Publicado en:
Tiempo Agropecuario. Año III. No. 28, pag.30. Junio 2006, Buenos Aires, Argentina.


Resulta interesante observar lo que esta ocurriendo en Asia para admitir que el desarrollo económico es posible. Y lo que es más importante, es posible en el corto plazo. Pero también sirve para comprender la verdadera dimensión de la competencia que tendrán que enfrentar nuestros operadores comerciales y las dificultades que deberán superarse para lograr una adecuada inserción en el mundo globalizado. El logro de mayores exportaciones, mayores inversiones y el progreso económico.

 

Llama la atención la facilidad con que se expresan y difunden los nuevos proyectos de políticas sin mayor sustento que el efecto mediático que ellas producen. Parece que la palabra nuevo da una cierta garantía de éxito pero en realidad los contenidos pueden llegar a ser la suma de las incongruencias del pasado, que solo producen daño y desconfianza en la sociedad.
Frecuentemente, tan frecuentemente como se suceden los responsables o irresponsables dirigentes políticos (según corresponda), se escucha hablar de la “nueva política”. O las “nuevas políticas comerciales” que se agregan a las “nuevas” anteriores que nada, ni siquiera poco, aportaron a la solución de nuestros problemas. Por el contrario, crean mayores frustraciones y descreimiento.
Sin embargo, en los países asiáticos hay ejemplos exitosos de políticas coherentes mantenidas durante décadas que han hecho de las exportaciones, el verdadero motor del comercio exterior y de la economía en su conjunto.
Corea, Japón, Hong Kong y China, Taiwán, Singapur, y crecientemente Tailandia, Vietnam, Malasia, son ejemplos de países con elevados niveles de comercio exterior, con mano de obra, técnicos y especialistas de una clase social también emergente, y un marcado desarrollo tecnológico. Algunos de ellos, como Corea, Japón, Hong Kong, Taiwán y Singapur, cuentan con escasos o ningún recurso natural.
En el caso de este ultimo grupo de países, las exportaciones se han afirmado en un conjunto de productos de muy alto valor agregado y elevada tecnología como equipos de telecomunicación, automóviles, computadoras, semiconductores, productos de la industria naviera, textiles, aceros, petroquímicos, aparatos electrodomésticos, maquinaria en general y autopiezas. Y también una creciente participación de los servicios.
A pesar de ello, y con el objeto de asegurar el continuo crecimiento de sus economías, se realizan una serie de acciones para promover el comercio en general como los depósitos mediterráneos de contenedores, los créditos financieros para la construcción de plantas industriales en el exterior, las facilidades para atraer a empresas extranjeras con tecnología electrónica de punta, el envío de misiones comerciales y expertos en comercio exterior a mercados seleccionados, la simplificación de los trámites aduaneros de exportación.
Pero la profundidad y seriedad con que se encaran las políticas de exportaciones y la responsabilidad con que se asumen las mismas como elemento dinamizador de la economía y, fundamentalmente, como proyecto permanente y constante de largo plazo, es la inclusión del ingrediente docente en múltiples aspectos educativos. Esto último no debe ser un tema menor dentro de los objetivos nacionales.
Las acciones comentadas se complementan con programas de educación en idiomas con el fin de aumentar la penetración y competitividad de los productos en los mercados internacionales, la apertura de escuelas secundarias con especialización en intercambio comercial y una intensa actividad docente.
Estas acciones son parte de las políticas comerciales tendientes a conquistar nuevos mercados internacionales y enfrentar de esta forma con ventaja, la agresividad de otros operadores de la región y del mundo.
Para alcanzar el fabuloso grado de adelanto tecnológico e informático que ostentan hoy Japón y Corea fue preciso previamente lograr un nivel de educación elevado en la población. Tanto Corea como Japón ocupan también los primeros lugares entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en materia de educación e investigación y desarrollo.
La educación ha sido uno de los elementos destacados de la estrategia para lograr el crecimiento económico en buena parte de los países del este y sudeste asiático. Primero como instrumento del desarrollo y luego como un importante elemento dinamizador de toda la economía.
La prosperidad de los pueblos no depende solo de “la política económica” o de “la voluntad política” y mucho menos de “nuevas” políticas o “nuevos” programas. El futuro económico depende estrechamente de la educación, algo que parece no comprender ni el empresariado, ni el Gobierno, ni la misma sociedad. Si no valoramos la escuela conviviremos con el desempleo y la marginación.
Los académicos y la dirigencia económica en general, coinciden en destacar que el importante crecimiento logrado en las últimas décadas por Corea y Japón, dos países arrasados por la guerra, y varios de los países de Oriente, no estuvo basado en ningún “milagro económico” sino en una obsesiva preocupación por la educación de la población en forma competitiva.
La experiencia indica que las bases para un verdadero desarrollo no dependen sólo de un programa económico adecuado y una mejor conducción política que permita reducir y aun eliminar la pobreza. La prosperidad de la nación no es exclusivamente el resultado del acierto en la política macroeconómica ni en los incentivos microeconómicos específicos sino de la generación, en la comunidad toda, de las condiciones básicas de cultura y educación para el desarrollo.
Para terminar, es importante reiterar que generalmente, por no decir siempre, se atribuye a la conducción económica la falta de éxito en el combate de la pobreza. Pero esa aseveración es completamente injusta. La prosperidad de una nación no es necesariamente la resultante del éxito de las políticas económicas. De poco o nada vale la mejor de las políticas, autóctonas o importadas, si no están dadas las condiciones básicas indispensables para el desarrollo.
No es suficiente que existan riquezas naturales, y Argentina es un ejemplo de eso. Lo verdaderamente importante radica en el nivel de la educación del pueblo, en su capacidad de organización y en la forma como los gobernantes y gobernados respetan las leyes. Cuando ello se alcanza, luego de un par de generaciones como mínimo, comenzara a obtenerse un resultado económico auspicioso. Antes de eso cualquier esperanza es ilusoria.
Al respecto viene a mi memoria un dicho en inglés: “the grass is always greener in the other fellows yard” y también un cuento, que sinteticé en una Carta de los Lectores al diario “La Nación” de Buenos Aires el 4 de mayo del 2000 y que se aplica perfectamente a esta situación:
Había un compatriota regando el jardín de su casa en un país próspero, y al ver que el pasto de su vecino lucia mucho más bonito que el propio, le pregunta: “hola vecino, que lindo esta su jardín, ¿como hace para que este tan bonito?” “Simplemente lo riego todos los días.” le responden del otro lado de la cerca. “Vamos –insiste nuestro compatriota- no me diga que solo lo riega, ¿y nada mas?” “Si, lo riego solo con agua -le responde-… ¡durante cuatrocientos años!” ¿Se entiende?
Resumiendo, el crecimiento es posible. El problema central del subdesarrollo reside en la falta de educación, de organización, de disciplina y de objetivos nacionales de un país. A.
Seúl, Corea. Junio 2006.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Categoria

Sin categoría

Tags

, , , ,