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El Cronista Comercial. Pág. 4. 19 agosto 1980. Buenos Aires, Argentina.

¿Cómo será nuestro mundo dentro de 20 años? ¿Dónde estarán los centros de poder? ¿Cuáles serán las fuentes de energía al comenzar un siglo que señalará el fin de la efímera era del petróleo?
Estas propuestas han dejado de ser materia de los futurólogos en un mundo que marcha muy aprisa y en el que las naciones y las empresas se esfuerzan en realizar las mayores y mejores previsiones para el mañana.

Por otra parte, la crisis de la energía asestó un duro golpe a las economías industrializadas del mundo. Un golpe del que aún no pueden reponerse totalmente. El esquema económico vigente hasta fines de 1973 se vio sacudido por la simple coordinación y audacia de un pequeño grupo de países que controlaban la mayoría del aprovisionamiento mundial de un producto básico: el petróleo. Así, de la noche a la mañana, países hasta ese entonces casi desconocidos aparecieron en las primeras páginas de los diarios como nuevas potencias, de reinados tan duraderos quizás como sus propias existencias de petróleo y gas se lo permitan.

Pero en el mundo industrializado, las potencias tradicionales del último par de siglos no parecen dispuestas a soportar otro golpe semejante y han intensificado no sólo sus investigaciones sobre nuevas fuentes energéticas, sino también las acciones destinadas a asegurarse sus fuentes de abastecimientos. Los esfuerzos se concentran ahora en la alternativa nuclear y su materia prima: el uranio. Y África produce actualmente más de un tercio del total del mundo, excluidos aquellos países de economía centralmente planificada.

El interés de las reservas africanas.

Hasta 1979 existían cuatro países productores de uranio en África: Gabón. Namibia. Níger y Sudáfrica. El conjunto de los cuatro países produjo cerca de 14.000 toneladas de uranio en ese año sobre casi 41.000 toneladas que fue el total de los países occidentales. El alto costo del petróleo y la necesidad de nuevas fuentes energética hizo que se comenzaran a llevar a cabo nuevas investigaciones en otros países africanos que se los supone depositarios de importantes yacimientos de este valioso mineral: Botswana. Mauritania. República Centro Africana, Togo y Zambia.

Es curioso el interés que en ese mundo industrializado han despertado estos países en su mayoría pequeños y económicamente pobres. Francia, por ejemplo, que busca afanosamente su independencia energética, explota los yacimientos de Mounana, descubierto en 1956, y Oklo, en su ex colonia de Gabón. Allí la Compagnie des Mines d’Uranium de Franceville (COMUF) 1.500 toneladas anuales de uranio y se encuentra explotando un tercer depósito en Okelobondo. Otro vasto conjunto de posibles yacimientos están bajo la exploración de la empresa francesa. COGEMA, dos de ellos en joint ventures con el gobierno gabonés. El uranio es procesado en Gabón hasta una concentración del 52% antes de ser enviado a Francia por vía aérea.

Los depósitos de Níger, paupérrimo país de 200 dólares anuales de ingreso per capita, están ubicados en Arlit, que data de 1966, Akouta de 1978, e Imouraren, el más grande y de reciente descubrimiento. Los dos depósitos citados en primer término producen 3.500 toneladas, pero en este caso varias compañías de distintos países están involucradas en su explotación: AGIP (italiana). CEGB (británica). Urangesellschaft (Alemania Occ.), y Exxon (USA). El uranio se transporta por tierra hasta Niamey, capital de Níger, y de ahí por aire hasta los centros procesadores.

En Sudáfrica, todo el uranio se obtiene como subproducto, valioso por cierto, de las no menos valiosas explotaciones de las minas de oro. Las empresas que participan en ese país son fundamentalmente locales pero hay también otras europeas.

Namibia, un Estado de compleja soberanía y del cual Sudáfrica se niega a reconocer su independencia, posee el yacimiento más rico del mundo, el de Rossing, con una producción de 5.000 toneladas anuales. Este yacimiento es explotado por acuerdo de empresas británicas, sudafricanas y estadounidenses. Pero las empresas sudafricanas están buscando otras reservas en el país, que suponen tan generosas como la de Rossing. Algunas de ellas ya producen en conjunto unas 2.000 toneladas anuales.

Los próximos participantes.

Otros dos países en los que se supone existe un importante potencial en uranio son Botswana (460 dólares anuales de ingreso per cápita) y Zambia (480 dólares). En Botswana, los yacimientos fueron detectados mediante un relevamiento aeromagnético, realizado por una empresa canadiense en busca de níquel. También la Urangesellschaft, de Alemania Occidental, Union Carbide y United States Steel, de Estados Unidos, están en la búsqueda de minerales radiactivos y oro.

En Zambia los yacimientos fueron localizados tiempo atrás y los trabajos para su explotación se encuentran muy adelantados por la AGIP italiana. Sin embargo, la explotación de una mina de uranio demora de 5 a 10 años debido a los enormes gastos que deben realizarse, la moderna tecnología a emplearse y la diversidad de especialistas que intervienen en ella. Por lo tanto no se espera que estos países se incorporen como activos productores antes de 1990.

Llama la atención que, hasta el presente ningún país de régimen comunista ha demostrado interés por los yacimientos africanos de uranio. La única excepción la constituye una compañía del Estado rumano en un pequeño depósito de Lesotho. En cambio, Níger acaba de merecer la visita nada menos que del vicepresidente de los Estados Unidos, Walter Mondale, en su reciente viaje a África, a mediados de julio.

No debe descontarse que el auge de la utilización cree nuevas modificaciones en el complejo rompecabezas del continente negro. Los autores de novelas de ciencia ficción, de hechos que ocurren en un futuro muy cercano, podrán encontrar aquí un vasto campo para sus imaginaciones. A.

Lagos, Nigeria. Agosto 1980.

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