agua-a-las-cuerdas

El grito es un símbolo en contra del poder establecido. Utilizado para resaltar el coraje y la valentía de alguien que se enfrenta a los abusos. Anteponiendo el bien común al propio riesgo, sin pensar que ese acto puede crear graves consecuencias personales.

agua-a-las-cuerdasEl 10 de septiembre del año 1586, 900 hombres con 150 caballos, innumerables poleas y cientos de metros de cuerda, intentan poner en pie en el centro de la Plaza de San Pedro en Roma, un enorme obelisco egipcio de 350 toneladas, más de 25 metros de altura y 4000 años de antigüedad. Era una mole traída en barco el año 37 d.C desde la ciudad egipcia de Heliópolis por encargo del emperador Calígula, como trofeo de guerra para ser situado en su circo.

El espectáculo atrae a una muchedumbre que abarrota la plaza. El Papa Sixto V obliga a permanecer en silencio a este sonoro público bajo pena de muerte, para que así se pudieran oír las órdenes de los técnicos. Pero cuando los obreros empiezan a izar tan descomunal piedra de granito rosa, debido a la fricción las sogas ceden y empiezan a echar humo.

Pero de repente en toda la Piazza San Pietro resuena un gran grito: ¡Daghe l’aiga a le corde! Es el marinero Bresca de Bordighera, Liguria, capitán de una nave genovesa y conocedor de que las cuerdas de cáñamo se rompen si no se las enfría. Se arriesga y valientemente sin temor a ser ahorcado, alza su voz para salvar este bloque pétreo labrado en Asuan.

La frase ha caído hoy en desuso Es un grito de alarma proferido por quien se da cuenta de una emergencia imprevista y procede inmediatamente a solventarla. La frase implica la necesidad de actuar y se utiliza para exaltar el valor del coraje, de la resolución y de la presencia de ánimo de alguien frente a un problema difícil, aun cuando exista el riesgo de penosas consecuencias personales. A.

Buenos Aires, Argentina. Noviembre 2016.

Pero qué fue de aquel valiente marinero llamado Bresca que gritó a todo pulmón? Fue inmediatamente detenido y llevado ante el Papa. Pero Sixto V en vez de castigarlo, le recompensó concediéndole el privilegio de poder izar la bandera vaticana en su barco. Además se le otorgó a él y a sus herederos el derecho a poder vender en exclusiva las palmas del Domingo de Ramos para la Santa Sede. Desde entonces, hace ya más de 430 años, sus descendientes siguen teniendo esta prerrogativa papal, siendo ellos los que suministran las ramas de palmera. La gran hazaña aún es recordada en su pueblo natal Bordighera.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Ultimas entradas de Carlos

    Categoria

    Sin categoría