Presentado en:
– Pacific Western University. Los Angeles, CA, USA.
– I Simposio Electrónico Internacional “África ante el tercer milenio”, Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID), Buenos Aires, Argentina. Noviembre 1998.

Publicado por:
– Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID) Director y compilador, Marcelo Javier de los Reyes. Buenos Aires, Argentina. Febrero 2000.


B – Antecedentes historicos de la relacion de Brasil con Africa.
1. Un pasado común.No puede dejar de mencionarse como relevante que África y Brasil, además de la proximidad geográfica, tienen orígenes comunes: ambos fueron ex colonias de países europeos y, en el caso de Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Mozambique y São Tome e Príncipe, aun de la misma metrópolis: Portugal. Brasil es, además, el segundo país de raza negra del mundo, después de Nigeria, y muy por encima del resto de los países africanos.

La cultura negra en Brasil es plenamente “visible en la música, donde el ritmo y la armonía melódica africana están presentes. En la danza, donde el agitar y el balancear de los cuerpos reflejan la versatilidad de los africanos. En la culinaria y en los ritos religiosos de adoración a los dioses del mar esta patente en forma irrefutable la fuerte influencia de los pueblos africanos” (Romao, 19).

Los traficantes de esclavos proveyeron de abundante mano de obra a la floreciente colonia portuguesa en América del Sur hasta bien entrado el siglo XIX, ya que Brasil recién abolió la esclavitud en 1888.

Con esa libertad otorgada, unos 3.000 negros regresaron al África Occidental al comenzar el siglo XX. Muchos de sus descendientes ocuparon y ocupan actualmente destacadas posiciones en varios de los países de esa región.

“También merecen destacarse, aunque en proporciones mucho menores, la presencia de Brasil en el Continente Negro. Hay en el África Occidental, particularmente en Nigeria, Benin, Togo y Ghana, comunidades de descendientes negros que, después de muchos años de residencia en Brasil, cruzaron el Océano Atlántico. Vaya el ejemplo de Silvano Olympio, prócer de la independencia de Togo y su primer presidente. El era de origen brasileño” (Aleixo, 53).

Como consecuencia de la invasión napoleónica de principios del siglo XIX, la Corte Imperial portuguesa se traslado a Brasil, su colonia americana. Durante el siglo XIX las colonias americanas comenzaron su proceso de independencia. Brasil acompaño ese proceso y se concentro en su expansión territorial y en su desarrollo.

Por lo tanto, puede decirse que la capital de las provincias marítimas de Portugal estaba en Bahía. En esa capital brasileña se gestaron los primeros planes emancipadores de las colonias lusitanas. Los portugueses detectaron el movimiento y lo aniquilaron y los patriotas brasileños terminaron sus días en Mozambique.

Por su parte los europeos iniciaron la ocupación del territorio africano en forma sistemática. Las colonias africanas solo comerciaban con sus metrópolis y durante muchas décadas las comunicaciones sobre el Atlántico quedaron interrumpidas.

Otro aspecto que identifica a Brasil y el Continente Africano es su localización geográfica. Ambas regiones se encuentran mayoritariamente en zonas tropicales. África se encuentra a ambos lados del Ecuador, superando las latitudes 30º Norte y Sur. Brasil se encuentra desde pocos grados al Norte del Ecuador hasta superar los 30º de latitud Sur. Por lo tanto, los aspectos productivos de la agricultura y la ganadería son similares como así también los problemas derivados de climas tan rigurosos.

2. Los primeros contactos.

El proceso de descolonización, iniciado por las potencias europeas a mediados de este siglo, arrojo a la comunidad de naciones un conjunto de nuevos Estados africanos que empezaron a ocupar lugares en los foros internacionales. Así, concurren a las reuniones previas que habrían de culminar en la Alianza de Productores de Cacao de 1962 países como Brasil, Camerún, Costa de Marfil, Ghana, Nigeria y Togo.

Fue este uno de los primeros encuentros entre los africanos y los brasileños después de muchos años de aislamiento y en circunstancias muy distintas. Es importante destacar que aquel fue un Acuerdo cuyo objetivo era aunar esfuerzos para formalizar una política común que protegiera los intereses mutuos por encima de posturas competitivas.

Hasta esos momentos, Brasil solo tenía una representación diplomática en Senegal, pues Dakar, su capital, era una plataforma muy importante para las comunicaciones aéreas y marítimas entre Europa y América del Sur. En 1961, época del presidente Janio Quadros, la importancia de mantener buenas relaciones con los países de clima tropical, con economías productivas similares, hace que Brasil abra unas pocas embajadas mas en los nuevos países de África.

Quadros nombro en Ghana al primer embajador negro, Ramiro Souza Dantas. Michael Ross, en uno de sus artículos publicados el “El Cronista Comercial” de Buenos Aires, destaca que esa nominación fue bastante resistida dentro del ámbito brasileño porque además del color de su piel, Souza Dantas no pertenecía a los cuadros permanentes del personal del Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty). (Ross, 21-5-1981).

En los años siguientes, la política africana no estuvo entre las prioridades mundiales. La atención internacional se concentraba en la finalización de la guerra de Corea, en las tensiones del Sudeste Asiático y, posteriormente, en la guerra de Vietnam.

Aunque sin establecer todavía estrechas relaciones, los africanos siguieron las alternativas políticas de su aliado productor de materias primas tropicales. Así fue que no les paso desapercibida la revolución de derecha radical de Brasil en 1964, que desde África se interpreto como poco favorable para ahondar el reciente conocimiento entre los países. Como para que no le quedaran dudas a los africanos, estos observaron como Brasil prefería reforzar sus relaciones con África del Sur.

Brasil fue el continuador de la política imperial de Portugal en África. A pesar del origen común, Brasil acompañó y apoyó la política colonialista durante todo el largo gobierno de Salazar (1932-1968) hasta la revolución del 25 de abril de l974.

Para ese entonces, las colonias portuguesas de África estaban finalizando su lucha contra el imperio colonial para poder sumarse, aunque tardíamente, a la ola independentista que había recorrido el Continente a comienzos de la década del ‘60. Portugal fue la metrópolis que mantuvo por mas tiempo sus colonias en África: Guinea-Bissau se independizo en 1974, Angola, Cabo Verde, Mozambique y São Tome e Príncipe en 1975.

La política exterior portuguesa se alineaba junto a África del Sur, en su apartheid, y junto a la ex Rhodesia, en su racismo. Consecuentemente le daba la espalda al resto de los países africanos que habían hecho, y hacen, de estas cuestiones raciales los fundamentos básicos de su política exterior.

C – La realidad de Africa.

África tiene características geográficas propias que son particularmente distintas a las de otros Continentes.

Pierre Bertaux nos dice con precisión: “Es cierto que el Continente Africano esta solidamente protegido contra las curiosidades exteriores y la penetración, por un inmenso desierto y dos océanos. Las costas son inhóspitas (…) Los ríos africanos con sus estuarios cortados por bancos de arena y sus corrientes interrumpidas por rápidos, no se prestan a la navegación. Por otra parte, 53% de las aguas del Continente no corren hacia el Océano; vierten sus aguas a lagos y mares interiores en vías de desecamiento” (6).

Y agrega: “El Señor del Continente Africano es el sol”. “La zona de clima ecuatorial, con sus lluvias violentas, su calor y su humedad constantes, cubre el Continente de Oeste a Este con un manto de selva densa” (7). “Tierra poco agradecida, clima penoso: en África la lucha por la vida es encarnizada. La existencia de las plantas, de los animales y de los seres humanos están aquí perpetuamente amenazada. El insecto es mas peligroso que la fiera y el microbio mas que el insecto” (9).

1. La cuestión agrícola.

Uno de los factores comunes que caracteriza al Continente es la ausencia de zonas aptas para la agricultura y, consecuentemente, para el desarrollo adecuado de la ganadería. Existen excepciones aisladas y diseminadas como el valle de río Rift en el África Oriental y el delta del río Níger, en el África Occidental. Pero en general no hay tierras fértiles. La topografía varía entre el desierto y la selva. Las acumulaciones importantes de humus se encuentran en el interior de la selva.

Pero cuando la selva se tala para el doble propósito del aprovechamiento de la madera y la creación de espacios abiertos para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, las lluvias tropicales arrastran en breve tiempo la capa de tierra fértil. En consecuencia, estas tierras no son incorporadas a la producción económica sino que son ganadas por el desierto.

Estas características del suelo y del clima del Continente han sido condicionantes también de sus limitaciones culturales y económicas. Los inconvenientes para desarrollar la actividad agrícola y ganadera en forma estable, han provocado que la población haya sido y continué siendo en gran medida nómada, trasladándose por distancias considerables en busca de pastos para sus magros rebaños, ocupando temporalmente parcelas de terreno aptas para la agricultura hasta el rápido momento de su agotamiento y provocando un nuevo traslado.

Este permanente deambular por vastos territorios ha impedido un desarrollo cultural significativo, además de científico y tecnológico al estilo del logrado en Europa, América y Asia, originados en la filosofía agrícola.

La tecnología para el trabajo de la tierra continua siendo primitiva. Son cultivos manuales con la azada, sin haber llegado en muchos casos a los arados tirados por bueyes. De la misma forma continúan permaneciendo en niveles inadecuados la infraestructura de comunicaciones, de mercados, servicios de créditos y programas de extensión agrícola. Solo se han rescatado de la época colonial algunas evoluciones de esas características en los cultivos industriales de exportación, como café, cacao y algodón. Esos avances continúan ausentes en la mayoría de los cultivos alimenticios.

El agravante es que la actividad agrícola se considera un legado colonial agraviante e indeseable, por lo que el orgullo natural de las tribus africanas motivo el rápido abandono de esas actividades y una fuerte concentración urbana que atento aun mas contra el desarrollo agrícola para la producción de alimentos.

Consecuentemente, se ha producido el abandono paulatino de la escasa y reducida actividad agrícola y acentuado el éxodo rural hacia poblaciones urbanas, en busca de mejores condiciones de vida.

Por otra parte, la población rural no es auto sustentable de alimentos pues esta dedicada a la producción de bienes industriales de exportación, como café, cacao, sisal y aceite de palma, entre otros, que no resultan aptos para el consumo humano directo. Otro tanto ocurre con las actividades extractivas, minería y petróleo.

El crecimiento urbano también provoca la tala de bosques para la obtención de espacios y combustible, por lo que las zonas áridas se van extendiendo inexorablemente.

África tiene una tasa de crecimiento demográfico del orden del 4% anual, ubicándose entre las mas altas del mundo. En tanto, la producción de alimentos aumenta solo 1% al año.

De esta forma, el hambre amenaza secularmente a millones de seres humanos y el proceso de deterioro económico en el África al Sur del Sahara resulta imposible de revertir. La mayor parte de la población del África Negra ha estado por siglos, y continúa estando, en estado de supervivencia.

2. La cuestión industrial.

Debido a la falta de capacitación, la mano de obra es de bajísimo nivel y constituye una característica saliente de estos países.

La falta de recursos impide a los gobiernos realizar las inversiones necesarias para el mantenimiento y la reposición del capital.

El sector industrial y de infraestructura son los mas afectados. El resultado de una combinación de elevada protección arancelaria y una administración industrial y comercial carente de experiencia, dio lugar a la constitución de una producción industrial de muy alto costo y falta de competitividad. La fabricación de artículos de consumo y bienes intermedios se realizan a precios muy por encima de los de importaciones comparables.

Indudablemente que entre las consecuencias espontáneas de este proceder se encuentra el fomento del contrabando, teniendo como apoyo la venalidad de los funcionarios públicos y la clase dirigente africana, la mayoría de las veces justificada como una forma de revancha o de pago de indemnizaciones por el vaciamiento colonial y la trata de esclavos.
3. La cuestión financiera.La formación de capital es incipiente o nula en la mayoría de los casos. Esto origina que deba recurrirse permanentemente a la ayuda financiera proveniente de organismos internacionales y países industrializados para la ejecución de proyectos de desarrollo de infraestructura que, de otra forma, no seria posible concretar.

Toda esta situación se vio agravada durante la crisis del comercio internacional de 1980 a 1983. Ese hecho impacto negativamente en las economías del Continente. Las deudas externas de los países africanos se multiplicaron por siete entre 1974 y 1985, llegando en 1986 a superar los 175 mil millones de dólares.

Aumento así el peso de los pagos de los servicios de la deuda externa sobre las balanzas de pagos, agravadas a su vez por las altas tasas de interés.

Estos factores generaron una seria reducción de la capacidad de importación de los países africanos. La situación afectó gravemente al sector agrícola, con consecuencias negativas sobre la escasa producción de alimentos.

Con la retracción que siguió al boom petrolero de fines de la década del ‘70 y comienzos del ‘80, los países africanos productores de combustible entraron en una situación de caos financiero.

Mientras se mantuvo el flujo de ingresos provenientes de la venta del petróleo, los Bancos Centrales de los países africanos productores de este combustible pudieron hacer frente a la fuerte erogación de divisas resultantes de esas políticas. Pero cuando el precio del petróleo cayo, se redujeron drásticamente los recursos de los países sin verificarse similar caída en sus egresos.

Esta situación produjo un desorden mayúsculo que ocasionó la acumulación de cuantiosas deudas impagas y la consiguiente interrupción de cobros y garantías sobre operaciones comerciales con casi todo el mundo.

Esa acumulación de deudas provoco la suspensión del seguro de crédito a la exportación de los principales socios comerciales, seguidos prontamente por los socios comerciales menores.

Dicho caos afecto muy negativamente al comercio exterior y contribuyo en buena medida a aumentar la leyenda negra respecto a las modalidades comerciales de los países africanos.

En definitiva, desde la óptica económica y comercial, los países africanos perdieron considerablemente su capacidad de pago.

4. La dirigencia empresarial.

La falta de capacitación para el desarrollo de una clase dirigente propia implica una gran dependencia del personal técnico, profesional y directivo con origen en las ex metrópolis.

Por ejemplo, los africanos tienen un marcado interés por constituir empresas binacionales y joint-ventures pero la práctica habitual es que los africanos contribuyen con la franquicia para la realización de los negocios y queda para la parte extranjera todos los demás aportes.

Los empresarios africanos son escasos y no consideran honroso depender del capital privado extranjero o de minorías étnicas locales para el desarrollo de sus actividades. La mayoría de los países africanos busca constituir empresas estatales para la conducción de las actividades comerciales.

Las explicaciones deben buscarse en algunas características históricas. Casi sin excepciones, los países del Continente han estado bajo gobiernos de distintas metrópolis europeas durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, siendo las principales los británicos, los franceses y los portugueses. En general, las mencionadas metrópolis establecieron distintas formas de gobierno y control de sus colonias.

Ese es un aspecto muy importante de consideración: la forma, manejo y funcionamiento de las estructuras administrativas de los gobiernos de los países africanos, de acuerdo a su origen colonial británico, francés o portugués.

Esas estructuras han sido heredadas en buena medida por todos los países africanos. Son las agencias estatales del gobierno las que, en su mayoría, realizan las operaciones comerciales con el exterior.

Los británicos aplicaron un sistema de administración indirecto. Este sistema consistía en nombrar a ciertas personas de ascendencia sobre sus pueblos y tribus, como responsables del orden, la producción y a la contribución a la Corona dentro de una determinada región o etnia. De esta manera, la administración de las colonias se realizaba con unos pocos funcionarios británicos cuyo tiempo de permanencia en la región era también breve. El resultado de esa disciplina fue un escaso asentamiento de los europeos, la administración de entidades por los propios nativos, aunque solo hasta un determinado nivel, y un muy bajo grado de desarrollo urbanístico, social y cultural de los habitantes naturales de la región.

La administración francesa, por el contrario, aplico a sus colonias un control directo sobre los habitantes de las regiones ocupadas. Todos los niveles de la administración colonial se encontraban en manos de europeos. Pero al mismo tiempo, y dada la cantidad de franceses que comenzaron a vivir en las colonias, estos se preocuparon de instruir a los nativos en los aspectos productivos, administrativos y, fundamentalmente, de servicios, otorgándoles consecuentemente un mayor nivel cultural.

La colonización portuguesa, por su parte, “ignorando el racismo, acepto fácilmente la mezcla de razas, la fusión de sangre blanca y sangre negra. Se consideraba que a partir del bautismo había igualdad, que el descendiente, fuera un mestizo cada vez mas oscuro, no le hacia perder su pertenencia a la nación cristiana y portuguesa” (Bertaux 188).

5. Las condiciones políticas.

La situación política de África es de constante inestabilidad. “Durante los primeros 30 años de independencia postcolonial, el derrocamiento de lideres y mandatos produjo muy pocas veces cambios fundamentales, pese a la introducción de algunas transformaciones externas superficiales, por lo general, efímeras. En 28 de los 51 Estados del Continente, los gobiernos civiles fueron depuestos por golpes militares originariamente incruentos, aunque los regimenes castrenses subsiguientes estuvieron compuestos mas por funcionarios públicos nombrados sumariamente que por soldados” (Legum, 103).

Durante ese periodo se produjeron “dos grandes fenómenos políticos: el nacimiento del partido único y los golpes militares. Estos se habían presentado junto con la interrupción de las instituciones postcoloniales, cuando los conflictos internos, los fracasos económicos, la corrupción, el nepotismo y una sarta de leyes represivas paralizaron a los poderes y provocaron diversos grados de descontento popular” (Legum, 104).

A todo ello se agrega, obviamente, el extremo deterioro de los sectores sociales de salud y educación.

La catastrófica confusión que estos hechos ocasionaron fue, primero un importante problema económico y luego se convirtió en la causa principal de inestabilidad política de incontrolables consecuencias.

David Watt considera que “las perspectivas para África en los próximos años son, en conjunto, malas, tanto política como económicamente. De modo general las perspectivas económicas no pueden mejorar hasta que la economía mundial mejore. Todos los países realmente pobres del mundo son africanos. Políticamente no creo que haya mucha estabilidad” (19:108).

La oficina de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas compone los índices de desarrollo de cada país en función de los aspectos considerados, y algunos mas. Para los 174 países del mundo, el ranking de los países del África Subsahariana para 1993 fue el siguiente:

Mauricio 54
Seychelles 60
Botswana 71
Sudáfrica 100
Swazilandia 110
Namibia 116
Gabón 120
Cabo Verde 122
Zimbabwe 124
Congo 125
Camerún 127
Kenya 128
Ghana 129
Lesotho 130
Guinea Ecuatorial 131
São Tome e Príncipe 132
Zambia 136
Nigeria 137
Comores 139
Togo 140
Tanzania 144
Sudan 146
Costa de Marfil 147
Rep. Centro África 148
Mauritania 149
Madagascar 150
Rwanda 152
Senegal 153
Benin 154
Uganda 155
Malawi 157
Liberia 158
Guinea 160
Guinea-Bissau 161
Gambia 162
Chad 163
Djibouti 164
Angola 165
Burundi 166
Mozambique 167
Etiopia 168
Burkina Faso 170
Mali 171
Zaire 141
Somalia 172
Sierra Leona 173
Níger 174
Fuente: UNDP

D – La politica exterior de brasil durante los gobiernos militares.

El movimiento militar de 1964 que depuso al Presidente João Goulart en nombre de la preservación de la democracia representativa y del alineamiento de Brasil a los valores del mundo Occidental, produjo profundas transformaciones políticas e importantes consecuencias en su política externa. Ese acontecimiento represento un serio revés para el movimiento comunista internacional y altero la correlación de fuerzas de la guerra fría.

Por otra parte, “el plan político esta marcado por el autoritarismo, la suspensión de los derechos constitucionales, la persecución policial y militar, la prisión y tortura de los opositores, y por la imposición de censura previa a los medios de comunicación. En la economía, hay una rápida diversificación y modernización de la industria y servicios, sustentada por mecanismos de concentración de renta, endeudamiento externo y apertura al capital extranjero” (Almanaque Abril, 1995:197).

En materia de comercio exterior, Brasil aplico un modelo de crecimiento económico de sustitución de importaciones y de amplio estimulo a las exportaciones en forma sostenida desde mediados de la década del ‘60. Este esquema fue impulsado mas aun por un hecho inicialmente adverso como fue el violento aumento de los precios del petróleo, para un país que en 1974 gastaba la mitad de sus importaciones en combustible.

Durante todos los gobiernos militares, civil (el de José Sarney) y democráticos (Collor de Mello e Itamar Franco) que se sucedieron entre 1964 y 1995 (mas de 30 años), “la inflación se institucionaliza a través de mecanismos de corrección monetaria y pasa a ser una forma de financiación del Estado” (Almanaque Abril, 1995:197).

La política hacia la Región.

Es indudable que Argentina es el principal vecino de Brasil. Las relaciones económicas y comerciales de Brasil con Argentina siempre se ubicaron entre las principales de orden bilateral.

A partir de los años ‘60, con la creación de la Asociación Latino Americana de Libre Comercio (ALALC), las relaciones comerciales adquirieron un impulso importante por medio de las negociaciones de rebajas arancelarias y preferenciales de productos.

La diversificación de las economías de Brasil y Argentina mostraba una estructura similar. El Tratado de Libre Comercio estimulo el desarrollo del sector manufacturero y permitió una evolución equilibrada del comercio, tanto en los valores como en la composición del mismo.

Esta situación se mantuvo durante la década del ‘70, con superávit alternados en la balanza comercial aunque en niveles inferiores a los 300 millones de dólares que de ninguna manera representaban el potencial económico de comercio ambos países.

La política exterior de Brasil hacia los países vecinos, en especial hacia Argentina que era el mas importante, estuvo marcada por el recelo y la rivalidad, siendo estas las características prevalecientes en los siguientes 20 años.

La política respecto a África.
Aunque el interés de Brasil por África tiene profundas raíces históricas, fue durante la sucesión de gobiernos militares que se estructuro una política exterior regular, constante y continuada hacia el Continente.

Los planes geopolíticos brasileños siempre intentaron heredar las colonias portuguesas del Continente Africano. Por eso es que siempre habían alineado su política exterior respecto de África junto a Portugal.

Fueron varios los geopolíticos que se ocuparon de la frontera Este o frontera Atlántica. Contemporáneamente se encuentran los Generales Mario Travassos (1891-1973) y Golbery de Couto e Silva (1911-1987).

Este ultimo destaca “la existencia de una grandiosa idea geopolítica”, la “conciencia, todavía algo difusa, de una comunidad lusitano-brasileña, inclinada en un gran circulo, desde Río Grande hasta Natal y Amapa, en Brasil, y por la Azores y el Portugal peninsular hasta Guinea y Angola, en África, sobre el Atlántico centro-meridional donde Trinidad, al Sur, marca un importante punto de apoyo entre Río de Janeiro (Brasil) y Luanda (Angola). Esta conciencia se agudiza día a día, habiendo sido superados los naturales resentimientos de la propia campaña de la independencia y las subsecuentes desconfianzas que tanto enturbiaron los agitados años de nuestro romántico Primer Imperio” (93).

Golbery de Couto e Silva tuvo una destacada vida militar y pública, y su obra tuvo una marcada influencia en los gobernantes surgidos del golpe militar del 1º de abril de 1964. Esa influencia fue intensa durante el largo periodo de los gobiernos militares que culminaron en parte en 1985 y definitivamente en 1990.
1. El gobierno de Humberto de Alencar Castello Branco (1964-1967)Con Castello Branco se inicia una larga sucesión de gobiernos militares que continuaron hasta 1990.

“Se recupera en la formulación de la política exterior brasileña una visión del mundo fundamentalmente diferente de la que orientara el periodo de Quadros-Goulart. La premisa en que basara la política exterior independiente era la de que la multiplicidad de centros de poder que se vislumbraba en el panorama internacional constituía factor positivo y enriquecedor de las oportunidades diplomáticas para Brasil. Para los sectores que habían asumido las responsabilidades del gobierno en 1964, sin embargo, el panorama internacional todavía estaba dominado por el bipolarismo, residiendo, por lo tanto, en la política del alineamiento las mejores oportunidades de acción externa a que podía aspirar Brasil”. “En el discurso pronunciado en Itamaraty en julio de 1964, el Presidente Castello Branco expone detalladamente la nueva doctrina exterior de Brasil. La política exterior no debería mas ser calificada de “independiente”, sentencio el Presidente, pues el concepto de independencia adquiría valor terminal y perderá su utilidad descrita en un mundo dominado por la confrontación del poder bipolar, con radical divorcio político-ideológico entre los dos respectivos centros. En ese contexto, concluyo, era inevitable la aceptación de un cierto grado de interdependencia en el campo militar, en económico, en el político” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 181-182).

a) La política exterior.
Los Ministros de Relaciones Exteriores de Brasil durante este periodo fueron Vasco Tristão Leitao da Cunha (1964-1965) y Juracy Montenegro Magalhaes (1965-1966) y José de Magalhaes Pinto (1967-1969).

Con Castello Branco, la visión del mundo de la política exterior brasileña cambio fundamentalmente. Brasil abandono su política independiente. El panorama internacional paso a ser el del bipolarismo, declarando una fidelidad básica de la sociedad al sistema democrático occidental. Como receñía el Ministerio de Relaciones Exteriores “nuevamente Brasil abrigaba expectativas de creciente compromiso norteamericano en su proyecto de desarrollo. Las lideranzas de 1964 buscaron cooperación, entendimiento y asistencia, de manera de constituir a Brasil, en las palabras de entonces, en baluarte de la causa de la libertad en el mundo” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 181).

Las prioridades de las relaciones exteriores de Brasil estaban en los países de América Latina como primera línea de solidaridad internacional, en segundo lugar con los países de Occidente, y en tercer termino con los pueblos africanos.

Coherente con el lineamiento político que inspiro al golpe militar de marzo de 1964, Brasil rompe relaciones con Cuba.
b) La política respecto de África.Brasil puso énfasis en los temas de descolonización, asumiendo un tono conciliador y destacando el carácter pacifico que debería asumir el proceso de independencia de las antiguas colonias.

Sin embargo, la relación de Brasil frente a los países africanos no estuvo bien definida. Por un lado apoyo la descolonización y exalto la democracia racial existente en Brasil –para lo cual destaco haber sido el primer país en firmar la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial de 1965- mientras que por otro lado valorizo las contribuciones de Portugal a la civilización mundial en apoyo encubierto al colonialismo portugués en África.

c) Las relaciones económicas y comerciales.

El programa de desarrollo económico empezó a estructurarse mas ampliamente pero aun no habían surgido los mayores excedentes de producción que hicieron buscar la ampliación de los mercados en el exterior.

2. El gobierno de Arthur da Costa e Silva (1967-1969).
Con la presidencia de Costa e Silva el gobierno estuvo ubicado mas en el centro derecha. En su gobierno, las Fuerzas Armadas revelan su decisión de prolongar indefinidamente el proceso abierto en 1964. A pesar de los conceptos declamatorios sobre el alineamiento de Brasil con los valores del mundo Occidental, lo cierto fue que la política brasileña evoluciono en un contexto autoritario y estatizante, institucionalizándose los regimenes de excepción con una activa participación del Estado en la economía. La seguridad interna paso a ser el elemento fundamental de la acción política del Estado.

Comenzaron a aparecer los primeros signos del denominado milagro económico con un crecimiento sostenido del PBN del orden del 8% entre 1968 y 1973.

a) La política exterior.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil durante este periodo fue José de Magalhaes Pinto (1967-1969).

También en el terreno de la política externa hubo un alejamiento de la filosofía declamada. En la confrontación bipolar, Brasil cedió lugar a los impulsos de acomodación y entendimiento con las superpotencias.

En lo económico, la política exterior brasileña se oriento hacia la búsqueda de mercados en el mundo para la colocación de los crecientes excedentes industriales y agropecuarios.

b) La política respecto de África.

Pero las teorías de Seguridad Nacional que siempre acompañan a los regimenes militares, junto a las hipótesis de conflictos armados respecto de los países limítrofes, y a las mismas políticas de sustitución de importaciones, orientaron la política comercial exterior hacia mercados lejanos. Por lo tanto, se mantuvo una actitud de distancia y recelo frente a los países de la Región.

Itamaraty empezó a observar mas atentamente a África como mercado propicio para la colocación de una larga serie de bienes de consumo.

c) Las relaciones económicas y comerciales.
El gobierno apuesta al aumento de las exportaciones y al consecuente ingreso de divisas para hacer frente a las importaciones de maquinarias, equipos y materias primas para la industria y comenzó a hacerse necesario un programa de promoción de mercados en África.

3. El gobierno de Emilio Garrastazu Medici (1969-1974).
“Con el gobierno de Medici se inaugura un periodo de acelerado crecimiento económico. Se amplia la base industrial del país, al mismo tiempo en que se expandirían las corrientes del comercio internacional y se modernizaría la infraestructura energética y de comunicaciones. En el plano externo, la expectativa del desarrollo económico llevaría a Brasil a calificarse como una “potencia emergente” y a buscar oportunidades constantes de proyección internacional” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 245).

Brasil logro, entre fines de la década del ´60 y principios de la década del ´70, el llamado milagro económico. Su economía entro en una importante fase de expansión, con una tendencia de crecimiento regular y continuada de su PBI con una media de 8% anual y fue lo que se llamo el milagro brasileño. Peixoto afirma que este desarrollo se baso en las dimensiones del mercado, el volumen de los recursos no renovables y el potencial agrícola. La combinación de estos elementos fueron los que permitieron la creación de una base industrial extremadamente diversificada y el mantenimiento, durante un periodo relativamente largo, de una importante tasa de crecimiento económico. “Es en el desarrollo económico, sobre todo en el proceso de industrialización, donde se encuentran los elementos claves del aumento de la potencialidad brasileña” (335-36).

Esto se observa claramente en el análisis de las cifras de exportación. La participación de los productos manufacturados en el total de las ventas brasileñas al exterior aumento del 20% en 1968 al 50% en 1978 (D’adesky 3:5).

El proceso de desarrollo económico de Brasil provoco, por un lado, el aumento del consumo de petróleo y de bienes de equipamiento para el abastecimiento del mercado interno y de la producción para el sector externo y, por otro lado, el crecimiento acelerado de la deuda externa.

Esta última consecuencia paso a constituir en el futuro una seria limitación en ese mismo proceso.

El crecimiento vertiginoso del conjunto de las exportaciones brasilenias no represento necesariamente una vitalidad económica excepcional, un aumento en el volumen exportado. Su explicación se encuentra también en la suba de los precios de algunas materias primas y en la subvención de las exportaciones.

Pero es indiscutible que Brasil alcanzo excelentes resultados con su política de exportaciones, provocando un desarrollo industrial que se reflejo directamente en la política internacional puesta en práctica a fines de la década del ´60.

a) La política exterior.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil durante este periodo fue Mario Gibson Alves Barboza (1969-1974).

En el marco mundial, el liderazgo de Estados Unidos, con el cual Brasil estaba alineado, sufría las consecuencias de la crisis de la energía y de los avatares de la guerra de Vietnam.

Brasil no podía librar una batalla económica estando ligado a las fronteras ideológicas respecto al comunismo y la política colonial trazada por Portugal. Estos acondicionamientos significaban la eliminación de un gran número de mercados potenciales en el mundo, hecho que comprometía seriamente su desarrollo económico.

La salida para superar esta crisis fue elaborada por Itamaraty en la nueva formulación de su política exterior y fue la primera vez que el régimen militar en el poder adoptaba una estrategia internacional independiente. Surgió así la política del pragmatismo responsable cuyo planteamiento satisfacía a la mayoría de los sectores brasileños.

Haciendo un análisis de la estrategia global del desarrollo económico de Brasil, Peixoto afirma que en lo concerniente a ella “hubo pocos cambios desde 1964. Desde este punto de vista, Brasil aparece a los ojos de la Comunidad Internacional como un país estable y digno de confianza.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta algo que es raro en los países en vías de desarrollo que es la calidad del personal diplomático. Los diplomáticos brasileños constituyen un cuerpo profesional civil en el interior del aparato del Estado: las normas de funcionamiento y los criterios para juzgar de ese cuerpo son relativamente autónomos con respecto al Poder Central.

En algunas ocasiones, la diplomacia brasileña logro imponer decisiones con las cuales aseguro a Brasil un mayor margen de maniobra en la Comunidad Internacional.

El tercer factor a considerar es la visión de las Fuerzas Armadas (que constituyen el sector que dispone de la mas grande influencia en la estructura del sistema político brasileño) sobre el rol y la posición de Brasil en el mundo”.

En consecuencia, “estos tres elementos: continuidad en la aplicación de una política de desarrollo, diplomacia, y percepción por los militares de la inserción en el sistema internacional, constituyeron lo que se podría llamar los medios subjetivos de una estrategia de potencia.

Ellos explican, en una gran medida, la evolución reciente de la política brasileña” (342).

La aproximación de Brasil al Tercer Mundo fue uno de los componentes fundamentales de su política externa. Impulsado por la aplicación de medidas proteccionistas por parte de los países industrializados, Brasil baso su estrategia en la inserción en el sistema internacional, buscando nuevas alternativas a sus crecientes exportaciones.

Los cambios en el campo económico al inicio de los años ´70 crearon las bases materiales para las principales definiciones de la política exterior brasileña, especialmente en el área de comercio exterior, inversión extranjera y capacitación de recursos financieros en el exterior.

Para Hirst, “la caracterización de la política externa brasileña, formulada a partir de los años ‘70, comprende el desarrollo de tres componentes fundamentales: 1) la redefinición de las relaciones con Estados Unidos, 2) la búsqueda de una neutralidad ideológica y 3) la
Aproximación con el Tercer Mundo” (381).

Hirst amplia sus conceptos mencionando que dentro de las consideraciones del primer aspecto se encontraba el rompimiento de la relación del alineamiento automático. “Esta decisión represento al mismo tiempo una nueva posición en términos bilaterales y un paso fundamental para la inserción de Brasil en el mundo. También la disminución de las relaciones comerciales con Estados Unidos y de las inversiones extranjeras fue compensado con crecientes relaciones con los países de la Comunidad Europea, Japón y los países de América Latina y África” (381).

En lo referido a la neutralidad ideológica, Brasil pasó a establecer relaciones con países ideológicamente contrarios a su política, como ser el reconocimiento de las ex-colonias portuguesas en África.

Por otro lado, se busco una posición de neutralidad ideológica a través de la defensa del principio de no alineamiento y de la condena de las practicas intervencionistas (Hirst, 381).

En cuanto a su aproximación con el Tercer Mundo, Brasil intensifico sus relaciones Sur-Sur, tanto en términos bilaterales como multilaterales (Hirst, 381).

Así, los encargados de la conducción de la política exterior de Brasil, interpretaron la inserción del país en el sistema internacional. Para ello definieron una estrategia que, juntamente con el crecimiento económico alcanzado hasta ese momento, permitiera transformar y potencializar al país.

De esta forma, la política exterior durante el gobierno de Medici, llamada diplomacia de interés nacional, tuvo “como objetivo primordial la neutralización de todos los factores externos que pueden contribuir para limitar el Poder Nacional” (Castro, 96).

b) La política respecto de África.

Se puede decir que fue con el gobierno de Medici que comenzó a estructurarse lo que posteriormente seria calificado como la política africana de Brasil.

En las relaciones con África se iniciaron una serie de avances y retrocesos. Por un lado se iba implementando una política africana mas independiente. Por otro lado, el retorno a una política brasileña mas radical hacia cometer algunos tropiezos.

La postura exterior de Brasil quedo reflejada en el discurso del Canciller Gibson Barbosa en la XXV Sesión Ordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas en el cual expreso y reitero “su preocupación con la persistencia de políticas de apartheid y de discriminación racial, objeto del mas formal repudio y de la mas firme condenación por parte del gobierno y del pueblo de Brasil” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 251).

Sin embargo, durante este periodo se dan contradicciones en la política oficial de Brasil en el Continente Africano. Por un lado, Brasil desea mantener las relaciones especiales con el colonialismo en el África portuguesa y, por otro, expandirse comercialmente en el África Negra.

Por aquel entonces tuvo lugar una importante discusión sobre la mejor forma de relacionarse con el Continente Africano. El entonces Ministro de Economía defendía la necesidad de reforzar los acuerdos con Portugal para posibilitar el acceso a las colonias portuguesas en África.

El Ministro de Relaciones Exteriores, en cambio, creía que la relación debía ser directa con las naciones africanas independientes. “El camino que Itamaraty intentaba hacer valer era el correcto, pero el entonces Ministro no tuvo la fuerza política suficiente para implementarlo debido a que el área económica ejercía un papel mas relevante en la constelación del poder gubernamental de la época” (Lafer, 30).

Las pretensiones de los gobiernos africanos independientes para una nueva política brasileña fueron muy claras, especialmente durante la visita que el Canciller de Brasil, Mario Gibson Barbosa, realizo a nueve países de África. Los africanos de Benin, Camerún, Costa de Marfil, Gabón, Ghana, Nigeria, Senegal, Togo y Zaire que recibieron en l972 al Canciller brasileño, condicionaron el desarrollo de las relaciones bilaterales a una actitud mas decidida de la política externa de Brasil respecto de las cuestiones fundamentales de la política africana.

La visita de Mario Gibson Barbosa no estuvo alejada del paternalismo con que los europeos trataban a los africanos hasta hacia un par de décadas. En sus deseos de agradar a los africanos y con el objeto de atenuar la blancura de la delegación brasileña, la de Gibson Barbosa incluyo entre sus miembros de ultimo momento a un medico negro con la finalidad de atender la salud del Canciller.

Los objetivos del país sudamericano fueron mejor definidos en esa oportunidad aunque los medios para lograrlos aun no estaban del todo claros.

c) Las relaciones económicas y comerciales.

En 1973, una misión de treinta y siete empresarios brasileños fue a África apoyando la gestión política del Canciller Gibson Barbosa.

Fueron los comienzos de la Cámara de Comercio Afro-Brasileña de Sao Paulo, Brasil. Los contactos realizados en aquella oportunidad permitieron duplicar las compras africanas y cuadruplicar las brasileñas, especialmente de combustible.

Pero en aquel año se hicieron mas peligrosas la presiones políticas porque diez y siete naciones de África Central y Oriental incluyen a Brasil en una lista de seis países recomendados para sanciones diplomáticas y económicas, debido al apoyo que Brasil daba a los gobiernos de minoría blanca del África Meridional. Esto llevo a suponer que era también por el apoyo a Portugal y por sus relaciones comerciales con África del Sur.

Inmediatamente Brasil quedo “en la mira potencial de un embargo de petróleo árabe debido a la vigorosa estrategia que los africanos estaban utilizando en su nueva alianza con los países árabes” (Saraiva, 90).

La necesidad de diversificar sus mercados de exportación hizo que Brasil intensificara la utilización de sus ventajas comparativas en África frente a los países europeos.
4. El gobierno de Ernesto Geisel (1974-1979).Cuando el Presidente Ernesto Geisel asumió el poder en marzo de l974, encontró pocos rastros del milagro brasileño que había caracterizado el periodo económico de la segunda parte de la década de los años ‘60.

La inflación aumento, entre otros motivos, por el aumento en los precios del petróleo provocado por el embargo de los países miembros de la OPEP y que repercutió mas gravemente en las economías de aquellos países que, como Brasil, no poseían recursos energéticos adecuados. Las deudas en el exterior eran del orden de los 40 mil millones de dólares.

Durante este periodo Brasil comenzó a otorgar importancia a la cooperación Sur-Sur y también a diversificar sus relaciones económicas externas. En esta época se inicio una tendencia de crecimiento en las relaciones comerciales con los países latinoamericanos, africanos, europeos, asiáticos y del mundo socialista.

Fue también bajo el gobierno de Geisel que el Canciller Antonio Francisco Azeredo da Silveira menciono la adhesión brasileña a la teoría geopolítica del General Golbery de Couto e Silva de que el Océano Atlántico era una frontera natural que une Brasil al África, colocando al Continente Negro en la segunda prioridad de su cartera después de América Latina.

Es a mediados de esta época que las relaciones con los países de la Región muestran mas desajustes. Las divergencias estructurales se observaron en casi todos los sectores: en el industrial principalmente, en las comunicaciones, telecomunicaciones, transportes, en las obras de infraestructura. Brasil creció y se desarrollo a tasas desconocidas para ese país y para la mayoría de los países del mundo.

Las diferencias con su vecino de la Región, Argentina, se acentuaron. Entre 1960 y 1980 la formación bruta de capital de Argentina aumento en 263% y permaneció estancada y aun en secesión durante los años siguientes. En Brasil, el aumento durante el mismo periodo fue de 1.640% y continúo creciendo. Con la evolución del Producto Bruto Interno (PBI) ocurrió otro tanto. En 1962, el PBI de Argentina duplicaba al brasileño. En 1987, el brasileño quintuplicaba al argentino.

Por lo tanto, fue a mediados de esta década que el paralelismo de evolución económica que acompañaba a los dos principales países de la Región comenzó a mostrarse divergente. La balanza comercial con Argentina y el resto de los países de la Región empezó a ser constante y crecientemente positiva. También la composición de los bienes intercambiados mostró ese desequilibrio. Brasil aumento su participación en la venta de productos manufacturados mientras continuos importando materias primas y productos primarios.

a) La política exterior.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil durante este periodo fue Antonio Francisco Azeredo da Silveira (1974-1979).

En el periodo de Geisel, el tema de la política exterior constituyo una cuestión de Estado vinculada apenas parcialmente a la dimensión cabal de la distensión del sistema.

La tendencia del nuevo proyecto dependía de una nueva formulación de concepciones político-estratégicas que contuviera términos ideológicos bastante mas flexibles para el plano externo. Al mismo tiempo, la apertura de nuevos campos de acción en el sistema internacional valorizaba, dentro del propio sistema de poder, la actuación de Itamaraty.

Esa tendencia fue bastante favorecida por los avances del proceso de distensión durante el gobierno de Geisel. El alejamiento de los sectores mas duros durante su gestión creo, dentro de los propios círculos de poder, un creciente apoyo y legitimidad a la llamada política externa pragmática (Hirst, 380).

Esta política fue el resultado de la necesidad de ingresar al sistema económico internacional, lo que implico diversificar mercados, la búsqueda de nuevos socios comerciales, de nuevas fuentes de financiamiento y tecnología además de encauzar los intereses comerciales. Esa política busco acercarse al Tercer Mundo y también volver a definir las relaciones con Estados Unidos tomando distancia de la alianza especial que lo unía.

Para Oliveira, “ya sea por una nueva perspectiva o por una diferente situación internacional, el pragmatismo ecuménico y responsable del gobierno de Geisel se propone, en realidad, defender los intereses nacionales, no mas ahora definidos en términos de potencia emergente pero si en la necesidad de mantener el modelo de desarrollo económico implantado” (111).

b) La política respecto de África.

Con el objeto de ganar el tiempo perdido, Brasil enfatizo en África los aspectos relativos a sus orígenes comunes con las naciones negras, condenando enfáticamente el racismo y el colonialismo, aquellas cuestiones que había apoyado hasta poco tiempo atrás.

El cambio repentino de la política sumado a algunos medios poco acertados para llevarla a cabo, despertó lógicas sospechas de los africanos y la actitud de Brasil fue considerada oportunista. Ejemplo de esa desconfianza fue la actitud del líder mozambiqueño Samora Machel. En junio de 1975, la colonia portuguesa de Mozambique se convertía en un país independiente.

“A pesar de que Brasil reconoció al nuevo gobierno, no fue invitado a los festejos oficiales. En cambio fue invitado Luis Carlos Prestes, en esa época Secretario General del Partido Comunista Brasileño, quien residía en Moscú. Prestes llego a Maputo al frente de una delegación de brasileños exiliados y fue recibido con todos los honores de un Jefe de Estado.” (Ross, 26-5-1981)

Pero Brasil reacciono rápidamente a este revés político y los Cancilleres de ambos países iniciaron conversaciones informales en septiembre de ese mismo año. Ya en noviembre, Mozambique envió una nota a Itamaraty proponiendo el establecimiento de relaciones diplomáticas, cosa que se concreto el 3l de diciembre de 1975. Así se abrió la Embajada brasileña en Maputo.

El episodio fue ejemplificador para Brasil. Itamaraty perfecciono los medios para alcanzar sus objetivos: coopero con África en la medida de sus solicitudes y en la medida de las posibilidades brasileñas. Así Brasil se coloco en una actitud mas discreta y digna, abandonando la idea de tomar iniciativas que fueran interpretadas como entrometidas y actuando solo en base a la aceptación de propuestas realizadas. Fue una política paciente y acertada.

La desconfianza de África dio paso a la comprensión pero sin por eso dejar de observar como sus hermanos de color no se encuentran en los niveles de las decisiones publicas ni privadas de Brasil.

Los africanos negros condenan toda forma de racismo y también de colonialismo. Se oponían enfáticamente a cualquier tipo de alianza militar en el Atlántico Sur en la que participara Sudáfrica. Estaban enrolados definitivamente en el Tercer Mundo. Querían ser íntegros y auténticos. Apoyaban los principios básicos de la igualdad soberana entre los Estados, la no intervención y el respeto mutuo.

Todos estos ingredientes debieron ser tomados en cuenta por la diplomacia brasileña para abordar el mercado africano.

El triunfo del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) encontró a los brasileños y a los cubanos trabajando juntos para garantizar el gobierno de Agostinho Neto. Los cubanos enviaron tropas, equipos militares, armas y municiones.

Los brasileños hicieron otro tanto con alimentos y comestibles.

No es difícil imaginar que algunos sectores del poder brasileño se opusieran a esta política. Sus presiones hicieron enfatizar mas el segundo termino de la ecuación pragmatismo responsable.

Brasil debió conciliar también esta política con sus vecinos sudamericanos. En especial entre los interesados en la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS). Este proyecto de defensa, similar al del Atlántico Norte, fue lanzado por Sudáfrica como una manera de salir de su aislamiento diplomático.

Los países sudamericanos, Argentina, Chile, y Uruguay recibieron la idea con interés pero en Brasil, en especial la Marina, opuso grandes reservas al mismo. Buena parte de los oficiales de esa arma, alineados en una corriente nacionalista favorecían una política mas independiente, punto de vista que compartían muchos miembros de las Fuerzas Armadas brasileñas.

En consecuencia, Brasil objeto el proyecto argumentando que el mismo se superponía con el Tratado Interamericano de Ayuda Reciproca de Río de Janeiro (TIAR) firmado por la mayoría de los países americanos. La decisión fue acogida con beneplácito por los países africanos.

Este conjunto de afirmaciones positivas para los africanos hizo que estos recibieran con mayor confianza a las delegaciones empresariales que comenzaron a cruzar el Atlántico.

Es con el gobierno de Geisel que se dan las condiciones para que Brasil cambie su posición política respecto de África. Así, comienza a presionar a Portugal para que mude su política en relación a los territorios africanos.

Brasil fue el primer país occidental en reconocer la independencia de Guinea-Bissau, en 1974, ofreciéndole asistencia técnica en telecomunicaciones al líder revolucionario Luis Almeida Cabral.

Sin embargo, la mas elocuente muestra del cambio de política hecho por Brasil, fue apresurarse a reconocer, primero que ningún otro país en el mundo, al MPLA como legitimo representante del pueblo angolano y cuya lucha revolucionaria termino en la independencia de Angola el 11 de noviembre de 1975.

A partir de ese momento, África se volvió a encontrar con un antiguo conocido de las épocas coloniales.

Saraiva menciona un grupo avanzado liderado por Itamaraty, que inaugura en la política hacia África, una “fase pragmática que procura subordinar el criterio ideológico al criterio del interés económico” (90).

La decisión fue resistida por algunos círculos radicales de Brasilia que la consideraban políticamente arriesgada.

El reconocimiento de la independencia de Angola por parte de Brasil fue el comienzo de una etapa decisiva en las relaciones del Continente Africano con el país sudamericano. La nueva política de Itamaraty, sin embargo, no fue fácilmente aceptada en Brasil.

La hipótesis general fue la referida a que el interés básico brasileño en el restablecimiento y estrechamiento de relaciones con los países africanos no fue dictado únicamente por razones comerciales, ni solo por razones políticas sino por ambas en conjunto.

El modelo económico implantado implico la necesidad de hallar nuevos mercados que pudiesen consumir los excedentes comerciales y, en lo político, hallar apoyo para el logro de reivindicaciones a nivel internacional, especialmente en el contexto del Tercer Mundo.

Se busco una relación económica y un intercambio comercial que superara las necesidades mutuas de exportación e importación de forma de poder balancear la mayor dependencia con los países industrializados del Hemisferio Norte. Se busco también una alianza política que actuara en los foros internacionales, para obtener ventajas en la distribución del poder mundial.

Es imposible desconocer los resultados positivos del cambio de la política externa de Brasil en el Continente Africano.

c) Las relaciones económicas y comerciales.

El nuevo proyecto de política exterior estuvo trazado y las posteriores adhesiones internas permitieron mejorarlo. Fue en este contexto que se produce un episodio muy importante que es preciso tenerlo en cuenta para comprender mejor el proceso de cambio que se opero en la política brasileña respecto a África y que se suma a los ya mencionados.

“Mientras Angola era aun una colonia portuguesa en l972, el grupo brasileño Pão de Açucar construyo en Luanda un supermercado de l0.000 metros cuadrados que revoluciono el sistema de abastecimiento y distribución de alimentos en esa capital. Fue indudable que Itamaraty tuvo presente esta primera experiencia de inversión comercial en África cuando trazo su política hacia ese Continente y cuando en ese contexto se apresuro a reconocer la independencia de Angola.” (Ross, 21-5-1981).

Pero aquel reconocimiento no fue un mero acto diplomático formal. Los brasileños, además, enviaron tres barcos cargados de alimentos para sostener al gobierno de Agostinho Neto. Los barcos partieron de puerto de Santos hacia Luanda con el conocimiento de Itamaraty y coordinado por el grupo Pão de Açucar en momentos en que la exportación de varios de los productos embarcados no tenían un fluido acceso al exterior.

En definitiva, el cambio de política del gobierno brasileño y la apertura al Continente Africano provoco que:
– el comercio exterior asumiera el papel principal en el modelo económico aplicado;
– se diversificaran los mercados, volcándose a los países del Tercer Mundo, especialmente al Continente Africano;
– el sector de los productos manufacturados aumentara considerablemente su participación en las exportaciones totales brasileñas y superando el 80% a finales de la década del ‘70;
– aumentaran también significativamente las importaciones provenientes del Continente Africano, siendo un gran porcentaje de petróleo y materias primas;
– aumentara el intercambio comercial con países como Argelia, el mas importante, además de Angola, Mozambique, Nigeria y Zaire.

Los contactos económicos y comerciales, oficiales y privados, empezaron a multiplicarse en progresión geométrica. Se suscribieron varios acuerdos de cooperación técnica, cultural y comercial entre numerosos países africanos y Brasil.

Dado el incremento que las operaciones comerciales de Brasil tomaron en África, el Banco Real, de Brasil, decidió la apertura de una agencia operativa en Abidján, Costa de Marfil, a comienzos de 1978, seguida por otra del Banco do Brasil.

En 1979 se instalo en Lagos, Nigeria, una representación de este ultimo Banco. Nació también una línea de navegación, la Nigerbras Shipping Line que sumo sus actividades al Lloyd Brasilero y a la Nigeria South American Line. Un vuelo semanal de VARIG unió Río de Janeiro con Lagos, Nigeria, y otro se inauguro con Luanda, Angola.

Las obras brasileñas de ingeniería se multiplicaron en África abarcando carreteras, hospitales, universidades, aeropuertos, hoteles, supermercados, servicios telefónicos y de telecomunicaciones, comercialización de vehículos, ómnibus, alimentos y comestibles además de una amplia variedad de productos terminados y semiterminados.

5. El gobierno de Joao Baptista Figueiredo (1979-1985).
“El General Figueiredo tomo posesión como Presidente de la Republica en marzo de 1979 con un programa político comprometido con la aceleración del proceso de normalización de la vida política e institucional de Brasil” (Ministerio das Relações Exteriores, 351).

“Al iniciar el gobierno, la diplomacia brasileña daría clara prioridad a las relaciones de vecinos. Se negocia un entendimiento con Argentina sobre las características de la represa de Itaipu y su compatibilizacion con el proyecto (hidroeléctrico) de Corpus que cierra la fase aguda de una larga confrontación entre los dos países” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 351).

Al gobierno de Figueiredo le correspondió enfrentar una situación económica internacional sumamente adversa.

A comienzos de la década del ‘80 la economía internacional enfrento la crisis mas importante que tuviera lugar desde la Gran Depresión, siendo sus características mas salientes la disminución del crecimiento de la producción y del volumen del comercio internacional, el incremento de las tasas de desempleo, de inflación y de interés real, la reaparición de las presiones proteccionistas y la aplicación de políticas deflacionistas.

A esta situación debió agregarse la aceleración de la carrera armamentista, que no solamente resto recursos indispensables para el desarrollo, sino que profundizo la tensión internacional.

Los países en desarrollo en particular, sufrieron además la disminución de los precios de los productos básicos, en términos reales y nominales, el cierre de mercados que abastecían en forma regular y el incremento de la deuda externa. El sector externo se constituyo así en un serio escollo para proseguir con el desarrollo de sus economías. Estas condiciones afectaron gravemente a Brasil.

A pesar de la recuperación que se observo en los principales países industrializados, especialmente en los Estados Unidos, las perspectivas de la economía mundial eran inciertas y las de los países en desarrollo no habían variado. La durabilidad de dicha recuperación presentaba bastantes dudas, ya que el mantenimiento de altos tipos de interés real, el incremento del proteccionismo, los bajos precios de los productos primarios, las crecientes dificultades ocasionadas por el pago de los servicios de la deuda externa y la disminución de la asistencia oficial obligaron a los países en desarrollo a encarar políticas de ajuste que incidieron negativamente sobre el desarrollo de sus economías y el bienestar de sus habitantes.

Los países en desarrollo continuaron experimentando los graves efectos de la recesion mundial que se manifestó, principalmente, en la disminución de las tasas de crecimiento del PBI, cuando no en su estancamiento y declinación. El ritmo cada vez mas lento del proceso de evolución económica, unido a la reducción de la demanda de importación, a la retracción de los bancos comerciales en la concesión de prestamos y a la insuficiencia de la financiación oficial de la balanza de pagos, obligo a muchos de dichos países a adoptar políticas deflacionistas que conspiraron contra la recuperación de la economía mundial.

Se llego a una situación tal que los ajustes se basaron en la reducción de la producción, el empleo y el nivel de vida de la población.

Paralelamente a la agudización de los problemas financieros se produjo un incremento de las barreras proteccionistas y mayor deterioro en los términos de intercambio que implicaron una drástica reducción de las disponibilidades de divisas de los países en desarrollo.

La acentuación de las políticas proteccionistas por parte de los países acreedores trajo aparejada la inestabilidad en la producción y en el comercio de los productos básicos de origen agropecuario. En virtud de esas políticas se garantizo a las producciones internas precios muy superiores a los vigentes en los mercados internacionales, provocando mayores niveles de autoabastecimiento y desplazando a las importaciones.

La situación se complico aun mas, cuando dichas producciones generaron grandes excedentes que fueron exportados mediante restituciones o subsidios y en condiciones de financiación contra las cuales los países en desarrollo no tuvieron capacidad para competir. O sea que no solamente cerraron sus mercados, sino que también desplazaron a los países en desarrollo de áreas que abastecían regularmente.

De esta forma se transfirió a los mercados externos las consecuencias de las políticas internas, generando graves distorsiones y en algunas ocasiones verdaderas guerras comerciales.

El proteccionismo no solo afecto a los productos primarios, sino también a los manufacturados y semimanufacturados. Siguiendo las propias sugerencias de países industrializados, muchos países en desarrollo, Brasil entre ellos, realizaron grandes esfuerzos para impulsar industrias a fin de diversificar las exportaciones sobre la base de nuevas producciones a precios y calidades internacionales. Pero esos esfuerzos se vieron seriamente afectados ante el cierre de los mercados.

Frente a esa situación, únicamente profundas decisiones políticas podían lograr la reversión de los problemas provocados por los desajustes producidos en los sistemas financieros y de comercio, teniendo en cuenta que solo el incremento de las exportaciones la mejora de los precios de sus productos podrían otorgar a los países deudores la capacidad de pago necesaria para hacer frente al servicio de la deuda, contribuyendo a una solución positiva a ese problema.

Aunque Brasil nunca dejo de preferenciar a sus vecinos y al resto de los países de la Región, las relaciones con el principal de ellos, Argentina, estaban estancadas. Comenzó a evidenciarse la necesidad de incorporar a la relación bilateral nuevos mecanismos que agilizaran el intercambio de productos tanto primarios como manufacturados, apoyos financieros, intercambio de tecnología y complementación industrial además de fluidez en los servicios.

El otro hecho importante ocurrido en la Región y que causo un cambio rotundo en la política exterior de Estados Unidos respecto a los gobiernos de corte militar de toda América Latina fue la Guerra de las Malvinas. Este episodio protagonizado por Argentina en una invasión de las Islas Malvinas y la intervención militar británica en el Atlántico Sur, puso en peligro y cuestionamiento el concepto de seguridad hemisférica originado en el Tratado de Río de Janeiro (TIAR) y en cual Estados Unidos asume la responsabilidad primaria de la defensa regional en el caso de una agresión externa.

Fue principalmente ese episodio el que hizo que una oleada de gobiernos democráticos reemplazara a los anteriores gobiernos militares de América Latina.

a) La política exterior.

El Ministro de Relaciones Exteriores de este periodo fue Ramiro Eligio Saraiva Guerreiro (1979-1985).

Para Jaguaribe, durante “el gobierno Figueiredo, y contrastando con su mal llevada gestión económica, el país disfruta de una política exterior extremadamente bien concebida, formulada y competentemente implementada” (9).

El Canciller Ramiro Saraiva Guerreiro continúo con la política independiente de una forma mas concreta y consistente. Brasil se encuadro así en el contexto internacional y al mismo tiempo mantuvo una cierta distancia de Estados Unidos.

De esta forma se hizo necesario diversificar la política exterior.

Esto significo iniciar el dialogo con diferentes países de acuerdo a los intereses nacionales, sin alineamiento de ningún tipo.

Ese concepto de diversificación fue el que le dio a la política exterior de ese gobierno el carácter de universalista.

El objetivo universalista fue alcanzado mediante nuevos contactos con África, Asia, los países del Medio Oriente, América Latina y el Este Europeo. Con ellos se intensificaron los temas de cooperación económica y tecnológica.

La prioridad de la política exterior brasileña fue conferida a la relación Sur-Sur aunque Brasil continuo expandiendo sus relaciones comerciales con los países industrializados del Primer Mundo y pretendió demostrar que era un país confiable.

Con referencia a la relación con Estados Unidos, el distanciamiento fue relativo porque por un lado mantuvo un comercio bilateral muy activo y por otro continuo una dependencia financiera sumamente importante debido a la abultada deuda externa brasileña.

También fue cierto que durante el tiempo del alineamiento político con Estados Unidos, Brasil se inhibió de cualquier decisión autónoma.

En cambio, cuando la hegemonía de Estados Unidos no fue tan acentuada y, paralelamente, se produce el desarrollo de Brasil, el alineamiento político entro en declinación.

Pero es, sin duda, en la relación con Argentina, el vecino mas importante de Brasil y con quien se mantenía una permanente rivalidad plagada de hipótesis de conflicto, donde se produce el cambio mas significativo de la política exterior del Gobierno de Figueiredo.

A fines de 1979 se firma un Acuerdo Tripartito Argentina-Brasil-Paraguay que pone un punto de inflexión en el antagonismo de las décadas anteriores. Los aspectos mas videntes de ese permanente conflicto potencial se basaban en las desavenencias sobre el aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos compartidos de los ríos comunes.

Con la firma del Acuerdo citado se alcanzo un entendimiento que preveía la compatibilizacion de esos recursos y sentó las bases para un entendimiento político que modifico totalmente la política exterior de la década siguiente.

En este mismo periodo es cuando se produce el conflicto bélico del Atlántico Sur entre Argentina y Gran Bretaña. Brasil reitera en todos los foros internacionales su apoyo a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y reclama “una solución pacifica y permanente para el diferendo, que tanta inestabilidad había traído para una región de importancia estratégica para Brasil” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 394).

El episodio trajo, además, una prueba contundente de la nueva relación establecida entre Brasil y Argentina y una prueba de confianza que era imposible de imaginar apenas tres años antes. La ruptura de relaciones entre Argentina y Gran Bretaña hace que los intereses británicos en Argentina sean representados por la Embajada de Suiza en Buenos Aires, y la de los argentinos frente a Gran Bretaña por la Embajada de Brasil en Londres.

En 1980 se creo la Asociación Latino Americana de Integración (ALADI) como sucesora de la anterior ALALC, que haba agotado sus recursos para lograr una integración multilateral. Las negociaciones serian, a partir de ese año, bilaterales. En el campo del comercio internacional fracasa la Ronda del GATT y con ella se diluyen las esperanzas de los países en desarrollo de incrementar su participación en el mercado del comercio exterior.

A partir de 1983 se comienza a observar un giro de la política exterior de Brasil. La relación con Argentina tiene una participación creciente y diferenciada dentro de la Región.

Brasil recibe propuestas concretas de iniciar un profundo proceso de integración por parte del recientemente electo presidente democrático argentino Raúl Alfonsin.

Sin embargo, la materialización de esas propuestas debió esperar la llegada de la democratización en Brasil para poder instrumentarse.

b) La política respecto de África.

Con el advenimiento de Joao B. Figueiredo a la presidencia de Brasil en 1979, la política del pragmatismo responsable tomo un nuevo impulso. Toda esta política la condujo Itamaraty con cautela y discreción, sin dejar de denunciar la intervención armada en Angola y Mozambique, reconociendo a Namibia y apoyando al SWAPO, pero manteniendo al mismo tiempo, en un delicado equilibrio, una representación diplomática en Sudáfrica a cargo de un Tercer Secretario y continuando con los vuelos semanales de VARIG a Johannesburgo.

La política universalista le reservo un lugar importante a África solo después de la relación con los vecinos de la Región.

Durante este gobierno fue cuando el intercambio comercial se hizo mas intenso, cuando las visitas presidenciales y oficiales fueron mas frecuentes, cuando se realizaron las mayores aperturas de embajadas y cuando, finalmente, en Itamaraty se creo un Departamento de África que represento “un aspecto del esfuerzo global de la diplomacia brasileña en dirección a los objetivos que se propone en el dominio de las relaciones internacionales” (Ulyssea, 89).

Los primeros años de la década del ‘80, especialmente 1982 y 1983, se caracterizaron por ser de una gran crisis económica internacional, que afecto principalmente a los países en vías de desarrollo. Brasil no restringió las facilidades crediticias para África pero su otorgamiento fue mas selectivo.

Pereira sintetiza esta situación en forma adecuada cuando menciona la “necesidad de Brasil de buscar en África nuevos mercados para la colocación de bienes y servicios y fuentes alternativas de abastecimiento de petróleo.

Por su lado, los africanos buscaban disminuir su dependencia en relación al Norte y en ese caso, un Brasil carente de petróleo pero con bienes y servicios adecuados a ofrecer, se mostraba como una buena alternativa” (82).

En 1980, el Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Saraiva Guerreiro realizo un viaje a la región del África Austral visitando Angola, Mozambique, Tanzania, Zambia y Zimbabwe; en 1981 visito oficialmente Nigeria y Senegal; en 1983 Costa de Marfil, Gabón y Guinea-Bissau y en 1984 Congo y Zaire. Por su parte el presidente Figueiredo visito en 1983 Argelia, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Nigeria y Senegal.

Todos estos viajes tuvieron como objetivo profundizar las relaciones, reafirmar los principios que conducen la política africana de Brasil y demostrar el interés por el Continente.

Por su parte, África también se mostró prodiga en visitas a Brasil. Cruzaron el Atlántico nada menos que el legendario líder negro Leopold Sedar Senghor, el poeta y político senegales que durante veinte años fuera presidente de su país; el devoto socialista panafricano Julius Nyrere, quien logro la fusión de Tanganica y Zanzíbar en la actual Tanzania; Sekou Toure, de Guinea, aquel intransigente Primer Ministro de treinta y seis años que en 1958 fue el primero en lograr para su país la independencia de Francia, aunque bajo un régimen notablemente represivo; Félix Houphouet Boygny, el culto presidente de Costa de Marfil que fuera Ministro durante cinco gobiernos sucesivos de Francia, incluso durante la Quinta Republica y que se mantuvo 27 años en el poder; Luis Almeida Cabral de Guinea-Bissau; y una larga lista de personalidades nigerianas, angoleñas, mozambicanas y de buena parte del resto de los países africanos.

Hasta aquel momento de la evolución de las relaciones, la estrategia de Itamaraty en el África se apoyo en tres puntos bien distribuidos. El primero fueron los países de habla portuguesa, con quienes se dio inicio a las relaciones entre ambas regiones. Los resultados de la acción brasileña en Angola facilito el acceso a Mozambique y Guinea- Bissau.

El segundo punto estuvo constituido por los países del centro-sur del Continente Africano, vecinos de Angola y Mozambique. Ellos son Kenya, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabwe. La diplomacia de Brasilia logro que Brasil fuera el único país latinoamericano en estar presente en las festividades conmemorativas de la victoria del líder Mugabe en Zimbabwe.

El apoyo restante se ubico en la costa atlántica africana, la mas próxima geográficamente a Brasil, con Costa de Marfil, Gabón, Ghana, Nigeria y Senegal. Aquí hubo una intensa actividad de asistencia técnica y prestación de servicios con Nigeria y una coordinación en las políticas comerciales del café y el cacao con Ghana y Costa de Marfil. Brasil compro petróleo en Gabón y Nigeria.

Es en ese periodo que Brasil se adhiere al Banco Africano de Desarrollo el 14 de julio de 1983 (Moussa 29).

Al final del gobierno de Figueiredo, Brasil tenia relaciones con 43 de los 52 países y una infinidad de acuerdos de cooperación cultural, agrícola, científica, económica y técnica y de transporte aéreo.

c) Las relaciones económicas y comerciales.

Con exclusión de los años críticos de 1982 y 1983, hubo una recuperación del flujo comercial en 1984 que se mantuvo en 1985 aumentando tanto las exportaciones brasileñas como las importaciones desde África. En el periodo 1979-1984 “el comercio bilateral Brasil-África represento un aumento de 170%, el crecimiento con Estados Unidos fue de 62% y solo el 6% con los países de la Región agrupados en la Asociación Latino Americana de Integración (ALADI).

Las ventas para África, que en 1979 representaban el 4.3% del total de las exportaciones, para 1984 fueron de 7.3%. Las importaciones subieron de 2.6% para 9.3% en el mismo lapso. Los productos manufacturados que en 1979 constituían el 42.9% del total de exportaciones para África, paso a ser del 88% en 1984” (Pereira 88-89).

“El petróleo crudo, y este es un dato importante por la participación del rubro combustibles dentro de las compras brasileñas, represento en 1984 el 94% de las importaciones de Brasil provenientes de África” (Pereira, 89).

“Las exportaciones brasileñas de derivados de petróleo representaron el 51% en 1984 y el 49% en 1985” (Oliveira, 283).

En líneas generales, las relaciones económicas y comerciales en el periodo que marca el mayor intercambio, se pueden sintetizar como sigue:

– el intercambio comercial del Brasil con el Continente Africano se realizo con pocos países. Las exportaciones se concentraron en Angola, Argelia, Egipto, Nigeria y Zaire. Las importaciones, fundamentalmente de petróleo, solo de Angola, Argelia y Nigeria, concentraron el 95% de las mismas;
– las exportaciones de Brasil hacia África fueron siempre superiores a las importaciones y, en gran medida, son exportaciones de derivados de petróleo y productos manufacturados, siendo baja la representatividad del sector de productos básicos;
– los principales clientes africanos de Brasil, con excepción de Angola, fueron también los mayores importadores del Continente;
– las importaciones provenientes de África fueron, casi en su totalidad, de petróleo (generalmente mas del 90%);
– el interés prioritario de los países africanos, en su intercambio con Brasil, fue por los productos manufacturados;
– como medio de facilitar la relación comercial, se utilizo el countertrade, o sea, el pago en mercadería por la compra de otras mercaderías, que “puede ser considerado como uno de los principales factores que permitió retomar la relación con África a partir de 1984” (Altemani de Oliveira, 263). “Countertrade y petróleo han sido la clave explicativa para el crecimiento abultado del comercio brasileño con un selecto grupo de países africanos” (Pereira, 92);
– otra característica ha sido la participación creciente de empresas brasileñas en el mercado africano. Estas empresas son prestadoras de servicios, principalmente de ingeniería en el área agrícola.

E – El comienzo de los gobiernos democraticos.

En 1984 se realizaron las elecciones en el Congreso que colocaron a Tancredo Neves como primer presidente civil de Brasil desde 1964. Esa elección indirecta abrió una nueva fase en la serie de gobiernos militares y dio inicio a la restauración de la democracia y de una Nueva Republica. Por problemas de salud, y posterior fallecimiento, Neves no pudo asumir la presidencia y lo hizo su vicepresidente José Sarney, el 15 de marzo de 1985.

Las primeras elecciones libres se realizaron a fines de 1989 y Fernando Collor de Mello asumió el primer gobierno democrático en 1990.

La política respecto de la Región.
A mediados de la década del ‘80, el proceso de democratización hizo grandes progresos en los países de América Latina aunque en lo económico los gobiernos continuaron aferrados al modelo de sustitución de importaciones como mecanismo básico para lograr el desarrollo económico. También los instrumentos multilaterales de integración seguían fracasando.

La Asociación Latino Americana de Integración (ALADI), al igual que su antecesora ALALC, tampoco lograba dar una respuesta adecuada a los intentos de integración de los países de la Región. Los mismos, individualmente, mantenían políticas de neto corte proteccionista que limitaban el crecimiento del comercio y que además iba a contramano de las tendencias de las políticas económicas mundiales.

Pero el paso mas importante fue el proceso de democratización que permitió un elevado nivel de entendimiento entre los responsables de diseñar la política de los gobiernos de la Región. Brasil y Argentina iniciaron un proceso de integración que solo incluiría a Paraguay y Uruguay cuando dichos países se incorporaron también al sistema democrático de gobierno.

La política respecto de África.
Brasil aumento considerablemente su producción de petróleo. Las nuevas relaciones con los países de la Región le permitieron el acceso a fuentes de abastecimiento mas cercanas y económicas como la hidroelectricidad desde Paraguay y el petróleo y el gas desde Argentina.

El acercamiento con África perdió el ritmo económico y comercial que caracterizo las dos décadas anteriores pero Brasil enfatizo los términos políticos de la relación equilibrando de esa manera la perdida de vigencia de los factores que habían condicionado la nueva relación a través del Atlántico.
1. El gobierno de José Sarney (1985-1990).“Al iniciarse la segunda mitad de los años ‘80, Brasil superaba el autoritarismo y recuperaba los derechos políticos e institucionales” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 433).

El Presidente José Ribamar Ferreira de Araujo Costa, conocido como José Sarney, se enfrento simultáneamente con procesos “de cambios en los planos interno y externo. Le toco culminar la transición política, conducir el proceso de elaboración constitucional y asegurar las elecciones directas de 1989. Le toco, al mismo tiempo, recuperar la proyección internacional de Brasil como Estado de Derecho. Para ello, era necesario, por un lado, rectificar ciertas políticas practicadas sobre la preeminencia de visiones de inspiración militar y, por otro lado, valorizar el elemento positivo representado por la recuperación democrática del país” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 433).

Se produce un acercamiento estrecho con Argentina. La identidad política del presidente civil de Brasil con el democrático de Argentina permite comprender que en un mundo cada día mas interdependiente las soluciones debían buscarse en forma conjunta sobre la base de la confianza mutua y la cooperación.

a) La política exterior.

Los Ministros de Relaciones Exteriores de este periodo fueron Olavo Setubal (1985-1986) y Roberto Costa de Abreu Sodre (1986-1990).

A lo largo del periodo del gobierno de Sarney se continúo con los objetivos de la política universalista. Brasil llevo adelante una política externa pragmática y realista y comenzó a ampliar su relación con todos los países.

Brasil comprendió que el problema de la deuda externa que amenazaba al conjunto del sistema financiero no podía ser resuelto unilateralmente por los países en desarrollo. Estos podían tener la mejor intención para hacer frente a sus compromisos pero necesitaban de los recursos provenientes del comercio exterior, razón por la cual era imprescindible la eliminación de las barreras a sus productos de exportación.

América Latina y la Región son los mercados naturales para los productos brasileños, por razones de proximidad geográfica, por el origen común, por la similitud de los niveles de desarrollo económico, cultural y social. Sin embargo, la situación de las economías que la componen y las perspectivas de las mismas como también el contexto internacional en el que estaban inmersas, condicionaron y restringieron el accionar de la política exterior brasileña.

La inflación alcanzo niveles muy elevados, se agudizo la escasez de divisas, se incremento la deuda externa y los países de la Región continuaron con políticas de ajuste que contraían aun mas sus economías y obligaron a un estricto control de sus importaciones para reducir a un mínimo las compras en el exterior. La aguda suba de las tasas de interés provocada por los países industrializados como solución unilateral a sus problemas internos, no solo disminuyo el flujo de capitales hacia América Latina, sino que convirtió a la Región en exportadora de recursos hacia el exterior.

La prioridad fue establecida con América Latina, donde se reiniciaron relaciones diplomáticas con Cuba, y se reflejo claramente en el acercamiento con Argentina, país con el que inicio una alianza estratégica que puso fin a años de rivalidad. En 1986 se lanzo oficialmente “el Programa de Integración y Cooperación Argentina-Brasil (PICAB)” que “constituye la experiencia mas destacada de integración en el ámbito latinoamericano durante la década del ‘80. A pesar de partir de una propuesta bilateral, el PICAB fue concebido como un primer paso de un proceso regional a ser ampliado gradualmente” (Hirst, 1). Fue el embrión de lo que 5 años mas tarde seria el MERCOSUR.

Brasil estuvo convencido que la cooperación entre los países de la Región era el camino de salida para la crisis y que la aproximación entre Argentina y Brasil no solo era útil sino también necesaria para el Continente.

Hacia el final del gobierno de Sarney, el proceso democrático de Argentina elige un nuevo presidente, Carlos Menem, quien sucede a Alfonsin. El nuevo equipo gobernante reafirma la voluntad integracionista que se inicio en 1986.

Con Estados Unidos, principal socio económico y comercial, se inicio un dialogo permanente por el tema de la deuda externa brasileña y por la necesidad de contar con el apoyo de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional.

b) La política respecto de África.

La política africana llevada a cabo durante este periodo fue más selectiva aun y se centro en la intensificación de las relaciones con los países de habla portuguesa y con los países proveedores de petróleo. Fue evidente que ya no había lugar para el intercambio comercial de la década anterior.

El Canciller Abreu Sodre realizo, en 1986, una visita oficial a Angola, Camerún, Nigeria y Zimbabwe.

Una característica de este periodo fue el impulso que recibieron los proyectos de cooperación y asistencia técnica y de prestación de servicios. Las áreas donde se concentraron las demandas de cooperación fueron energía eléctrica, transporte ferroviario, puertos, transporte urbano, agricultura, agroindustria e informática.

Brasil considero mas conveniente dedicarse a aportar cooperación técnica directa y prestación de servicios dado que de esta forma lograba compensar la caída en los niveles de intercambio comercial. Comenzó a prestar esa asistencia a través de la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), ya sea con proyectos financiados por organismos internacionales o por el país demandante.

La cooperación técnica fue la nueva herramienta de presencia brasileña en África utilizada para la planificación comercial.

Otro recurso aplicado por Brasil en esa nueva realidad africana fue la participación de sus empresas de consultoria e ingeniería en licitaciones publicas financiadas por organismos internacionales. De esta forma los empresarios brasileños se resguardaban de la insolvencia de los países africanos. Esta política fue apoyada por los funcionarios oficiales brasileños frente a las autoridades de los organismos financieros internacionales.

Los créditos otorgados por el Banco Africano de Desarrollo (BAD) son un “instrumento de financiación del desarrollo sobre el cual se apoya cada vez mas toda África” (Moussa 27).

En sustento a esa estrategia, los directivos empresarios de las grandes constructoras brasileñas ofrecieron cursos de entrenamiento y capacitación para obreros y empleados nativos mientras duraban las obras y trabajos contratados. De esa forma, las empresas brasileñas utilizaron mayor mano de obra local, hecho que facilito la adjudicación de obras posteriores.

c) Las relaciones económicas y comerciales.

El intercambio comercial de Brasil con los países africanos se fue reduciendo, a excepción del comercio de petróleo con Angola.

Angola continuo siendo un socio comercial importante de Brasil en África, dentro de los países de habla portuguesa.

Como consecuencia de las características del comercio con ese país africano, Brasil firmo un Acuerdo en 1988 para reestructurar la deuda de Angola con Brasil, establecer nuevos convenios de créditos y nuevos contratos para el aprovisionamiento de petróleo angolano.
La política de otorgar facilidades crediticias no pudo continuarse a partir del periodo del presidente Sarney debido a las asfixiantes dificultades financieras de Brasil.

Otra de las herramientas en la que se baso la estrategia brasileña para mantener sus relaciones comerciales con los países africanos fue el countertrade. Pero los resultados de los acuerdos firmados fueron casi siempre favorables a Brasil. A su vencimiento, países como Nigeria comenzaron a negarse a renovarlos. Por su parte, Brasil no estaba en condiciones de ofrecer nuevas y mayores líneas de crédito dado su crítica situación financiera. Esta fue una de las principales razones de la disminución del comercio entre Brasil y el Continente Africano.

Durante ese periodo, las relaciones comerciales de Brasil con los países del Continente se reducen y se concentran en unos pocos: África del Sur, Egipto, Nigeria, Angola y Argelia, en orden de importancia. Además hay un cambio muy importante en la estructura del comercio: comenzó una tendencia decreciente en las exportaciones brasileñas junto con una disminución del crecimiento económico de Brasil.

Como consecuencia de la perdida de importancia comercial para el intercambio de productos, pero teniendo en cuenta la relación ya alcanzada, no debe dejar de considerarse la importancia política, económica y comercial que tuvieron las manifestaciones culturales y deportivas brasileñas. Los africanos están ávidos de expresiones de ese tipo, en especial las deportivas. Todos ellos son grandes entusiastas del football y cualquier otro espectáculo que ofrezca acción, destreza y colorido.

Brasil envió regular y abundantemente videos de partidos de football disputados por la Liga de Football Brasileña a varios países africanos. Los mismos eran exhibidos en los canales de televisión locales en horarios preferenciales. Los jugadores destacados de Brasil fueron bien conocidos en África y las camisetas de los principales clubes y de la selección brasileña fueron populares como prenda de vestir diaria.

2. El gobierno de Fernando Collor de Mello (1990-1992).

El gobierno de Fernando Affonso Collor de Mello fue breve y contaminado fuertemente por la política interna. Es importante recordar que Collor de Mello enfrento un juicio político que lo obligo a dejar su cargo luego de dos años de ejercicio de la presidencia dentro de un mandato de seis.

“Al presentarse como candidato a la Presidencia, el Gobernador Fernando Collor fundamento su campaña en el tema de la renovación y modernización del país y se propuso alcanzar dos objetivos principales: controlar definitivamente la inflación y acabar con la corrupción” (Ministerio da Relacoes Exteriores, 507).

Dentro del programa de modernización del Estado, Collor de Mello implanta una política económica de libre mercado, anuncia el fin de los subsidios, la reducción del papel del Estado y un amplio programa de privatizaciones.

a) La política exterior.
Los Ministros de Relaciones Exteriores de este periodo fueron Francisco Rezek (1990-1992) y Celso Lafer (1992).

“En el plano exterior, el tema de la modernización fue utilizado como palanca para una serie de alteraciones de rumbo destinadas a superar la situación diplomática brasileña de la vertiente de los países en desarrollo en busca de compatibilizacion con los países desarrollados” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 507).

Si bien se pretendió proseguir con la esencia de la política brasileña en África, la prioridad estuvo colocada en la integración con Argentina y en la formación de un mercado común ampliado con los países del sur de la Región, Paraguay y Uruguay en el Mercado Común del Cono Sur (MERCOSUR). Collor de Mello reafirmo la voluntad de su gobierno de continuar y profundizar el proceso de integración con Argentina iniciado por su antecesor.

“La actividad diplomática brasileña, no obstante toda la turbulencia del periodo, se mantuvo elevada. En 1991 se firma el Tratado de Asunción por el cual fue formalmente constituido el MERCOSUR. Y también el año en que la política nuclear brasileña recibe una nueva configuración con la constitución de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC)” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 522).

Este hecho fue la culminación de un proceso de apertura reciproco de visitas a las instalaciones y a los programas nucleares de ambos países. “De la desconfianza generada por el desconocimiento se paso a la confianza basada en la cooperación” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 471).

Este cambio fundamental en la política exterior de Brasil fue posible por la constitución y reafirmación de gobiernos democráticos en Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, y por el cambio de las políticas económicas liberales en reemplazo del anterior modelo cerrado de sustitución de importaciones.

La decisión tendiente a la liberalización general del intercambio comercial correspondió a un acto de voluntad política de los países miembros que fue complementada con una aproximación integral en los campos económicos, comerciales, diplomáticos, culturales, intelectuales, científicos, tecnológicos, artísticos, y en todas las manifestaciones de la vida social. La decisión de formar un mercado común fue la respuesta de Brasil y sus socios a la tendencia mundial de la formación de bloques geoeconomicos que permitan enfrentar en mejores condiciones el fenómeno de globalización.

b) La política respecto de África.

En esta nueva etapa de las relaciones con África, el interés brasileño por el Continente atiende a una serie de objetivos y prioridades, que podrían ser resumidos así:
– “intensificación de los lazos culturales económicos comerciales y políticos;
– busca de apoyo a los intereses brasileños en los foros multilaterales;
– mantenimiento del régimen de desnuclearización y desmilitarización del Atlántico Sur;
– refuerzo de la idea de que la cooperación con Brasil esta desprovista de intenciones hegemónicas, en contraste con la experiencia vivida con los países del Primer Mundo;
– afianzamiento de la imagen brasileña de combate intransigente al racismo, reafirmada siempre por la condena histórica al apartheid;
– maximizacion de la fuerzas de apoyo al crecimiento africano, sin asistencialismo, teniendo en vista el enorme potencial de África y la certeza de que, a largo plazo, el desarrollo brasileño se confundirá con el del Continente Africano” (Andrade 42).

En síntesis, Brasil adopto una prudente política de cooperar con África en la medida de sus solicitudes y en la medida de las posibilidades brasileñas, evitando tomar iniciativas que puedan interpretarse como una ingerencia en los asuntos internos de los países africanos y actuando solo en base a la aceptación de propuestas realizadas.

c) Las relaciones económicas y comerciales.

Se mantuvieron los compromisos fundamentales con los países africanos y se estableció una nueva estrategia basada en la cooperación técnica como instrumento de presencia en África. Esa cooperación técnica llevo implícito un componente comercial que, bien explotado, pretendía traducirse en acciones directas ligadas a intereses empresariales brasileños.

“Valiéndose de formulas creativas y compensatorias, brasileños y africanos, auxiliados por las similitudes de la condiciones geoclimaticas y por la notable potencialidad de Brasil en ofrecer tecnología intermedia, han sabido vencer las dificultades derivadas de la crisis. Mas que eso, la cooperación que, a mediados de la década del ‘70 se desarrollo, sobre todo en áreas tradicionales como la agricultura y la educación, hoy abarca sectores como el de la administración publica, la energía, los transportes, las comunicaciones, la cooperación militar, la construcción civil (hidroeléctricas) entre otros. El entrenamiento de recursos humanos y la cooperación técnica son dos de las acciones mas características del nuevo momento vivido por las relaciones brasileño-africanas” (Andrade 42).

Con estos conceptos queda bien claro el cambio de discurso que Brasil realizo en su nueva política económica y comercial hacia África.

F – Las grandes unidades economicas.

El mundo contemporáneo se caracteriza por la formación de grandes unidades económicas. Hacia el final del siglo XXI, dichas unidades estarían consolidadas. Canadá, Estados Unidos y México formarían un bloque económico, el North American Free Trade Agreement (NAFTA). La Comunidad Económica Europea se ha convertido en una sólida Unión Europea (UE) con quince países asociados.

El efecto extraordinario de las estructuras productivas de los países industrializados, el aumento en la rapidez y eficiencia de los transportes y las comunicaciones, el acceso masivo e indiscriminado a la información, un considerable mercado consumidor de alta renta instalado en espacios continentales y unido todo esto por una renovada y permanente capacidad de innovación tecnológica, son las características que aglutinan a los países mas avanzados del mundo occidental en la formación de grandes bloques económicos.

Esta nueva configuración económica es de una fuerza tal y avanza con tal vigor que alcanza a modificar las concepciones políticas de países con filosofías económicas diametralmente opuestas a la de los países industrializados de Occidente.

Japón tiene todas las características mencionadas y suple su pequeño tamaño geográfico y su insularidad con una fantástica red comercial que alcanza todas las regiones del planeta.

Además, los países del Asia-Pacifico poseen un foro común donde coordinan sus acciones, el Asia Pacific Economic Commitee (APEC) y que constituye, indudablemente, una colosal fuerza política.

China es un mercado emergente de dimensiones difíciles de cuantificar y prever y constituye por si misma una gigantesca unidad económica.

Estas eran las evidencias políticas y económicas de mediados de la década del ‘80 que se proyectan a las próximas décadas.

Brasil es el país mas grande de América Latina. En 1986 tenia el 35% de la población de la región, el 34% del Producto Bruto Interno Global, el 28% de las exportaciones y el 29% de las importaciones latinoamericanas. En los años anteriores, Brasil se desplazo del 48° al 8° lugar en cuanto a producción industrial dentro del conjunto de los países capitalistas. Ocupaba también el segundo lugar en la construcción naval, el séptimo en siderurgia, (un cuarto de lo que produce Estados Unidos), el noveno en la fabricación de automóviles y tractores, el segundo en la producción de mineral de hierro. En productos agrícolas, Brasil es el mayor exportador de café del mundo, responsable por un tercio del comercio mundial, es el segundo productor de soja, detrás de Estados Unidos, el mayor productor mundial de azúcar después de Cuba, el segundo productor de cacao, el tercer productor de maíz luego de Estados Unidos y China. Entre 1968 y 1980, Brasil creció un promedio de 8.9% anual y a 7% entre 1981 y 1985. Tal como lo definió The Economist “Brasil es el coloso incomparable del Sur, el mayor poder regional actual, el primer país del Tercer Mundo golpeando a la puerta del club de los países industriales y un potencial Estados Unidos del próximo siglo” (25 abril 1987).

II – CONTEXTO CRÍTICO.

Análisis de la política brasileña.
La política exterior de Brasil en África tuvo una planificación muy anterior al periodo de las tres décadas analizadas. Los tiempos coloniales marcaron un origen común de la metrópoli portuguesa. Iniciada la vida independiente de Brasil, su política exterior acompañó a la de Portugal.

Los geopolíticos brasileños diseñaron en distintos momentos una misma estrategia que incluía a África dentro de la esfera del interés de su política exterior.

Los exponentes mas destacados de esa estrategia geopolítica fueron los Generales Mario Travassos y Golbery de Couto e Silva. Su condición de militares les permitió un acceso fluido a los gobiernos surgidos del golpe de estado de 1964 y de esa manera sus teorías pudieron ser implementadas en un entorno mas favorable.

Dentro del conjunto de países del África Subsahariana, los del África Occidental y los países de habla portuguesa, constituyen un área de interés político particular para Brasil.

“La estrategia de aproximación brasileña a África no es un hecho aislado en el tiempo. Verla como una actitud estrictamente oportunista es no insertarla en el conjunto de modificaciones ocurridas en la propia política externa como un todo. Es un peligroso equivoco. La aproximación a África fue, sin dudad alguna, una estrategia cuidadosamente planificada” (Saraiva, 90).

También es importante destacar la continuidad de la política exterior brasileña que emana del propio Ministerio de Relaciones Exteriores. A diferencia de otros países latinoamericanos, también con frecuentes cambios de gobiernos, la Cancilleria brasileña ha estado tradicionalmente dirigida por Ministros salidos de sus propios cuadros.

Cuando ello no ocurrió, la opinión de los funcionarios de carrera fue tradicionalmente atendida y respetada. Durante mas de dos tercios del periodo comprendido entre 1964 y 1992, el Ministerio de Relaciones Exteriores estuvo conducido por diplomáticos de carrera.

Ministros de Relaciones Exteriores de Brasil. (1964-1992)
Nombre Periodo Formación
João Augusto de Araujo 1963-1964 Carrera
Vasco Tristao Leitao da Cunha 1964-1965 Político
Juracy Montenegro Magalhaes 1965-1967 Político
José de Magalhaes Pinto 1967-1969 Político
Mario Gibson Alves Barbosa 1969-1974 Carrera
Antonio Francisco Acevedo da Silveira 1974-1979 Carrera
Ramiro Elyseo Saraiva Guerreiro 1979-1985 Carrera
Olavo Setubal 1985-1986 Político
Roberto Costa de Abreu Sodre 1986-1990 Político
Francisco Rezek 1990-1992 Político
Celso Lafer 1992 Político

Un conjunto de factores ocurridos en las décadas de 1960, 1970 y 1980 dieron la oportunidad adecuada para que Brasil implementara una efectiva política exterior de penetración en África.

El proceso de descolonización en África iniciado por las grandes metrópolis europeas a mediados del siglo XX. Este hecho permitió el nacimiento de un enorme conjunto de naciones africanas al iniciarse la década del ‘60, que comenzaron su vida independiente, y que les permitió relacionarse directamente con el resto de las naciones del mundo.

El desarrollo económico experimentado por Brasil a fines de la década del ‘60. Brasil alcanzo un crecimiento económico considerable hasta principios de la década del ‘80 y toda la estrategia de la política internacional tuvo un fuerte contenido económico y comercial. El comercio exterior se transformo en un instrumento importante de esa estrategia y África se constituyo en el nuevo mercado consumidor de expansión para ciertos sectores de la producción y los servicios brasileños.

El serio revés que sufrió la economía brasileña con la crisis de la energía de 1973 por su fuerte dependencia de las importaciones de combustible. Brasil busco ampliar sus fuentes de abastecimiento de petróleo en países donde su influencia pudiera ser mayor.

Los gobiernos militares en América Latina se daban la espalda. Como consecuencia del armamentismo, las hipótesis de conflicto en la Región, las economías cerradas por el imperio de las políticas de sustitución de importaciones como elemento fundamental del desarrollo económico independiente, entre otros argumentos, Brasil estuvo limitado para ampliar sus mercados naturales en la Región. Por lo tanto se vio obligado a buscar nuevos mercados para colocar sus excedentes de producción industrial, su tecnología y sus servicios.

África constituye un mercado potencialmente adecuado para la tecnología intermedia brasileña. Aunque difícil y complejo, el Continente Africano constituye un mercado consumidor para los productos, la tecnología, servicios, consultorios y asesorias técnicas brasileñas. Es un mercado para una tecnología intermedia, que ya no se elabora en los países industrializados, cuyo desarrollo tecnológico y productivo fue costoso y que tiene, en las ventas al mercado africano, una excelente oportunidad para amortizar parte de las inversiones realizadas. Estas acciones son aplicables principalmente en el sector agrícola y en el académico, educativo e informático en los países luso parlantes.

Estos fueron los factores que Brasil supo aprovechar para iniciar una estrecha y permanente vinculación con África.

Desde el punto de vista comercial, Brasil trato de incrementar la exportación de productos dentro del tradicional esquema mercantilista.

Posteriormente, las dificultades económicas surgidas a ambos lados del Atlántico hicieron que se modificaran las relaciones económicas y comerciales. Los operadores comerciales brasileños tuvieron dificultades para obtener los créditos con los que se financiaban las exportaciones a África. Por otro lado, los países africanos no productores de petróleo no cuentan con capacidad de compra suficiente para realizar las importaciones que permitan mantener un comercio creciente.

Barbosa, refiriéndose a los futuros mercados para la expansión económica y comercial de Brasil expresa que África no será un mercado atractivo en los próximos años, además de que su participación en el intercambio global, continuara siendo marginal (138).

Pero otros rubros permiten a Brasil mantener sus objetivos políticos y su presencia en África. Brasil esta dando cooperación a África para que sus países aumenten la participación en las actividades económicas mundiales, mejore su poder de decisión y su capacidad de negociación a nivel internacional.

De esta forma Brasil esta cumpliendo un importante papel de presencia y asistencia a África, a través de la puesta en practica de programas de transferencia tecnológica, cooperación técnica, identificación de demandas, asistencia técnica y asesoramiento, establecimiento de mecanismos de investigación y desarrollo en diversas áreas de la actividad económica.

La cooperación técnica brasileña tiene como objetivo, en un primer momento, la capacitación del país demandante para la toma de decisiones, identificación de los problemas, las estrategias a seguir, la definición de metodología de trabajo y alternativas.

Esta cooperación técnica apunta también al fortalecimiento de pequeñas y medianas empresas y de los órganos gubernamentales que otorgan financiación a esa actividad. Una mención particular merece el área educativa para aquellos países luso parlantes: Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Mozambique y São Tome e Principe, cuya población se puede calcular en unos 30 millones de habitantes.

En los países luso parlantes, la participación brasileña se amplio a otros campos que no fueron los específicamente comerciales como los planes de reordenamiento administrativo, procesos de alfabetización, campañas de sanidad y formación de técnicos y obreros especializados, y un importante campo de actividad en el área de la informática y de la salud, entre otros.

En especial porque Brasil tiene ventajas interesantes para poder desarrollar sus relaciones con África basadas en complementación surgidas de su similar posición geográfica, y de la cercanía de la costa africana, a mitad de camino de los puertos europeos mas próximos.

En la comparación con las antiguas metrópolis, Brasil cuenta con una conformación étnica de origen africano, un mayor grado de familiaridad con el clima tropical, además que su población tiene un menor nivel de vida y confort del que están habituados los europeos.

Esto permite que el reclutamiento de obreros, trabajadores especializados y técnicos para trabajar en África sea menos complicado que el realizado por empresas europeas que han sido los tradicionales abastecedores de servicios y obras de ingeniería en el Continente.

En Brasil coexisten aspectos de país industrializado con avanzada tecnología, junto con todas las características del subdesarrollado mas acentuado.

Brasil desarrollo a partir de la Segunda Guerra Mundial una industrialización “que constituye bajo los trópicos el mas importante parque industrial” (Moussa 29) y que ha dado mejores resultados que la europea, y una tecnología agropecuaria adaptada a la ecologia y al clima tropical de la cual la Empresa brasileña de tecnología Agropecuaria (EMBRAPA) es “ciertamente detentora de la mayor tecnología tropical del mundo en su área” (Viegas 36).

Por otra parte se tratan de tecnologías simples y fácilmente asimilables aun por una población de escaso nivel cultural y por lo tanto menos dispuesta a la incorporación de cambios y nuevas técnicas de producción.

También las empresas de consultoria y prestatarias de servicios están acostumbradas a resolver problemas derivados de la escasez de recursos humanos capacitados y de recursos económicos y financieros.

Esta estrategia siguió siendo mantenida aun cuando su modelo de desarrollo requirió de mercados mas amplios para poder expandirse y su política comercial exterior se centro en sus vecinos de la Región.

El tema del expansionismo comercial de Brasil fue canalizado en los países de la Región. Desde el punto de vista inmediato y de momento, Brasil podía continuar con su proyecto de solución individual para su desarrollo. Pero a mediano plazo se preveía una crítica situación económica. La sorpresa de la crisis energética había golpeado duramente al país en 1973. La falta de combustibles y el escaso o nulo desarrollo de los pocos recursos existentes habían obligado a un progresivo endeudamiento y obligado a destinar la mitad de los gastos en compras exteriores a la cuenta del petróleo. Nuevamente el aumento de las tasas de interés en el país mas endeudado del mundo, mas de 100 mil millones de dólares y otro incremento en los precios del petróleo provoco nuevas dificultades económicas. No era conveniente un aislamiento excesivo para enfrentar dificultades de este tamaño que hicieran peligrar el ingreso de Brasil al ambicionado club de los países industrializados.

Por lo tanto, Brasil necesito buscar un mayor espacio económico regional que le permitiera competir eficientemente en el mundo contemporáneo. Resulto imperioso acompañar la mas grande y compleja aceleración del desarrollo tecnológico que haya vivido la humanidad. Fue una razón de supervivencia adecuar las estructuras productivas que se transforman a una velocidad y magnitud tal que en pocos años mas modificara las formas del actual modelo de distribución internacional del trabajo y que tiende a acentuar aun mas las diferencias entre naciones ricas y naciones pobres.

Este fue el desafío que Brasil tuvo por delante y el país natural y lógico para enfrentar y compartir la competencia de una economía globalizada era Argentina y los países de la Región. Argentina tiene el tamaño físico y económico para dar impulso a un proyecto asociativo regional, con 35 millones de habitantes, una infraestructura de comunicaciones adecuada a los tiempos actuales, una estructura industrial y productiva considerable en América del Sur. No había otro país vecino que reuniera estas condiciones.

Por otra parte, los resultados de la Asociación Latino Americana de Libre Comercio (ALALC) demostraron en los 20 años de su existencia, la inviabilidad de los proyectos multilaterales en el estado de desarrollo económico de los países de América del Sur y México. Con la agudización de la crisis económica, los proyectos de integración fundamentalmente mercantilistas, con rebajas y preferencias arancelarias y salvaguardias comerciales para un conjunto de once países no alcanzo el objetivo inicial. El siguiente proyecto sucesorio a partir de 1980, la Asociación Latino Americana de Integración (ALADI), también mostró que la búsqueda de los objetivos de desarrollo económico no podían buscarse a través de asociaciones multilaterales. Era también evidente que no había salida individual para la crisis económica. Argentina fue entonces el socio natural para Brasil.

También esta la realidad de la formación y el desarrollo acelerado de las grandes unidades económicas. Brasil individualmente no puede hacer frente a esas unidades porque no tiene el tamaño de las mismas ni tampoco cuenta con la intrincada y vasta red comercial japonesa. El comercio brasileño esta principalmente dirigido a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Brasil había decidido explotar al máximo la potencialidad de estos mercados hasta que sus cifras comenzaron a resultar significativas en ciertos sectores específicos.

Tanto en Estados Unidos como en Europa, las exportaciones brasileñas y los significativos desequilibrios comerciales bilaterales causaron molestias a las autoridades y a los industriales afectados de esos países. Se iniciaron los procesos de aplicación de sobretasas a las importaciones de Brasil, para compensar la incidencia de los sistemas de promoción de exportaciones en la penetración de los mercados estadounidense y europeo. Las amenazas de aplicación de impuestos compensatorios y tasas antidumping se multiplicaron a ambos lados del Atlántico Norte. De hecho son aplicadas sobretasas a un conjunto pequeño pero importante de productos brasileños. Pero lo cierto es que la casi totalidad de ellos son susceptibles de tratamiento semejante. Esto quiere decir que una parte del 54% de las exportaciones brasileñas tenía un mercado incierto a mediano y largo plazo.

Tampoco los Países Socialistas de Europa presentaban una alternativa para la expansión del comercio de Brasil. Esos países compran en general con compromisos de compra por el mismo valor. No generan superávit comerciales. Japón tiene autonomía de compra, al igual que Brasil. Es decir, Japón compra aquellas cosas que le conviene, a Japón no se le vende. El mercado del Sudeste Asiático exige la presencia de organizaciones de comercialización poderosas y un transporte eficiente capaz de minimizar los costos de la enorme distancia hasta allá. Los países de Oriente Medio dejan brechas solo para la venta de servicios, armas y algunos pocos alimentos que Estados Unidos no provee. China, por su parte, requiere un tipo de inversión novedoso y que nada se ajusta a las necesidades de emergencia en que se encuentra Brasil: tiempo. Toda acción en aquel país es lenta y debe ser programada a largo plazo.

Ante el creciente proteccionismo de las naciones industrializadas, Brasil necesito imperiosamente realizar un nuevo diseño de las fronteras de su comercio internacional como lo hizo a mediados de la década del ‘70. En aquella época se expandió a los países del Tercer Mundo y en especial a los países africanos y a los exportadores de petróleo. Diez años después los países africanos se habían empobrecido aun mas, el precio del petróleo volvió a niveles mas bajos de mercado y, por otra parte, el abastecimiento de combustibles de producción propia había aumentado considerablemente hasta lograr el autoabastecimiento.

Además los mercados alternativos de Asia y África, mercados donde las necesidades de importación son grandes, mostraron ya su inviabilidad ante la falta de recursos brasileños para financiar sus operaciones.

Sin dejar de comercializar activamente con el Primer Mundo, la alternativa era mirar nuevamente hacia América Latina como una salvaguardia para su expansionismo comercial. Por su proximidad, por las facilidades de comunicación y transporte, por las características mas evolucionadas de su mercado, por el hecho de ya tener entre su heterogénea población una fuerte y seleccionada colonia de argentinos que solo en el área de São Paulo, son dueños de 300 empresas y constituyen no menos de 1500 ejecutivos, la integración debía comenzar por Argentina.


III – CONCLUSION INTEGRADORAInterpretación del análisis.Subdesarrollo, neocolonialismo económico, tribalismo, racismo, son algunas de las características comunes de los países del África Negra ubicados al Sur del Sahara, que son necesarias conocer para la comprensión y elaboración de estrategias económicas y comerciales.

Una visión general de la situación económica del Continente indica que durante el último cuarto del siglo XX se mantienen las condiciones dramáticas de extrema pobreza y se perpetúan los factores de vulnerabilidad económica y política.

Estos condicionamientos hacen que la capacidad importadora de los países africanos esta limitada a su escasa capacidad exportadora.

Salvo los principales países exportadores de minerales, y dentro de ellos en especial los petroleros, la estructura de exportaciones de esas economías esta concentrada en unos pocos productos agrícolas industriales.

África constituye un conjunto de países altamente deficitarios de productos alimenticios de todo tipo, netamente importador de productos manufacturados y bienes de capital y exportador de minerales y productos agricoloindustriales. En algunos casos, se trata de países que cuentan con ingresos provenientes de las ventas al exterior de petróleo y gas y que invierten esos ingresos en la compra de tecnología y en la realización de algunas obras de infraestructura. Otros, extremadamente pobres, requieren financiamiento para la compra de los productos básicos para la alimentación humana.

Puede resultar importante la participación en licitaciones de obras de infraestructura, pero deben tenerse muy en cuenta las formas de pagos o fuentes de financiación y el aprovechamiento de los créditos de organismos financieros internacionales para la participación empresaria en la realización de proyectos específicos.

Entre los factores mas importantes a considerar en el momento de establecer relaciones comerciales figuran los de evitar una actitud “paternalista” en las negociaciones con los africanos. Aunque la mayoría de los países africanos no posean experiencia política y diplomática, perciben inmediatamente cuando las conversaciones o las actitudes son conducidas con un carácter de menosprecio hacia esas carencias. Por lo tanto, es imprescindible extremar las precauciones para evitar en todo momento que se deslicen conceptos que puedan interpretarse como asumiendo una postura de superioridad cultural dado que el orgullo africano es sumamente sensible a eso.

Por las mismas razones históricas, culturales y étnicas, deberá condenarse al racismo y al colonialismo en todas sus formas. El carácter racial tiene prioridad dentro de cualquier escala de valores. El segundo es el tribal, el tercero es el político y luego el religioso. Solo así puede explicarse como un país capitalista a ultranza como lo es Nigeria haya apoyado tan decididamente a Angola en su lucha contra Sudáfrica.

Para los operadores comerciales que no estén ubicados en Europa o América del Norte, deben considerar también que son escasas las líneas marítimas de transporte de cargas y menores aun la frecuencia de viajes que realizan hacia el Continente. Sin embargo, el problema mayor lo constituye la carga de regreso. Además del petróleo no hay carga suficiente y los navíos deben continuar viaje para Europa para completar sus bodegas.

Por lo tanto, la característica común a los distintos tipos de colonización es una gran concentración de la administración en manos del gobierno colonial.

Este breve esbozo de los aspectos comunes de la región permite sacar algunas conclusiones a tener en cuenta para la elaboración de una estrategia económica y comercial de penetración en los mercados africanos.

Por otra parte, esta la situación africana. A las razones ya comentadas respecto a la realidad agrícola, industrial, financiera, de la dirigencia empresarial y a sus condiciones políticas, se suma, como causa de todo ello, su incapacidad de enfrentar a una economía mundial globalizada.

África ha quedando fuera de los tres grandes bloques económicos (Unión Europea, NAFTA y Asia-Pacifico) y otros menores como el MERCOSUR. Por sus características propias es incapaz de constituir por si mismo un bloque económico al estilo de los nombrados.

En general, constituye un Continente ignorado en esta división del mundo, lo que indica un futuro poco promisorio. Con baja competitividad de la producción agrícola y sufriendo restricciones externas de orden financiero es seguro que permanecerán aislados, sin beneficiarse de importantes concesiones.

Brasil logro a través de la cooperación técnica, la formación de recursos humanos, la transferencia de tecnología, la creación de procesos y de personal local habilitado para desarrollar esos procesos, una manera efectiva y adecuada para dar a África su capacidad de desarrollo económico y de vida propia. No fue solo exportando productos o vendiendo servicios que Brasil baso su política exterior en África sino que apuesta a su futuro como un socio económicamente sustentable y, consecuentemente, un socio amigo y efectivamente confiable para Brasil. Con esto logra un significativo rédito político en la esfera internacional, convirtiéndose en un heredero moderno de la política exterior portuguesa.

Por otra parte, la integración económica que Brasil inicio con Argentina en 1986 y la integración política mas amplia con la adición del resto de los países del Cono Sur de América, fue una imposición de la realidad. No comprenderla, no acompañarla o peor, oponerse a ella, implicaría una negación del futuro.

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Palabras claves: Africa, Nigeria, Argentina, Brasil, comercio exterior, relaciones internacionales, Lagos, África Subsahariana, Angola, Benin, Costa de Marfil, Ghana, Kenya, Liberia, Senegal, Sierra Leona, Togo, Daniel Della Costa, El Cronista Comercial, Gladys Lechini, Nilda Anglaril, Paulo Tarso Flecha de Lima, Ministerio de Relaciones Exteriores, Itamaraty, Asociación Latino Americana de Libre Comercio, ALALC, Marta C Bentolila,


LA POLITICA EXTERIOR DE BRASIL EN AFRICA.
Una visión económica y comercial.
Los antecedentes históricos de la relación Brasil-África, sus orígenes comunes, su largo aislacionismo, y los posteriores contactos a partir de la independencia de las colonias africanas. Las realidades del Continente Africano, en especial de las cuestiones agrícolas, industriales, financieras, empresariales y políticas. La política exterior brasileña, su posición frente a África y la evolución de sus relaciones comerciales en cada uno de los gobiernos brasileños entre 1964 y 1992. La política integradora con los países de la Región. Una interpretación de las causas que motivan la estrecha relación política, el auge y estado de las relaciones de Brasil con África. El aprovechamiento que dicha experiencia tiene para Argentina y el aporte que ello significa para elaborar una política de acercamiento al Continente Africano.
Prefacio.
La preparación de este trabajo fue una paciente labor realizada a ambos lados del Atlántico como consecuencia de mis destinos diplomáticos en las representaciones argentinas en Lagos, Nigeria, y posteriormente en Brasilia, DF, Brasil.

La experiencia en el Continente Africano durante 1980 y 1981, fue verdaderamente dura. En aquel entonces Lagos era una capital congestionada, con problemas de abastecimiento y deficiencias y carencias de diversa índole.

Recuerdo que había poco esparcimiento en la ciudad y una gran inseguridad urbana. Quedaba por realizar una intensa vida social en ambientes cerrados junto a diplomáticos y empresarios extranjeros.

Con algunas pocas variantes, esa realidad se repetia en muchos de los países del África Subsahariana: las condiciones de pobreza eran extremas y el rigor climático sofocante las 24 horas del día y los 365 días del año. Además de Nigeria conocí Angola, Benin, Costa de Marfil, Ghana, Kenya, Liberia, Senegal, Sierra Leona y Togo.

A mi actividad profesional en Nigeria agregue la lectura de la historia, la investigación de la realidad africana y canalice todas esas incorporaciones en una intensa actividad periodística.

Esta es la ocasión para agradecer a Daniel Della Costa, en aquel entonces Jefe de Redacción del diario “El Cronista Comercial” de Buenos Aires, la oportunidad de publicar las notas elaboradas en el Continente Africano, relatando mis experiencias, las necesidades , vicisitudes y realidades de los pueblos de una región desconocida para la casi totalidad de los argentinos.

En ese desconocimiento generalizado había excepciones: Gladys Lechini y Nilda Anglaril, dos compatriotas graduadas en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, Santa Fe. En África participe junto a ellas en varias reuniones donde sus exposiciones sobre la historia, la política y la realidad del Continente llamaban la atención de los propios africanos. Gladys Lechini continúo aportándome sus conocimientos y para ella es mi mayor reconocimiento en la preparación de este trabajo.

En aquel entonces, Brasil era un fuerte participante en el mercado africano. Así que en muchas lecturas encontraba informaciones sobre el accionar de Brasil en África. Sin proponérmelo, me fui convirtiendo en un conocedor en los temas africanos y en aquella relación bilateral.

El Destino hizo que mis nuevas funciones fueran en Brasilia, DF, (Brasil), desde donde continué siendo consultado en esa reciente especialidad. El nuevo puesto de trabajo me permitió, no solo incrementar las informaciones sino también corroborar las que ya tenia de otras fuentes.

En Brasilia DF, tuve también la oportunidad de conocer a algunos de los arquitectos de la política exterior brasileña. En especial al Embajador Paulo Tarso Flecha de Lima, por muchos años Director de Promoción Comercial del Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty) y luego su Secretario General. Con Paulo Tarso habíamos sido colegas de negociaciones en Montevideo, Uruguay, en la Asociación Latino Americana de Libre Comercio (ALALC) a fines de la década del ’60 y para el es mi profundo respeto profesional.

Mis casi 8 años de trabajo diplomático en Brasil coincidieron con un desarrollo muy importante de las relaciones con Argentina. De una situación estancada en el recelo y desconfianza se paso a una coincidencia de objetivos políticos que superaban los cambios partidarios que se sucedían en los gobiernos democráticos. Participe del intenso proceso de integración entre los dos países, impulsado por una fuerte voluntad política de ambos gobiernos que superaban todos los obstáculos que dificultaron las relaciones bilaterales durante las décadas anteriores.

Posteriormente tuve el desafío de conformar toda esa documentación en esta tesis, adaptándola a un esquema académico, completándola con nuevas fuentes de información y una selecta bibliografía. Todo esto elaborado en un conjunto que tuviera coherencia y el nivel de una tesis doctoral.

Desde que comenzaron esos estudios y hasta el momento de esta tesis de Doctorado, mi mayor deuda es con mi amiga de muchos años, la señora Marta C Bentolila, quien con su convencimiento me alentó a terminar esta satisfactoria tarea.

Buenos Aires, 14 de mayo de 1998.

Resumen.

La Primera Parte, “Exposición Analítica”, contiene una Introducción al tema. En ella se mencionan los antecedentes históricos de la relación Brasil-África, sus orígenes comunes, su largo aislacionismo, y los posteriores contactos a partir de la independencia de las colonias africanas.

En esta parte se realiza una exposición de las realidades del Continente Africano, en especial de las cuestiones agrícolas, industriales, financieras, empresariales y políticas. A continuación se resume la política exterior brasileña, su posición frente a África y la evolución de sus relaciones comerciales en cada uno de los gobiernos brasileños entre 1964 y 1992. Hacia el final de ese periodo se estabilizan las relaciones económicas y comerciales en niveles realistas con las posibilidades concretas de ambas partes pero prosigue una estrecha relación económica y política. Paralelamente, va surgiendo una nueva filosofía política integradora con los países de la Región.

Por ultimo, hay una mención al fenómeno emergente de la formación de grandes bloques geoeconomicos con fuerte identidad política.

En la Segunda Parte, “Contexto Critico”, se expone una interpretación de las causas que motivan la estrecha relación política, el auge y estado de las relaciones de Brasil con África y la integración con Argentina y los países vecinos de la Región.

La Tercera Parte, “Conclusión Integradora”, ofrece mi comprensión de la política exterior de Brasil en África, el aprovechamiento que dicha experiencia tiene para Argentina y el aporte que ello significa para elaborar una política de acercamiento al Continente Africano.

Índice.
Prefacio
Resumen
Índice
I – Exposición Analítica
A – Introducción
B – Antecedentes históricos de la relación de Brasil con África
Un pasado común
Los primeros contactos
C – La realidad de África
La cuestión agrícola
La cuestión industrial
La cuestión financiera
La dirigencia empresarial
Las condiciones políticas
D – La política exterior durante los gobiernos militares
La política respecto a la Región
La política respecto a África
1. El gobierno de Humberto Castello Branco (1964-1967)
a) La política exterior
b) La política respecto de África
c) Las relaciones económicas y comerciales
2. El gobierno de Arthur da Costa e Silva (1967-1969)
a) La política exterior
b) La política respecto de África
c) Las relaciones económicas y comerciales
3. El gobierno de Emilio Garrastazu Medici (1969-1974)
a) La política exterior
b) La política respecto de África
c) Las relaciones económicas y comerciales
4. El gobierno de Ernesto Geisel (1974-1979)
a) La política exterior
b) La política respecto de África
c) Las relaciones económicas y comerciales
5. El gobierno de João Baptista Figueiredo (1979-1985)
a) La política exterior
b) La política respecto de África
c) Las relaciones económicas y comerciales
E – El comienzo de los gobiernos democráticos
La política respecto a la Región
La política respecto a África
1. El gobierno de José Sarney (1985-1990)
a) La política exterior
b) La política respecto de África
c) Las relaciones económicas y comerciales
2. El gobierno de Fernando Collor de Melo (1990-1992)
a) La política exterior
b) La política respecto de África
c) Las relaciones económicas y comerciales
F – Las grandes unidades económicas
II – Contexto Crítico
III – Conclusión Integradora
Referencias

I – Exposicion analitica.
Este trabajo presenta una discusión acerca de la política exterior de Brasil en el Continente Africano, en especial en el África Subsahariana, durante casi tres décadas entre 1964 y 1992. Pretende demostrar que Brasil ha tenido, durante el periodo analizado, una intensa presencia y actividad en el Continente Africano a partir de un conjunto circunstancial de fenómenos ocurridos en el concierto internacional, pero que los mismos no tuvieron un motivo oportunista sino de oportunidad para el inicio y la puesta en marcha de una política exterior que fue cuidadosamente planeada para proyectarse internacionalmente.

Hacia el final del periodo en análisis, las dificultades financieras de Brasil y el mayor empobrecimiento de los países africanos limitaron seriamente el mantenimiento de crecientes relaciones económicas y comerciales. Sin embargo, Brasil continua fuerte y políticamente ligado a África mientras desarrolla una intensa integración con sus vecinos de la Región.

A – Introduccion.
Al final de la década del ‘50 e inicios de la del ‘60 se vivió una situación internacional extremadamente tensa. La Revolución Cubana en 1959, la construcción del Muro de Berlin en 1961 y la Crisis de los Cohetes en 1962 fueron algunos de los hechos que elevaron al máximo las tensiones de la Guerra Fría y se percibió como un inminente peligro de conflicto armado.

En América Latina, esa tensión se reflejo en la amenaza de la exportación de la Revolución Comunista, expresada por los dirigentes cubanos en la Conferencia de Presidentes Americanos reunidos en Punta del Este (Uruguay) en 1962. Ese hecho, influyo fuertemente en la formulación de la política de Estados Unidos para Latinoamérica que exigió de la Región una cohesión ideológica, política y económica.

Surgen así las doctrinas de la Seguridad Nacional y el carácter militar de los gobiernos latinoamericanos. Dicha acción fue considerada la mejor opción para salvaguardar el sistema capitalista en el Continente Americano. Parte de ese esquema eran las hipótesis de conflicto armado, permanentemente analizadas y revisadas por esos gobiernos, también en relación a los países vecinos.

El concepto de seguridad hemisférica se reflejo también en el Tratado de Río de Janeiro, el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) por el cual “Estados Unidos asumiría la responsabilidad primaria de la defensa regional en caso de una agresión externa mientras las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos eran reequipadas y adoctrinadas para ejercer un papel mas activo en el mantenimiento de la paz ínter hemisférica y en el desarrollo interno” (Ministerio das Relacoes Exteriores, 138).

Las políticas de sustitución de importaciones se agudizaron y se crearon fuertes reservas de mercado mediante altas barreras arancelarias y medidas para-arancelarias. En una palabra, se creo un proteccionismo idéntico en cada uno de los países de la Región.

Esa política económica permitió la evolución del intercambio comercial hasta un determinado punto. Hasta el punto en que no afectara el mercado y las producciones internas de cada país. Por encima de esos niveles se dificulto y obstaculizo el comercio.

En Brasil comenzó el llamado boom económico y el país creció a una tasa media anual del 8%. La producción industrial brasileña necesito de nuevos mercados para colocar sus excedentes, mercados que por las razones políticas económicas y estratégicas, tenían un tope máximo en los países limítrofes.

Fue así como, desde mediados de la década del ‘60, África comenzó a tener un lugar reservado en la política exterior brasileña y se sumo al comercio con los países vecinos.

A comienzos de esa década se sucedieron las independencias de la mayoría de los países africanos por el proceso de descolonización que emprendieron las grandes metrópolis europeas. Brasil, además de otorgarles reconocimiento diplomático, inicio el envío de misiones oficiales, empezó la apertura de embajadas y concreto la firma de acuerdos de cooperación técnica, cultural y comercial.

La década del ‘70 fue el periodo durante el cual evolucionaron mas las actividades comerciales y las acciones políticas entre Brasil y el Continente Africano, impulsadas adicionalmente por la necesidad brasileña de encontrar nuevos proveedores de petróleo en medio de la crisis de la energía. El déficit energético de Brasil fue el otro motor del mayor interés por África.

De esta forma, el intercambio comercial a través del Atlántico paso de l00 millones de dólares en 1970, a unos 1.150 millones en 1979.

Estas cifras son elocuentes en cuanto al crecimiento operado en el lapso de 10 años pero no fueron significativas ni en términos absolutos ni en términos relativos para Brasil o para África.

Hasta mediados de la década del ‘80, las relaciones comerciales entre Brasil y África no disminuyeron. Se intensificaron y se diversificaron, pero en forma mas selectiva.

Por aquel entonces, los efectos de la crisis de los mercados comerciales internacionales y el aumento de las tasas de interés que obligaron a Brasil a realizar mayores esfuerzos financieros para poder cumplir con el pago de los servicios de su abultada deuda externa, tuvieron su impacto político, económico y comercial en la política exterior de Brasil. “Entre 1970 y 1985 el volumen del intercambio comercial había pasado de 130 millones de dólares a mas de 3.270 millones. Diversas empresas brasileñas se instalaron en África y fueron creadas rutas aéreas y de navegación regulares para el Continente vecino. Hoy (1993) esa auspiciosa realidad no alcanza tales proporciones. La crisis económico financiera iniciada en los primeros años de la década del ‘80 produjo efectos devastadores interna y externamente. Los números del comercio disminuyeron. En 1990 las exportaciones habían caído a 613 millones de dólares y las importaciones para 403 millones, lo que no impidió que la relación Brasil-África ganase dimensiones nuevas” (Andrade 41 y 42).

Como consecuencia de los desaciertos políticos y económicos de los gobiernos militares en América Latina, que culminan con la incursión argentina en la Guerra de las Malvinas, los gobiernos autoritarios perdieron credibilidad para sus pueblos y para Estados Unidos. Empezaron a sucederse en todo el Continente Sudamericano, una ola de gobiernos democráticos que permitió establecer relaciones de confianza con los vecinos. Brasil busco en los países limítrofes de la Región a los aliados políticos, económicos y comerciales para enfrentar en mejores condiciones las nuevas dificultades económicas y la formación de bloques geopolíticos en el mundo.

A partir de 1985, se inicio un cambio sustancial en la política exterior de Brasil. La prioridad estuvo constituida por la integración con Argentina, su vecino más importante en la Región y en el Continente Latinoamericano.

Por este conjunto de razones, a las que se agregaron las propias del Continente Africano, las relaciones comerciales con África decayeron rápidamente. En 1991, la integración con Argentina se amplio con la incorporación de Paraguay y Uruguay en la formación del Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

Además de ello, Brasil mantiene presencia en África. Las distintas intensidades de las relaciones no se reflejan solo en las oscilaciones del comercio exterior. Hay que observarlas también en la asistencia tecnológica, en la prestación de servicios y consultoras, en la presencia artística, cultural y deportiva.

Resulta interesante analizar como se produce esa evolución en las relaciones de Brasil y el Continente Africano, porque supongo que la política exterior brasileña ha respondido a una estrategia, no solo de oportunidad económica, sino también a un principio de seguridad nacional y de alianza estratégica con los países africanos.

Deseo aclarar que cuando me refiero al Continente Africano lo hago para los países del África Subsahariana, es decir, a África del Sur, Angola, Benin, Botswana, Burkina Faso, Burundi, Cabo Verde, Camerún, Chad, Comores, Congo, Costa de Marfil, Djibouti, Etiopia, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Kenya, Lesotho, Liberia, Madagascar, Malawi, Malí, Mauritania, Mauricio, Mozambique, Namibia, Níger, Nigeria, Republica Centro Africana, Rwanda, São Tome e Príncipe, Senegal, Seychelles, Sierra Leona, Somalia, Sudan, Swazilandia, Tanzania, Togo, Uganda, Zaire, Zambia y Zimbabwe.

Los países de la Cuenca del Mediterráneo como Argelia, Egipto, Liberia, Marruecos y Túnez, han tenido una relación comercial mas tradicional y regular con Brasil.

Cuando menciono a Brasil y a la Región me refiero a los países limítrofes y vecinos de América del Sur: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Venezuela y Uruguay.

Los estudios que se presentan a continuación constituyen los fundamentos teóricos a partir de los cuales voy a validar la hipótesis expuesta en primer término. A.

Buenos Aires, Argentina. Diciembre 1997.
 

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Politica Exterior

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