27 diciembre, 2010

Rumbo a Oriente.

Publicado en:
CEID. www.ceid.edu.ar 01 marzo 2009. Buenos Aires, Argentina.http://www.ceid.edu.ar/biblioteca/2009/carlos_fasciolo_rumbo_a_oriente.pdf

La transformación de Oriente, un fenómeno histórico de nuestra época, presenta desafíos para la política exterior y las relaciones diplomáticas, económicas y comerciales. Pero, ¿están preparadas nuestras cancillerías para actuar en ese escenario? ¿Se han adecuado sus presupuestos y reasignado sus dotaciones de funcionarios?

La evolución y los logros de Asia no son un fenómeno nuevo. Es la acumulación constante del crecimiento iniciado por Japón en la década de 1960, seguido luego por Corea, Hong Kong, Singapur y Taiwán en los setenta, y consolidado definitivamente por China e India a partir de los noventa, ambos convertidos ahora en los líderes de la región.

¿Quien no imaginó alguna vez estar en el túnel del tiempo y viajar a Londres a principios del siglo XIX para asistir al fenómeno de la Revolución Industrial? ¿O viajar a la isla de Manhathan a principios del siglo XX para ver el crecimiento increíble de Nueva York? Si algún amante de la historia económica o de las relaciones internacionales soñó con algo de eso, tiene ahora la oportunidad de realizar un viaje a Mumbai, a Nueva Delhi, o a Shangai y Beijing, de principios de nuestro siglo XXI para ser espectador -y, si es posible actor- de uno de los fenómenos de crecimiento económico más vertiginoso de la historia de la humanidad. El proceso es tan veloz que los cambios se suceden sin solución de continuidad, año tras año, sin dar tiempo a las sucesivas generaciones a adaptarse a las nuevas realidades por que son inmediatamente superadas por las siguientes.

Así se siente un espectador ante el fenómeno de construcción y desarrollo en las ciudades de Shenzen, Guangzhou, Macao, y todo el litoral marítimo chino. O en las capitales del Asia-Pacífico, Seúl, Kuala Lumpur, Hanoi, Singapur…Es como estar asistiendo a la creación del futuro. Es una sensación indescriptible y una oportunidad única la de poder observar y vivir esos fenómenos con la visión de presenciar un momento histórico.
El escenario actual.

Los hechos están confirmando que el fiel de la balanza del poder se desplaza rápidamente hacia Oriente, mucho más rápido ahora a partir de la crisis financiera donde el mundo mira a Asia como la última trinchera para detener el avance del descalabro internacional. De hecho son los cuantiosos superávit comerciales de China que están colocados en Bonos de la Reserva Federal de Estados Unidos, unos 696.200 millones de dólares en diciembre de 2008, a los que se suman 578.000 millones de Japón, los que evitan que la principal economía del mundo se desplome estrepitosamente.

El canciller chino Yang Jiechi, le expresó a la flamante Secretario de Estado de Estados Unidos Hillary Clinton en su reciente visita a China a mediados de febrero último que “deseaba que sus reservas en divisas extranjeras -las mayores del mundo con 1,95 billones de dólares- se apliquen a inversiones seguras, con buen valor y liquidez”. El jefe de la diplomacia china agregó que las decisiones futuras sobre su uso se basaran en “ese principio” agregando que “Beijing quería seguir colaborando con Washington”. (Diario La Nación, Buenos Aires 22 de febrero de 2009). De esta forma parecen no quedar dudas que en el futuro cercano la hegemonía estadounidense deberá ser compartida y por lo tanto, es una cuestión elemental de supervivencia internacional para los países del mundo estar preparados y actualizados para esa realidad.

Así lo ven y lo entienden los jefes de misión de muchas representaciones diplomáticas en el exterior establecidas en el Asia-Pacífico que reclaman mayores dotaciones de personal idóneo para atender esta creciente necesidad de actividades de toda índole. Para ponerlo en evidencia sirve de ejemplo la entrevista al embajador de Brasil Clodoaldo Hugueney en Beijing, China, que el diario brasileño O Estado de Sao Paulo publicó el 3 de noviembre de 2008. En ella se destaca como sustancial de sus declaraciones la afirmación que “el empresariado brasileño desconoce China”.

El embajador de Brasil en aquel puesto, -un veterano en la carrera diplomática con 45 años de Itamaraty que fue, además, el anterior representante de su país ante la Organización Mundial de Comercio-, afirma que los chinos no sólo son unos fabulosos compradores mundiales de commodities sino que además consumen del mercado internacional gran cantidad de productos manufacturados, sectores en los cuales Brasil es altamente competitivo pero con una ínfima participación en ese mercado. Básicamente destaca la falta de agresividad en la promoción de productos en el mercado chino y la “importancia extraordinaria” que tiene China para la política exterior brasileña (de hecho es el segundo socio comercial de Brasil en el mundo al cual le vende mineral de hierro, soja, petróleo). Para mayores datos, el intercambio comercial bilateral de Brasil con China fue de 23 mil millones de dólares en 2007 y cercano a los 26 mil millones en 2008. La entrevista periodística del matutino brasileño se extiende luego a las tendencias de la relación bilateral, a la importancia estratégica de China en la economía internacional, a las perspectivas económicas del comercio frente a la actual crisis y al impacto que podría causar la misma en la economía y en la estructura social china.

Un aspecto importante para el tema de esta nota son las manifestaciones de Clodoaldo Hugueney respecto de la dotación de personal de su Embajada en Beijing. En ese particular el embajador brasileño expone su preocupación sobre la reducida cantidad de funcionarios (cinco en total) para atender adecuadamente la relación con un país de semejante magnitud, donde no sólo los aspectos económicos y comerciales tienen particular relevancia sino que además deben atender un sinnúmero de reuniones internacionales derivada de la creciente importancia y participación de China en la escena política mundial. Expresa que el tamaño de su embajada es similar a la que Brasil mantiene en los países pequeños o medios latinoamericanos, mientras que otros países cuentan con representaciones mucho mayores.

Lo cierto es que países como Canadá tiene 320 funcionarios destinados en China, Estados Unidos 1.500, Australia mantiene, desde hace tiempo, once representaciones comerciales distribuidas en todo el territorio chino destinadas a promover las exportaciones y cooperar con el sector privado.

La realidad expuesta por la entrevista mencionada de O Estado de Sao Paulo no es ajena a la de otras representaciones diplomáticas extranjeras, en especial latinoamericanas, no sólo en China sino también en varios de los países de la región asiática como India, Corea, Vietnam, Singapur.

La repercusión de esa nota periodística brasileña debe haber tenido inmediato eco y adhesión en los pares del embajador Hugueney en Beijing, ratificando lo expresado por el colega brasileño.

Si descontamos como fundamental el hecho que las Cancillerías han asumido y comprendido profundamente ese cambio mundial, los comentarios realizados llevan implícitos, al menos, dos cuestiones básicas que requieren acompañar dicho cambio: el redimensionamiento de los presupuestos y la capacitación de los jóvenes diplomáticos para asumir de manera idónea las actividades en esos destinos y también hacerlos deseables en sus aspiraciones profesionales.

Se trata simplemente, y nada menos, que de acompañar el explosivo desarrollo económico, comercial, financiero además del turismo, la cultura y la educación de los países asiáticos acción en la que se encuentran varias de las principales diplomacias del mundo. Es una reacción natural, es un acompañamiento, una adecuación de las estrategias políticas y de las consecuentes reasignaciones del personal que atiende las representaciones oficiales en los distintos países del Asia-Pacífico. Por lo tanto, el cambio lleva implícito una transformación significativa, no solo en las políticas exteriores de los países, sino también en la formación de sus funcionarios para prepararlos adecuadamente a fin de capitalizar este fenómeno que seguramente dominará buena parte del siglo XXI.
 
En América Latina y en Argentina.
 
Este cambio mundial implica adecuar los recursos disponibles a la nueva realidad. No aumentar los recursos sino reasignarlos, algo que burocráticamente resulta más lento.

¿Cuál fue la tarea desarrollada por otros países para enfrentar la penetración de nuevos mercados en espacios continentales, por ejemplo Brasil en África durante las décadas de 1970 y 1980, o Chile en Asia desde mediados de la década de 1980 y siguientes?

Aunque en distinto espacio geográfico pero con el mismo objetivo de adecuación, Brasil desarrolló una política exterior muy activa con África a comienzos de la década de 1970, capitalizando el abandono de la política colonialista de Portugal, haciendo uso de sus fuertes lazos raciales impulsados adicionalmente por la necesidad brasileña de encontrar nuevos proveedores de petróleo en medio de la crisis de energía de aquella época. El intercambio comercial a través del Atlántico pasó entonces de 130 millones de dólares en 1970 a unos 1.150 millones en 1979.

Algo más recientemente, a mediados de la década de 1980, Chile le prestaba especial atención al área del Asia-Pacífico y a principios de los noventa, en Santiago había tantos seminarios, cursos, programas de radio, disertaciones, reuniones, conferencias, análisis y debates sobre Asia como en Buenos Aires o Sao Paulo había sobre el eternamente agonizante Mercosur. En los think tank chilenos se trabajaba con una hipótesis que colocaba al lema “Chile, país vinculante” como uno de sus objetivos en Latinoamérica, mientras que empresarios, funcionarios oficiales y académicos desarrollaban una intensa actividad en el Asia Pacific Economic Council (APEC), foro al que no tardaron mucho en sumarse, con la misma energía, los mexicanos y los peruanos.

Los resultados finalmente se manifestaron. En 2004 Chile firmaba el primer Tratado de Libre Comercio con un país asiático, Corea, y el primero de Corea con cualquier país del mundo. Este es sólo un indicio del resultado de una política acertada y coherente…mantenida durante décadas.

Por la misma época, a principios de los noventa, Argentina acompañaba este proceso de crecimiento económico desde la Unidad Analítica Asia-Pacífico del Ministerio de Economía, liderada por José Bekinschtein. Su accionar fue efímero y la Unidad fue desmantelada a mediados de esa misma década mientras su directivo, ya en el área privada, triunfaba en China realizando provechosos negocios para una empresa española.

A finales del siglo pasado Charlene Barshefsky, la Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) entre 1997 y 2001, encabezaba su delegación en las negociaciones sobre el ingreso de China a la OMC y declaraba que “con el surgimiento de Asia y especialmente China, estamos siendo testigos de los cambios mas profundos en la corrientes de comercio internacional e inversiones de todo nuestro tiempo”. Un comentario semejante al de muchos dirigentes mundiales que aspiran y desean mantener e incrementar el acceso económico de sus países en la región y reforzar su presencia en Asia. Fue así como Hu Jin Tao tuvo un lugar de preferencia en la última reunión del G-20 celebrada en Washington DC en noviembre de 2008.

Mientras tanto, y a contramano de las atenciones mundiales, la autóctona crisis argentina de 2001 obligaba a realizar economías y recortes presupuestarios, acertados algunos, injustificados otros. Entre estos últimos, quizás por la falta de una visión de política económica con estrategia comercial, se produjo el cierre de la Embajada en Singapur, un importante polo y centro mundial de transporte marítimo, almacenaje, depósitos y distribución, en un complejo portuario gigantesco con dimensiones de país, sede de ferias y exposiciones de importancia global. Un lugar y un puesto de características excepcionales para desarrollar una dinámica acción de promoción comercial en toda la región cuando esta en manos de un experto e idóneo profesional.

Poco tiempo después, con el constante crecimiento asiático y el viento de cola, como se dio en llamar a la favorable conjunción para un país agroexportador y a las altas cotizaciones de los commodities en el mercado internacional junto con la creciente demanda de alimentos básicos de China, la Cancillería argentina volvió a prestar atención a nuevamente al Asia-Pacifico y a India.

Aparece entonces la necesidad de realizar estudios sobre la distribución de los recursos de ese Ministerio para fortalecer la presencia argentina en el Asia-Pacífico. El actual embajador en Tailandia, Felipe Frydman, proponía esa rediagramación cuando estaba a cargo de las negociaciones económicas internacionales de la Cancillería en 2005. El propio canciller Jorge Taiana, anunciaba en 2006 la apertura de nuevos Centros de Promoción en Mumbai, India, y en Guangzhou, ex Cantón, China, “en el marco de la política destinada a profundizar la inserción argentina en el exterior”.

Mumbai es el puerto marítimo más importante de la India. Por su parte, Guangzhou, es una ciudad muy cercana a Hong Kong, y la capital de la provincia china de Guangdong, importantísimo centro industrial en el sur de China que demanda productos y servicios a escala mundial.

El Centro de Promoción de Mumbai aún no fue inaugurado aunque en esa tarea se encuentra un destacado funcionario de gran experiencia comercial, el Ministro Fernando Ras. Sin embargo Guangzhou, que sería el Consulado argentino número 121, es aun inexistente y espera una designación acorde con el perfil dinámico que requiere y que se intenta darle.

Por otra parte, el buque escuela argentino ARA Libertad, realizó el 39° viaje de instrucción de 2008 por el océano Pacífico, visitando India, Malasia, Filipinas, China, Corea del Sur y Japón, algo que hizo en pocas oportunidades anteriormente, solo en 1970, 1988 y 1997. ¿Indicio de un cambio en la política exterior? Puede ser.

En cuanto a las preferencias de los jóvenes diplomáticos profesionales es una cuestión que requiere particular atención y tratamiento. ¿Son los deseos y aspiraciones de las nuevas generaciones de diplomáticos conocer este fenómeno mundial? ¿Figuran los destinos asiáticos en la lista de prioridades de los funcionarios diplomáticos? Las respuestas a estos interrogantes no son sencillas. Independientemente de preferencias personales puntuales, lo cierto es que a juzgar por los rigurosos exámenes de ingreso a la carrera del servicio exterior la conclusión es que no hay una vocación asiática. Si la hay por Europa, por tradición, por Estados Unidos y Canadá, por deslumbramiento, o por América Latina, por comodidad y cercanía. Pero no por Asia, y menos por África.

Los exámenes de ingreso se basan exclusivamente (si, prácticamente de manera absoluta) en una evaluación de conocimientos de la cultura y las relaciones internacionales de Occidente. Si nos referimos a los temas y las preguntas del examen de ingreso a los aspirantes del Servicio Exterior realizado en 2007 (ver www.isen.gov.ar/index1.html) encontraremos algunas respuestas sorprendentes. Por ejemplo en el tema de Cultura General, de las 47 preguntas realizadas: sólo 1, la número 15 tiene alguna relación con Asia “¿cual es el idioma oficial de Pakistán?” (recordemos que son el urdu y el inglés los idiomas oficiales de ese país asiático). En cuanto a las preguntas referidas a Historia de las Relaciones Internacionales es aún más desalentador: ninguna.

¿Cómo imaginan las autoridades de la Cancillería en Buenos Aires y los jefes de misión que se encuentran en Asia que se podrán cubrir las vacantes que se produzcan en aquella región o aumentar las dotaciones ya existentes con nuevos funcionarios curiosos por aquella región del mundo si no cuentan con una formación adecuada, con una curiosidad natural por ingresar en ese apasionante túnel del tiempo real, de nuestro tiempo y de nuestro siglo?
 
Estas modificaciones y fortalecimientos no deben esperar. No hay “países blindados” para la crisis financiera internacional, pero si hay regiones del mundo que mantendrán tasas de crecimiento importantes frente a la recesión de Estados Unidos y Europa y en ellas se encuentran varios de los países asiáticos. A ellos debe prestarse mayor atención y concentrar recursos humanos con diplomáticos de elevado profesionalismo económico y comercial para mantener activo el sector exportador y la economía en general. La salud de las economías asiáticas y de China e India principalmente, son hoy la última valla de contención para la crisis y así se mostró al mundo en la reunión Cumbre del G-20 realizada en Washington DC en noviembre de 2008.
 
Sin cambiar el presupuesto o las dotaciones existentes en la Cancillería, la reasignación de recursos y funcionarios idóneos y competentes en la región asiática continúa siendo, y lo es ahora más, una elemental cuestión de sobrevivencia económica y comercial. Así también lo es una política exterior coherente porque de nada servirán la imaginación y el empeño de los mejores funcionarios involucrados irrenunciablemente en la promoción del comercio exterior, ni el esfuerzo, iniciativa y participación de los empresarios, sin políticas de Estado y continuidad adecuadas. Los resultados de las políticas “espasmódicas” ya son conocidos. A.

Buenos Aires, Argentina. Marzo 2009.



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