Publicado en:
Prensa Economica. No 310, pag 118 y 119. Octubre 2012. Buenos Aires, Argentina.
 

Homenaje a Sarmiento.
Independientemente de las opiniones personales y posturas políticas, el esquema educativo actual mantendrá vigencia por varias décadas. Revertirlo es imposible en el corto plazo, improbable en el mediano e incierto en el futuro. La finalidad de los objetivos actuales es manifiestamente política.
 
Nadie, o pocos, deberían tener dudas de como será la Argentina de los próximos 25 o 30 años. No resulta racional basar esa estimación basada en las perspectivas del precio internacional de la soja, ni de la cantidad y calidad de los recursos naturales. El mundo tiene abundantes ejemplos de países prósperos y países que se debaten en el subdesarrollo más aberrante para cada uno de esas características. Pero si puede preverse cuál será el desarrollo económico, social y cultural del país en función del nivel de educación de las generaciones actuales.
La característica fundamental, quizás la prioritaria, para la prosperidad de los pueblos es, sin duda, la educación. Y el nivel de la educación actual es producto de las políticas en la materia de las últimas décadas. Tampoco es producto de legislaciones en la materia, acertadas o no, sino de su cumplimiento. Es el resultado de una combinación de los objetivos de la comunidad social y los líderes políticos elegidos junto a la empecinada voluntad de llevar adelante esos objetivos en conjunción con sus intereses. Y estos pueden diferir entre un periodo histórico y otro.
 
Por otra parte, el tiempo juega un papel fundamental en el proceso educativo. Al igual de lo que ocurre en la agricultura. No por nada, culto y cultura tienen la misma raíz, aplicadas a las tierras y plantas cultivadas. Cultura es la instrucción, la ilustración, la sabiduría resultante de haber cultivado los conocimientos humanos. Así como educar es enseñar y doctrinar, desarrollar la inteligencia y dirigir y encaminar la inclinación de los jóvenes.


Bernardo Houssay (1887-1971)

La siembra.
 

Veamos cómo se puede aplicar este razonamiento al proceso educativo en Argentina. La rectora Ley Suprema de la Nación, la Constitución de 1853, precede a las llamadas Presidencias Nacionales de Mitre (1862-1868), Sarmiento (1868-1874) y Avellaneda (1874-1880), todos ellos con muy importantes logros en la educación común. Mitre funda el primer colegio nacional, Sarmiento diagrama el programa de escuelas normales con sus famosos maestros estadounidenses (Boston era el centro de la excelencia educativa de la época), y Avellaneda y su sucesor Roca lograron sancionar la Ley 1420, de educación común, obligatoria, laica y gratuita que constituyó piedra basal del sistema educativo argentino, ejemplo de América, y en la que se formaron y transformaron las colosales oleadas de inmigrantes que recibiera el país para incorporarse a la modernidad. Fue el ciclo de la siembra, fueron unos 50 años, hasta la década de 1930.
La cosecha.
 
El periodo siguiente constituyeron cinco décadas de continuidad de ese sistema educativo de excelencia y cuando la inversión realizada muestra buena parte de los beneficios que lleva implícita la educación. Uno, solo uno de los parámetros de medición de esa excelencia educativa es el reconocimiento mundial de los Premios Nobel en los campos de las investigaciones y las contribuciones notables para el beneficio de la humanidad y de la sociedad que otorgados a argentinos formados en el sistema educativo del periodo anterior. En 1936, Carlos Saavedra Lamas (1878-1959) alcanzaba el Premio Nobel de la Paz, Bernardo Houssay (1887-1971) el de Fisiología y Medicina en 1947, Luis Leloir (1906-1987) el de Química en 1970, Adolfo Pérez Esquivel (1931) el de la Paz en 1980, y Cesar Milstein (1927-2002) el de Fisiología y Medicina en 1984.

Con este último galardón se cierra el ciclo de 50 años de cosecha de triunfos, victorias, conquistas, palmas y logros de la siembra del periodo anterior, sintetizados en los reconocimientos de la Academia sueca, pero no los únicos.


Alfredo Sileoni, Ministro de Educación

Un nuevo periodo de siembra.
 

En la actualidad, y desde hace mas de tres décadas, transcurre la nueva etapa de la educación argentina, no el que persigue la excelencia en la investigación, las ciencias y el conocimiento, sino el de la formación de líderes políticos. Con toda precisión lo sintetizó el Ministro de Educación Alberto Sileoni el pasado 24 de julio, al celebrar las ocupaciones de los colegios Nacional Buenos Aires y Carlos Pellegrini (al que asistí entre 1956 y 1961), ambos dependientes de la Universidad de Buenos Aires, y que las calificó como “una cocina de participación democrática” y un “reaseguro para el futuro”. “Es un triunfo de la democracia y un triunfo de la educación. Lo primero que me sale es celebrarlo. La verdad que es una cocina de participación democrática, donde se aprende”. Y agregó: “algunas cuestiones que pueden gustar más o menos, es una demostración de madurez política, y hay que celebrarlo”.

Alumnos en huelga.
Buenos Aires.

Las primeras cosechas.
 

Los resultados de este nuevo periodo de la educación argentina están ya evaluados mundialmente. En las últimas pruebas del Programme for International Student Assessment (PISA) de la OECD, Argentina logró el puesto 58 de 65 países participantes. En ese conjunto no participan ni Angola ni Azerbaiyán, los países del reciente interés de la política exterior argentina. En la reciente 53ª. Olimpiada Internacional de Matemáticas, organizada en Mar del Plata, realizada del 4 al 16 de julio, Argentina se ubicó en el puesto 54 sobre 99 países participantes.

En el campo de las profesiones, el Dr. Alejandro Malbrán ejemplifica sintéticamente “nos dimos el lujo de despedir al prodigioso Bernardo Houssay, siendo ya premio Nobel, mientras un grupo de mediocres festejaba y tomaba su lugar; alejamos a Cesar Milstein a Inglaterra; Luis Federico Leloir se negó a ser parte de la UBA; perseguimos a científicos por sus ideas política; diseñamos concursos cerrados y a medida para los amigos, tomando la antigüedad en el cargo como máximo puntaje y los trabajos científicos como el mínimo. Desdeñamos todo ejemplo internacional sobre educación medica”.
Ocupacion de escuelas.

Conclusión.
 

Resulta obvio que los mencionados no son los foros adecuados para medir el desarrollo y éxito de las políticas educativas en vigor en Argentina. Aun no se han implementado los que contemplen el éxito de la participación políticas de los estudiantes en las aulas, la eficacia de las medidas de fuerza en las escuelas, el nivel de desorden provocado por los estudiantes en la comunidad, la complicidad de los padres en el apoyo irrestricto de los desmanes de sus hijos en la vía pública y con losbienes del Estado… Seguramente en ese ranking podremos estar en el pelotón superior, o aun ser líderes mundiales.

Aun quedan dos décadas mas, dentro del ciclo de los 50 años, para alcanzar las metas que permitan mayores celebraciones por parte de los próximos ministros de “educasion”. Por lo tanto, resulta imposible esperar modificaciones en el corto plazo, improbable en el mediano e incierto en el futuro. Quizás en el próximo ciclo de 50 años…. A.

Buenos Aires, Argentina. Julio 2012.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Categoria

Sin categoría

Tags

, , , ,