27 diciembre, 2010

Como en los viejos Westerns.

Publicado en:
Informe Industrial. Newsletter. No. 279, 17 abril 2009. Buenos Aires, Argentina.

En nota exclusiva para esta Newsletter, el Dr. Carlos A. Fasciolo sostiene que “para superar la crisis es imprescindible un cambio de actitud por parte de las autoridades responsables de los controles de la política financiera junto con la aprobación de nuevas leyes que regulen las acciones de las instituciones y sus agentes y restablecer la confianza pública”.
 
 Con apenas una semana de diferencia, a fines de febrero, los medios del mundo difundieron noticias muy similares originadas en dos puntos distantes del planeta. Una provenía de Nueva York informando que los directores ejecutivos de Merrill Lynch, AIG, Bank of America, Goldman Sachs y Citigroup se habían repartido bonos por valor de 18.400 millones de dólares, más de tres veces y media el PIB de Zimbabwe, el país 135 en el ranking mundial de producción económica. La otra provenía de Chinhoyi, una aldea a 120 km de Harare, capital de la misma Zimbabwe. Allí Robert Mugabe, en el poder de ese país desde 1980, había celebrado su 85° aniversario con una fiesta cuyo costo fue de 250.000 dólares.
Una comparación interesante, de las muchas que podrían hacerse de ambas acciones, es que la fiesta de cumpleaños del sempiterno presidente Mugabe costó unos 83 ingresos anuales per cápita (aproximadamente 3.000 dólares) de los habitantes de su propio país con carencias de todo tipo, incluso morales. Por otra parte, el monto de la repartija secreta de bonos de los directivos en Wall Street significó 391.297 ingresos anuales per cápita (47.023 dólares) de los ciudadanos de Estados Unidos, la primera potencia mundial.
Lo cierto es que casos como el expuesto, mucho más cuando son observados en perspectiva, ponen en evidencia en forma más clara los innumerables errores catastróficos de la administración estadounidense de la última década y, en este caso particular, de su política monetaria y fiscal. Las excusas se basaron en que el mundo económico financiero había cambiado por la presión de la competencia a nivel mundial, que había un exceso de ahorro en el mundo globalizado destinado a la inversión y que eso iba a continuar, que si hubiese una caída en el crecimiento de las economías de los países desarrollados esto se compensaría por el crecimiento acelerado de las nuevas “economías motores” de China, India y Brasil, que los déficit de balanza comercial y del presupuesto no importaban.
Nada ha cambiado en la actitud de los responsables (¿o irresponsables?) ejecutivos de los grandes bancos de inversión y de la banca comercial, motivados por una desmedida avaricia, por la negligencia y, en muchos casos, por el fraude de parte de los agentes financieros (banqueros, corredores de bolsa, etc.) que continúan negando la vigencia de las leyes económicas en beneficio propio y en una completa indiferencia y despreocupación por el público que invirtió en los activos que ellos vendían ganando altísimas comisiones. Para que no quepan dudas de sus supuestas inocencias y sus posturas de victimas de la situación del mercado, se premiaron, aun en plena crisis, con bonos de casi 400 mil ingresos anuales per cápita de los mismos ciudadanos a los que han llevado a la miseria sólo que esta vez provenientes del salvataje del gobierno.
Si bien el canibalismo del capitalismo nunca ha estado oculto, esta parece ser una de las manifestaciones más evidentes, crueles y despiadadas desde la caída del Muro del Berlín y la desaparición de la nefasta experiencia de la Unión Soviética.
Pero hay otro componente igualmente atroz: la negligencia de los controles, la ausencia de las auditorias, la complicidad de los responsables oficiales, el permiso de los organismos de regularización pública, la miopía de las autoridades responsables de velar por los intereses de los ciudadanos. Ambos, banqueros privados y responsables públicos son igualmente culpables de esta crisis financiera que ha sido exportada al mundo en un macabro juego de la ruleta rusa en las cabezas ajenas.
Hasta hace poco pensábamos que estábamos ante un cambio de paradigmas. Ahora nos parece más acertado pensar que se trata del derrumbe de todos.
Al igual que en los antiguos westerns de Hollywood, estamos expectantes por la llegada de la caballería salvadora y justiciera asomando en el horizonte. El país líder mundial ha mostrado en muchas oportunidades su capacidad de autocrítica, de reciclarse de sus propios escándalos y ventilarlos ante la opinión pública, saliendo robustecido de ese ejercicio depurador.
En los próximos meses confiamos en que esa fantasía se haga realidad y la economía comience a tomar un rostro humano. Es imprescindible un cambio de actitud por parte de las autoridades responsables del control junto con la aprobación de nuevas leyes que regulen las acciones de las instituciones y agentes financieros. ya que para salir de la crisis, la mayor y más urgente necesidad es lograr el restablecimiento de la confianza pública. Sin ellas, se alargará y profundizará la recesión. A.
Virginia, Estados Unidos. Abril 2009.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Categoria

Sin categoría

Tags

,