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– CEID, 28 abril 2009. Buenos Aires, Argentina.http://www.ceid.edu.ar/biblioteca/2009/carlos_fasciolo_anecdota_del_subterraneo.pdf
Prensa Económica. No. 295, pag. 86. Agosto 2009. Buenos Aires, Argentina.

Educación y desarrollo económico. Los padres que envían a sus hijos a las mejores escuelas parecen desconocer que en el futuro ellos serán gobernados por los representantes que eligieron aquellos que no asistieron a clase o tuvieron una educación deficiente.
Viviendo casi 7 años en Asia pude comprobar la importancia que esos pueblos le asignan a la educación. Es posible que la razón de ello se base en que varias de sus creencias son una mezcla de espiritualidad, moral y filosofía sin constituir una religión al estilo Occidental y que le dan más importancia a la meditación que a la fe. Tienden a constituir escuelas de vida o de sabiduría. Buda, LaoTse o Confucio no son dioses ni reclaman para si ninguna divinidad, ni apelan a ninguna revelación, ni invocan ningún creador personal o trascendente. No son más que hombres libres, hombres sabios y maestros espirituales.

No debe extrañar entonces que finalizada la Segunda Guerra Mundial, el Japón arrasado le asignó prioridad nacional a dos objetivos básicos: las comunicaciones y la educación. Japón se convirtió en pocas décadas en la segunda potencia económica mundial. Otro tanto ocurrió con Corea desde mediados de la década de 1960 cuando partió de un ingreso per capita anual de 84 dólares y llegó, 40 años después, a superar los 20.000 dólares. No fue ningún “milagro” económico. Fue una empecinada voluntad de hacer de los programas de estudio un objetivo nacional, impulsado y compartido por el conjunto de la población.

Es así como Asia, en su conjunto, emerge con la fuerza y riqueza de su cultura milenaria, con la obsesión imperiosa por el estudio y la educación, sabiendo que el desarrollo científico y tecnológico no es solo una meta sino que es la clave para asegurar su futuro.

Con estas vivencias como antecedentes y luego de estar ausente de la cotidianeidad regular de Argentina por casi 40 años, viajé en el subterráneo de un extremo a otro de la línea D de Buenos Aires. A mi lado se sentaron dos jóvenes madres que conversaron todo el trayecto de 35 minutos en la forma habitual y folklórica de sus ciudadanos: a los gritos. El tema de la charla era la presión a que estaban sometidos sus hijos en la escuela privada a la que los pequeños asistían. El tono y el tema que trataban me confirmaba la actitud de muchos padres cuando excusan la ausencia de sus hijos en alguna reunión familiar o de fin de semana con el “pobrecito, se quedó estudiando” dejando así demostrado el concepto de que el estudio es un castigo. Tampoco podía concentrarme en la lectura del pasquín matutino y gratuito que informaba que no había clases en las escuelas de la mitad de las provincias del país por una indeterminada huelga docente, ¿o era por la “celebración” del fin de un paro similar de más de 45 días en alguna provincia que hacia imposible completar los 180 días mínimos (¡solo180!) de escolaridad en el año? No recuerdo.

La casualidad hizo que esas señoras y madres del viaje compartido se bajaran en la misma estación terminal y tomaran la misma salida y dirección por la calle San Martín. Con la desvergüenza que me dan los años les comenté que no había podido evitar escuchar la conversación que habían mantenido durante el viaje (yo y otras 15 personas que estaban alrededor) y que luego de muchos años fuera del país, lo escuchado me servía de un acelerado curso de “argentinidad”. “¿Y en donde estuvo?”. Bueno, los últimos años en Asia, en Corea, y les resumí algo muy breve sobre la educación en Oriente y las 12 horas diarias que estudian allá los niños, y en Japón, y en China, y en Taiwán…y de la obsesión de las familias por la formación de sus hijos. “Ah, claro, ¡por eso los chicos se suicidan!”

La caminata en común se terminó en ese punto y de mi parte quedé en estado de shock. Evidentemente en el limitado razonamiento de las mamas no figuraban las tasas de mortandad infantil, las muertes por falta de adecuada asistencia médica en los hospitales, ni la desnutrición, ni tantos otros índices de la decadencia notoria y alarmante de los niveles generales de educación, cultura, salud, sanidad (dengue incluido)… que sufre Argentina, ni el deterioro económico general producto de ese subdesarrollo. Eso no entraba en sus cálculos. Pero sí alguna noticia de suicidio infantil en Asia que en sus mentes tenían proporciones de la masacre de Waco, Texas, en abril de 1993, o el suicidio religioso colectivo de Guyana, de noviembre de 1978.

Siempre había fantaseado con que algún gobierno de turno repitiera la experiencia sarmientina, y de los que lo sucedieron Avellaneda, Roca…e invitaran al país actual a 1.155 profesores universitarios, la proporción correspondiente a las 65 maestras “importadas” de Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XIX para la población de 1.877.490 habitantes en 1869. Ahora creo que mi sueño está equivocado. Quizás los docentes que el gobierno de turno, y subsiguientes deberían importar no son profesores universitarios sino maestras jardineras y, mejor aun, complementarlo con una cantidad similar de maestros para adultos.

 

En la Embajada Argentina en Washington DC, en el 1600 New Hampshire Ave, NW, se encuentran las fotografías de las maestras de Sarmiento, como se las llama comúnmente, aunque entre ellas hubiera también algunos maestros. La ciclópea tarea de esa búsqueda en diversos archivos fue iniciativa de Carlos Manuel Muñiz (1922-2007) y con ellas personalizo, de manera destacada, uno de los mas importantes salones de esa representacion dilemática. Fue durante su gestión como embajador en Estados Unidos entre 1971 y 1973.
 
La educación ha dejado de ser un objetivo nacional en la población al igual que la actitud solidaria frente al tema. Tampoco lo es en el gobierno, evidentemente. Lo que parecen no comprender las ambiciones egoístas de los padres que envían a sus hijos a la escuela privada es que en el futuro sus hijos, por mejor formación que logren, serán gobernados por dirigentes políticos elegidos por aquellos con mucha menos educación y aun por los que carecen de ella. Solo una actitud solidaria urgente del conjunto de la población y del gobierno frente al acuciante deterioro de la educación puede volver a salvar al país del atraso y la marginación…dentro de dos generaciones. A.

Virginia, Estados Unidos. Abril 2009.

Unirse a la conversación! 1 Comentario

  1. Interesantísimas las "profundas" reflexiones contenidas en el artículo, como que tuvieron su origen en un viaje en subterraneo.
    Marca con solvencia y precisión las inobjetables razones de nuestra involución social y republicana.
    Felicito al autor y amigo por la certera descripción y análisis, compartiendo el diagnóstico. Como también por el curioso e inédito método implementado para acelerar el proceso de "argentinización".
    Fraternal abrazo.

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