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Diario El Cronista Comercial. Pág. 4. 21 mayo 1981. Buenos Aires, Argentina.

Mientras algunos pocos dirigentes mundiales tratan de revitalizar la cooperación entre los países industrializados y los subdesarrollados en las reuniones del llamado diálogo Norte-Sur, otros se dedican a practicar y ahondar, en forma menos publicitada pero más efectiva, el comercio Sur-Sur.
Aunque con tantos obstáculos e inconvenientes para su implementación el uno como el otro, el nexo Sur-Sur no es un diálogo entre sordos. Quienes lo realizan concluyen que no existe mejor ayuda económica que aquella que puedan estructurar los mismos interesados para el mutuo beneficio. Asi lo entiende un grupo de países en vías de desarrollo ubicados en el Hemisferio Sur económico y los mejores ejemplos lo ofrecen las nacientes relaciones del Africa con sus vecinos oceánicos: India y Brasil.
El Africa ubicada al sur del Sahara y al norte de Sudáfrica, tiene un grado bastante parejo de subdesarrollo, con algunas diferencias en sus niveles de Producto Nacional Bruto, derivadas de sus mayores o menores riquezas mineras en explotación. En cambio, en India y Brasil coexisten aspectos de países industriales, con avanzada tecnología, junto a las más clásicas manifestaciones del subdesarrollo. Ambos países han intensificado sus relaciones con el Africa negra con muy buenos resultados y con perspectivas muy promisorias.
I – Africa-Brasil.
Analizaremos un poco en detalle la evolución de las relaciones políticas y económicas entre Brasil y África. En el sentido tradicional de la compra y venta de productos, el intercambio comercial a través del Atlántico pasó de 100 millones de dólares en 1970, a unos 1.150 millones en 1979 (ver cuadro). Estas cifras son elocuentes en cuanto al crecimiento operado en el lapso de 10 años pero aún no son significativas ni en términos absolutos ni en términos relativos para Brasil o para África. Pero si lo son las perspectivas inmediatas de alcanzar los 5.000 millones de dólares en los pró¬ximos dos años y mucho más lo es la activa participación brasileña en el rubro de servicios, consultorías, transferencia de tecnología y marcada presencia artística, cultural y deportiva en varios países del África, que se acrecienta día a día.
¿Cómo se produce esa evolución en las relaciones entre este continente y el país sudamericano? No puede dejar de mencionarse como aspecto favorable que África y Brasil, además de la proximidad geográfica, tienen orígenes comunes: ambos fueron colonias de países europeos y, en el caso de Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, aun de la misma metrópolis. Brasil es, además, el segundo país de raza negra del mundo, después de Nigeria y por encima de la gran mayoría de los países africanos. Los traficantes de esclavos proveyeron de abundante mano de obra a la floreciente colonia portuguesa en Sudamérica hasta bien entrado el siglo XIX ya que Brasil recién abolló la esclavitud en 1888. Con esa libertad otorgada, unos 3.000 negros regresaron al África occidental al comenzar el presente siglo. Muchos de sus descendientes ocupan actualmente destacadas posiciones en Nigeria, Ghana, Togo y Benin.
A pesar de ese origen común, Brasil acompañó y apoyó la política colonialista de Portugal en Africa durante todo el largo gobierno de Salazar y hasta la revolución del 25 de abril de 1974. Para ese entonces, las colonias portuguesas de Africa estaban finalizando su lucha contra el imperio colonial para poder sumarse, aunque tardíamente, a la ola lndependentista que había recorrido Africa a comienzos de la década del 60. La política exterior portuguesa se alineaba junto a Sudáfrlca, en su apartheid, y junto a Rhodesia, en su racismo. Consecuentemente le daba la espalda al resto de los países africanos que habían hecho, y hacen, de esta cuestión racial, uno de los fundamentos básicos de su política exterior.
Hacia una politica exterior independiente.
Cuando el presidente Ernesto Geisel (1974-1979) asume el poder en marzo de 1974, encuentra pocos rastros del “milagro brasileño” que había caracterizado al período económico de la segunda parte de la década de los años 60. La inflación aumentaba, entre otros motivos, por el aumento en los precios del petróleo provocado por el embargo de los países miembros de la OPEP y que repercutía más gravemente en las economías de aquellos países que, como Brasil, no poseen recursos energéticos adecuados. Las deudas en el exterior eran del orden de los 40 mil millones de dólares. El liderazgo de Estados Unidos, en el cual Brasil estaba alineado, sufría las consecuencias de la crisis de la energía y de los avatares de la guerra de Vietnam. Brasil no podía librar una batalla económica estando ligada a las “fronteras ideológicas” respecto del comunismo y la eliminación de un gran número de mercados potenciales en el mundo, hecho que comprometía seriamente su desarrollo. La salida para superar esta crisis fue elaborada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Itamaraty, en la reformulación de su política exterior y fue la primera vez que el régimen militar en el poder adoptaba una estrategia internacional independiente. Surgió así la política del “pragmatismo responsable” cuyo planteamiento satisfacía a la mayoría de los sectores. Inmediatamente Brasil se ubicó junto a los países no alineados de los organismos internacionales y se establecieron relaciones comerciales con China.
En África, Brasil fue el primer país occidental en reconocer la independencia de Guinea-Bissau, ofreciéndole asistencia técnica en telecomunicaciones al líder revolucionarlo Luis Almeida Cabral. Y fue también bajo el gobierno de Geisel que el canciller Azevedo da Silveira mencionó la adhesión brasileña a la teoría geopolítica del general Golbery do Couto e Silva de que el océano Atlántico es una frontera natural que une Brasil al África, colocando al continente negro en la segunda prioridad de su cartera después de America Latina.
El reconocimiento de Angola.
Sin embargo, la más elocuente muestra del cambio de política hecho por Brasil, fue apre¬surarse a reconocer, primero que ningún otro país en el mundo, al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) cuya lucha revolucionaria terminó en la Independencia de Angola el 11 de noviembre de 1975.
La decisión fue resistida por algunos círculos radicales de Brasilia y arriesgada políticamente por cuanto el nuevo gobierno angoleño Instalado en Luanda estaba sitiado por las tropas de la Unión para la Independencia Total de Angola (UNITA) que invadían el territorio desde Sudáfrica.
Aunque menos publicitada pero mas efectiva, Brasil estructura sus relaciones con África.
(Primera nota de cuatro).
A partir de ese momento, África se reencontró con un antiguo conocido de las épocas coloniales. Hasta el siglo XVIII puede decirse que la capital de las provincias marítimas de Portugal estaba en Bahía. En esa capital brasileña se gestaron los primeros planes emancipadores de las colonias lusitanas. Los portugueses detectaron el movimiento y lo aniquilaron. Los expulsados afri¬canos recalaron en Brasil y los brasileños terminaron sus días en Mozambique.
Durante el siglo XIX las colonias americanas comenzaron su proceso de independencia y Brasil se concentró en su expansión y desarrollo. Por su parte los europeos Iniciaron la ocupación del territorio africano en forma sistemática. Las colonias africanas sólo comerciaban con sus metrópolis y durante muchas décadas las comunicaciones sobre el Atlántico quedaron Interrumpidas. Pero el proceso de descolonización iniciado por las potencias europeas a fines de la década del 50 arrojó a la comunidad de naciones a un conjunto de nuevos estados africanos que comenzaron a ocupar lugares en los foros Internacionales. Así concurren a las reuniones previas que habrían de culminar en la Alianza de Productores de Cacao de 1962 países como Nigeria, Ghana, Costa de Marfil, Togo, Camerún y Brasil. Fue éste uno de los primeros encuentros entre los africanos y los brasileños después de muchos años y en circunstancias muy distintas. Importante es destacar que aquél fue un acuerdo cuyo objetivo era aunar esfuerzos para formalizar una política común que protegiera sus intereses mutuos por encima de posturas competitivas.
Hasta esos momentos Brasil sólo tenía una representación diplomática en Senegal pues Dakar era una plataforma muy importante para las comunicaciones aéreas y marítimas entre Europa y América del Sur. En la época de Janio Quadros (1961), la importancia de mantener buenas relaciones con los países de clima tropical con economías productivas similares hace que Brasil abra unas pocas embajadas más en Africa. Quadros nombró al primer embajador negro, Ramiro Souza Dantas, en Ghana. Esa nominación fue bastante resistida porque además del color de su piel, Souza Dantas no pertenecía a los cuadros de Itamaraty.
En los años siguientes, la política africana no está entre las prioridades mundiales. La atención internacional se concentra en la finalización de la guerra de Corea, en las tensiones del sudeste asiático y, posteriormente, en la guerra de Vietnam. De todas maneras los africanos siguen las alternativas políticas de su aliado productor de materias primas tropicales. Así fue que no pasó Inadvertida la revolución de derecha radical de Brasil en 1964, que de este lado del Atlántico se interpretó como poco favorable para ahondar el reciente conocimiento entre países. Como para que no le quedaran dudas a los africanos, éstos observaron cómo Brasil prefería reforzar sus re¬laciones con Sudáfrica.
Con la presidencia de Costa e Silva (1967-1969) y un gobierno ubicado más en la centro derecha, aumentaron las expectativas de amistad y fue asi como Itamaraty comenzó a observar más atentamente a Africa, esta vez como mercado propicio para la colocación de una larga serle de bienes de consumo cuyos excedentes eran la consecuencia de una expansiva política económica puesta en marcha por el gobierno surgido de la revolución de 1964.
Durante el gobierno de Garrastazú Medlcl (1969-1974) se Iniciaron una serie de avances y retrocesos. Por un lado se iba implementando una política africana más independiente. Por otro lado, el retorno a una política africana más radical hacía cometer algunos tropiezos. Los africanos de Togo, Benin, Nigeria, Camerún, Gabón, Zaire, Senegal, Costa de Marfil y Ghana recibieron en 1972 la visita del canciller Mario Gibson Barbosa. Los objetivos fueron mejor definidos en esta oportunidad pero los medios para lograrlos aún no estaban del todo claros. A pesar de resaltar los orígenes comunes, la misión tuvo un carácter paternalista que disgustó a los africanos.
Pero el nuevo proyecto de política exterior estaba trazado y las adhesiones internas permitieron mejorarlo. Es en este contexto que se produce un episodio muy importante que es preciso tenerlo en cuenta para comprender mejor el proceso de cambio que se operó en la política brasileña respecto de África y que se suma a los ya mencionados. Mientras Angola era aún una colonia portuguesa en 1972, el grupo brasileño Pan de Azúcar construyó en Luanda un supermercado de 10.000 metros cuadrados que revolucionó el sistema de abastecimiento y distribución de alimentos en esta capital. Es indudable que Itamaraty tuvo presente esta primera experiencia de inversión comercial en África cuando trazaba su política hacia este continente y cuando en ese contexto se apresuró a reconocer la Independencia de Angola. Pero ese reconocimiento no fue un mero acto diplomático formal. Los brasileños, además, enviaron tres barcos cargados de alimentos para sostener al gobierno de Agostinho Neto. Los barcos partieron de Santos hacia Luanda en una operación coordinada por Itamaraty y el grupo Pan de Azúcar en momentos en que la exportación de varios de los productos embarcados estaba prohibida en Brasil. A.

Luanda, Angola. Mayo 1981.

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