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Revista Pulso. No. 165. pag 10. 7 julio 1970. Buenos Aires, Argentina.


Las medidas compensadoras adoptadas en el tratamiento de exportaciones, han dejado prácticamente anulado el efecto de la devaluación. Los productos de exportación tradicional -cereales, carnes, cueros y otros- poco o nada han visto alteradas las condiciones anteriores al 18 de junio. La ley 18.714, que implanta un nuevo derecho de exportación del 12,5%, autoriza al Poder Ejecutivo a consolidar este porcentaje con los derechos ya existentes, reduciéndolos o eliminándolos.
 

El criterio oficial adoptado fue el de no disminuir los; beneficios de la exportación por los efectos de mayores gravámenes. Los cereales quedan afectados a impuestos del 17,18 y 19%, porcentajes inferiores a la adición de los derechos anteriores y el 12,5%. Casos similares se presentan con las carnes, cueros y productos de la agricultura.

Los bienes de capital importados por la industria, incluidas las empresas de exportación, cuentan con recargos muy bajos cuando no nulos. Lo mismo que las materias primas o semi elaboradas de las cuales Moyano Llerena dio algunos ejemplos en su primer discurso: el papel, el café y algunas frutas. Si bien momentáneamente los derechos de exportación son adecuados, pronto dejarían de serlo. Los costos industriales sentirían el impacto de la devaluación en aquellos productos sin recargos de importación y en los que, contrariamente a las mercaderías de exportación, resulta imposible enjugar la diferencia de $0,50 por dólar. Este aumento de costos incidirá directamente en los valores de producción.

A pesar de que los derechos de exportación no persiguen una finalidad fiscal, los recursos obtenidos de su aplicación no son desdeñables. Tomando como promedio de los últimos años una exportación anual de 1.500 millones de dólares y teniendo en cuenta que 1.200 millones de ese total corresponden a productos provenientes de la agricultura y la ganadería, con gravámenes que oscilan entre el 15 y el 20%, se observa claramente la importancia que para las arcas fiscales significan esos impuestos. Importancia que, por otro lado, había dejado de tener durante el primer semestre de este año, cuando los rubros más retributivos (carnes y cereales), alcanzaron niveles de derechos apenas por encima de cero. Ejemplo de ello era el trigo con el 6% de recargo y los preparados de carne, con el 6% de reintegro. El mayor beneficio fue logrado por los productos industriales. Los productos con alta manufactura incorporada contaban -dejando de lado el draw back y otros descuentos impositivos- con un dólar efectivo de $4,02, resultante de la aplicación del reintegro al dólar de $3,50. Actualmente con un dólar de $4, el reintegro es del 6%, lo que eleva el valor real del dólar exportado a 14,24.

La finalidad del reintegro es otorgar al exportador incentivos acordes con el “grado de manufactura e insumo s nacionales que sobre ellos incide. Llama la atención entonces que en la misma lista y con idéntico reintegro se encuentran motores a explosión para vehículos, de los cuales nadie puede poner en duda el elevado porcentaje de valor agregado, juntamente con la yerba mate, la harina de trigo a los pescados congelados.

Se hace aquí necesario establecer distintos niveles de reintegros acordes con el grado de elaboración del producto a exportar. Paralelamente, debe adoptarse una política coherente de desaliento a aquellas producciones antieconómicas que requieren una ayuda desproporcionada para competir en el exterior. De la misma manera, puede buscarse una mayor eficiencia en las empresas que actualmente utilizan el amparo oficial para mantener estructuras obsoletas de producción. A.

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