Publicado en:
• Psicociudad. http://www.psicociudad.com/ 08 de abril de 2003. Montevideo, Uruguay.
• Black Box. www.psicologiapolitica.blogspot.com 01 de agosto de 2004.
• Escenarios Alternativos. www.escenariosalternativos.org 11 de octubre de 2004. Buenos Aires, Argentina.
 
La prosperidad de los pueblos no depende de “la política económica” y de “la voluntad política” sino de la educación. El talón de Aquiles del futuro económico es la educación primaria y secundaria. Algo que parecen no comprender ni el empresariado, ni el Gobierno, ni la misma sociedad. Si no valoramos la escuela conviviremos con el desempleo y la marginación. Oriente nos ofrece un ejemplo del significado de la calidad de la enseñanza practicada a lo largo de los últimos 40 años!
En el futuro, los jóvenes estudiantes no podrán tener mejores empleos que sus padres si hoy no aprenden en la escuela más que ellos. Por otra parte, sin un programa educacional que promueva la calidad de la enseñanza se pierde la capacidad de competir y la globalización marginará a quienes no acompañen las transformaciones tecnológicas.
Ante nuestros ojos se está creando una nueva pobreza que se suma a la pobreza anterior. Esta categoría incluye ahora a quienes por deficiencias educativas son los actuales desempleados. La educación permite competir y la competencia exitosa es lo único que asegura el trabajo.
Si nuestros adolescentes fueran alertados acerca de la disciplina escolar y el conocimiento de las matemáticas que tienen sus pares generacionales asiáticos tendrían un elemento preocupante para reflexionar acerca de su futuro personal. Las evaluaciones que en materia educativa se realizan a nivel mundial, otorgan a Taiwán y a Corea el liderazgo del conocimiento de matemáticas seguido por los japoneses y colocando a este conjunto como los lideres de este conocimiento.
Para alcanzar el fabuloso grado de adelanto tecnológico e informático que ostentan hoy Japón y Corea fue preciso previamente lograr un nivel de educación elevado en la población. Tanto Corea como Japón ocupan también los primeros lugares entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en materia de educación e investigación y desarrollo.
En el Informe relativo a Ciencia, Tecnología e Industria 2001 de la OCDE, se menciona por ejemplo que Corea, en el tercer lugar, invirtió el 5,2% de su Producto Bruto Interno en diversos rubros del conocimiento incluyendo investigación en desarrollo, software y educación. La inversión en este campo estuvo principalmente concentrada en el desarrollo tecnológico.
Sin embargo, lo verdaderamente importante no es tanto el porcentaje de su Producto que el país destina a la educación sino lo que realmente llega a su destino final y los resultados que se obtienen, un detalle que a muchos ya no se les pasa por alto.
Los académicos y la dirigencia económica en general, coinciden en destacar que el importante crecimiento logrado en las últimas décadas en estos dos países arrasados por la guerra, no estuvo basado en ningún “milagro económico” sino en una obsesiva preocupación por la educación de la población en forma competitiva. Eso permitió alcanzar en poco tiempo el 99% de alfabetismo y un 20 % de la población con estudios universitarios completos. Con ello se aceleran los tiempos de transformación y crecimiento. Lo que a Inglaterra le tomó 60 años duplicar el nivel de sus ingresos durante la Revolución Industrial, a Estados Unidos le llevó 50 años después de la Guerra Civil. A Japón le tomó 35 años después de la Segunda Guerra Mundial y a Corea sólo 11 en la década del 60. En sólo 40 años, Corea pasó de 84 dólares de ingreso per capita anual en 1960, a los casi 10.000 dólares del año 2000.
La experiencia indica que las bases para un verdadero desarrollo no dependen sólo de un programa económico adecuado y una mejor conducción política que permita reducir y aun eliminar la pobreza. La prosperidad de la nación no es exclusivamente el resultado del acierto en la política macroeconómica ni en los incentivos microeconómicos específicos sino de la generación, en la comunidad toda, de las condiciones básicas de cultura y educación para el desarrollo.
La educación ha sido uno de los elementos destacados de la estrategia para lograr el crecimiento económico en buena parte de los países del este y sudeste asiático. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.
Las mayores empresas del mundo están invirtiendo, y continuarán haciéndolo, en aquellos países que otorguen prioridad a una mejor calidad de vida urbana y rural, que obtengan una mayor y mejor seguridad publica ciudadana, que tengan un mayor respeto por el medio ambiente, que cuenten con una mayor calificación laboral, que disponga de un eficiente sistema de salud, legislación transparente, menor corrupción. En definitiva, donde se dé un elevado nivel de preferencia a la educación.
El ingreso a las universidades, especialmente a las más prestigiosas, es una verdadera obsesión en la mayoría de los estudiantes asiáticos y sus familias. El no poder tener acceso a las mismas, por el contrario, es considerado un verdadero desastre familiar.
El grado de preocupación llega a tales niveles que ya en el jardín de infantes se empieza a manifestar el interés de los padres por una adecuada formación de sus hijos. En Corea el 86% de los niños de jardín de infantes toman cursos extracurriculares de lenguaje (la mitad), ingles (el 28%), matemáticas (un tercio) o piano (otro 28%), de acuerdo con una investigación realizada por el Ministerio de Educación entre 2.159 familias.
En conjunto, las familias coreanas gastaron 30.8 mil millones de dólares en 2001 la educación de sus hijos, de los cuales 20.5 mil millones fueron destinados a clases particulares y cursos extracurriculares y 10.3 mil millones a educación publica incluyendo matriculas y libros de estudio. Si a ello se suman los gastos en educación del gobierno, se alcanza la envidiable cifra de 49.0 mil millones de dólares, valor 50 veces superior al registrado en 1977, cuando el Korean Educational Development Institute (KEDI) realizo esta investigación por primera vez.
Queda para otros especialistas el análisis de la carga de responsabilidad que en los jóvenes significa el exceso de presión social y familiar en un sistema que mantiene también clases obligatorias los días sábados para la educación primaria y secundaria. Incluso ya se han levantado algunas voces respecto de la necesidad de que los niños pasen mas tiempo con juegos que con estudios compulsorios. Pero esta situación se presenta ahora en Corea cuando ya alcanzó unos sólidos 10.000 dólares de ingreso per capita anual. No antes.
Para poder alcanzar niveles globales de educación acorde con la exigencia de una economía abierta al mundo y superar la barrera del idioma, mas y mas universidades e instituciones académicas asiáticas buscan expandir el uso del ingles tanto en alumnos como en profesores, agregar contenidos internacionales a las currículas de los programas y promover los programas de intercambio estudiantil con universidades extranjeras.
El mayor nivel de educación de los asalariados, el más amplio conocimiento tecnológico y una actitud positiva hacia el trabajo, fueron los elementos básicos del éxito sobre los que se apoyo una adecuada política económica en varios de estos países.
El conjunto de principios y objetivos nacionales, en mayor o menor medida similares en varios de los países asiáticos emergentes, se inserta en el desarrollo económico y en el bienestar de la población.
El reciente ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) afecta directamente a los países de la región y significa un nuevo desafío para la dirigencia política y económica del resto de los países asiáticos.
Para enfrentar ese desafío, la respuesta de los países de la región fue aumentar la competencia de la industria local incorporando mayores adelantos tecnológicos e invirtiendo en investigación y desarrollo de nuevos proyectos con fuertes inversiones en tecnología industrial, información tecnológica, biotecnología, tecnología ambiental, tecnología industrial y nanotecnología,
En los países que, como Corea y Japón, son altamente dependientes de sus exportaciones como principal camino para su crecimiento económico, el estar permanentemente a la cabeza en la utilización de la tecnología de última generación es un sinónimo de supervivencia. Tal es el caso del desarrollo constante de la nanotecnología (nanómetro es la mil millonésima parte de un metro, algo que hace palidecer por absurdas las expresiones como “punta de un alfiler” o “cabello humano” usados hasta ahora para definir cuestiones infinitamente pequeñas).
En esta situación es necesario echar mano a las reservas de un capital humano capacitado, sin descuidar la formación de nuevos cuadros de profesionales.
Dentro de ese contexto y en el ámbito de las relaciones exteriores, la respuesta es intensificar la política de cooperación internacional con institutos de investigación y con organizaciones empresariales y públicas para mejorar fundamentalmente la estructura industrial en su totalidad como objetivo prioritario.
Otro ejemplo de la realidad son las progresivas negociaciones que están realizando Corea y Japón para avanzar en un acuerdo de Libre Comercio. Ya en diciembre de 2001 fue firmado un tratado de promoción de inversiones entre ambos países. Pero en el fugaz encuentro que mantuvo el anterior Presidente coreano Kim Dae Jung con el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi, en oportunidad del partido final de la Copa Mundial de Fútbol 2002 el 30 de junio pasado, ambos mandatarios acordaron expandir la cooperación económica.
Sin embargo, lo que puede ser novedoso para los habituales negociadores latinoamericanos y del Cono Sur de América, es el área donde se centralizan los esfuerzos de los funcionarios oficiales de ambos países asiáticos. En la reunión del Grupo de Estudios Conjunto mantenida en Seúl el 9 y 10 de julio de 2002, las delegaciones coreanas y japonesas coincidieron en la importancia de focalizar los esfuerzos negociadores en los temas de educación, tecnología informática, ciencia y tecnología.
Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente con relación a la obsesiva preocupación de las autoridades y pueblos de Corea y Japón por la educación, no debe extrañar entonces que el interés de ambas delegaciones se haya centralizado en acelerar la cooperación bilateral en esos campos.
En el caso particular de Corea, sus exportaciones de productos del rubro tecnología informática alcanzan casi el 30% de sus ventas totales a todo el mundo que fueron de 170 mil millones de dólares en 2002.
Por otra parte, estos valores no son beneficios netos. Corea debe pagar importantes sumas de dinero en concepto de regalías y franquicias. Aunque muchos de estos datos son confidenciales, la estadounidense IBM habría obtenido en el año 2000 ingresos superiores a los 1,7 mil millones de dólares por “royalties”.
Quizás en estos términos se comprenda mejor a donde apunta también los objetivos nacionales de las fuertes inversiones en educación, tecnología informática, ciencia y tecnología.
Para terminar, es importante destacar que generalmente, por no decir siempre, se atribuye a la conducción económica la falta de éxito en el combate de la pobreza. Pero esa aseveración es completamente injusta. La prosperidad de una nación no es necesariamente la resultante del éxito de las políticas económicas. De poco o nada vale la mejor de las políticas, autóctonas o importadas, si no están dadas las condiciones básicas indispensables para el desarrollo.
No es suficiente que existan riquezas naturales, y Argentina es un ejemplo de eso. Lo verdaderamente importante radica en el nivel de la educación del pueblo, en su capacidad de organización y en la forma como los gobernantes y gobernados respetan las leyes. Cuando ello se alcanza, luego de un par de generaciones como mínimo, comenzara a obtenerse un resultado económico auspicioso. Antes de eso cualquier esperanza es ilusoria.
Resumiendo, el crecimiento es posible. El problema central del subdesarrollo reside en la falta de educación, de organización y de disciplina de un país. A.
Seúl, Corea, Marzo 2003.

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