006 lo fueron de 325,5 mil millones. Las exportaciones de 1964 estaban reducidas a 142 productos; en 2006 se exportaron 8.486 productos distintos, con un ritmo anual promedio superior al 20%.

A partir de 1980, hace solo 25 años, la transformación de la estructura exportadora incorporó productos de altísima tecnología, consecuencia también del logro del otro ejemplo por el cual Corea es reconocida en el mundo entero: la educación y su desarrollo posterior en ciencia y tecnología. Otros índices crecen rápidamente y ganan posiciones en el contexto internacional como alcanzar el quinto puesto mundial entre los países fabricantes de automóviles con 3.7 millones de unidades anuales luego de Estados Unidos, Japón, Alemania y China, una activa industria naval cuyos astilleros exportaron embarcaciones con alto valor agregado por valor de 15.300 millones de dólares, exportaciones de productos electrónicos superiores a los 100.000 millones de dólares, el sexto lugar en el mundo en térmi¬nos de solicitudes de patentes de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de Propiedades Intelectuales, el decimocuarto puesto en el índice de disponibilidad de redes de informática entre 115 países según el World Economic Forum (WEF)

¿Qué es lo que hace a la riqueza de un país? ¿Qué es lo que hace que un país alcance un elevado nivel de desarrollo? ¿Es la abundancia de recursos naturales, las grandes extensiones territoriales? ¿O por el contrario, la falta de ellas? En el mundo existen ejemplos de uno y otro caso. Juan Bautista Alberdi sintetizaba en Las Bases…”Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental”. Y agregaba “El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas. Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de las cuales surgen los tiranos y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo.”

La conclusión entonces es que el desarrollo económico, es posible y en plazo cada vez más breves si se aplican políticas económicas y programas educativos de manera competitiva y con continuidad adecuadas. Con eso y junto al empeño, el esfuerzo y la imaginación de los empresarios, al compromiso responsable de los funcionarios públicos, a los esfuerzos y sacrificios realizados por la población en su conjunto, se pueden alcanzar los objetivos de bienestar y desarrollo económico. A.

 
Seul, Corea. Mayo 2006.

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