El proceso de debilitamiento de la economía internacional continúa sin que los líderes mundiales acierten en adoptar políticas innovadoras que permitan superar la nueva realidad del orden económico mundial.
Los líderes de las economías industrializadas insisten en continuar buscando las soluciones convencionales en los archivos de sus despachos para problemas que presentan características totalmente distintas a las conocidas hasta el momento.
La dirigencia europea está abocada a encontrar la manera de salvar al euro de una catástrofe aun sabiendo que de lograrlo las perspectivas de la economía mundial continuarán siendo negativas. Por otro lado, los líderes políticos estadounidenses están adoptando posiciones exageradas, intransigentes e irresponsables en materia de reducción del gasto público para equilibrar el presupuesto en el corto plazo en detrimento del crecimiento económico.

Los desafíos que se enfrentan a uno y otro lado del Atlántico no son pocos ni menores. Hasta la enumeración es extensa: el crecimiento actual muy endeble, hay una elevada tasa de desocupación, los niveles de consumo son muy bajos, no hay una recuperación del mercado inmobiliario, hay un rechazo de la población al aumento del gasto público vía incremento del déficit fiscal, las tasas de endeudamiento de los países está llegando a niveles críticos y existe un aumento del descontento social, muy especialmente en la clase media.


Al borde del abismo

Cada vez se hace más evidente que las causas de la crisis actual y sus secuelas no son el resultado de problemas coyunturales sino que reflejan un cambio estructural en la economía y las finanzas de los países industrializados, especialmente en Estados Unidos, que se viene gestando desde hace varias décadas.

En mayor o menor medida, en los países industrializados resultará extremadamente difícil desarticular la política económica que tantos daños colaterales ha causado, saboteando sistemáticamente la democracia, el capitalismo y la aspiración al bienestar económico y al ascenso social de la población. El mismo Dominique Strauss-Kahn, cuyo brillante desempeño frente al FMI nada tiene que ver con el comportamiento en su vida privada, abogó por mayores regulaciones del mercado y políticas globales de redistribución de los beneficios del crecimiento que reflejaron una cambio fundamental de la manera en que se piensa la economía y las finanzas internacionales en esa institución tan importante a nivel mundial.
 
Lo realizado hasta ahora ha sido muy poco y demasiado tarde. Si algo mas tienen en común las políticas adoptadas es que han sido casi todas equivocadas. En general fueron políticas de corto plazo destinadas a reducir el déficit del presupuesto del sector público con lo cual aumenta el riesgo de otra recesion.
 
Las soluciones buscadas a través de políticas monetarias no funcionan porque las tasas de interés de corto plazo se encuentran en niveles cercanos a cero y las de mediano y largo plazo también se encuentran muy bajas. Es más, manteniendo tan bajas las tasas de interés se estimula la producción de tipo capital intensivo que tiende a generar una recuperación económica sin un aumento del nivel de empleo, el aspecto más sensible de la crisis actual.
Dado el bajo o casi nulo crecimiento de la demanda agregada en las principales economías industriales y un alto nivel de desempleo, el principal objetivo de la política económica debe ser estimular el aumento de esa demanda agregada y la consecuente ocupación a la brevedad posible.
Los componentes imprescindibles de las soluciones a adoptarse deben tener una creativa mezcla de instrumentos y mecanismos destinados a:
  • Aumentar la demanda agregada en el corto plazo, que requiere, sin ninguna duda, un aumento del déficit del presupuesto en el sector publico;
  • Reducir la desigualdad entre ricos y pobres básicamente a través del sistema impositivo;
  • Reducir la dependencia del petróleo importado mediante el uso de fuentes de energía alternativa propias, que puedan generarse con recursos y tecnología existentes en los mismos países;
  • Cambiar la composición y estructura de los impuestos y gastos favoreciendo a los sectores de mayor propensión al consumo, como es el asalariado;
  • Realizar inversiones gubernamentales con una alta tasa de retorno, fundamentalmente en las áreas de tecnología y educación;
Es evidente que la economía real y los mercados financieros deben buscar rápidamente soluciones de corto plazo con miras a lograr la sustentabilidad del modelo que adopten en el largo plazo ya que, como se dijo antes,  los cambios a los que se enfrentan los gobernantes y líderes políticos son  estructurales. La mayor dificultad radica en la aceptación de una parte de sacrificio de los sectores que más se beneficiaron con la política económica mantenida en las últimas tres décadas. Esos sectores deberían comprender que el mayor beneficio se obtendrá manteniendo la estabilidad tan necesaria y deseada para lograr el bienestar general.

Hasta ahora, hay una ausencia de políticas estratégicas coordinadas entre los países industrializados y necesariamente también los emergentes, para estimular el crecimiento. Todavía no se han redimensionado las políticas fiscales y en algunos casos las monetarias, con la habilidad necesaria e innovadora que tiendan a balancear el presupuesto a mediano y largo plazo pero sin frenar a la economía en el corto plazo.
El objetivo urgente y prioritario de cualquier solución debe buscar necesariamente el aumento del nivel de empleo. Caso contrario, las protestas que se han dado en países tales como Grecia, España, Reino Unido, y más recientemente en Estados Unidos, tienen el potencial de ir creciendo y multiplicarse con la consiguiente alteración de la estabilidad social que caracterizó hasta ahora a las sociedades industrializadas.

Cuadro del pintor
John Trumbull (1753-1843)

Es esa habilidad política en un líder o en el conjunto de ellos la que falta: mostrar su claro compromiso con el futuro de la economía del país y de la sociedad que la sustenta.

En el caso de Estados Unidos faltaría el espíritu de grandeza que caracterizó a los llamados padres fundadores de finales del siglo XVIII o en el caso de Europa al de los dirigentes de posguerra que llevaron a creación de lo que es la actual Unión Europea. Ese espíritu e ideales, ha sido reemplazado por la visión de corto plazo de un conjunto de ejecutivos financieros cuyas ambiciones y codicia desmedida han sido alimentadas abundantemente durante las últimas décadas y han socavado el sistema democrático y las legítimas aspiraciones a mejores niveles de vida del conjunto de la población. A.
Virginia, Estados Unidos. Diciembre 2011.

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