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• Sociedad Argentina de Corea. Seúl, Corea. 22 mayo 2007.
• Tiempo Agroempresario, Año IV, No. 43, pag. 49. Buenos Aires, Argentina. Julio 2007.
Quiero agradecer la presencia de todos Uds. en este Seminario sobre las relaciones entre Argentina y Corea, y a los que me precedieron en la exposiciones, Ki Soo Kwon y los Profesores Young Shil Cho y Yoon Kook Choi. También al Presidente Yang Boo Choe de esta flamante Sociedad Argentina de Corea, que honra a todos los argentinos residentes en Corea, y por su intermedio a todos los que con su esfuerzo y laboriosa dedicación hicieron posible esta realización. A el y a sus directivos les expreso mi gratitud por el reconocimiento que me acaban de entregar y que he recibido con gran emoción.

Luego de poco más de seis años llega a su término mi estadía en Seúl, Corea. A partir de mediados de julio próximo estaré de regreso en Buenos Aires. Fueron años de interesante e intensa actividad, de importantes vivencias y experiencias en este apasionante “Reino Ermitaño”.
Aproveche la oportunidad de mi estadía en Asia para visitar y conocer muchos países de la región y comprobar el importante crecimiento económico del área Asia-Pacifico. Este hecho fue un privilegio para quien ha trabajado durante 40 años en la promoción del comercio y el desarrollo de las relaciones internacionales en Uruguay, Estados Unidos, Canadá, Nigeria, Brasilia, Chile, Río de Janeiro y este ultimo destino en Corea.
Asia, en su conjunto, emerge con la fuerza y riqueza de su cultura milenaria, con la obsesión religiosa por el estudio y la educación, sabiendo que el desarrollo científico y tecnológico no es solo una meta sino que es la clave para asegurar su futuro.
Junto con políticas económicas adecuadas, permanentes y persistentes los países asiáticos han demostrado que el desarrollo económico es posible, que no es una utopía de los discursos electorales. Ahora no caben dudas que el fiel de la balanza del poder mundial se moverá varios grados hacia el Este en el próximo decenio.

En Corea, el crecimiento económico ha sido vertiginoso. A tal punto que en la actualidad conviven dos generaciones distintas: la de los 84 dólares anuales per capita del año 1964, con sectores de la población con elementales niveles educativos, tosca, ruda, todavía acostumbradas a las limitación de todo tipo, sacrificados en el trabajo hasta el extremo, incomprendida por las nuevas generaciones de sus propios hijos, con viviendas modestas, escasamente confortables. Y la otra Corea, la actual, la moderna, la de casi 20.000 dólares anuales per capita, bien alimentada, con el acceso y el dominio a los medios de comunicación informáticos mas avanzados, familiarizados con la tecnología y la computación.
De esta forma Corea se convierte en un ejemplo histórico, junto con Inglaterra que después de la Revolución Industrial necesitó 60 años para duplicar su nivel medio de ingresos; junto a los Estados Unidos que le tomó casi 50 años en el siglo XIX para alcanzar el mismo logro; junto a Japón que necesitó 35 años después de la revolución de los Samurai. Corea alcanzo ese objetivo en apenas 11 años después de la década de 1960. Un record que ahora esta superando China realizando la proeza de duplicar su nivel de vida en menos de una década.
Desde esa óptica, haber conocido y vivido este momento histórico, ha sido un privilegio. Esos conocimientos y esas vivencias son las que intente transmitir en mis escritos y en mi trabajo cotidiano con los empresarios argentinos, con los dirigentes empresarios, con los operadores comerciales, con las propias autoridades nacionales y provinciales con las que tuve ocasión de ponerme en contacto, o mejor dicho de buscar y provocar los contactos.
Tengo la satisfacción también de haber logrado una comunicación fluida, constante y persistente con los operadores comerciales, con los exportadores, con los empresarios industriales y agropecuarios.

Si bien la cantidad no es sinónimo de calidad, lo cierto es que desde principios de 2002 y hasta este mes de mayo de 2007 se enviaron mas de 195.000 comunicaciones informando permanentemente las oportunidades comerciales en Corea, los perfiles del mercado coreano para distintos productos argentinos, los principales indicadores económicos y los destaques de la relación comercial bilateral, notas, artículos y novedades de interés para una extensa nomina de receptores.
Toda esa tarea estuvo encaminada a aumentar y modificar la composición de las exportaciones argentinas a Corea que por otra parte mantiene la misma estructura y tendencia de las ventas argentinas a todo el mercado internacional, es decir una fuerte, tradicional y marcada participación de los productos primarios y de las manufacturas de origen agropecuario. Corea no fue la excepción: en 2001 los primeros 15 productos de exportación representaban el 97% de las ventas totales a Corea. En 2006 una muy leve variación positiva, 18 productos concentraban el 96% de las exportaciones.
Dentro de ese conjunto ha habido algunas destaques interesantes. Las exportaciones argentinas de vino a Corea fueron explosivas en los últimos 6 años. Pasaron de 22.000 dólares en 2001 a 1,8 millones en 2006, un aumento del 7.927%, y mantienen el mismo ritmo creciente en 2007, con una participación del mercado que comenzó con niveles insignificantes hace pocos años y actualmente detenta el 2,2% del total, con mucho espacio para crecer.
Otro producto “estrella” es el queso mozarella, que se ubico dentro de los primeros principales 18 productos exportados a Corea en 2006. Y actualmente estamos realizando la misma tarea de promoción de largo plazo para el aceite de oliva. Confío que tendré buenas noticias y la misma satisfacción en unos 4 o 5 años.

El mayor impedimento del desarrollo del comercio exterior argentino se refiere particularmente a lo errático de nuestras políticas económicas, que nos condenan a ser meros abastecedores de materias primas para el mundo, con muy honrosas y pocas excepciones. Como expresara en muchas oportunidades, ni la imaginación y empeño de los funcionarios diplomáticos involucrados irrenunciablemente en esta tarea, ni el esfuerzo y sacrificio de los pequeños y medianos empresarios con los cuales trabajamos estrechamente, podrán tener éxito sin políticas y continuidad adecuadas. Por lo tanto, son necesarios otros condicionantes para que esta labor tenga la trascendencia buscada.
Otro tema sorprendente para mi fue el desarrollo coreano en materia educativa. Considero a la educación como uno de los elementos claves en la estrategia para lograr el desarrollo económico. Los países del Este y Sudeste asiático, y Corea en particular, ofrecen un buen ejemplo de los logros que se obtienen y el significado de la calidad de la enseñanza.
Las evaluaciones que en materia educativa se realizan en el ámbito mundial, otorgan a Corea uno de los liderazgos en el conocimiento de matemáticas, que se viene repitiendo desde hace varias décadas. El logro de un nivel de educación elevado en el conjunto de la población es lo que ha permitido el fabuloso grado de adelanto tecnológico e informático.
La obsesiva preocupación de la población por la educación en forma competitiva y una actitud positiva hacia el trabajo, fueron los elementos básicos del éxito sobre los que se apoyo una adecuada política económica. No hubo ningún componente “milagroso” en la recuperación económica de Corea a principios de la década de 1960, cuando el país estaba arrasado por la guerra y sumido en la miseria. En un par de generaciones, Corea alcanzó el 99% de alfabetismo y más de un 20 % de la población con estudios universitarios completos.

La valoración de la calidad de la enseñanza en forma competitiva, por parte de la sociedad, el Gobierno y los empresarios, permitió superar el desempleo y la marginación. Y los jóvenes estudiantes saben que no podrán tener mejores empleos que sus padres si hoy no aprenden en la escuela más que ellos. La educación ha sido, por lo tanto, uno de los elementos originales y destacados en la estrategia para lograr el crecimiento económico. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.
El dominio de la tecnología de última generación resulta indispensable para que Corea se mantenga a la vanguardia de la competencia global en tecnología industrial, información tecnológica, biotecnología, tecnología ambiental y nanotecnología.
La importancia de la educación, la actitud de la población, de los empresarios y del Gobierno respecto de ella fue puesta a prueba a fines de 2001, a los pocos meses de haber llegado a Seúl, cuando se produjo el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ese acontecimiento significó un reto para la economía mundial y en especial para la dirigencia política y económica de los países asiáticos que exigió ajustes en las políticas económicas y comerciales para encarar este nuevo desafío global aun más agresivo.
La respuesta de Corea fue una apuesta aun más fuerte y un incentivo adicional para el desarrollo científico y tecnológico en todas las ramas de la industria además de la informática y comunicaciones. De esta forma, casi con un sentido de supervivencia, Corea enfrenta con mayores posibilidades de éxito la competencia del gigante asiático en el mercado internacional.

La brecha con Europa y Estados Unidos en materia de genética, electrónica, computación, nanotecnología y micromateriales se va acortando mientras se amplia con América Latina, tanto en términos absolutos como también en términos relativos.
Bernardo Kliksberg resume acertadamente la realidad de América Latina cuando menciona en su obra “Hacia una economía con rostro humano” (FCE 2002, pág. 109) que “es frecuente en América Latina la profunda distancia entre el discurso -lo que “se dice”- y la acción real -lo que “se hace”-. Un área donde esa brecha aparece con mucha fuerza es la educación. En el discurso, se insiste en que (la educación) es una de las mayores prioridades, que debe apoyarse totalmente. En los hechos, otras han sido las realidades de la región en las últimas décadas. En este caso, la inconsistencia se esta pagando muy caro: relegar la educación, además de causar serios perjuicios directos a la población, tiene graves consecuencia macroeconómicas. Los países que recitan loas a la educación pero no hacen esfuerzos sistemáticos por ella, tienen trabas agudas para crecer”.
Y en especial cuando menciona “…los países del Sudeste Asiático han partido de niveles educativos en diversos casos inferiores a los de América Latina en los años cincuenta, y han conseguido, mediante políticas sistemáticas de inversión y apoyo a la educación, importantes logros en cobertura y calidad”.
En síntesis, las bases de un verdadero desarrollo no dependen solo de un programa económico y una conducción política adecuada que permita reducir los niveles de pobreza. La prosperidad de una nación no es exclusivamente el resultado del acierto de las políticas macroeconómicas y los incentivos macroeconómicos sino de la generación, en la comunidad toda, de las condiciones básicas de cultura y educación para el desarrollo.

El ejercicio de la docencia ha sido otro motivo de satisfacción. He tenido la oportunidad de dar charlas regulares y cotidianas en las Universidades de Pusan, Chonju, Taegu, Duksung, Kyung Hee, Hankuk, Dankook, Hanyang y en la Universidad de Corea. Eso me permitió varias cosas. En primer lugar estar en contacto con la juventud de Corea, atendiendo sus inquietudes y sus consultas, transmitiéndoles las vivencias de un occidental y un sudamericano viviendo en su propio país. Otra fue la de darles a conocer otras realidades de este mundo, la realidad latinoamericana, la historia de Argentina, sus principales características, su realidad política y económica actual. Otra, tanto o mas importantes que las primeras, fue que me permitió estar en contacto con chicas y muchachos que tienen las edades de mis propios hijos y a los que he tratado como tales, por ser las generaciones que nos suceden en nuestras vidas, no importan donde ellas se encuentren.
Lo demás, las reuniones bilaterales, la elaboración de memorandums de entendimientos, la negociación de acuerdos bilaterales, los trabajos para cumplir y superar las regulaciones sanitarias y otras tantas tareas, sus logros o sus demoras, fueron y son parte de la rutina diplomática.
Solo dos menciones especiales y particulares fuera de la rutina. Una fue la mudanza de la Embajada, por primera vez desde que se establecieron las relaciones diplomáticas entre ambos países a unas oficinas adecuadas para tal fin. En los comienzos la Embajada Argentina funcionó por muchos años en el subsuelo de la Residencia. Luego por 10 años más, en una residencia particular, totalmente inadecuada para una representación diplomática. A los 8 meses de haber llegado a Seúl, logramos instalar las oficinas en el edificio actual, renovar todo el mobiliario y tener despachos y lugares de trabajos adaptados a nuestras necesidades.

El otro motivo de satisfacción fue haber podido concretar la iniciativa de una muestra artística única y primogénita en Corea, “El arte de los diplomáticos”, una exposición exitosa de pinturas latinoamericanas que logre realizar junto a la incansable voluntad y tarea de la única persona que me acompañó en este esfuerzo, la curadora Ahn Jin Og.
En 2001 llegue a Seúl para integrar un excelente equipo de trabajo junto al Embajador Rodolfo Rodríguez y formado por otros cuatro colegas diplomáticos de carrera. La crisis argentina de fines de ese año fue reduciendo el personal hasta quedar conformado por el Embajador Rodríguez y por mí. La estrecha y larga relación de amistad que me une a Rodolfo desde hace 4 décadas permitió que la tarea no se resintiera sino que en alguna medida aumento en calidad. Fue un periodo de enorme coordinación y efectividad.
Ahora, frente al inminente regreso a Argentina, experimento la mezcla de sentimientos que se generan en estas oportunidades. Solo los colegas de profesión que han pasado por similares circunstancias lo saben con exactitud.
Los sentimientos mezclados son fáciles de comprender. Por un lado la alegría de regresar a Argentina, a las costumbres propias, a los amigos, a los gustos y comidas, y también a enfrentar nuevos desafíos, a emprender una vida nueva, iniciar una nueva etapa.
Por otro lado esta la tristeza de dejar lugar donde he vivido los últimos 6 años, los amigos de Seúl, los lugares y las personas conocidas con las que me saludo a diario, los afectos de los vecinos, los personajes anónimos de la vida cotidiana, la Ayumma (Señora) de la despensa próxima a mi casa, el Ayeossi (Señor) de la tintorería, también mi vecino, la Ayumma peluquera, que me atendió 72 veces y con quien solo me comunique con sonrisas. Ellos y otros vecinos mas, la verdadera cara de Corea para mi.
Quiero agregar algo simple. Ya he pasado por esta misma situación de dejar afectos en distintos lugares unas quince veces. Esta será una mas. Pero la práctica no se ha hecho costumbre ni insensibilidad. No. Vivo estos sentimientos con la misma emoción de la primera vez. Y eso me da paz y la intima alegría de mantener mis sentimientos permeables a las emociones intensas. A.


Ministro Carlos A. Fasciolo
Embajada Argentina en Seúl, Corea. Mayo 2007.

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