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El Cronista Comercial. 26 mayo 1981. Buenos Aires, Argentina.

Tras una inicial política apresurada, Brasil encara la etapa de su afianzamiento definitivo en África.

(Segunda parte de cuatro).

El reconocimiento de la independencia de Angola por parte del Brasil fue el comienzo de una etapa decisiva en las relaciones del continente africano con el país sudamericano. La nueva política de Itamaraty, sin embargo, no fue fácilmente aceptada ni en el Brasil ni en África.

La desconfianza de África.

Con el objeto de ganar el tiempo perdido, el Brasil priorizó en África los aspectos relativos a sus orígenes comunes con las naciones negras, condenando enfáticamente el racismo y el colonialismo, aquellas cuestiones que había apoyado hasta poco tiempo atrás. Ya comentamos que la visita que Gibson Barbosa hiciera a este continente en 1972 no estuvo alejada del paternalismo con que los europeos trataban a los africanos hasta hace un par de décadas. En sus deseos de agradar a los africanos y con el objeto de atenuar la “blancura” de la delegación brasileña, la de Gibson Barbosa incluyó entre sus miembros de último momento a un médico negro con la finalidad de atender la salud del canciller y que resultó ser… un ginecólogo.

El cambio repentino de la política sumado a algunos medios poco acertados para llevarla a cabo despertó lógicas sospechas y la actitud del Brasil fue considerada oportunista. Ejemplo de esa desconfianza fue la actitud del líder mozambiqueño Samora Machel. En junio de 1975, la colonia portuguesa de Mozambique se convertía en un país independiente. A pesar de que el Brasil reconoció al nuevo gobierno, no fue Invitado a los festejos oficiales. En cambio fue invitado Luis Carlos Prestes, en esa época secretario general del Partido Comunista Brasilero, quien residía en Moscú. Prestes llegó a Maputo al frente de una delegación de brasileños exiliados y fue recibido con todos los honores de un Jefe de estado.

Pero el Brasil reaccionó rápidamente a este revés político y los cancilleres de ambos países Iniciaron conversaciones informales en setiembre de ese mismo año. Ya en noviembre, Mozambique envió una nota a Itamaraty proponiendo el establecimiento de relaciones diplomáticas, cosa que se concretó el 31 de diciembre de 1975. Así se abrió la embajada brasileña en Maputo a cargo del primer secretario Bernardo Pericas, quien actualmente tiene el rango de ministro consejero y es vocero del canciller Saraiva Guerrelro.

El episodio fue ejemplificador para el Brasil. Itamaraty perfeccionó los medios para alcanzar sus objetivos: “Vamos a cooperar con África en la medida de sus solicitudes y en la medida de nuestras posibilidades”. Así el Brasil se colocó en una actitud más discreta y digna, abandonando la idea de tomar iniciativas que fueran interpretadas como entrometidas y actuando sólo en base a la aceptación de propuestas realizadas. Fue una política paciente aunque breve y acertada. La desconfianza de África dio paso a la comprensión pero sin por eso dejar de observar como sus hermanos de color no se encuentran en los niveles de las decisiones públicas ni privadas.

Los africanos negros condenan toda forma de racismo y también de colonialismo. Se oponen enfáticamente a cualquier tipo de alianza militar en el Atlántico Sur en la que participe Sudáfrica. Están enrolados definitivamente en el Tercer Mundo. Quieren ser íntegros y auténticos. Apoyan los principios básicos de la igualdad soberana entre los estados, la no intervención y el respeto mutuo. Todos estos ingredientes debieron ser tomados en cuenta por la diplomacia brasileña para abordar el mercado africano.

Las dificultades del Brasil.

El triunfo del MPLA angoleño encontró a los brasileños y a los cubanos trabajando juntos para garantizar el gobierno de Agostinho Neto. Los cubanos enviaron tropas, equipos militares, armas y municiones. Los brasileños hicieron otro tanto con alimentos y comestibles. No es difícil imaginar que algunos sectores del poder brasileño se opusieran a esta política. Sus presiones hicieron enfatizar más el segundo término de la ecuación “pragmatismo responsable”.

El Brasil debió conciliar también esta política con sus vecinos sudamericanos. En especial entre los interesados en la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS). Este proyecto de defensa, similar al del Atlántico Norte, fue lanzado por Sudáfrica como una manera de salir de su aislamiento diplomático. Los países sudamericanos, la Argentina, Chile y Uruguay, recibieron la Idea con interés pero en el Brasil, en especial la Marina, opuso grandes reservas al mismo. Buena parte de los oficiales de esa arma, alineados en una corriente “nacionalista”, favorecen una política más independiente, punto de vista que comparten muchos miembros de las Fuerzas Armadas brasileñas. En consecuencia el Brasil objeta el proyecto argumentando que el mismo se superpone con el Tratado Interamericano de Ayuda Mutua de Río de Janeiro firmado por la mayoría de los países americanos. La decisión fue acogida con beneplácito por los países africanos.

Ya lo había advertido el Ministro de Defensa de Nigeria, General Joseph Garba cuando expresó: “Toda organización militar en torno a este océano y que incluya a Sudáfrica constituirá para nosotros un peligro real”.

Este conjunto de afirmaciones positivas para los africanos hizo que éstos recibieran con mayor confianza a las delegaciones empresariales que comenzaron a cruzar el Atlántico. Anteriormente, en 1973, una misión de 37 hombres de negocios vino al África apoyando la gestión política del canciller Gibson Barbosa. Fueron los comienzos de la Cámara de Comercio Afro-Brasileña de San Pablo. Los contactos realizados en aquella oportunidad que permitieron duplicar las compras africanas y cuadruplicar las brasileñas, especialmente de combustibles.

Una ofensiva comercial.

Los contactos oficiales y privados empezaron a multiplicarse en progresión geométrica. Se suscribieron varios acuerdos de cooperación técnica, cultural y comercial entre numerosos países africanos y Brasil.

África encontró en Brasil un país que, sin dejar de estar en vías de desarrollo, muestra grandes avances científicos y tecnológicos, y:
1. tiene problemas de desarrollo similares al África, en extensos territorios incomunicados desde el punto de vista económico;
2. tiene una tecnología bien adaptada a la ecología y climas tropicales que ofrece mayores resultados que la europea;
3. la tecnología brasileña es simple y fácilmente asimilable por los países africanos;
4. en el mismo sentir do Brasil ofrece consultorías y servicios acostumbrados a resolver problemas con escasez de recursos y en climas tropicales, con apreciable ventaja sobre los europeos;
5. Brasil está dispuesto a ceder su tecnología así como también a capacitar técnicos y especialistas africanos;
6. la gran población negra de Brasil hace que sus trabajadores especializados y técnicos de color sean mejor recibidos en África;
7. en los países africanos de habla portuguesa, Brasil amplia el aporte de sus conocimientos al campo administrativo, su experiencia en materia de distribución de alimentos, alfabetización y de formación técnica;
8. los brasileños están más ambientados al clima tropical y a ciertas características de los niveles de vida africanos por lo que aceptan trabajar en este continente más fácilmente que los europeos.

Dado el incremento que las operaciones comerciales de Brasil tomaban en África, el Banco Real decidió la apertura de una agencia operativa en Abidjan, Costa de Marfil, a comienzos de 1978 seguida por otra del Banco do Brasil. En 1979 se instaló en Lagos, Nigeria, una representación de este último banco. Nació también una línea de navegación, la Nigerbras Shipplng Line que sumó sus actividades al Lloyd Brasileño y a la Nigeria South America Line. Un vuelo semanal de Varig une Río de Janeiro con Lagos y otro acaba de inaugurarse con Luanda. Las obras brasileñas de ingeniería se multiplican en África abarcando carreteras, hospitales, universidades, aeropuertos, hoteles, supermercados, servicios telefónicos, telecomunicaciones, comercialización de vehículos, ómnibus es, alimentos y comestibles además de una amplia variedad de productos terminados y semiterminados.

Siete países africanos abren embajadas en Brasil a las que se sumara este año la de Angola. Algunas de ellas son de vieja data como la de Senegal y Nigeria en 1966. Las relaciones con Nigeria, por ejemplo son de tal magnitud que este año comenzó a funcionar un Consulado General en Río de Janeiro. Más de 200 estudiantes nigerianos están siguiendo cursos en Brasil y cientos de profesionales africanos se capacitan en escuelas técnicas o universidades brasileñas y visitan algunos de los centros de estudios africanos: uno en San Pablo, otro en Río de Janeiro y el tercero en Bahía.

Por su parte, Brasil cuenta con 16 embajadas en África con Jurisdicción sobre 35 países y tiene relaciones diplomáticas con 41 de los 51 países africanos.

El afianzamiento reciente.

África se ha mostrado prodigiosa en visitas a Brasil, allá ha ido nada menos que el legendario líder negro Leopold Sedar Senghor, el poeta y político senegalés que durante 20 años fuera presidente de su país; el devoto socialista panafricano Julius Nyerere quien logró la fusión de Tanganica y Zanzíbar en la actual Tanzania; Sekou Toure, de Guinea, aquel intransigente primer ministro de 36 años que en 1958 fue el primero en lograr la independencia de Francia, cuando en un discurso pronunciado ante Charles de Gaulle manifestó: “Guinea prefiere la pobreza en libertad a la riqueza en la esclavitud”; Félix Houphouet Boygny, el culto presidente de Costa de Marfil que fuera ministro durante cinco gobiernos sucesivos de Francia, incluso durante la Quinta República; el ya nombrado Luis Almeida Cabral de Guinea-Bissau; además de una larga lista de personalidades nigerianas, angoleñas, mozambicanas y de buena parte del resto de los países africanos. En total, más de 40 misiones de distintos tipos visitaron Brasil en 1980.

Con el advenimiento de Joao B. Figueiredo a la presidencia de Brasil en 1979, la política del “pragmatismo responsable” ha tomado un nuevo impulso. Encabezando varias delegaciones, el canciller Saraiva Guerrelro visitó varias veces África desde junio de 1980, habiendo estado ya en Tanzania, Zimbabwe, Zambia, Angola, Mozambique y Nigeria. En mayo de 1980 una delegación de 40 artistas brasileños realizó una gira exitosa por Angola estrechando lazos culturales entre ambos países.

En el presente estado de su evolución, la estrategia de Itamaraty en el África se apoya en tres puntos bien distribuidos. El primero son los países de habla portuguesa, que fueron el Inicio de la relaciones entre ambas regiones. Angola recibe anualmente, mayor cantidad de productos brasileños que los que vendió Brasil a su vecino Perú en 1980. El gobierno de Luanda a su vez envió una delegación de 18 miembros para que representen a su país en la toma de posesión del presidente Figueiredo. Los resultados de la acción brasileña en Angola facilitaron el acceso a Mozambique y Guinea.

El segundo punto está constituido por los países del centro- sur del continente africano, vecinos de Angola y Mozambique. Ellos son Zambia, Tanzania, Uganda, Kenia y Zimbabwe. La diplomacia de Brasilia logró que Brasil fuera el único país latinoamericano en estar presente en las festividades conmemorativas de la victoria de Mugabe en Zimbabwe.

El apoyo restante se ubica en la costa atlántica africana, la más próxima, geográficamente, con Senegal, Costa de Marfil, Ghana, Nigeria y Gabón. Aquí hay una intensa actividad de asistencia técnica y prestación de servicios con Nigeria y una coordinación en las políticas comerciales del café y el cacao con Ghana y Costa de Marfil. Brasil compra petróleo en Nigeria y Gabón.

Toda esta política la conduce Itamaraty con cautela y discreción, sin dejar de denunciar la intervención armada en Angola y Mozambique, reconociendo a Namibia y apoyando al SWAPO pero manteniendo al mismo tiempo, en un delicado equilibrio, una representación diplomática en Sudáfrica -aunque a cargo de un tercer secretario- y continuando con los vuelos semanales de Varig a Johannesburgo.

Análisis costo-beneficio para Brasil.

Hasta el presente Brasil ha desarrollado una teoría mercantilista y esbozada una estructura financiera en África. Todo esto tiene un riesgo comercial. La mayoría de las operaciones las realiza Brasil mediante el otorgamiento de cuantiosos créditos, inclusive a aquellos países vedados por los bancos europeos. Brasil también acepta formas de pago no convencionales en lo que constituye una estrategia comercial de largo plazo de la que espera conseguir buenos dividendos en el futuro.

Un par de años atrás podía dudarse que Brasil prosiguiera con esta política financiera debido a las dificultades internas en esa materia. Pero el gobierno de Figueiredo no restringió las facilidades crediticias para África, sólo que ahora planea un otorgamiento más selectivo. Nigeria, Angola y Namibia, a pesar de su escaso desarrollo, se encuentran entre los países más ricos del continente y Brasil confía en lograr el apoyo de ellos para atenuar el esfuerzo financiero de su política.

En el terreno político, Brasil inició la delicada y lenta tarea de lograr de África una posición de aliado, cuyas primeras manifestaciones se empiezan a observar en los organismos internacionales. Es más, José Eduardo dos Santos, el actual presidente de Angola, habría solicitado la intermediación de Brasil en el conflicto con Sudáfrica en una clara demostración de confianza. Por otra parte, ahora la situación interna de Portugal está menos convulsionada que años atrás y sus líderes han comenzado a pensar en volver a reconstruir sus deterioradas relaciones con África. Para hacerlo están buscando nada menos que la mano de Brasil a juzgar por las noticias provenientes de Lisboa.

La actitud de los primeros meses del gobierno de Reagan parece alentar más a Sudáfrica que al resto de los países africanos, hecho que favorece la posición de Brasil. También los países enrolados en el camino hacia el comunismo ven a Brasil como una alternativa positiva. Un dirigente del MPLA declaró hace poco en Angola: “No renunciaremos a la orientación socialista de nuestro régimen pero al mismo tiempo estamos convencidos de que Brasil puede traernos ayuda técnica y cultural que conviene a un país en vías de desarrollo como el nuestro”.

Esta etapa de afianzamiento quedará concluida cuando Joao B. Figueiredo realice su visita al África antes del fin del presente año. A.

Luanda, Angola. Mayo 1981.

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