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Prensa Económica, No. 304, pag. 90 y 91. Junio 2011, Buenos Aires, Argentina.
Si bien Argentina continúa siendo competitiva en materia de producción de granos, los precios más elevados que se obtengan por la exportación de estos productos también terminarán teniendo un impacto alcista sobre los precios internos y cualquier intervención estatal para contrarrestar dicho efecto tendría como consecuencia un desaliento en la producción.
Desde fines del año pasado el mundo experimenta una verdadera conmoción en el mercado de los alimentos, que se manifiesta en un aumento rápido y desmesurado de sus precios. Estos aumentos en los precios de los alimentos básicos como el trigo, la soja, el maíz tienen un efecto desestabilizador en muchos países en desarrollo que son fuertemente dependientes de la importación de estos productos, mientras que los más pobres experimentan consecuencias a nivel político. En las movilizaciones populares contra los gobiernos que tuvieron lugar en algunos países del norte de África y Oriente Medio, el aumento del precio del trigo, y por consiguiente del pan que es un alimento básico en esos países, jugó un rol protagónico en las motivaciones de las revueltas.
En los países desarrollados que son importantes exportadores de alimentos, como los EE.UU., el aumento del precio internacional de estas commodities ha mejorado sustancialmente el ingreso de los agricultores y también empujado hacia arriba el precio de los alimentos en el mercado interno. Ante este fenómeno, fabricantes de algunos productos alimenticios procesados han buscado contrarrestar el aumento de los costos de la materia prima, a través de una reducción del tamaño del envase y el contenido del producto, con el fin de mantener el nivel de precios en los supermercados.
Pobreza en America Latina.
Esta situación altera todo el escenario de la economía global, tanto respecto del crecimiento como de la inflación.
Los expertos en el mercado de alimentos entienden que las variaciones de precios pueden ser estructurales, temporarias e irrelevantes. Sobre esa base, los analistas interpretan que las principales razones de los recientes aumentos de precios caen dentro de la segunda categoría mencionada, son temporarios. Para ello citan como ejemplo las sequías en Rusia y Argentina, las inundaciones en Canadá y Australia, y las restricciones a la exportación de algunos países, que quisieron mantener el nivel de sus ofertas internas, sumado a las elevadas compras de países importadores con el objeto de asegurar un inventario adecuado a sus necesidades internas.
Como nuevo elemento que complica este esquema tenemos los aumentos en el precio del petróleo que incide en los mayores costos de los fertilizantes elaborados a base de esa materia prima y también por el desvío de ciertos granos, como el maíz por ejemplo, a la producción de etanol.
A nivel estructural, merece citarse el rápido crecimiento del consumo de estos productos por parte de China e India, motivado por el aumento del ingreso per capita de enormes sectores de una población gigantesca. Así hay mayor demanda de carne y lácteos, para cuya producción se está utilizando maíz y soja como forraje para alimentar al ganado, lo cual también causa un aumento de la demanda a nivel global. Como atenuante de esta situación consideramos que la mayor parte del crecimiento de la demanda de estos productos en las economías emergentes esta siendo abastecida por sus propios agricultores, sin que se modifique grandemente la demanda externa y, en consecuencia, los precios internacionales.
Una atención menor, que puede ser calificada de irrelevante, seria el referido al papel que juegan los especuladores en este campo pues si bien en el corto plazo la actuación de los especuladores financieros que compran alimentos introducen mayor volatilidad en el mercado, la compra de alimentos con ese fin no puede provocar ni sostener un aumento de precios en el largo plazo.
Asia, aumenta la demanda.
Debemos también agregar al esquema mencionado el componente de la crisis humanitaria. El aumento de los precios de los alimentos ha tenido un impacto devastador sobre las poblaciones más vulnerables del mundo. Según el Banco Mundial 44 millones de personas cayeron en la extrema pobreza como consecuencia del aumento de un 15% en los precios de los alimentos ocurrido entre octubre 2010 y enero 2011.
Para destacar la importancia del tema, y la incidencia en la economía y en la estabilidad internacional sirve agregar que el mismo se encuentra en la agenda del G-20, en la que participan varios de los principales países productores como Rusia, China, Estados Unidos, Australia, India, Argentina, entre otros.
En la reunión de los ministros de agricultura del G-20 el tema controversial de los subsidios al sector agrícola en los países desarrollados continuará causando conflictos con las economías emergentes importadoras, donde existe un claro interés de controlar los precios de los productos alimenticios básicos. En estos últimos países existen importantes sectores de la población que viven en condiciones de extrema pobreza.
No caben dudas entonces que de continuar el aumento de los precios de los productos alimenticios, los países emergentes importadores serian los más perjudicados. En cambio, los países desarrollados serian menos afectados por este fenómeno porque el gasto en alimentación insume una proporción menor del ingreso de la mayoría de la población.

Argentina, exportadora de commodities.
En este sentido, se daría un paso muy importante si la reunión de ministros de agricultura antes mencionada, se llegase a algún tipo de acuerdo en esta materia, que por mínimo que sea, servirá como ejemplo de que el G-20 todavía tiene cierta relevancia como foro para atender los problemas más serios que afectan a la economía y finanzas internacionales.
Por último, queremos señalar que ante esta situación, importantes países exportadores de alimentos como la Argentina, intentarán aumentar la producción de cereales y oleaginosas ya que podrán colocarse en mercados externos a precios muy atractivos, algo similar a lo que ocurrió con la soja en años anteriores. Pero no debemos olvidarnos que si bien Argentina continúa siendo competitiva en materia de producción de granos, los precios más elevados que se obtengan por la exportación de estos productos también terminaran teniendo un impacto alcista sobre los precios internos y cualquier intervención estatal para contrarrestar dicho efecto tendría como consecuencia un desaliento en la producción.
La política a seguir debería buscar un adecuado equilibrio que permita continuar con los crecientes niveles de producción agrícola pero sin desalentar al sector productor restringiendo sus utilidades con elevadas retenciones. Una política consensuada con los productores agrícolas y los representantes de los consumidores sería el mecanismo adecuado para lograr tal objetivo. A.

Buenos Aires, Argentina. Julio 2011.

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