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Prensa Económica. Año XXXII No. 248, pag 96. Agosto 2007. Buenos Aires. Argentina.

Hace 10 años un tsunami económico sacudía la misma región asiática con consecuencias similares a las gigantescas olas de diciembre de 2005. Actualmente las economías de todos los países de la región están recuperadas de la crisis de 1997/98 y muestran importantes niveles de crecimiento.
Hace 10 años un tsunami económico sacudía la misma región asiática con consecuencias similares a las gigantescas olas de diciembre de 2005.
El epicentro fue en Tailandia y el efecto se sintió en toda Asia, sacudiendo y sepultando el crecimiento emergente de muchas economías de la región, provocando quiebras financieras de numerosos bancos, colocando en el desempleo y la marginación a millones de personas, y afectando al comercio y a la economía en todo el mundo.
Actualmente las economías de todos los países de la región están recuperadas de la crisis de 1997/98 y están preparadas para enfrentar posibles emergencias: los sectores financieros fueron reestructurados, las operaciones bancarias son mas transparentes, las empresas están mejor administradas, y los indicadores económicos muestran mejoras sustanciales que duplican positivamente los niveles de una década atrás.
Sin embargo, la recuperación de los tres principales países donde se inicio la crisis del 2 de julio de 1997, tuvo resultados diferentes. Corea, Indonesia y Tailandia aplicaron políticas distintas para superar el “tsunami económico” y los resultados también variaron.
Corea recibió un humillante préstamo de 58 mil millones de dólares del FMI, un sentimiento difícil de comprender para quien no conozca el orgullo nacional de los habitantes de ese reino ermitaño.
Pero no había alternativas para Lim Chang-yuel, quien fuera el Ministro de Finanzas del gobierno de Seúl por aquella época. Entre otros cataclismos financieros, el país enfrentaba un déficit de mas 20 mil millones de dólares en la balanza de pagos, la mitad de ellas en deudas externas de corto plazo. En 1997 las deudas de corto plazo eran equivalentes al 300% de las reservas en moneda extranjera.
En 1998 la economía coreana se contrajo en un 7% pero ya al año siguiente, en 1999, había crecido el 9,5%. Luego de estar al borde de la quiebra, el sector económico volvía a mostrar signos de estabilidad y recuperación. Rápidamente, en 2001 fue cancelado en su totalidad el préstamo del FMI, muchos meses antes de que venciera el plazo acordado para su devolución.
Esto se logro de una manera que recuerda el financiamiento de la epopéyica empresa de San Martín cuando preparaba el formidable cruce de los Andes con su Ejercito Libertador: con la participación de toda la sociedad, con el incremento de las jornadas de trabajo, con el aporte de dinero y joyas de parte de la población en su conjunto. Así fue.
Luego de esa traumática experiencia, Corea abrió algo su cerrada estructura económica, poco para los niveles internacionales, muchísimo para sus costumbres seculares. Se consiguieron inversiones extranjeras con cambios imposibles de imaginar antes de la crisis.
Pero el rápido pago de la deuda contraída con el FMI le permitió a Corea liberarse de las férreas condiciones impuestas por el organismo internacional: altas tasas de interés y la reducción de los gastos públicos, entre otras medidas que hubieran demorado una rápida recuperación económica.
Ahora, diez años después, en 2007, Corea detenta el puesto internacional numero 12 entre las economías mas sólidas, un puesto similar en el comercio mundial, el quinto puesto en cuanto al monto de reservas extranjeras (250 mil millones de dólares comparados con los 4 mil millones de octubre de 1997).
Todas estas variadas y complejas modificaciones de políticas económicas, financieras y comerciales estuvieron siempre acompañadas por una obsesiva preocupación por la educación y una infatigable dedicación al trabajo. Con muy escasos, casi inexistentes recursos naturales, Corea comprendió hace décadas que la mayor apuesta debía ser realizada a la educación competitiva de su población. Los planes de estudio, la obligatoriedad efectiva de la enseñanza primaria y secundaria, los programas universitarios, las carreras de postgrado, todo este conjunto de acciones están orientados a lograr las mejores condiciones de supervivencia en una economía globalizada. La apuesta a una mayor capacitación en tecnología informática, computación, ciencia y técnica fue permanente y uno de los elementos claves de su recuperación económica.
Este fue el caso de una nación débil y atrasada en el siglo XIX, con una dominación colonial agobiante durante la primera mitad del siglo XX, una devastadora guerra de casi cuatro años en la mitad del siglo y que aun perdura como ultimo vestigio de la Guerra Fría, una historia de miles de años de cerrada y estricta homogeneidad racial dieron a ese pequeño país los elementos suficientes y el orgullo nacional necesario para superar rápidamente una formidable crisis económica y financiera de repercusión mundial de hace 10 años.
No existe una formula del éxito, y si la hubiera, no puede copiarse. En una oportunidad un joven ingreso a una peluquería con la foto de un galán de moda y le dijo al peluquero señalando la foto “quiero un corte de cabello y un peinado como este”, a lo que el peluquero le respondió “tráigame esa cabeza”. Pero si pueden rescatarse algunos elementos para tener en cuenta.
Una actitud social de la población, las empresas y el gobierno con una fuerte determinación para superar la adversidad puesta de manifiesto en el incremento de las cargas horarias laborales, una actitud positiva frente al trabajo, una determinación obsesiva por el estudio competitivo por parte de las familias y las universidades, fueron (y continúan siendo) algunos de los elementos claves de un crecimiento económico fabuloso.
Objetivos nacionales sin partidismos, programas de autentico contenido nacional, programas educativos competitivos en los tres niveles, capacitación científica y tecnológica de excelencia, desarrollo de esas políticas sin plazos electorales, intereses sin colores o banderas políticas, políticas y programas permanentes en lugar de las tradicionales políticas “espasmódicas”, y un fuerte compromiso de la sociedad en su conjunto, son algunos de los componentes indispensables de una política económica y social exitosa. A.
Seúl, Corea. Julio 2007.

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