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Revista Pulso No. 133. pag. 19. 25 noviembre 1969. Buenos Aires, Argentina.

Mientras la marcha de la IX Conferencia prosigue con serios tropiezos frente a las opuestas posiciones de los países miembros de la ALALC, el Grupo Andino también encuentra sus dificultades en la unificación de criterios y la adopción de políticas integracionistas comunes.
Recientemente Venezuela acaba de alejarse, parece que definitivamente, de los países andinos. Una misión comercial presidida por el canciller Arístides Calvani e integrada por representantes de los diversos medios de la producción nacional acaba de viajar a Centroamérica. La gira tiene por principal objetivo la colocación de productos venezolanos en esos mercados y estrechar lazos económicos con los países ubicados en esa región latinoamericana.

Esta actitud viene a representar un duro golpe para las ambiciones de Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú, que están sumamente interesados en la participación venezolana en el Acuerdo de Bogotá. A tal punto que se ha prorrogado el plazo de adhesión al Acuerdo como una forma de colaborar en la decisión final de este país.

Los hermanos tienen problemas.

Hasta hace muy poco tiempo, a comienzos de la IX Conferencia de la ALALC, el presidente de Venezuela, Rafael Caldera, parecía guardar cierta simpatía por el Grupo Andino. Fue por eso que dijo que el hedió de que su país no haya suscripto el Pacto Andino “no significa en modo alguno que no nos sintamos parte integrante, comprometida solidariamente con los demás países bolivarianos y con Chile”. Y agregó: “Por esto mantenemos las mejores relaciones con los gobiernos y con los organismos técnicos de los países del pacto subregional andino; por esto nos esforzamos en conservar e incrementar el diálogo para buscar caminos que nos permitan ser, cada vez más, miembros activos de esa gran familia”.

Sin embargo, el rumbo que adoptó la reunión de Caracas en las últimas semanas y la arriesgada y extrema posición adoptada por los países del Pacífico obligó a Venezuela a rever su política integracionista. Una manifestación del cambio estaña reflejada en las palabras del director de Informaciones de Venezuela, Luis Mariano Fernández, en vísperas de la partida de la misión comercial a Centroamérica: “Con ello queremos demostrar a las naciones miembros del Pacto Andino que existen otros países de América latina con quienes también se pueden negociar nuestros productos”.

Un ingreso cuestionado.

Pero no es este contratiempo el único problema del Grupo: la oficialización del ingreso de Bolivia al pacto subregional andino a principios de este mes generó una ola de comentarios adversos por parte de importantes sectores del quehacer económico boliviano. Las motivaciones de esta actitud también tienen sus raíces en razones de soberanía nacional Bolivia reclama desde hace tiempo una salida al mar que Chile le obstruye. El Centro de Acción Marítima Nacional solicita la rectificación de esta medida oficial y afirma, en un comunicado, que “el ingreso de Bolivia al Grupo Andino compromete la dignidad del país, subordinándolo a la situación de colonia comercial y dependiente de los intereses de Chile, ya qué el Pacto Andino será el instrumento de nuevas expansiones que ambiciona ese país para apoderarse de nuestras riquezas”.

Expectativas de una reunión.

La complejidad y trascendencia de estos asuntos, por una parte, y razones de salud del ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, López Michelsen, por otra, postergaron la reunión de cancilleres de los cinco países de la subregión. El encuentro tenía fecha de iniciación el pasado día 15. Ahora se realiza entre el 22 y el 25 de este mes y entre los asuntos a tratar se encuentran algunos de indudable proyección. Básicamente, los cancilleres designarán en esta reunión a la Junta del Grupo Andino, órgano máximo de tres miembros que tendrá a su cargo la orientación futura de la política de integración. Entre los candidatos figuran un colombiano, un chileno y un ecuatoriano. Además quedará fijada la sede oficial del Grupo Andino y también la de la Junta, aunque se descuenta que Lima será la capital elegida como asiento de la subregión. La reunión de los cinco cancilleres servirá asimismo para instalar oficialmente a la Comisión Mixta, importante organismo dentro de la estructura del Acuerdo que incluirá a un representante por cada uno de los gobiernos participantes.

Esta reunión significa la puesta en marcha del Acuerdo Subregional elaborado en la Declaración de Bogotá de 1966, conducente a la creación de un mercado común para la zona andina. A.

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