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Prensa Económica. No. 293, pag 34. Abril 2009. Buenos Aires, Argentina.

Es imprescindible un cambio de actitud por parte de las autoridades responsables del control junto con la aprobación de nuevas leyes que regulen las acciones de las instituciones y agentes financieros. Sin ellas, se alargará y profundizará la recesión.

Con apenas una semana de diferencia los medios del mundo difundieron noticias muy similares originadas en dos puntos distantes del planeta. Una provenía de Nueva York informando que los directores ejecutivos de Merrill Lynch, AIG, Bank of America, Goldman Sachs y Citigroup se habían repartido bonificaciones por valor de 18.400 millones de dólares. La otra venía de Zimbabwe donde Robert Mugabe, en el poder de ese país desde diciembre de 1980, celebró el 1 de marzo último su 85 aniversario con una fiesta cuyo costo fue de 250.000 dólares. La fiesta de cumpleaños de Mugabe significó unos 83 ingresos anuales per cápita (aproximadamente 3.000 dólares) de la población de su país mientras que el monto del reparto de bonificaciones de los directivos en Wall Street fue de 391.297 ingresos anuales per cápita (47.023 dólares) de otros tantos ciudadanos de Estados Unidos.

La pregunta es ¿cómo en Estados Unidos puede darse una situación de excesos tal que lo comentado sobre Zimbabwe resulta insignificante? En realidad los ciudadanos estadounidenses están indignados, por no decir furiosos, con las excesivas bonificaciones adjudicadas a los ejecutivos de las instituciones financieras y bancarias rescatadas con fondos del erario público. Ven a estos ejecutivos como avaros, negligentes y, en algunos casos, como delincuentes.

Sin embargo, sin desechar estas consideraciones, también debemos preguntarnos qué hay de intrínseco en el sistema financiero que llevó a esta situación de crisis. Podríamos considerar que los ejecutivos actuaron pensando que el mundo se encontraba frente a un nuevo paradigma económico; que las antiguas reglas de juego ya no estaban vigentes; que el mundo económico financiero había cambiado por la presión de la competencia a nivel mundial; que había un exceso de ahorro en el mundo globalizado destinado a la inversión; que los déficit de la balanza comercial y del presupuesto no importaban; que de haber una caída en el crecimiento de las economías de los países desarrollados esto se compensaría por el crecimiento acelerado de las nuevas “economías motores” de China, India, Brasil; etc.

Pero en realidad, lo que no había cambiado era la actitud de los ejecutivos de grandes bancos de inversión y de la banca comercial, que asumieron enormes riesgos con los fondos de los inversionistas, en aras de lograr jugosas comisiones e importantes beneficios. O más grave aún, es que ya en plena crisis no estén reconociendo su comportamiento negligente y hasta se consideren víctimas de la situación del mercado.

Es esta negación de responsabilidad profesional la que causa cada vez más malestar a los ahorristas y pensionados que perdieron una gran parte de sus activos financieros y que exigen una explicación de quienes consideran que actuaron sin tener en cuenta sus intereses, a los que ahora se agregan los que pierden sus trabajos como consecuencia de la crisis generalizada.

Fue la falta de liderazgo en el sector financiero como la pasividad y permisibilidad de las autoridades públicas responsables por velar por los intereses de los ciudadanos, lo que llevó a esta profunda crisis. Fueron éstos, quienes siendo testigos del deterioro de los estándares en el otorgamiento de los créditos hipotecarios, los que no tomaron ninguna acción. A los del sector financiero les hubiese significado una pérdida de mercado y menores utilidades, y a los gobernantes les hubiese conllevado riesgos políticos y pérdidas de popularidad.

En un artículo publicado en diciembre de 2008 en la revista “The Atlantic”, Henry Blodget, experto financiero y periodista con amplia experiencia de trabajo en Wall Street, desarrolla la tesis de que lo que prima en la formación de una burbuja financiera es el interés individual.

Según Blodget, en la toma de decisiones por parte de los agentes involucrados, hay que notar la diferencia entre el “riesgo de la inversión” y el “riesgo a su carrera”. En el primer caso se refiere al riesgo que el gerente de un fondo de inversiones asume al hacer una operación que le puede costar dinero a sus clientes. En el segundo caso se refiere al riesgo que la apuesta o decisión tomada por el gerente le cueste dinero a su empresa y, como consecuencia, ponga en riesgo su carrera. La opción entonces fue su interés personal.

Consecuentemente, el comportamiento de las instituciones y agentes financieros no puede continuar así, ya que para salir de la crisis, la mayor y más urgente necesidad es lograr el restablecimiento de la confianza pública. Es imprescindible un cambio de actitud por parte de las autoridades responsables del control junto con la aprobación de nuevas leyes que regulen las acciones de las instituciones y agentes financieros. Sin ellas, se alargará y profundizará la recesión. A.


Virginia, Estados Unidos. Abril 2009.

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