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• Prensa Económica. No. 302. pag 68 y 69. Diciembre 2010. Buenos Aires, Argentina.
• Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID). 27 didiembre 2010. Buenos Aires, Argentina.

La gravedad de la crisis financiera y económica es de tal magnitud y amplitud que obliga a los países mas afectados, EE.UU. y Europa, a encarar soluciones que modificarán sustancialmente el comercio internacional.
La importancia del componente psicológico en la toma de decisiones económicas del consumidor es abrumadora. Desde los pensadores de la Economía del Bienestar hasta los marxistas, pasando por economistas y estadistas de renombre -Charles de Gaulle enfatizaba que la economía es una rama de la psicología- coinciden en afirmar que el componente psicológico es un elemento fundamental en la conducta del consumidor. Resulta así porque la economía es una ciencia social. Pero una cosa es tratar de influir positivamente en los hábitos del consumidor y otra es revertir las crecientes tasas de desocupación, aumentar el consumo y ganarse la confianza pública.
Las extraordinariamente costosas medidas de salvataje implementadas por los gobiernos de los países industrializados para reanimar la economía, quedaron atrás sin el éxito esperado. Solo lograron el modesto objetivo de amortiguar los efectos de mayores derrumbes. Ahora, a un lado y otro del Atlántico Norte, (pareciera la crisis de la OTAN económica), los líderes políticos parecen estar abocados a estimular el sector productivo de sus respectivos países luego del nefasto festival financiero de la primera década de este siglo. Sin embargo, todavía permanecen sin castigo, y quizás nunca lo sean, los criminales beneficiarios de la especulación bursátil e inmobiliaria, junto con sus aliados de los sectores gobernantes. Muy por el contrario, las instituciones financieras continúan preferenciando las remuneraciones de sus ejecutivos y oficiales de cuentas con generosas bonificaciones.
Haciendo omisión conciente, ignorando a los verdaderos culpables y causantes de la debacle actual –y a sus cómplices políticos, quizás porque varios de ellos son parte de las esferas del poder-, las autoridades de los países industrializados vuelven su mirada al sector sano y productivo de la economía. De esa forma ensayan medidas clásicas de incrementar sus exportaciones y desalentar las importaciones como una forma de reactivar la producción de bienes y servicios en economías que enfrentan explosivos niveles de desocupación. El elemento clave para estimular esas medidas es colocar sus monedas en la mejor posición competitiva posible con mínimas consideraciones respecto a las distorsiones que seguramente se producirán en el comercio internacional y en la economía mundial. Es lo que se ha dado en llamar la guerra de las divisas.
Fue así como, previo a la última reunión del Grupo de los 20 realizada en noviembre en Seúl, Corea, los Estados Unidos anunciaron la aplicación de una política de flexibilización cuantitativa a través de una compra inicial de 600 mil millones de dólares de Bonos del Tesoro, el recurso encontrado para lograr la competitividad de su moneda ante la imposibilidad de continuar aumentando el déficit presupuestario y el nivel de la deuda.

Resulta obvio que si todos los países industrializados actúan de la misma manera, el buscado efecto favorable se anula o, al menos, se reduce sustancialmente y mostraría muy pocos cambios en el reacomodamiento de la económica internacional, solo con algunas modificaciones en las economías marginales.
No resulta extraño entonces que la atención, y preocupación de los países de la “OTAN económica” se dirijan a los restantes grandes mercados mundiales: principalmente China, y el resto de los mercados de los países emergentes.
Hasta ahora resultaron infructuosas las presiones para que el gran operador del comercio mundial, China, reduzca el gran superávit de su balanza comercial con Estados Unidos y Europa. Beijing sigue manteniendo estable el valor de su moneda y evitando “pagar los platos rotos” que no le corresponden. Pero también se alzan fuertes críticas de países exportadores como Brasil, India, e incluso Alemania. Wolfgang Shaeuble, el ministro de finanzas alemán, dejó clara su opinión contraria a que los estadounidenses acusen a China de manipular el tipo de cambio y después empujen a una baja en el valor del dólar abriendo las compuertas de una fuerte emisión monetaria. Una lectura mas detallada de estas posiciones es que Estados Unidos deberá enfrentar, a su propio riesgo, la reducción del desempleo y el estímulo de la demanda agregada en lugar de intentar compartirlo con los principales socios comerciales.
Los países emergentes están en proceso de revalorizar sus monedas y experimentaran un aumento significativo en el flujo de capitales de corto plazo dado sus mayores tasas de retorno a la inversión financiera. Por otro lado, en los países desarrollados continua el aumento de los déficits fiscales y la deuda pública con un elevado y peligroso nivel de desocupación junto a muy bajas o nulas tasas de crecimiento de sus economías. La situación se presenta compleja cuando ya está quedando demostrado que no hay un país hegemónico y muestra a los Estados Unidos debilitado económicamente aunque manteniendo el poderío estratégico mundial.
Muy interesante resulta observar la tendencia en la economía política internacional donde los países industrializados que sufren las graves consecuencias de la crisis están buscando salidas individuales a pesar de los compromisos que han establecido a nivel multilateral. Esto significa mucho para los países en desarrollo que por décadas han estado luchando en los foros internacionales a los efectos de sensibilizar a los grandes actores mundiales de las limitaciones comerciales que les eran impuestas y que provocaron, y lo continúan haciendo, un particular ahogo económico e irreversibles daños sociales.
Ahora observamos una verdadera lucha de gigantes en donde si no se restablece el crecimiento económico, el mundo puede sufrir otra grave crisis, tal vez más seria que la de hace tres años porque ya se han agotado varios de los instrumentos de política que estaban disponibles en ese entonces. Es de esperar que no se cumpla aquello de que “cuando dos elefantes se pelean el que se perjudica es el suelo”.
Concluyendo: así como la sabiduría popular indica que “el miedo no es tonto”, así los ciudadanos de los países en crisis deben entender que a una actitud psicológicamente positiva hay que ayudarla con medidas correctivas mas eficaces, de legislaciones y reglamentaciones mas rígidas y socialmente mas sensibles y justas, que regulen el accionar de los agentes financieros además de castigos y penalidades ejemplares para que ellos y sus colaboradores no las vuelvan a infringir. A.

Virginia, Estados Unidos. Enero 2011.

Unirse a la conversación! 1 Comentario

  1. Este artículo nos presenta un nuevo desarrollo de las relaciones de nuestro mundo, donde han ido cambiando los efectos de participación y peso de cada nación, contemplando el fenómeno de la existencia de un nuevo concepto que es la comunidad – Unión Europea – la cual constituye una unidad de orden nacional.

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