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– Megatrade. No. 175. Octubre 2007. Buenos Aires, Argentina.

 
El ministro Carlos A. Fasciolo, quien cierra su carrera diplomática de 40 años, luego de ocupar un cargo en la embajada argentina en Corea, cuenta sus experiencias recogidas en ese país. De cómo el estudio y el esfuerzo y una cultura ermitaña y proteccionista llevaron a Corea de la miseria a ser una potencia industrial. Una idea de la CERA que sería bueno repetir con otros funcionarios.

Este país se convirtió en un ejemplo histórico de crecimiento de su nivel medio de ingresos, comparable a la Inglaterra de la revolución industrial o EE.UU. en el siglo XIX. Aunque lo logró mucho más rápido: en algo más de una década en los ’60.

La voluntad nacional y la persistencia de una política económica coherente y proteccionista de Corea, han sido algunas características destacadas en su desarrollo. Pero hoy la autoridades locales encuentran enormes dificultades en revertir siglos y aún milenios de tradiciones ermitañas e integrar al país a la comunidad económica internacional y participar activamente en el avanzado proceso de globalización.

En Corea, el estudio es motivo de reconocimiento y orgullo no sólo para quien lo hace sino para toda su familia. “El estudio y la educación es la prioridad más elevada y una obsesión religiosa, sabiendo que el desarrollo científico y tecnológico no es sólo una meta sino que es la clave para asegurar su futuro”, dijo el ministro Carlos A. Fasciolo, quien luego de 6 años como responsable de la sección económica y comercial de la embajada de Argentina en Corea, hizo un balance sobre sus experiencias en ese país en un encuentro organizado por la Cámara de Exportadores de la República Argentina. Una muy buena idea que se podría repetir con otros diplomáticos de carrera. La exposición de Fasciolo, «Experiencias en Corea 2001-2007 y la evolución del comercio con Argentina», es la culminación de su ca¬rrera como diplomático con 40 años en el área de promoción comercial.

Durante su estada en Corea aprovechó también para hacer un seguimiento del desarrollo del área Asia Pacífico, que se agregó a sus conocimientos como representante comercial en Uruguay, EE.UU. Brasil, Canadá, Nigeria y Chile.

Fasciolo, destacó las características de un país calificado como “Reino Ermitaño” y que hoy es tercero en el ranking de países miembros de la OECD, quinto productor de automóviles del mundo, industria naval poderosa -en el 2005 exportó U$15.300 millones en ese rubro-, exportaciones de productos electrónicos por más de U$100.000 millones, sexto lugar en el mundo en materia de solicitud de patentes, 14° lugar en índice de disponibilidad de redes de informática. No es una isla pero lo parece. Fasciolo señaló que los coreanos son proteccionistas y en extremo nacionalistas.

Sin recursos naturales, con un territorio escasamente aprovechable, 2/3 montañoso, Corea pasó de ser un país de 84 dólares per cápita de ingreso y exportar 142 productos por U$100 millones en 1964 a U$20.000 per cápita y exportar 8600 productos por U$300.000 millones hoy. Entre 1964 y el 2005 el promedio de crecimiento de la tasa anual de exportaciones fue de 20,9%. «Pasó de años con sectores de población con elementales niveles educativos, tosca, ruda y acostumbrada a limitaciones de todo tipo, sacrificada en el trabajo hasta el extremo, incomprendida por las nuevas generaciones de sus propios hijos, con viviendas modestas y poco confortables, a la Corea actual, moderna, bien alimentada, con el acceso y el dominio a los medios de comunicación informáticos más avanzados, familiarizada con la tecnología y la computación», dijo.

Este país se convirtió en un ejemplo histórico de crecimiento de su nivel medio de ingresos, comparable a la Inglaterra de la revolución industrial o EE.UU. en el siglo XIX. Aunque lo logró mucho más rápido: en algo más de una década en los ’60. Si bien por estos días existe todo un desarrollo hacia lo occidental, especialmente en los gustos de la población menor de 40 años, entrar a ese mercado tiene sus bemoles: gustos distintos en lo que es alimentos y en la medida en que no lo necesitan tratan de comprar más materia prima y poco o nada de productos de valor agregado. Para eso están ellos. Así van manejando las consabidas «para arancelarias», a su gusto.

Más allá de los esfuerzos, Argentina sigue manteniendo una estructura de exportación de productos primarios y MOA: 18 productos comprenden casi el total de los envíos, dijo Fasciolo. Ahora hay posibilidades en vino que en los últimos 6 años ha crecido explosivamente. De U$22.000 se pasó a exportar U$1.8 millones. También creció fuerte la exportación de queso muzzarella, como novedad, precisamente vinculado a las nuevas tendencias en gustos de los jóvenes coreanos que están incorporando la pizza.

También hay buenas posibilidades en aceite de oliva.

Un dato interesante que señaló Fasciolo es que los coreanos no comen en sus casas. De todos modos, sus costumbres culinarias son muy diferentes, como en todo Oriente. “Una vez unos empresarios que vinieron a la Argentina, llevaron nuestros famosos alfajores. Fue un fracaso, no les gustaba porque eran muy dulces”, dijo.

Agregó que el mayor impedimento para el desarrollo del comercio exterior argentino esta en lo errático de nuestras políticas económicas, que nos condenan a ser meros abastecedores de materias primas, con muy pocas y honrosas excepciones. «Ni la imaginación y empeño de los funcionarios diplomáticos involucrados irrenunciablemente en esta tarea, ni el esfuerzo y sacrificio de los pequeños y medianos empresarios con los cuales trabajamos estrechamente, podrán tener éxito sin políticas y continuidad adecuadas», advirtió.

Volvió sobre la educación. “La valoración de la calidad de la enseñanza en forma competitiva por parte de la sociedad, el gobierno y los empresarios coreanos, permitió superar el desempleo y la marginación. No hubo ningún componente «milagroso» en la recuperación económica de Corea a principios de los ’60, cuando el país esta arrasado por la guerra y sumido en la miseria. En un par de generaciones Corea alcanzó 99% de alfabetismo y más de 20% de la población con estudios universitarios completos. La educación ha sido uno de los elementos originales y destacados en la estrategia para lograr el crecimiento económico. El dominio de la tecnología de última generación resulta indispensable para que Corea se mantenga a la vanguardia de la competencia global», agregó.

Un ejemplo de esto fue el desafío que representó para el resto de las economías de Asia, el ingreso de China en la OMC. Según Fasciolo, la respuesta de Corea fue apostar más fuerte y dar un incentivo adicional para el desarrollo científico y tecnológico en todas las ramas de la industria, además de la informática y las comunicaciones. «Casi con un sentido de supervivencia, enfrenta con mayores posibilidades de éxito la competencia del gigante asiático en el mercado mundial. La brecha con Europa y EE.UU. en materia de genética, electrónica, computación, nanotecnología y micromateriales se va a acortando, mientras se amplía con respecto a América Latina», dijo El comercio exterior es la clave para el desarrollo económico coreano; la participación del mismo en el PBI pasó de 20 a 70% en los últimos 40 años. También cambió su perfil de exportación. Si en los ’80 los principales rubros eran vestimenta -muy por encima del resto- chapa de acero, calzado, barcos, aparatos de audio y tejidos sintéticos, en el 2005 fueron semiconductores, automóviles y teléfonos celulares, seguido de barcos, derivados de petróleo y computadoras.

En cuanto a las exportaciones coreanas a la Argentina, los primeros 10 productos constituyen 50% del total y es todo valor agregado industrial. Fasciolo tuvo un párrafo especial al proteccionismo coreano. «El férreo control y manejo de las importaciones muestra claramente cómo esas herramientas son utilizadas positivamente para impulsar la industria local por parte de un país carente de recursos naturales. La voluntad nacional y la persistencia de una política económica coherente y proteccionista de Corea, han sido algunas características destacadas en su desarrollo. Pero hoy la autoridades locales encuentran enormes dificultades en revertir siglos y aún milenios de tradiciones ermitañas e integrar al país a la comunidad económica internacional y participar activamente en el avanzado proceso de globalización. No resulta fácil atraer capitales, empresarios, ejecutivos extranjeros, ni la apertura del mercado a los productos importados excepto los que sean de uso intermedio para la industria local. De todos modos hay una evolución en las composición de las importaciones hacia un mayor valor», dijo. Argentina representaba en el 2005 un valor insignificante en las importaciones coreanas, con un fuerte impacto del complejo sojero. También participa el maíz, cobre, aluminio, tubos de acero y raya congelada. «Hay mucho por crecer», dijo Fasciolo, inclusive detalló un grupo de productos que llegaron al mercado coreano pero que no volvieron después del 2001.

Sus importaciones de materias primas y bienes de capital – el 90% del total -se dividen casi por partes iguales entre consumo interno y para procesamiento y exportación. Sus proveedores en general son asiáticos y de América del Norte. El petróleo llega todo de Oriente Medio. Los principales proveedores son Japón, Medio Oriente, China, EE.UU. y la UE. A.

Buenos Aires, Argentina. Septiembre 2007.

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