¿Que eran los Campamentos Universitarios?

Una fuente de proezas legendarias, miles de anécdotas y vivencias que creaban sólidos lazos de pertenencia, de leyendas interminables de recuerdos inolvidables y sólidos afectos y relaciones para toda la vida.

Los campamentos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) surgieron a mediados de la década de 1940 con excursiones en las cercanías de Buenos Aires de los estudiantes de Exactas, Arquitectura e Ingeniería que en aquella época eran una sola Facultad. La organización del primer campamento arrancó a partir de un pequeño grupo de estudiantes de Química y se concreta en la primera experiencia en la Patagonia argentina. Fue con la experiencia de Campamento Químico a principios de 1948 en Playa Bonita, Parque Nacional Nahuel Huapi, en la provincia de Rio Negro y entre sus fundadores se encontraba César Milstein (1927-2002), el mismo que obtuviera el Premio Nobel de Medicina en 1984 por sus investigaciones sobre los anticuerpos monoclonales.

Fue una actividad de jóvenes estudiantes amantes de la naturaleza y de las experiencias comunitarias de la ciudad de Buenos Aires. La característica urbana de la ubicación geográfica, alejada de cualquier belleza natural que no sea la inmensidad de la pampa ejercía en todos nosotros una fuerte curiosidad por escenarios distintos y cautivantes como bosques, montañas, arroyos, lagos majestuosos y cumbres nevadas.

La experiencia de Campamente Química fue un estímulo para otras Facultades de la UBA y así fueron surgiendo comisiones de Campamento en los distintos Centros de Estudiantes. Ingeniería, luego Exactas, Económicas, Farmacia … fueron las réplicas de aquel precursor. Campamento Económicas comenzó de igual forma 10 años después, y en enero de 1959 se concretaba el primer Sur en Playa del Francés, Parque Nacional Los Alerces, en la provincia de Chubut.

Las prácticas se realizaban a lo largo de todo el año con salidas de fin de semana, especialmente los fines de semana largos, a localidades de las provincias cercanas de Buenos Aires y Entre Ríos. Constituían una experiencia muy valiosa para cada integrante de los grupos además de un acopio de conocimiento e información para la preparación del desafío mayor constituido por el viaje al Sur de todo el mes de enero de cada año. Se ajustaban técnicas, se recopilaba información y experiencias y se iban adaptando las voluntades y la capacitación de los acampantes para una experiencia de vida comunitaria

Los sures, la vivencia de un mes en lo profundo de los Parques Nacionales, eran la credencial de mayoría de edad de los Campamentos Universitarios y la culminación de la actividad desarrollada durante todo el año.

Para poder comprender esto último en su real dimensión debe imaginarse que las permanencias en el Sur eran totalmente autosuficientes, sin abastecimientos regulares o periódicos. Por lo tanto había que poder calcular la alimentación para todos los acampantes, que normalmente alcanzaban casi el centenar de participantes. Las porciones de arroz, harina de maíz instantánea para la polenta, la leche en polvo, el café, el mate…hasta el papel higiénico! Todo era meticulosamente medido y evaluado en sus cantidades, en su duración, en las posibilidades de fraccionamiento para poder subsistir durante 30 días.

La logística no era sencilla y requería de especialistas, responsables y gran dedicación. Así se formaban grupos de “comida”, “primeros auxilios y medicamentos”, “institucionales” encargados de lograr los permisos en Parques Nacionales, contactos con la Gendarmería, gestiones ante ferrocarriles para la compra de pasajes y traslado de la comida y los equipos y varios más acorde con la complicada estructura de movilizar un centenar de acampantes para sobrevivir “confortablemente” por un mes.

Los Parques Nacionales del sur argentino eran los preferidos por los campamentos universitarios tanto por la provisión ilimitada de leña para cocinar y los inefables fogones como por el acceso al agua provista por los arroyos, ríos y lagos.

Los distintos sures constituían la experiencia mayor, algo así como la graduación del acampante, fuente de proezas legendarias, miles de anécdotas y vivencias que creaban sólidos lazos de pertenencia. De allí “egresaban” miles de acampantes universitarios regularmente y constituía una leyenda interminable de recuerdos inolvidables y sólidos afectos y relaciones para toda la vida. A.

Buenos Aires, Argentina. Octubre 2016.