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– Informe Industrial. No. 207, pag. 48 y 49. Noviembre-Diciembre 2006. Buenos Aires, Argentina.


Ni la imaginación ni el empeño de funcionarios oficiales y empresarios podrán tener éxito sin políticas económicas, comerciales y educativas adecuadas y mantenidas en el tiempo. Lo errático de nuestras políticas nos condena a ser meros abastecedores de materias primas para el mundo.
Como ya comentáramos en las notas anteriores de Informe Industrial, Julio-Agosto y Septiembre-Octubre 2006, no solo las exportaciones tuvieron un rol destacado en el desarrollo económico de Corea, sino que las mismas fueron acompañadas por un desempeño similar de las importaciones, sin las cuales, la industria manufacturera no hubiera podido desenvolverse. Consecuentemente, el comercio exterior en su conjunto creció en forma vertiginosa en los últimos 40 años.
Hasta principios de la década de los años 60, Corea estaba atrapada en el círculo vicioso de la pobreza. Fue a partir de la implementación de un primer plan de desarrollo económico coherente y rígido para el periodo 1962/1966 que el país comenzó a tener sus primeros logros. Entre 1962 y 2002 el Producto Bruto Nacional creció a una tasa promedio anual del 7,2% pasando de 2,3 mil millones de dólares a 547,5 mil millones. O lo que es más ejemplificador, de 84 dólares anuales per capita de 1962 a 14.162 dólares en 2002.
Sin embargo, el proceso de crecimiento durante esas cuatro décadas no fue ni regular ni uniforme. Hubo años de mayor desarrollo económico alternados con otros de menores resultados. En la estructura productiva hubo modificaciones muy significativas como la participación del rubro agricultura, industria forestal y pesca en el total de la actividad económica que cayó del 16,3% al 3,6% en el periodo comentado.
En medio de tantos logros, la crisis financiera asiática de 1997 dic un duro golpe a la marcha de la economía debido al elevado grado de endeudamiento de las empresas coreanas. Algunos de los grandes conglomerados económicos fueron a la quiebra.
Pero la recuperación fue rápida y la devolución del préstamo de 20 mil millones de dólares con que el Fondo Monetario Internacional (FMI) contribuyó a superar la crisis recibió el mayor reconocimiento internacional. El último pago se realizó en agosto de 2001, antes del plazo previsto originariamente en 5 años.
Los académicos y la dirigencia económica en general, coinciden en destacar que el importante crecimiento logrado en las últimas décadas, tanto en Corea como en Japón, dos países arrasados por las guerras, no estuvo basado en ningún “milagro económico” sino en una obsesiva preocupación por la educación de la población en forma competitiva. Eso permitió alcanzar en poco tiempo el 99% de alfabetismo y mas de un 20 % de la población con estudios universitarios completos.
Con un adecuado programa de educación se aceleran los tiempos de transformación y crecimiento. Lo que a Inglaterra le tomó 60 años duplicar el nivel de sus ingresos durante la Revolución Industrial, a Estados Unidos le llevó 50 años después de la Guerra Civil, época en que nuestro educador Sarmiento quedo cautivado por el sistema de enseñanza allí mas que en Europa. (Y cuando durante su presidencia -1868/1874- “importo” 52 maestras para impulsar la enseñanza en Argentina. Y que cuando asumió la Presidencia había 30.000 alumnos y cuando la dejo 100.000. Magnifico índice para medir la efectividad de los gobiernos que trabajan para el futuro, ¿no es cierto? Pero sigamos con lo nuestro). A Japón le tomó 35 años duplicar el nivel de ingresos después de la Segunda Guerra Mundial y a Corea sólo 11 en la década del 60.
La experiencia indica que las bases para un verdadero desarrollo no dependen sólo de un programa económico adecuado y una mejor conducción política que permita reducir y aun eliminar la pobreza. La prosperidad de la nación no es exclusivamente el resultado del acierto en la política macroeconómica ni en los incentivos microeconómicos específicos sino de la generación, en la comunidad toda, de las condiciones básicas de cultura y educación para el desarrollo.
La educación ha sido uno de los elementos destacados de la estrategia para lograr el crecimiento económico en buena parte de los países del este y sudeste asiático. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.
La profundidad y seriedad con que las autoridades coreanas asumen la responsabilidad de las exportaciones como elemento dinamizador de su economía y, fundamentalmente, como proyecto permanente y constante de largo plazo, incluye también múltiples aspectos educativos y docentes.
En el caso concreto del comercio exterior, Corea impulsa la creación de centros de promoción comercial tanto para productos agrícolas y marinos como para productos de alta tecnología.
Como ya hemos visto, esto último no es un tema menor dentro de los objetivos nacionales coreanos. Las acciones en cuestión se complementan con programas de educación en idiomas (un importante talón de Aquiles en la cultura coreana) con el fin de aumentar la penetración y competitividad en los mercados internacionales. Y aun incluye la creación de escuelas secundarias con especialización en intercambio comercial.
Estas acciones son parte de la política utilizada tendiente a conquistar nuevos mercados internacionales y enfrentar de esta forma con ventaja, la agresividad de otros operadores de la región, en especial el japonés y el chino.
Con el afianzamiento de la educación básica, terciaria y universitaria, Corea emergió entonces como un líder global en el sector de informática y tecnología junto con un desarrollo fabuloso de su comercio exterior. Sus exportaciones de productos del rubro tecnología informática fueron de 102.333 millones de dólares en 2005, o sea el 30% de los 284.419 millones de dólares de ventas totales a todo el mundo.
Estas características fueron resaltadas por el titular del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, el 31 de mayo de 2006 en una conferencia en Seúl, cuando expresó que Corea era un “ejemplo valido” para los países en desarrollo, destacando su rápido crecimiento como una experiencia positiva para las economías emergentes.
El ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) fue un nuevo desafió para la economía coreana y asiáticas en general. La respuesta a ese reto fue realizar una apuesta aun más fuerte a la educación, a la ciencia y a la tecnología y aumentar la competencia de la industria incorporando mayores adelantos tecnológicos e invirtiendo en investigación y desarrollo de nuevos proyectos con mayores inversiones en tecnología industrial, información tecnológica, biotecnología, tecnología ambiental, tecnología industrial y nanotecnología.
Es así como Corea, al igual que Japón, logran mantenerse al frente de las exportaciones de un conjunto de productos de muy alto valor agregado y elevada tecnología como equipos de telecomunicación, automóviles, computadoras, semiconductores, productos de la industria naviera, textiles, aceros, petroquímicos, aparatos electrodomésticos, maquinaria en general y auto piezas. Pero también el resto de los países asiáticos han comprendido y están incorporando importantes progresos en el desarrollo tecnológico e informático para aumentar su competencia.
¿Y en cuanto a nuestra realidad? ¿Cuáles son las respuestas que damos a esos desafíos? ¿Cómo enfrentamos las mayores dificultades a la hora de intentar incrementar el intercambio?
Las respuestas a esas preguntas no parecen difíciles de responder pero si muy complejas de implementar debido a lo errático de nuestras políticas que nos condenan a ser meros abastecedores de materias primas para el mundo, con muy honrosas y pocas excepciones.
No son pocos los diplomáticos que trabajan arduamente en la promoción de los productos argentinos en el exterior. Pero como ya destacáramos en otras oportunidades, ni la imaginación y empeño de esos funcionarios involucrados irrenunciablemente en esa tarea, ni el esfuerzo y sacrificio de los pequeños y medianos empresarios con los cuales se comparten los mismos objetivos, podrán tener éxito sin políticas adecuadas, y con prolongada continuidad. No solo económicas y comerciales sino también educativas. Por lo tanto, son necesarios otros condicionantes para que esta labor tenga la trascendencia buscada. A.
Seúl, Corea, Noviembre 2006.

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