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Prensa Económica, No. 303, pag. 82 y 83. Abril 2011. Buenos Aires, Argentina.

Bernard Madoff
150 años de prisión

Evitar un nuevo carnaval financiero en Estados Unidos requiere de una legislación mas estricta en materia de controles y auditorias de entidades y un cambio en la cultura política de la población, tanto en la dirigencia política y económica como en el apoyo popular.

Hace casi dos años el juez Denny Chin, juez de la Corte de Apelaciones de New York, dictaba una sentencia única, ejemplar e insólita: aplicaba 150 años de prisión a un condenado de 71. Bernard Madoff no saldrá vivo de la prisión de alta seguridad de Butner, North Carolina. Tampoco lo hizo para asistir al velatorio del hijo Mark, que se suicidó en diciembre 2010.
 
Pero, ¿resulta creíble que Madoff haya actuado solo o que nadie percibió su actividad delictiva, que no tuvo cómplices sobornados o actitudes complacientes de autoridades públicas y privadas, para consumar su estafa histórica?

Un nuevo capítulo acaba de conocerse hace poco tiempo, cuando Madoff confirmó que los bancos y los fondos de cobertura habrían actuado en complicidad y “tenían que saber” sobre el fraude a gran escala que se estaba llevando a cabo y además de demostrar una “ceguera voluntaria” frente a lo que estaba ocurriendo.

Mayores clarificaciones deberán seguir a estas. Las investigaciones que se realizan impulsadas por las víctimas de esa colosal estafa de decenas de miles de millones de dólares, ¡una cifra de once dígitos!, apuntan principalmente al JP Morgan Chase Co., HSBC Holding, UBS AG, entre otros, y también debería incluir a muchos funcionarios responsables del control y auditoría de las operaciones financieras que hicieron la vista gorda y flexibilizaron intencionalmente, hasta el absurdo, la escasa legislación al respecto. Concretamente, Madoff fue el principal responsable pero no el único.

Queda aun mucha justicia por administrar y también mucho más por legislar para establecer mecanismos efectivos de control y auditoría de las operaciones financieras que pongan límites al carnaval financiero, responsable también de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos que desencadenó una crisis financiera global.
Es sabido que no se puede dejar al lobo al cuidado del gallinero. No es posible permitir que las instituciones financieras tomen decisiones esperándose que sean responsables en su actuación y dejando a sus criterios el control interno del mercado. Sin embargo, así ocurrió y así lo reconoció el propio Alan Greenspan cuando expresó a fines de 2008 “mi fe en los bancos fue un error”.

Daño colaterales.

El exceso del liberalismo económico, que fue un referente para buena parte del mundo, donde la innovación y la audacia superaban a las regulaciones, tuvo un efecto nefasto en la economía y en la vida de las personas durante las últimas décadas. En el caso concreto al que nos referimos, la expresión ¡uy, me equivoque!, la confesión o la disculpa, condenará a 53 millones de personas a incrementar la ya horrible y espantosa masa humana de mas de un mil millones que actualmente viven en la extrema pobreza en el mundo y contribuirá a la muerte de 1,2 millones de niños en los próximos cinco años, según un informe conjunto del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (Informe de monitoreo global 2010: los objetivos del milenio tras la crisis).
La pregunta lógica y razonada que surge es ¿cuántos cientos o miles de años de condena correspondería aplicar a los culpables de este genocidio social y económico?, y ¿será que el juez de turno se limitará a aplicar un par de miles de años de condena a solo un personaje emblemático del macabro juego de la ruleta rusa en la cabeza ajena?
 


No resulta una tarea sencilla imponer mayores controles a las instituciones financieras, que encuentra una fuerte oposición en el Congreso tanto de uno como de otro partido mayoritario. De hecho, el mismo Madoff así lo denuncia en su declaración telefónica a la revista del New York Times del 28 de febrero diciendo “la nueva reforma de la reglamentación es un chiste”. Los intentos de retornar a la política keynesiana, se ha debilitado con la nueva composición de los miembros de la Cámara de Representantes luego de las elecciones parlamentarias de noviembre pasado.

Lo que se busca, y ansiamos, es el necesario y urgente enfoque mas justo en las políticas de los gobiernos dominantes, que muestre una economía de rostro humano, un capitalismo responsable que sea más coherente entre las declamaciones y los hechos. En ese contexto, la dirigencia del país líder mundial tiene un rol y una responsabilidad trascendental. Es de esperar ahora se generen medidas que impulsen el desarrollo de la economía pero que, al mismo tiempo, impidan y castiguen la irresponsabilidad. Esas medidas requieren un cambio en la cultura política de la población estadounidense, tanto en la dirigencia política y económica como en el apoyo popular. A.
 
Virginia, Estados Unidos. Marzo 2011.

Unirse a la conversación! 1 Comentario

  1. Amigos: La única manera de lograr justicia es la toma de conciencia por parte de cada uno de los ciudadanos del mundo y de cada dirigente y grupo económico de buscar la alternativa de una economía solidaria y no especulativa. El capital debe perseguir como objetivo el desarrollo humano y la dignificación de la condición humana. El ejercicio de la libertad responsable para preservar la Vida. Un fuerte saludo solidario y fraternal, Jesús Sordi

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