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– Tiempo Agropecuario. Año III. No. 30, pag. 46. Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina.

Los países solo pueden competir con los bajos salarios y las elevadas habilidades de China si están capacitados para realizar de casi cualquier trabajo con alta tecnología.

En un interesante libro, publicado en 2005 llamado “China, Inc.”, Ted C. Fishman, también describe mas o menos con estas palabras la actividad cotidiana de un agricultor estadounidense: el día puede comenzar con una visita al computador donde observa y analiza el precio de los granos en la Bolsa de Chicago. Usando modernos programas, realiza los ajustes de los valores a futuro y las opciones que presenta el mercado de los commodities. Luego se comunica con su operador especializado. Consulta a continuación los pronósticos de tiempo vía satélite. Ya en el campo, se monta en una maquina agrícola de ultima generación, provista de los mayores adelantos tecnológicos, navegador satelital programado y controles computarizados. . Elegirá luego las mejores semillas híbridas que utilizara en la próxima temporada escogiéndola dentro de una amplia variedad de semillas, producto de la ingeniería genética de laboratorios de alta sofisticación científica.

Esta es la breve descripción que el autor cita como ejemplo de la eficiencia requerida para competir en los mercados internacionales.

Por otra parte, el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001 significo otro reto para la economía mundial y en especial para la dirigencia política y económica de los países asiáticos que exigió ajustes en las políticas económicas y comerciales para encarar un desafío global aun mas agresivo.

¿Como enfrentaron ese reto los países de la región? La respuesta fue realizar una apuesta aun más fuerte a la educación, a la ciencia y a la tecnología y aumentar la competencia de la industria incorporando mayores adelantos tecnológicos e invirtiendo en investigación y desarrollo de nuevos proyectos con mayores inversiones en tecnología industrial, información tecnológica, biotecnología, tecnología ambiental, tecnología industrial y nanotecnología,


En los países que, como Corea y Japón, son altamente dependientes de sus exportaciones como principal camino para su crecimiento económico, el estar permanentemente a la vanguardia en la utilización de la tecnología de última generación es un sinónimo de supervivencia. Tal es el caso del desarrollo constante de la nanotecnología (nanómetro es la mil millonésima parte de un metro, algo que hace palidecer por absurdas las expresiones como “punta de un alfiler” o “cabello humano” usados hasta ahora para definir cuestiones infinitamente pequeñas).

En esta situación es necesario echar mano a las reservas de un capital humano capacitado, sin descuidar la formación de nuevos cuadros de profesionales.

Dentro de ese contexto y para hacer frente al aumento vigoroso de la competencia se intensificaron las negociaciones de acuerdos de cooperación internacional con institutos de investigación y con organizaciones empresariales y públicas a fin de actualizar permanentemente las estructuras industriales como objetivo prioritario.

En los acuerdos y convenios que regularmente se firman en las visitas de Cancilleres y Jefes de Estado de la región, nunca faltan uno o varios referido a cooperación en las áreas de ciencia, tecnología, ciencia e informática, hecho que pone de manifiesto la obsesiva preocupación por esta materia de los funcionarios oficiales y los lideres empresarios. Es así como Corea y Japón logran mantenerse al frente de las exportaciones de un conjunto de productos de muy alto valor agregado y elevada tecnología como equipos de telecomunicación, automóviles, computadoras, semiconductores, productos de la industria naviera, textiles, aceros, petroquímicos, aparatos electrodomésticos, maquinaria en general y auto piezas. Pero también el resto de los países asiáticos han comprendido y están incorporando importantes progresos en el desarrollo tecnológico e informático para aumentar su competencia.

En el caso de Corea, el país ha emergido como un líder global en el sector de informática y tecnología. Sus exportaciones de productos del rubro tecnología informática fueron de 102.333 millones de dólares en 2005, o sea el 30% de los 284.419 millones de dólares de ventas totales a todo el mundo.

Esta característica fue resaltada por el titular del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, el 31 de mayo pasado en una conferencia en Seúl, cuando expreso que Corea era un “ejemplo valido” para los países en desarrollo, destacando su rápido crecimiento como una experiencia positiva para las economías emergentes.

Para lograr ese grado de adelanto tecnológico e informático fue preciso previamente lograr un nivel de educación elevado en la población. Tanto Corea como Japón ocupan los primeros lugares entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en materia de educación e investigación y desarrollo.

Ya en 2004 las inversiones en investigación y desarrollo habían alcanzado los 19.000 millones de dólares, algo así como el 2,85% del Producto Bruto Nacional. Una forma de garantizar la importancia prioritaria asignada al desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Sin embargo, lo verdaderamente importante no es tanto el porcentaje de su Producto que el país destina a la educación sino lo que realmente llega a su destino final y los resultados que se obtienen, un detalle que a muchos ya no se les pasa por alto.

Los académicos y la dirigencia económica en general, coinciden en destacar que el importante crecimiento logrado en las últimas décadas en estos dos países arrasados por la guerra, no estuvo basado en ningún “milagro económico” sino en una obsesiva preocupación por la educación de la población en forma competitiva. Eso permitió alcanzar en poco tiempo el 99% de alfabetismo y un 22% de la población con estudios universitarios completos. Con ello se aceleran los tiempos de transformación y crecimiento.

La experiencia indica que las bases para un verdadero desarrollo no dependen sólo de un programa económico adecuado y una mejor conducción política que permita reducir y aun eliminar la pobreza. La prosperidad de la nación no es exclusivamente el resultado del acierto en la política macroeconómica ni en los incentivos microeconómicos específicos sino de la generación, en la comunidad toda, de las condiciones básicas de cultura y educación para el desarrollo.

La educación ha sido uno de los elementos destacados de la estrategia para lograr el crecimiento económico en buena parte de los países del este y sudeste asiático. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.

Las mayores empresas del mundo están invirtiendo, y continuarán haciéndolo, en aquellos países que otorguen prioridad a una mejor calidad de vida urbana y rural, que obtengan una mayor y mejor seguridad publica ciudadana, que tengan un mayor respeto por el medio ambiente, que cuenten con una mayor calificación laboral, que disponga de un eficiente sistema de salud, legislación transparente, menor corrupción. En definitiva, donde se dé un elevado nivel de preferencia a la educación.

El mayor nivel de educación de los asalariados, el más amplio conocimiento tecnológico y una actitud positiva hacia el trabajo, fueron los elementos básicos del éxito sobre los que se apoyo una adecuada política económica en varios de estos países.

El conjunto de principios y objetivos nacionales, en mayor o menor medida similares en varios de los países asiáticos emergentes, se inserta en el desarrollo económico y en el bienestar de la población. De poco o nada vale la mejor de las políticas, autóctonas o importadas, si no están dadas las condiciones básicas indispensables para el desarrollo.

No es suficiente que existan riquezas naturales, y Argentina es un ejemplo de eso. Lo verdaderamente importante radica en el nivel de la educación del pueblo, en su capacidad de organización y en la forma como los gobernantes y gobernados respetan las leyes. Cuando ello se alcanza, luego de un par de generaciones como mínimo, comenzara a obtenerse un resultado económico auspicioso. Antes de eso cualquier esperanza es ilusoria. A.
 
Seúl, Corea. Agosto 2006.

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