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– Foro de Reflexión. www.forodereflexion.com.ar 27 septiembre 2010. Rosario, Santa Fe, Argentina.
– Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID). 25 septiembre 2010. Buenos Aires, Argentina.
 
En las últimas décadas, el ícono de Wall Street se transformó más en un símbolo de especulación y enriquecimiento de los ejecutivos de los bancos y las instituciones financieras que del cumplimiento de la función original de un mercado de valores. Ahora queda por recuperar la credibilidad interna e internacional y apelar a la grandeza de sus dirigentes políticos por encima de los partidismos y de las codicias y negligencias puestas de manifiesto en la burbuja inmobiliaria y en la gestación de la crisis financiera global.

Poco queda de la finalidad básica de los bancos como fundamental herramienta para aumentar la productividad y el bienestar general sirviendo de nexo entre los ahorristas y las empresas que invertían el capital. Por el contrario, aun están frescos los escándalos de Bernard Madoff, Lehman Brothers y Goldman Sachs y las consecuencias nefastas para millones de ahorristas e inversores.
 

La actitud irresponsable de los ejecutivos de los grandes bancos de inversión y de la banca comercial, motivados por una desmedida avaricia, por la negligencia y, en muchos casos, por el fraude de parte de los agentes financieros juntamente con el abandono de los controles, la ausencia de las auditorias, la complicidad de los responsables oficiales, el permiso de los organismos de regularización pública y la miopía de las autoridades responsables de velar por los intereses de los ciudadanos, hicieron del llamado liberalismo económico un juego de ruleta rusa en cabezas ajenas. En nombre de esa filosofía economía neoliberal se desregularizó el mercado con el consiguiente resultado de una crisis como no se había visto desde la Gran Depresión y que se expandió por el mundo de manera nefasta, provocando altos índices de desocupación y empobreciendo de la población. 

Como sustento de esa calamidad, el New York Times publicó una nota de Robert B. Reich, el Secretario de Trabajo de la administración Clinton, con datos dramáticos sobre la crisis actual y afirmo que “este (6 de septiembre) promete ser el peor Día del Trabajo en la memoria de la mayoría de los estadounidenses”. En su comentario agregó que los economistas Emmanuel Saez y Thomas Piketty examinaron las declaraciones impositivas de los contribuyentes en las ultimas nueve décadas y encontraron que al final de la década del 1970  el 1% de las familias mas ricas de Estados Unidos eran poseedoras del 9% de los ingresos del país mientras que para 2007 ese mismo porcentaje de la población concentraba el 23,5% de los ingresos totales. 

Esa realidad se refleja en la estructura económica de la sociedad. Según el US Census Bureau los niveles de pobreza fueron de 13,2% en 2008 (¡40 millones de personas!) y continua creciendo a los niveles mas altos desde que esta estadística comenzó a registrarse en 1975. Solo entre 2000 y 2008 el número de pobres en Estados Unidos se incremento en 9 millones de personas. Los que viven en extrema pobreza ya superan los 17 millones.Aunque el problema no es nuevo, si lo es el incremento de los niveles. 

Cuando el 30 de agosto de 2005 el mundo entero asistió a las imágenes desvastadoras del huracán Katrina sobre Nueva Orleáns, pudo observar una ciudadanía que poco tenían que ver con la idea a que Hollywood nos tiene acostumbrados con las repetidas vistas de Nueva York y los alegres asistentes a sus teatros, de Washington DC y sus elegantes políticos y diplomáticos transitando sus emblemáticos edificios, de San Francisco y sus distinguidos habitantes cruzando el puente mágico que flota sobre la bruma de la bahía, de Chicago, de Boston…pobladas de gente educada y refinada. La realidad de las imágenes de Nueva Orleáns se parecía mas a las provenientes de alguna región empobrecida de África o de Asia que a la de la primera potencia económica mundial. 

Hasta el presente pocos son los resultados positivos, si los hay, de las medidas económicas adoptadas por el gobierno: tasas de interés cercanas a cero, gigantescos conjunto de medidas destinadas a estimular el consumo y lograr el urgente restablecimiento de la confianza pública para reactivar la economía. Se tratan en su mayoría de medidas tradicionales destinadas a corregir las fases deprimidas de un ciclo económico en lugar de medidas innovadoras destinadas a solucionar problemas estructurales de la realidad. 

Esta nueva realidad esta conformada por un conjunto de factores derivados en buena medida por los avances científicos y tecnológicos, los progresos en la computación, los adelantos en los medios de transportes y en las comunicaciones y la creciente internacionalización del comercio. Esto último se tradujo en la tercerización que llevó a producir en el extranjero no solo bienes sino también servicios profesionales con la correspondiente erosión de los ingresos de la población de EE.UU. y, por consecuencia, de la base tributaria. De esa forma, los salarios se mantuvieron sin ajustarse en los últimos 10 años y son los mismos, ajustados por inflación, que los de hace 30. 

El resultado es un empobrecimiento creciente de una enorme masa de asalariados que se esfuerza por mantener el nivel de consumo del pasado sin tener los recursos suficientes para ello. A eso contribuyó enormemente la llamada burbuja inmobiliaria cuando millones de arrendatarios se convirtieron no solo en propietarios sino también que obtenían fondos adicionales provenientes de nuevos créditos hipotecarios que les permitía mantener un consumo creciente. De esa forma los propietarios de inmuebles extrajeron 2,3 billones de dólares en refinanciación de sus inmuebles entre 2002 y 2007. 

Quedan por delante importantes problemas a resolver. Uno de ellos, no el mayor pero si el inmediato, es encontrar la solución para la creciente y desmesurada deuda pública haciendo inevitable la disminución del crecimiento, o iniciar un proceso inflacionario que diluya el valor de la deuda. Aparejado a ello se encuentra la búsqueda de mantenimiento del dólar como moneda de reserva mundial, una tarea cada vez más ardua y que se sustenta momentáneamente por la debilidad del resto de las monedas y no por méritos  propios. Y a mediano y largo plazo se va generando paralelamente la perdida de la influencia económica, política y militar en el mundo. 

Junto a todos estos factores en el orden interno se encuentra el recupero de la credibilidad internacional en reemplazo de la del celuloide. Ahora esta en juego la fortaleza del país. EE.UU. tiene ventajas geopolíticas y geoeconómicas además de recursos naturales en abundancia. Falta ahora aunar la grandeza de sus dirigentes por encima de las codicias y negligencias puestas de manifiesto en la burbuja inmobiliaria y en la gestación de la crisis financiera global. A.
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Virginia, Estados Unidos. Octubre 2010.

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  1. El articulo referido al fallecimiento de H. Stancanelli, memora no solo un diplomatico ejemplar, sino que agrega una vision particular de ello a traves de la mirada de uno de los grandes economistas de nuestro pais D. H. Ferrer.
    Que ello sea un recuerdo mas de alguien muy apreciado y respetado.

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