…y las redes sociales
 
Su vida fue un ejemplo. Eso de salir de 27 crueles años de cárcel lleno de amor y comprensión y forjar un país nuevo, es único. Eso, en lugar de construir museos de la memoria, del resentimiento, del holocausto. ¡Qué ejemplo! En lugar de exacerbar el odio y la división, sembrar la conciliación sin imposición, sin fanatismo. Ni las religiones, que hacen alarde de propagar el amor y la caridad pero son la causa principal de las guerras de la humanidad, logran eso.

Impactante la desaparición física de Nelson Mandela. Su legado es trascendente. Es la diferencia entre nosotros, los simples mortales, y las personas excepcionales.
Las redes sociales hirvieron de mensajes sobre su vida, su obra y su ejemplo.
Muchos otros estuvieron ausentes o se les pasó inadvertido. Fueron aquellos que solo usan esas redes para colocar mensajes de fiestas, farras, sus comidas, sus reuniones, sus vacíos mensajes de auto ayuda (cuando en realidad necesitarían un equipo de psicólogos –y dietólogos- para que los saquen de sus nubes de fantasía). Quizás habría que aprovechar la opción de darles de baja definitivamente de la nómina de “amigos” por ligeros, inservibles, irresponsables, insensatos, alocados, necios, insignificante, triviales, intrascendentes, baladíes, frívolos, despreciables. Que llevan una vida desperdiciada, malgastada, derrochada, despilfarrada, dilapidada, desprovista de sentido social, comunitario,  solidario, previsor, responsable. Resumiendo, una vida inútil.
Como diría Francisco Pascasio Moreno (1852-1919), el perito Moreno, un gran “divisor de aguas” este episodio, no? Así debería ser. A.
Virginia, Estados Unidos. Diciembre 2013.

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