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– Prensa Económica, Año XXXIV, No. 290, pag. 74 y 75. Septiembre 2008, Buenos Aires, Argentina.

La situación se manifiesta más dramáticamente como una crisis humanitaria y ofrece la oportunidad de asumir un papel importante de política exterior que permita renovar la imagen internacional, con aportes concretos para el conjunto de la sociedad.

La agricultura a nivel mundial ha entrado en un período nuevo, insostenible y políticamente riesgoso, según Joachim Von Braun, director del Internacional Food Policy Research Institute (IFPRI) de Washington D.C., Estados Unidos.

El vigoroso aumento de precios de los productos agrícolas provocado por el crecimiento de la demanda, ya ha causado una gran inestabilidad en países en desarrollo que son importadores de alimentos. En esos países motivó la aplicación de políticas de control de precios en el mercado interno, subsidios a consumidores, menores gravámenes a la importación o restricciones a la exportación (como las establecidas recientemente por India y Vietnam para sus exportaciones de arroz).

Los avances que se habían logrado en la última década para reducir la vulnerabilidad de los segmentos más pobres de la población, se han visto seriamente afectados por esta circunstancia y podrían producirse nuevos retrocesos como consecuencia de que los precios de los alimentos aumentan más rápidamente que los ingresos de dichos sectores de la población.

La Sra. Josette Sheeran, Directora Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas indicó, en una presentación realizada el 29 de julio pasado en la sede de la OEA en Washington, que en la actualidad el sistema de oferta global de alimentos está soportando con gran esfuerzo la tremenda presión provocada por el crecimiento extraordinario de la demanda, el incremento en los costos de los insumos, la reducción de las reservas de alimentos, la pérdida de cosechas como resultados de sequías, inundaciones y otras adversidades climáticas, y el aumento de la demanda de diversos granos para su uso en la producción de energía.

Sheeran destacó, como ya lo había advertido en el mes de junio, que el mundo se está enfrentando a una “tormenta perfecta” que afecta a la población más vulnerable. Sin una acción global coordinada, a las mil millones de personas actualmente afectadas podrían sumarse otro tanto, en la medida que su poder adquisitivo se reduzca por el aumento de los precios de los alimentos y el combustible.

Ante esta situación, los países exportadores de alimentos pueden visualizar la situación desde dos perspectivas complementarias que se comentan a continuación:

1. Desde una perspectiva interna, el incremento acelerado de los precios de los alimentos es una excelente oportunidad para los países exportadores, como Argentina, de transformar el aumento de riqueza e ingresos que esta situación ha generado. Para ello se requerirá un consenso entre los diferentes actores involucrados (gobierno, productores, comercializadores y exportadores) para diseñar e implementar una política consensuada de inversión efectiva y real en educación e infraestructura, que sustente una diversificación económica y la creación de empleo productivo en el sector agroindustrial. Esto, en definitiva será lo que generará un crecimiento sostenible a más largo plazo, especialmente cuando se desvanezca el impacto de los actuales precios altos de los productos alimenticios.

2. Desde una perspectiva internacional, la erradicación del hambre que sufren cientos de millones de personas en el mundo no es solamente una cruzada moral sino también debería transformarse en un objetivo de la política exterior de los países exportadores y una prioridad estratégica global. La inseguridad alimentaria, agravada por el dramático aumento del precio de los alimentos, amenaza no solamente a un grupo específico de países que son los más afectados, sino también la paz mundial.

En este sentido, debe tenerse presente lo que ocurre actualmente con los combustibles y el rol que éstos juegan como generador de conflictos bélicos que afectan a la humanidad toda. ¿Podría ocurrir lo mismo con los alimentos si llegan a considerarse un elemento estratégico para la estabilidad política de los gobiernos?

Países como Argentina tienen también la coyuntura propicia y la responsabilidad, junto con los beneficios de los altos precios de los productos primarios exportados, de asumir un papel protagónico en la mitigación de la crisis, a través de una combinación de instrumentos y acciones de cooperación internacional, sin descuidar de manera prioritaria las obligaciones de mejorar la calidad de vida de su propia población actual y futura.

Como parte de una comprometida política exterior, debería considerarse ampliar el nivel e intensidad de la cooperación técnica en materia de producción agrícola-ganadera, para la cual existe una gran experiencia acumulada por años de práctica en instituciones tales como el INTA, las universidades, las asociaciones de productores y las cooperativas agrícolas, entre otras.

La situación expuesta se manifiesta más dramáticamente como una crisis humanitaria y se presenta ahora la oportunidad de asumir un papel importante de política exterior, que permita renovar la imagen internacional, con aportes concretos para el conjunto de la humanidad. A.

Virginia, Estados Unidos. Buenos Aires, Argentina. Septiembre 2008.

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