Publicado en: Prensa Economica, No. 305. Agosto 2011. Pag 158 y 159. Buenos Aires. Argentina.


New York.
Fotografía Helena Robles
La evolución del liberalismo irresponsable, desarrollado sin el papel moderador del Estado, sabotea sistemáticamente la democracia, el capitalismo y el sueño americano. Estados Unidos tiene la urgente necesidad de aprobar políticas macroeconómicas que estimulen el crecimiento, den confianza al sector empresarial y a los inversores, y fundamentalmente incentiven la creación de empleo.
En el periodo entre la Gran Depresión -con Roosevelt como presidente- y fines de la década de 1960, el Gobierno era percibido por los ciudadanos estadounidenses como un instrumento para el bien común y por lo tanto contaba con el apoyo de la población. Esa población estaba dispuesta a pagar más impuestos con la finalidad de que se implementasen programas que iban a contribuir a un aumento del bienestar general o a corregir situaciones de injusticia o de desventaja en que se encontraban algunos sectores de la sociedad. La política de la época se materializó principalmente en la aprobación de los mecanismos de seguridad social y en los relativos a la salud. Durante casi medio siglo, los economistas recomendaban aumentar el gasto público durante una recesión o caída en el nivel de actividad económica.
A partir de la década de 1970, el país entra en un periodo de crecimiento más lento y además sufre la “estanflación”. En ese contexto se produce un cambio de actitud, promovido por un sector político que se plasma en el mensaje del presidente Reagan al presentar al gobierno no como la solución sino como el problema. Esa nueva cultura política vio como objetivo prioritario achicar el tamaño del Estado a través de una reducción de sus instituciones y de los recursos públicos destinados a una infinidad de programas, varios de los cuales ya no contaban con el apoyo de amplios sectores de la población.


Puentes de New York.
Fotografía Helena Robles
Eso, unido a la popularidad alcanzada en la dirigencia política por las teorías de Milton Friedman a principios de la década de 1980, que propulsaba la superioridad del mercado como generador de recursos y maximizador del bienestar, hicieron el resto. Se generó así una confianza popular en los mecanismos del mercado y la desconfianza, también popular, sobre todas las intervenciones del Estado en los asuntos económicos. Las teorías keynesianas fueron así reemplazadas por las del liberalismo de Friedman.
Sin el rol moderador del Estado.
Así llegamos a la actualidad de Estados Unidos, con más de 45 millones de personas que viven por debajo del nivel de pobreza y 17 millones de trabajadores desocupados o trabajando esporádicamente, ambos valores elevadísimos para la primera economía mundial. Además, la economía estadounidense parece estar desacelerándose o, por lo menos, no alcanza a estabilizarse, pues en el segundo semestre de 2011 su tasa de crecimiento estimado anual fue de solo 1.9% cuando en el último trimestre de 2010 fue de 3.1%.
Los analistas consideran que esto se debió a un aumento en el déficit del comercio internacional, una disminución del gasto del gobierno federal, y un aumento de los precios de los “commodities” que redujeron el ingreso disponible para gasto de los consumidores y empresas.
El dólar aun mantiene su credibilidad, mientras no surja otra moneda más confiable. El déficit en cuenta corriente supera el 3,3% del PBI y la fabulosa deuda pública bruta alcanzó ya un 62% del PBI del año 2010, de la cual el principal acreedor es China, lo que convierte a Beijing en el banquero de Estados Unidos. En un informe reciente del Fondo Monetario Internacional (abril 2011), se resalta que el déficit del presupuesto de los EE.UU. para el 2011 puede llegar a representar el 10,75% del Producto Bruto Interno, que seria el mas elevado comparado con el resto de los países desarrollados.
Como ejemplo de la diferencia de óptica entre ambos periodos comentados, tenemos que en el marco económico-financiero no resulta una tarea sencilla imponer mayores controles a las instituciones financieras para evitar una repetición de la crisis que se inició a fines del años 2007 porque existe una fuerte oposición en el Congreso tanto de uno como de otro partido. De hecho, el mismo Bernard Madoff así lo denuncia en su declaración telefónica a la revista del New York Times del 28 de febrero diciendo “la nueva reforma de la reglamentación es un chiste”. Los intentos de retornar a la política keynesiana, se han debilitado aun más con la nueva composición de los miembros de la Cámara de Representantes luego de las elecciones parlamentarias de noviembre pasado. 
Las consecuencias.
Algunos de los ejemplos del exceso del denominado liberalismo irresponsable fue la desaparición de Lehman Brothers, intoxicado de sobredosis de codicia desmedida y descontrolada, y los continuos y reiterados aumentos de salarios, bonificaciones y premios de los directivos y socios de las instituciones financieras.
Los resultados quedan a la vista. La brecha de la riqueza entre ricos y pobres se amplió exageradamente en los últimos 30 años. En 1976, el 1% de la población recibía el 8,9% del ingreso nacional pero en 2007 poseía el 23,5%. Sumado a eso, en el mismo periodo el salario básico, ajustado por inflación se reducía en un 7%.
Emerge claramente la disyuntiva política del gobierno de Estados Unidos frente a la oposición que existe, a nivel ciudadano, de expandir el papel del Estado, aun en una situación de grave crisis económica. El renacimiento de las teorías de Keynes que se observó al comienzo del gobierno de Barak Obama parece haber tenido una vida muy corta. Aun dentro de los sectores mas ortodoxos del partido demócrata comenzaron a surgir dudas sobre la efectividad de las medidas y a disminuir el apoyo a la política fiscal y a darle mayor relevancia a la política monetaria, es decir a aumentar la influencia del Banco de la Reserva Federal. En la actualidad, el principal centro del debate político a nivel del Congreso gira alrededor de dos temas: la reducción del la deuda pública y la del déficit presupuestario.
Y entonces…
Las posiciones parecen ser tan opuestas, indistintamente entre los representantes y senadores republicanos y demócratas, que la incertidumbre que esto genera ha llevado a aumentar el nerviosismo en los mercados financieros no solamente de Estados Unidos sino también de otros centros importantes del mundo, especialmente porque tiene un impacto indirecto en el valor del dólar y su papel como moneda reserva.
Como conclusión observamos que buena parte de los problemas que afectan a la primera economía mundial son, en gran medida, resultado de la ausencia del papel moderador del Estado para cumplir sus funciones. La sociedad no es perfecta y algunos de sus miembros actúan sin responsabilidad y aun delictivamente, como quedó demostrado con el crecimiento desmesurado de la “burbuja inmobiliaria”, los manejos financieros de Bernard Madoff, o cuando Alan Greenspan reconoció haberse equivocado y declaró “mi fe en los bancos fue un error”. A.
Virginia, Estados Unidos. Buenos Aires Argentina. Agosto 2011.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Categoria

Sin categoría

Tags

, , ,