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Tiempo Agropecuario. Año IV, No. 38, pag 25, Febrero 2007. Buenos Aires, Argentina.

La buena noticia es que los asiáticos están desarrollando aceleradamente una preferencia por el vino como bebida habitual de sus comidas, o como “drink after hours”, una costumbre desconocida hace solo una década atrás. La mejor noticia es que las bodegas argentinas continúan aumentando sus exportaciones de vinos y su participación en el mercado asiático.
La explosión del consumo del vino fue en Estados Unidos en la década de 1970, en Japón en los ’80, y sigue ahora en China y Corea en 2000.
La pasión por el vino en Asia llega incluso a los grandes remates de los mas caros y finos vinos del mundo realizados por Sotheby’s en Londres donde es frecuente observar a coleccionistas asiáticos intervenir activamente en la puja de precios por los productos mas sofisticados. O compradores de Pekín o Macao adquirir importantes partidas de los vinos más exquisitos del mundo.
En la edición de “Tiempo Agropecuario” de junio 2006 (pag. 33) habíamos comentado ampliamente la rapidez y diversificación con que se estaban operando los cambios en los hábitos de consumo en Oriente como consecuencia del importante crecimiento del poder adquisitivo de la población. Destacábamos que los vinos, los quesos y el aceite de oliva se sumaban vertiginosamente a la dieta cotidiana.
En China, los hábitos de consumo de los últimos años se han desplazado de la cerveza y de las tradicionales bebidas locales de alto contenido alcohólico, a las mas refinadas costumbres de los buenos vinos o, simplemente, del vino aunque su consumo todavía se mantiene en los bajos 0,3 litros per capita. El consumo de 2004 fue de 500 millones de botellas y está previsto que al final de 2009 estarán vacías unas 766 millones de botellas. El 95% del mercado esta abastecido por las principales marcas locales como Great Wall, Dynasty y Dragon Seal y los expertos locales estiman que la producción pasara de los 50 millones de litros en 2004 a unos 420 millones en 2010. La zona de producción alcanza incluso a regiones ubicadas a solo 70 km al norte de Pekín, al pie de la Gran Muralla, con el desarrollo de vinos con carácter único realizado por productores audaces para excelentes nichos de mercado. Solo que tratándose de China y de su fabuloso y creciente consumo, los emprendimientos pareciera tener sus riesgos reducidos.
La calidad del vino es otra cosa. Por ahora, el desafío chino es producir cantidad. La calidad es cuestionada por los expertos europeos como acentuadamente dulce que recuerda a un vermouth o a un sherry, con sabor a pasas de uva, nuez tostada, cáscara de naranja…. En otras palabras, un jugo de uvas alcohólico según la revista especializada Wine Spectator.
Sin embargo, la búsqueda de la excelencia ha comenzado a ganar algunos, pocos aun, adeptos entre las 400 bodegas chinas. En la ultima Vinexpo, la afamada y prestigiosa feria de vinos que se realiza en Hongo Kong cada mayo, seis bodegas chinas participaron de la muestra junto a las mas afamadas bodegas de los principales países productores, inclusive Argentina.
A mediados de la década de 1980 las importaciones de vino eran prácticamente desconocidas en China. Veinte años después, en 2004, China importaba 78,0 millones de dólares (1,0 millones provenientes de Argentina) y 115,1 millones en 2005 (3,6 millones de Argentina), un aumento del 48% en un solo año. Y los valores siguieron creciendo durante 2006: ya en octubre habían alcanzado los 158,4 millones (3,9 millones de Argentina). Como se observa, la participación argentina en el mercado importador de vinos de China también se mantiene en aumento.

En Japón el cultivo de la vid es mas antiguo, especialmente en la zona de Yamanashi que no es apta para la producción de arroz y sus pobladores se acostumbraron al consumo de vino en lugar del tradicional “sake”. Justamente de esa región, en Katsunuma, es la primera bodega, en 1875.

A partir de la década de 1980 el consumo del vino se difundió rápidamente al igual que los cultivos, aun a pesar de la fuerte limitante de tierras disponibles, suelos ácidos y fértiles, y excesiva humedad y lluvias durante la época del desarrollo de las uvas.

A diferencia de lo que ocurre en China, las bodegas japonesas se preocupan de mejorar la calidad del producto de manera constante como una forma de mantener la competencia frente al producto importado.
Sin embargo, las importaciones de vino se han reducido levemente en los últimos dos años. En 2004 las compras en el exterior fueron de 983,6 millones de dólares y de ellas 14,0 millones provinieron de Argentina, el 1,4% del mercado. En 2005 esos valores fueron 978,9 millones y desde Argentina 13,5 millones, también el 1,4% de participación. Hasta septiembre de 2006 las importaciones eran de 719,3 millones y 141,7 millones respectivamente con lo cual la participación argentina aumentó al 2,0%.
En Corea, el mercado es menos importante pero prácticamente todo el vino consumido es importado. Los embarques recibidos desde todo origen pasaron de 23,1 millones de dólares en 2001 a 67,7 millones en 2005 y seguramente llegaron a 85 millones en 2006, o sea un aumento del 25% respecto del año anterior (¡y mas del 270% respecto de 2001!). Estos datos son igualmente elocuentes en el consumo per capita que pasó de 0,3 litros en 1997 a los 0,8 litros estimados para 2006, un aumento de 258%, uno de los mas altos del mundo.

Las exportaciones argentinas a ese mercado fueron explosivas en los últimos 5 años. Pasaron de 22.000 dólares en 2001 a casi 1,8 millones en 2006, y continuaran creciendo en 2007. Pero lo mas importante es el aumento en la participación del mercado que comenzó con niveles insignificantes hace pocos años y actualmente detenta el 2,2% del total.

En la Seoul International Wine and Spirits Expo, que se realizo en mayo pasado, participaron los principales importadores de vinos de Corea y algunos pabellones de países extranjeros como Francia, Italia, España, Hungría, Rumania, Australia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Africa del Sur, Japón, China, Holanda y Singapur.

Algunos de los vinos argentinos que están presentes actualmente en el mercado coreano son Trapiche, Trivento, Del fin del mundo, Mirage, Cuyum Mapu, La Chamiza, Nirvana, Jean Bousquet, Alta Vista, Valentín Bianchi, Catena Zapata, Norton y Domino del Plata.

En aquella oportunidad, el responsable de la entidad organizadora y Presidente de la Korea Wines and Spirits Importers Association, Park, Byung Kwon, expresó su satisfacción por la incorporación de vinos argentinos por parte de muchos importadores locales. Destacó también el fuerte incremento de las compras de estos vinos en los últimos años (¡que aumentó el 4.564% entre 2001 y 2005!) y comentó que las bodegas argentinas tienen aun mucho espacio para crecer en el medio local y superar el porcentaje de su participación actual en el mercado.

Park enfatizó que en este momento que el mercado coreano esta en plena expansión, es la oportunidad para que las bodegas argentinas sienten un precedente de calidad, serio cumplimiento a los compromisos contraidos, buen marketing y “marca país”. Comentó además que esperaba tener la ocasión de observar una actuación conjunta de las bodegas argentinas dado que el desarrollo individual de cada bodega en el mercado exigía, de parte de ellas, mayores esfuerzos, un comentario que es válido también para otros mercados. A.

Seúl, Corea. Febrero 2007.

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