Los conventillos de fines del siglo XIX y principios del XX en Buenos Aires fueron un factor decisivo en la creación de la nacionalidad argentina donde se mezclaron razas y religiones.

No caben dudas, y mucho se ha escrito, sobre el inmenso valor que tuvo la sanción en 1884 de la Ley 1420 sobre la enseñanza obligatoria, laica y gratuita al principio de las décadas en que el flujo inmigratorio de europeos mediterráneos fue más intenso y que originó uno de los debates más intensos y de largo alcance en la historia argentina. En especial el referido a la inclusión de contenidos religiosos en los programas escolares y que enfrentó al Estado nacional con la poderosa Iglesia católica.

El otro factor aglutinante de la sociedad argentina fue la organización del servicio militar obligatorio, Ley 4301 aprobada por el Congreso en 1901. Con esta ley, el Estado contó con una herramienta más para forjar la idea de ciudadanía y de igualdad ante la ley. En los cuarteles se instalaron escuelas para los conscriptos, que colaboró así en la lucha contra el analfabetismo y la integración de los hijos de inmigrantes, además de talleres de oficios con que se dotaba a los ciudadanos de una formación laboral.

Ambos mecanismos, actuando conjuntamente, fueron los elementos con los que el Estado moldeó a la naciente población para convertirlos en ciudadanos nacionales. Primero, de los 6 a los 13 años, y luego, nuevamente, a los 20. Construyó una verdadera “fábrica de argentinos” que permitió la identificación de personas y la confección de padrones electorales que culminó con la sanción de la Ley 8.871 del voto universal, secreto y obligatorio.

En este valioso proceso de la formación de la ciudadanía argentina de la época también jugaron un importantísimo papel los numerosos conventillos de Buenos Aires. Estas viviendas colectivas fueron el hogar de muchos inmigrantes europeos recién llegados y en no pocos casos, ofrecían mejores condiciones de vida que las de sus lugares de origen. Además, dentro del proceso de crecimiento y desarrollo del país, se constituían en viviendas transitorias para trabajadores que con empeño y sacrificio lograban ahorrar lo suficiente para adquirir lotes en el suburbano bonaerense y construir sus propios hogares familiares. Así, junto con las facilidades que ofrecían los medios de comunicación de la época (tranvías, ferrocarriles) surgieron la mayoría de los barrios que rodeaban al centro de la ciudad y, posteriormente, a esta.

Pero la importancia a destacar del conventillo como elemento aglutinante de la sociedad argentina y de su ser nacional está dada porque ellos fueron los molinos donde se formaba el nuevo habitante del país, donde convivían gente de todas partes, donde se mezclaban idiomas y dialectos, maneras de comer y de cantar, amores entre los recién llegados y los naturales del país, de distintas religiones, hábitos y creencias, donde no existían discriminaciones raciales ni religiosas. Fue un caldo de cultivo para la cultura popular y, sin duda, el tercer elemento que contribuyó a la formación de la nacionalidad argentina. A.

Virginia, Estados Unidos. Marzo 2015.

 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Categoria

Sin categoría

Tags