LA FUERZA DEMOCRATICA DE LAS REDES SOCIALES
El internauta es un rebelde inubicable e incontrolable. La Web no es solo una técnica, es también una cultura. Constituye la fuerza democrática de las muchedumbres virtuales que rehúsan toda represión. 

Para muchas personas con sensibilidad social, la desaparición física de Nelson Mandela produjo un shock emocional muy fuerte. No fue para menos. Mandela fue uno de los mayores referentes de la Humanidad del siglo XX. Como se mencionaba en Nelson Mandela1917-2013 “las redes sociales hirvieron de mensajes sobre su vida, su obra y su ejemplo” mientras que varios internautas continuaron con sus frívolos y vacíos mensajes.
Sin embargo, no hay la menor duda que en la Web la cibercultura vive una rebelión permanente sin distingo de edades, culturas, religiones, clases sociales y, aun, de conocimientos. Un verdadero caleidoscopio con el solo denominador común del anti autoritarismo y una expresión incuestionable de garantía de libertad individual.

La potencia de esa fuerza democrática resulta arrolladora produciendo una rebelión electrónica que, a diferencia de las muchedumbres revolucionarias, “no puede ser aplastada por medio de la sangre”, como lo mencionara Guy Sorman.
Posiblemente uno de los primeros ejemplos de este fenómeno haya sido el movimiento “antiglobalización” convocado para neutralizar la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, WA, en Estados Unidos en 1999. Poco tiempo después siguió la agitación popular por los escándalos de soborno y corrupción provocados por el presidente filipino José Estrada en 2001. Más recientemente los episodios de la aun inconclusa Primavera Árabe, una serie de revueltas sin precedentes en el mundo árabe que comenzó en octubre de 2010 en el Sahara Occidental y creció sistemáticamente por Túnez, Egipto y Libia, y luego en Siria, la consecuencia más oscura.

En todos estos casos se destacaron las principales características del fenómeno de Internet y las redes sociales: la espontaneidad, la ausencia clara de liderazgo, el uso masivo de la tecnología de aparatos móviles de conexión satelital que favoreció el desarrollo de tácticas urbanas de rápida comunicación de concentraciones y manifestaciones.

El fenómeno fue reeditado a partir de mayo de 2011 en toda España con el movimiento de los indignados y poco después, en septiembre del mismo año con los occupy Wall Street en New York.

Pareciera innegable el rol que los nuevos medios de comunicación y la vigorosa irrupción de las redes sociales juegan en las revueltas actuales. Las causas principales de todas estas agitaciones continúan siendo la exclusión social, la miseria, el aumento de la inseguridad, la ampliación de la brecha entre los pobres y los ricos y la desigualdad económica, la falsa democracia, la ausencia de perspectivas de progreso y de estabilidad.

Pero la influencia de las redes sociales y la Web recién comienza. A pesar de su “juventud” de 15 años, aún queda mucho por crecer y desarrollarse con consecuencias inimaginables todavía. Este incontrolable furor ciudadano que escapa de toda autoridad partidaria, dogmática y familiar, genera un nuevo prototipo de ciberciudadanoque se expresa por un interés individual, particular e inmediato, da nacimiento a alianzas provisionales surgidas de las circunstancias que llegan a constituir muchedumbres virtuales. A.
Buenos Aires, Argentina. Septiembre 2014.

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