25 diciembre, 2010

Educacion.

Publicado en:
– Banco Interamericano de Desarrollo. Mayo 2007. Washington DC., Estados Unidos.http://www.youngconnection.org/newsletter/Connexio%202007/Connexio%205/Articulos/article100407.htm

La educación es uno de los elementos claves en la estrategia para lograr el desarrollo económico. Los países del este y sudeste asiático nos ofrecen un buen ejemplo de los logros que se obtienen. El significado de la calidad de la enseñanza.

El ejemplo de Oriente.

Las evaluaciones que en materia educativa se realizan en el ámbito mundial, otorgan a Taiwán y a Corea el liderazgo del conocimiento de matemáticas seguido por los japoneses y colocando a este conjunto como los lideres de ese conocimiento.

Este no es un hecho nuevo sino que se viene repitiendo desde hace varias décadas. El logro de un nivel de educación elevado en el conjunto de la población es lo que ha permitido el fabuloso grado de adelanto tecnológico e informático de esos países. Tanto Corea como Japón ocupan también los primeros lugares entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en materia de educación.

Corea, Japón y Taiwán, y crecientemente China, destinan importantes porcentajes de sus Productos Brutos (PBN) a la educación, a las investigaciones en ciencias y al desarrollo tecnológico.

Pero lo verdaderamente importante no es tanto el porcentaje del PBN que esos países destinan a estos fines sino lo que realmente llega a su destino, sin que haya “filtraciones” burocráticas intermedias. O sea, cuentan los resultados que se obtienen, un detalle que a muchos ya no se les pasa por alto.

Estas condiciones y una obsesiva preocupación de la población por la educación en forma competitiva, le quitan el carácter “milagroso” a la recuperación económica de esos países que hace 50 años estaban arrasados por la guerra y sumidos en la miseria. En un par de generaciones, con excepción de China todavía, esos países alcanzaron el 99% de alfabetismo y mas de un 20 % de la población con estudios universitarios completos.

El nivel de preocupación de las familias por la adecuada formación de sus hijos comienza a edad temprana. En Corea, por ejemplo, el 86% de los niños de jardín de infantes, toman cursos de lenguaje (la mitad), inglés (el 28%), matemáticas (un tercio), o piano (otro 28%) de acuerdo con una investigación realizada por el Ministerio de Educación entre 2.159 familias.

Este esquema de exigencias se mantiene durante todo el periodo de enseñanza primaria y secundaria, con múltiples cursos extracurriculares, extensas jornadas diarias que incluyen hasta el sábado, y aun los domingos y alternativamente durante los recesos escolares.

Resultados cada vez más rápidos.

Una población con un alto nivel de educación, junto con políticas económicas coherentes y estables, permitieron acelerar los tiempos de transformación y crecimiento. “…después de la Revolución Industrial, Inglaterra necesitó 60 años para duplicar su nivel medio de ingresos; a los Estados Unidos le tomó casi 50 años en el siglo XIX; Japón necesitó 35 años después de la revolución de los Samurai; Corea del sur apenas 11 años después de la década de 1960; y ahora China realiza la proeza de duplicar su nivel de vida en menos de una década” (Alieto Guadagni “La Argentina y el regionalismo abierto”, UCA 1995, pág.77). De esta forma Corea pasó en poco más de 40 años, 84 dólares de ingreso per capita anual en 1964, a los cercanos 20.000 dólares del año 2006.

La valoración de la calidad de la enseñanza primaria y secundaria en forma competitiva, por parte de la sociedad, el Gobierno y los empresarios, permite a estos países superar el desempleo y la marginación. Y los jóvenes estudiantes saben que no podrán tener mejores empleos que sus padres si hoy no aprenden en la escuela más que ellos.

El mayor nivel de educación de los asalariados, el más amplio conocimiento tecnológico y una actitud positiva hacia el trabajo, fueron los elementos básicos del éxito sobre los que se apoyo una adecuada política económica en varios de los países asiáticos.

La educación ha sido, por lo tanto, uno de los elementos originales y destacados en la estrategia para lograr el crecimiento económico. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.

La misma importancia que se le asigna a la educación primaria y secundaria se proyecta luego al ingreso a las universidades, especialmente a las más prestigiosas. Es una verdadera obsesión, no solo para los estudiantes sino también para sus padres, y constituye una verdadera “cruzada” familiar para lograr ese objetivo. El no poder tener acceso a una buena educación, por el contrario, es considerado un verdadero fracaso familiar y social.

Por su parte, las autoridades de esos países saben que para estar y mantenerse a la vanguardia del conocimiento deben perfeccionar de manera constante los programas que promueven la calidad de la enseñanza en forma competitiva. De esa forma logran niveles más altos en la formación de profesionales con el objeto de lograr participar y ganar espacios en el mercado internacional. Este fenómeno es particularmente evidente en las áreas de tecnología informática y comunicaciones que constituyen los principales rubros del desarrollo y el crecimiento económico actual.

El dominio de la tecnología de última generación resulta indispensable para mantenerse a la vanguardia de la competencia global en tecnología industrial, información tecnológica, biotecnología, tecnología ambiental y nanotecnología.

Los desafíos de la competencia.

Hace pocos años un importante acontecimiento en el comercio mundial puso otra vez a prueba la eficacia de esta política educativa y la actitud de la población y de los empresarios respecto de ella. La apertura de la economía china en las dos ultimas décadas y finalmente su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001 significó un reto para la economía mundial y en especial para la dirigencia política y económica de los países asiáticos. Dicho acontecimiento exigió ajustes en las políticas económicas y comerciales para encarar este nuevo desafío global aun más agresivo.

La respuesta fue una apuesta aun más fuerte y un incentivo adicional para el desarrollo científico y tecnológico en todas las ramas de la industria además de la informática y comunicaciones. De esta forma, casi con un sentido de supervivencia, estos países enfrentan con mayores posibilidades de éxito la competencia del gigante asiático en el mercado internacional.

En América Latina.

Hay un crecimiento sin precedentes en genética, electrónica, cómputo, nanotecnología y micro materiales en varios países asiáticos. La brecha con Europa y Estados Unidos se va acortando mientras se amplia con América Latina, tanto en términos absolutos como también en términos relativos.

Bernardo Kliksberg resume acertadamente la realidad de América Latina cuando menciona en su obra “Hacia una economía con rostro humano” (FCE 2002, pág. 109) que “es frecuente en América Latina la profunda distancia entre el discurso -lo que “se dice”- y la acción real -lo que se hace-. Un área donde esa brecha aparece con mucha fuerza es la educación. En el discurso, se insiste en que (la educación) es una de las mayores prioridades, que debe apoyarse totalmente. En los hechos, otras han sido las realidades de la región en las últimas décadas. En este caso, la inconsistencia se esta pagando muy caro. …relegar la educación, además de causar serios perjuicios directos a la población, tiene graves consecuencia macroeconómicas. Los países que recitan loas a la educación pero no hacen esfuerzos sistemáticos por ella, tienen trabas agudas para crecer”.

Y en especial cuando menciona “…los países del Sudeste Asiático han partido de niveles educativos en diversos casos inferiores a los de América Latina en los años cincuenta, y han conseguido, mediante políticas sistemáticas de inversión y apoyo a la educación, importantes logros en cobertura y calidad”.

Resumiendo: las bases de un verdadero desarrollo no dependen solo de un programa económico y una conducción política adecuada que permita reducir los niveles de pobreza. La prosperidad de una nación no es exclusivamente el resultado del acierto de las políticas macroeconómicas y los incentivos macroeconómicos sino de la generación, en la comunidad toda, de las condiciones básicas de cultura y educación para el desarrollo.

Seúl, Corea, Mayo 2007.

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