En la última década reinó omnipotente el sector financiero que, a diferencia del industrial del siglo XX, no genera empleo masivo. Solo utilidades masivas que son distribuidas entre la elite que detenta el verdadero poder. Los principios de la democracia fueron socavados. Los ideales de que todos los ciudadanos participen del beneficio social y económico del sistema están amenazados. La “caballería” continúa con incipientes apariciones esporádicas pero significativas.

Desocupación, falta de perspectivas de progreso, desigualdad social y económica, generan tensiones sociales. Eso queda claro en cada expresión popular como las últimas del mundo árabe, o en Londres, España, Israel, India, Brasil, Chile, y … hasta en Estados Unidos.

Si bien buena parte de los 320 millones de los estadounidenses hace tiempo que vienen perdiendo la inocencia y la fantasía de vivir en Disneyland, cada vez dudan menos en expresar su insatisfacción, impulsados por las crecientes necesidades y la falta de expectativas de progreso social y económico.
 
Los occupies estadounidenses no reclaman por asistencialismos oficiales sino por salir de la desocupación. Las pancartas de las protestas preguntan “¿dónde está el trabajo?” que prometieron la autoridades políticas.
Los profesionales de la economía financiera han sustituido a los de la economía productiva logrando beneficios para un número extremadamente pequeño de individuos que socava el ideal de democracia. Para que haya una verdadera democracia, todos los ciudadanos deben tener interés en que el modelo funcione porque esa eficiencia les permite participar de sus ventajas, unos más que otros de acuerdo a sus capacidades y empeño, pero en definitiva todos logran satisfacer las necesidades básicas de empleo, seguridad social y educación.
En Estados Unidos, las manifestaciones en contra del exagerado poder económico y político de las corporaciones de elite comenzaron en New York el 17 de septiembre de 2011. Fue a corta distancia de donde cayeron las torres gemelas, de la Stock Exchange y de la Reserva Federal y alli protestó la vanguardia de los que reclaman un sistema económico mas justo y mas humano: artistas, punks, socialistas, anarquistas y liberales. Poco después se sumaron los desocupados y subocupados, al poco tiempo llegaron la prensa y los medios gráficos y televisivos que, junto a la nerviosa labor de las redes sociales, difundió e instauró la protesta en todo el país hasta llegar frente a la Casa Blanca tres semanas mas tarde.
En la encuesta realizada por la revista Time, 24.10.2011 (“The silent majority”), el 81% de la muestra consultada afirmó que el país se dirige en la dirección equivocada y un conservador pero alarmante 54% apoyó las protestas generalizadas. Pero lo mas importante es que las ideas liberales con las que la población viene siendo intoxicada en las tres últimas décadas -20 años de republicanos y 8 de demócratas (dos administraciones de Ronald Reagan, una de George H. Bush, dos de Bill Clinton y dos de George W. Bush-, y hasta ahora fuertemente arraigadas en el subconsciente colectivo, parecieran que comienzan a ser cuestionadas.

Practicamente son iguales los porcentajes de opiniones entre los que propugnan un aumento de los gastos gubernamentales y los que se oponen a el, abogando por una reducción. El detalle es que las ideas liberales que promulgaban que “el gobierno no es la solución sino el problema” de hace 30 años atrás, están siendo puestas en duda por una creciente parte de la población.

¿Dónde están todas las ganancias económicas? ¿A dónde han ido? Los economistas Emmanuel Saez y Thomas Piketty examinaron las declaraciones de impuestos desde 1913 hasta 2008 y descubrieron un patrón interesante. A finales de 1970, el 1% de las familias mas ricas tomaron el 9% de los ingresos totales de la nación; en 2007, el 1% tuvo en el 23,5% del ingreso total.
Según la misma encuesta, la propuesta de una reforma impositiva encuentra una mayor adhesión: el 73% está a favor de que se aumenten los impuestos a aquellos que tienen un ingreso superior al millón de dólares.
Mientras tanto los dirigentes políticos y las autoridades económicas continuan haciendo equilibrio para implementar medidas de efecto mediático pero inócuas en sus resultados.

Hasta ahora nadie se ha animado ha modificar la política impositiva a los efectos de lograr una mejor distribución de la riqueza o implementar medidas eficaces para que el trabajo y la producción vuelvan a desarrollarse dentro de las fronteras del país en lugar de las factorias en el exterior. Parece ser que resulta mas beneficioso continuar concentrando el poder económico en las grandes corporaciones y dejar al gobierno la solución del problema que genera el 8,6% de desocupación y los 49.1 millones de estadounidenses que viven en la pobreza. A.

Virginia, Estados Unidos. Enero 2012.

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