Publicada en:
• Prensa Económica. No. 302. pag. 110, 111 y 112. Diciembre 2010. Buenos Aires, Argentina.
Ponencia presentada en:
• Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID). XXI Simposio Electrónico Internacional “Europa Central, sus principales problemáticas en 2010”. Noviembre 2010. Buenos Aires, Argentina.

Krynica es un referente económico para la región de Europa Central y Oriental y plataforma de discusión para fomentar el acercamiento entre los países miembros de la Unión Europea (UE) y los Estados de la antigua órbita comunista.

Entre el 8 y el 11 de septiembre pasado se realizó en la apacible ciudad polaca de Krynica, en los valles de los Tatras, el XX Foro Económico de los países del Este europeo. Tal como se viene realizando desde 1991, a partir del desmembramiento de la Unión Soviética, el encuentro fue organizado por la Fundación Instituto de Estudios de Europa Oriental, con sede en Varsovia.

Esta reunión anual es la cita más importante de líderes políticos, empresarios, académicos, representantes de ONG y periodistas de Europa Central y Oriental donde se debaten temas del desarrollo de los lazos entre los países de la Unión Europea (UE). Es un espacio donde Oriente se encuentra con Occidente para compartir experiencias y debatir como afianzar la seguridad europea basada en la solidaridad y en una economía más competitiva. Es el “Davos de Oriente”.

El lema de la convocatoria de esta vigésima edición de 2010 fue “Europa después de Lisboa: estrategias para el futuro”.

Recordemos que el Tratado de Lisboa, del 13 de diciembre de 2007 surgió, como una necesidad de superación luego de la vigencia de la Constitución para Europa de 2004 y con el objetivo de modificar y mejorar el Tratado de Maastricht y el mismo Tratado de Roma que dio origen a la Comunidad Europea.
El proceso de negociación y ratificación del Tratado de Lisboa fue largo y dificultoso. Entró en vigor casi un año después, el 1º de diciembre de 2009, poniendo de relieve varias de las diferencias de los países de la UE, principalmente entre los que sostienen que la desregulación del mercado limita la intervención del Estado y los que opinan que las reformas traerán mayor eficacia y democratización de la UE.
Sin embargo, esas mismas dificultades pusieron a prueba, una vez más, la voluntad común y la fuerte decisión política de los países miembros para implementar armoniosamente las soluciones a las complejas dificultades que enfrentan. Entre esos nuevos lineamientos aprobados en Lisboa figuran nada menos que el otorgamiento de personería jurídica a la Comunidad para firmar acuerdos internacionales, el voto por mayoría calificada en el Consejo de la UE, la ampliación del Parlamento Europeo y otras medidas que buscan dar mayor coherencia y continuidad a las políticas comunitarias.
Con ese marco como referencia, el Foro de Krynica tuvo por objetivo desarrollar el diálogo y la cooperación entre los países de la UE, sus vecinos y sus socios, incluyendo unos 120 grupos de debate bajo diez temas principales como, por ejemplo, las empresas y la inversión, la política económica europea, la energía, la geopolítica, la seguridad internacional, la UE y sus países vecinos, entre otros.
Entre los 2.350 participantes de sesenta países se destacaron el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durão Barroso, el presidente del Parlamento Europeo, el polaco Jerzy Buzek, y el jefe de Estado de Polonia, Bronislaw Komorowski.

El interés despertado y la atención colocada en este Foro no fueron pocos teniendo en cuenta los profundos cambios introducidos por el tratado de Lisboa y la trascendencia en el pensamiento y la percepción del futuro de la integración europea y el nuevo orden en la Comunidad.
En lo económico, la reunión estuvo dominada por el análisis y consecuencias de los marcados efectos negativos derivados de los altos déficit públicos y los problemas estructurales en países como Portugal, Irlanda, Grecia y España (los denominados “PIGS”) cuyo endeudamiento superaron en mucho los límites establecidos en Maastricht y perturban a la estabilidad económica de todos los países miembros.

Respecto del euro y de la incorporación de nuevos países al uso de la moneda común, pudo percibirse que será políticamente difícil superar la oposición de los mayores socios de la región (Alemania y Francia, quienes por otra parte también realizan fuertes recortes en sus propios presupuestos públicos) si los polacos, húngaros, checos y estonios no realizan también significativos recortes en sus gastos públicos para poder cumplir con las reglas comunitarias. La UE ya ha tenido suficiente experiencia con la permisibilidad sin penalizaciones a las limitaciones impuestas por el Tratado de Maastricht, en especial el referido a la responsabilidad fiscal y el déficit publico en relación al PBI.

Desde el inicio del uso de la moneda europea, se empezó a notar una divergencia entre varios países miembros y el incumplimiento de los compromisos establecidos en el Tratado de Maastricht. Lo que se denomina crisis del euro involucra no sólo a los 16 países ligados a esa moneda sino a buena parte de los países de Europa y otro tanto ocurre con las políticas de ajuste a los desmedidos déficits presupuestarios.

Así como hace dos años los bancos de Estados Unidos se encontraron en sus portafolios con bonos devaluados o con valores indefinidos provenientes del estallido de la burbuja inmobiliaria, así los bancos europeos se encuentran ahora en una situación similar en cuanto a que varios de ellos cuentan en su cartera de bonos públicos de países con serios déficit de presupuesto. Si bien existe la diferencia de ámbitos en los que se gestó la crisis, el sector financiero en Estados Unidos vs. el sector público en la Unión Europea, ambos son producto de la falta de liderazgo y de la pasividad y permisividad de las autoridades oficiales responsables por velar de los intereses de los ciudadanos, pues no aplicaron regulaciones existentes y/o no respetaron los parámetros acordados.

La excesiva deuda pública acumulada por Grecia fue el detonante que puso de manifiesto la crisis que se venía gestando desde hace tiempo atrás y que representa, actualmente, el más serio desafío para las autoridades europeas desde la creación de la Unión Europea, no sólo en la zona monetaria común, sino también de la integridad y solidez económica y financiera de toda la Comunidad además de las ramificaciones al resto de la economía mundial.
 
Esta situación representa un desafío para los responsables de la política monetaria porque la solución de la crisis causada por la excesiva deuda pública en algunos países dentro y fuera de la zona del euro, implica incurrir todavía en un mayor endeudamiento para la UE en su conjunto. Varios analistas manifestaron escepticismo sobre el éxito del plan, ya que éste no va a revertir el aumento creciente de la deuda pública de los países de Europa. Lo cierto es que hasta el presente no se han establecido las bases para un mecanismo que fortalezca la disciplina fiscal y el compromiso de reformas estructurales que lleven a un saneamiento a mediano plazo de las economías más débiles de la UE.
En definitiva, países con economías sólidas como Alemania y Francia estarían asumiendo la responsabilidad por el pago de deudas de economías más débiles como las de Grecia, Portugal o España. No quedan dudas que esta crisis va a cambiar la naturaleza intrínseca de la Unión Monetaria Europea y probablemente disminuirá el apoyo político para mantener la moneda común a largo plazo.

“Si bien pareciera haber pasado lo peor de la situación económica en los estados de Europa Central y Oriental, volver a la prosperidad económica exigirá una gran habilidad y coraje en la modificación de la política económica y el saneamiento fiscal. Estos son los requisitos esenciales para restaurar el crecimiento sostenible y la competitividad y aprovechar las nuevas inversiones”, expresó Marek Machowski, un experimentado diplomático polaco respecto de su apreciación de la economía actual.
Sin embargo, nadie como Jorge Sampaio, el anterior presidente de Portugal y Alto Representante de la Alianza de las Civilizaciones en la Secretaria General de las Naciones Unidas, para sintetizar un creciente sentimiento de la población europea respecto de la UE y sus continuos crecimientos burocráticos. En palabras simples expresó que la gente común está cansada de las discusiones sobre las instituciones de la UE, reglas de votación y otras cuestiones administrativas. Lo que realmente quieren de la UE es que enfrente asuntos que son importantes para ellos, como el empleo y la estabilidad.
Pareciera incongruente que, por un lado, se busque sanear los presupuestos públicos, reducir el déficit, exigir restricciones económicas a la población europea cuando por otro lado se incrementan los gastos de las representaciones comunitarias en Bruselas, sede de la UE, y en toda Europa.
Sintetizando, la falta de liderazgo político, la pasividad y permisibilidad de las autoridades públicas responsables por velar por los intereses de los ciudadanos y los intereses políticos partidarios son algunas de las causas de la crisis actual. Es imprescindible un cambio de actitud por parte de las autoridades responsables del control, el cumplimiento de las normas vigentes y limitar la ampliación de la burocracia europea.
Palabras y expresiones como “solidaridad comunitaria”, “pensar globalmente”, “dependencia unos de otros” y otras similares deben utilizarse con mesura teniendo en cuenta que podrían interpretarse como que países más disciplinados, prudentes y coherentes deberían hacerse cargo de los desaciertos políticos y económicos de los socios menos cuidadosos de la cosa pública.
Frente a ello, las vanidosas expresiones vertidas en el este europeo parecerían reflejar diferencias en los respectivos manejos económicos entre el oriente y el occidente de Europa. En ese sentido, el diario polaco Rzeczpospolita publicó: “Sin quiebras espectaculares, ni grandes fusiones, las empresas más grandes de Europa central superan el colapso económico”.
El foro de Krynica intentó dar una imagen en la que Europa Central estaría llamada a ocupar un lugar destacado en el continente.

Tal vez no sea esa la visión más fidedigna de la realidad ya que la región está fuertemente ligada a la inversión externa y mantiene una deuda pública de consideración. Del mismo modo, como herencia de era de la economía soviética, se aprecia una deficiente especialización en términos laborales, situación que conspira al momento de competir con otros mercados laborales que resultan más atractivos para las inversiones extranjeras.

A estas cuestiones deben agregarse los fantasmas de las crisis económicas que ensombrecen a Chequia y Hungría.
No obstante, no todo es negativo. Polonia, gracias a que mantiene su crecimiento en los últimos años, se encuentra entre las doce economías más atractivas para las inversiones y su presidente, Bronislaw Komorowski, asumirá –en el segundo semestre de 2011– la presidencia rotatoria de la Unión Europea, pudiendo llevar a cabo una mayor profundización de la integración del este al bloque comunitario. En este sentido, debe agregarse que Estonia se encuentra haciendo las tareas para incorporarse a la eurozona.

Debe tenerse en cuenta que la desintegración del bloque soviético es un hecho reciente para la historia y que aún se está transitando el camino hacia una economía capitalista plena. Todavía quedan grandes empresas del Estado por privatizar. Por ejemplo, en el rubro energético, las polacas Energi y Enea y otras compañías de Ucrania. En el campo de las telecomunicaciones, la Ucrania Ukrtelekom y en el bancario, los bancos BP PKO y Pekao de Polonia y CEZ de la República Checa.

Varias empresas de España se encuentran realizando adquisiciones en el mercado central europeo, entre ellas el Banco Santander y Telefónica, y el Paribas de Francia.
Esta cita que comenzó hace veinte años aún tiene mucho que aportar en las reuniones que se llevarán a cabo en los próximos años y puede proporcionarle a Europa los nuevos motores que precisa para mantener o incrementar sus niveles de crecimiento en una economía globalizada pero altamente competitiva. Del mismo modo, su realización anual contribuirá en limar las diferencias que existieron entre los europeos del este y los del oeste como consecuencia de haber vivido en dos mundos diferentes durante el período de la Guerra Fría. A.
Varsovia, Polonia. Octubre 2010.

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