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El Cronista Comercial. Pág. 19. 26 diciembre1980. Buenos Aires, Argentina.

Ayuda a concretar contratos y ventas de cualquier dimensión.
En su edición del 6 de octubre pasado, la revista Time comentó, en un artículo dedicado al 20° aniversario de la independencia de Nigeria, que los hombres de negocio extranjeros que operan en ese país, “adicionan rutinariamente entre un 15% y un 50% al costo de los contratos a fin de proveer el ‘dash’ suficiente con que se soborna a los funcionarios oficiales”. Esto hace de Nigeria “una de las naciones más corruptas del mundo”.
No debe extrañarnos pues que los funcionarios oficiales de algunos países del África Oriental resulten de la total desconfianza a los misioneros extranjeros para distribuir la ayuda alimentaria necesaria entre los cientos de africanos que diariamente mueren de hambre en esta región del mundo. No es de extrañar tampoco que esa ayuda no afluya en mayores cantidades ante la duda de que llegue efectivamente a los necesitados en lugar de incorporarse a la activa estructura del “mercado negro”.
Aunque sin llegar al extremo de esos niveles de muerte por inanición, las cosas no se desarrollan mejor en la Costa Occidental del África. En Senegal, el gobierno de Leopold Senghor comenzó una activa campaña contra la falta de dirección, ineficiencia y la corrupción administrativa. Hilla Limann, el primer presidente civil de Ghana luego de varios gobiernos militares expresó en octubre de 1979 al asumir el poder, que “finalizar con la corrupción es la prioridad suprema de Ghana”. Por supuesto difícil de lograr cuando actualmente, un año después de aquellas declaraciones, se obtienen en Accra 18 cedis por dólar, cuando la cotización oficial es de 2,75 cedis.
En Nigeria, por lejos el país más destacado del África Negra, la venalidad de los funcionarios oficiales y el contrabando son proporcionales también a esa importancia. De todo se encuentra en el mercado negro de Nigeria, aun aquellos productos cuya importación está prohibida. Desde una botella de champagne hasta un automóvil Mercedes Benz enviado en un contenedor supuestamente con leche en polvo. Los industriales tabacaleros han solicitado infructuosamen¬te que se impida el contrabando de nada menos que 400 millones de cigarrillos mensuales provenientes de Gran Bretaña y Estados Unidos.
Las mismas protestas son elevadas por los representantes de la industria textil y por los fabricantes de calzados. Por supuesto, volúmenes tan considerables de contrabando no pueden realizarse sin la participación de las autoridades aduaneras y el consentimiento oficial. En esta actividad están involucradas cerca del millón de personas en una larguísima cadena de intermediación cuyo último eslabón son centenares de miles de vendedores ambulantes que pululan en los mercados locales, en los hoteles, aeropuertos, a lo largo de las rutas de acceso a Lagos, en las playas, en cada lugar de las grandes ciudades. A los productos más insólitos debe agregarse los cambistas que compran dólares a 71 centavos de naira cuando la cotización oficial es de 54 centavos por dólar.
Pero aunque esta estructura económica incuantificable abarque varios centenares de miles de personas, significa un movimiento de varios millones de dólares e involucra desde champagne y Mercedes Benz hasta el ingreso a las Universidades -todo tiene un precio y siempre hay alguien dispuesto al soborno-, unos pocos se reservan algunas exclusividades. Es el caso “oilgate”, como por asociación con el Watergate se dio en llamar al escándalo por malversación de fondos en que estuvo involucrado el ente nacional petrolero, la Nigerian National Petroleum Corporation. Se trata nada menos que de la desaparición de 5.600 millones de dólares. El asunto tomó estado público en setiembre del año pasado, para el momento en que el nuevo presidente civil Shehu Shagari se preparaba para asumir el mando luego de 14 años de gobiernos militares. El escándalo fue un verdadero desafío a la estabilidad del nuevo gobierno dado que la investigación del caso y la puesta en conocimiento del público de sus conclusiones comprometía a la administración militar anterior y ponía en peligro al gobierno civil establecido en octubre de 1979. El tribunal que intervino en el caso, presidido por la Suprema Corte, determinó que en efecto había habido una mala admi¬nistración del ente oficial pero no había pruebas de robo en gran escala.
En setiembre último, el ministro de Comercio Isaac Shaahu. puso en funciones al nuevo directorio de la Nigerian National Supply Company, otro ente estatal que monopoliza la importación y comercialización interna de una variada gama de productos de consumo directo e intermedio, desde sardinas hasta hierro y acero para la construcción. En esa oportunidad el ministro Shaahu advirtió enfáticamente sobre las malas prácticas comerciales de que se acusa al organismo oficial. Estas advertencias estaban referidas indudablemente a las actividades inescrupulosas en que varios miembros de la empresa se vieron envueltos, en la desaparición de mercadería de los depósitos oficiales, pérdidas de partidas de productos importados, falsificación de documen¬tos, fraudes en la contabilidad y apropiación ilegal de fondos de la compañía.
Y por último, a mediados de octubre, otro escándalo tomó estado público: el otorgamiento supuestamente digitado de licencias para importar arroz, uno de los alimentos básicos de la dieta nigeriana. Entre los beneficios se encuentra una empresa energética, una compañía textil y otra dedicada a la fabricación de mosaicos. Además de un representante del Congreso, el diputado nacional Olushola Afolabi, quien a una interrogación periodística sobre la incompatibilidad de sus actividades políticas y comerciales respondió: “¿Sabe Ud., cuánto gano en el Congreso? ¿No cree que estar aquí es un sacrificio?” Sin embargo, el Comité del Senado que investiga la causa esta analizando esta cuestión con todo rigor. A.

Lagos, Nigeria. Diciembre 1980.

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