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– Tiempo Agroempresario. Año IV, No. 49, Julio 2007. Buenos Aires, Argentina.

Asia, en su conjunto, emerge con la fuerza y riqueza de su cultura milenaria, con la obsesión religiosa por el estudio y la educación, sabiendo que el desarrollo científico y tecnológico no es solo una meta sino que es la clave para asegurar su future.

En Corea, el crecimiento económico ha sido vertiginoso. A tal punto que en la actualidad conviven dos generaciones distintas: la de los 84 dólares anuales per capita del año 1964, con sectores de la población con elementales niveles educativos, tosca, ruda, todavía acostumbradas a las limitación de todo tipo, sacrificados en el trabajo hasta el extremo, incomprendida por las nuevas generaciones de sus propios hijos, con viviendas modestas, escasamente confortables. Y la otra Corea, la actual, la moderna, la de casi 20.000 dólares anuales per capita, bien alimentada, con el acceso y el dominio a los medios de comunicación informáticos mas avanzados, familiarizados con la tecnología y la computación.
De esta forma Corea se convierte en un ejemplo histórico, junto con Inglaterra que después de la Revolución Industrial necesitó 60 años para duplicar su nivel medio de ingresos; junto a los Estados Unidos que le tomó casi 50 años en el siglo XIX para alcanzar el mismo logro; junto a Japón que necesitó 35 años después de la revolución de los Samurai. Corea alcanzo ese objetivo en apenas 11 años después de la década de 1960. Un record que ahora esta superando China realizando la proeza de duplicar su nivel de vida en menos de una década.
Si bien la cantidad no es sinónimo de calidad, lo cierto es que desde principios de 2002 y hasta este mes de mayo de 2007 se enviaron mas de 195.000 comunicaciones informando permanentemente las oportunidades comerciales en Corea, los perfiles del mercado coreano para distintos productos argentinos, los principales indicadores económicos y los destaques de la relación comercial bilateral, notas, artículos y novedades de interés para una extensa nomina de receptores.
Toda esa tarea estuvo encaminada a aumentar y modificar la composición de las exportaciones argentinas a Corea que por otra parte mantiene la misma estructura y tendencia de las ventas argentinas a todo el mercado internacional, es decir una fuerte, tradicional y marcada participación de los productos primarios y de las manufacturas de origen agropecuario. Corea no fue la excepción: en 2001 los primeros 15 productos de exportación representaban el 97% de las ventas totales a Corea. En 2006 una muy leve variación positiva, 18 productos concentraban el 96% de las exportaciones.
Dentro de ese conjunto ha habido algunas destaques interesantes. Las exportaciones argentinas de vino a Corea fueron explosivas en los últimos 6 años. Pasaron de 22.000 dólares en 2001 a 1,8 millones en 2006, un aumento del 7.927%, y mantienen el mismo ritmo creciente en 2007, con una participación del mercado que comenzó con niveles insignificantes hace pocos años y actualmente detenta el 2,2% del total, con mucho espacio para crecer.
Otro producto “estrella” es el queso mozarella, que se ubico dentro de los primeros principales 18 productos exportados a Corea en 2006. Y actualmente estamos realizando la misma tarea de promoción de largo plazo para el aceite de oliva. Confío que tendré buenas noticias y la misma satisfacción en unos 4 o 5 años.
El mayor impedimento del desarrollo del comercio exterior argentino se refiere particularmente a lo errático de nuestras políticas económicas, que nos condenan a ser meros abastecedores de materias primas para el mundo, con muy honrosas y pocas excepciones. Como expresara en muchas oportunidades, ni la imaginación y empeño de los funcionarios diplomáticos involucrados irrenunciablemente en esta tarea, ni el esfuerzo y sacrificio de los pequeños y medianos empresarios con los cuales trabajamos estrechamente, podrán tener éxito sin políticas y continuidad adecuadas. Por lo tanto, son necesarios otros condicionantes para que esta labor tenga la trascendencia buscada.
Otro tema sorprendente para mi fue el desarrollo coreano en materia educativa. Considero a la educación como uno de los elementos claves en la estrategia para lograr el desarrollo económico. Los países del Este y Sudeste asiático, y Corea en particular, ofrecen un buen ejemplo de los logros que se obtienen y el significado de la calidad de la enseñanza.
Las evaluaciones que en materia educativa se realizan en el ámbito mundial, otorgan a Corea uno de los liderazgos en el conocimiento de matemáticas, que se viene repitiendo desde hace varias décadas. El logro de un nivel de educación elevado en el conjunto de la población es lo que ha permitido el fabuloso grado de adelanto tecnológico e informático.
La obsesiva preocupación de la población por la educación en forma competitiva y una actitud positiva hacia el trabajo, fueron los elementos básicos del éxito sobre los que se apoyo una adecuada política económica. No hubo ningún componente “milagroso” en la recuperación económica de Corea a principios de la década de 1960, cuando el país estaba arrasado por la guerra y sumido en la miseria. En un par de generaciones, Corea alcanzó el 99% de alfabetismo y más de un 20 % de la población con estudios universitarios completos.
La valoración de la calidad de la enseñanza en forma competitiva, por parte de la sociedad, el Gobierno y los empresarios, permitió superar el desempleo y la marginación. Y los jóvenes estudiantes saben que no podrán tener mejores empleos que sus padres si hoy no aprenden en la escuela más que ellos. La educación ha sido, por lo tanto, uno de los elementos originales y destacados en la estrategia para lograr el crecimiento económico. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.
El dominio de la tecnología de última generación resulta indispensable para que Corea se mantenga a la vanguardia de la competencia global en tecnología industrial, información tecnológica, biotecnología, tecnología ambiental y nanotecnología.
La importancia de la educación, la actitud de la población, de los empresarios y del Gobierno respecto de ella fue puesta a prueba a fines de 2001, a los pocos meses de haber llegado a Seúl, cuando se produjo el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ese acontecimiento significó un reto para la economía mundial y en especial para la dirigencia política y económica de los países asiáticos que exigió ajustes en las políticas económicas y comerciales para encarar este nuevo desafío global aun más agresivo.
La respuesta de Corea fue una apuesta aun más fuerte y un incentivo adicional para el desarrollo científico y tecnológico en todas las ramas de la industria además de la informática y comunicaciones. De esta forma, casi con un sentido de supervivencia, Corea enfrenta con mayores posibilidades de éxito la competencia del gigante asiático en el mercado internacional.
La brecha con Europa y Estados Unidos en materia de genética, electrónica, computación, nanotecnología y micromateriales se va acortando mientras se amplia con América Latina, tanto en términos absolutos como también en términos relativos.
En síntesis, las bases de un verdadero desarrollo no dependen solo de un programa económico y una conducción política adecuada que permita reducir los niveles de pobreza. La prosperidad de una nación no es exclusivamente el resultado del acierto de las políticas macroeconómicas y los incentivos macroeconómicos sino de la generación, en la comunidad toda, de las condiciones básicas de cultura y educación para el desarrollo. A.

Seúl, Corea. Julio 2007.

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