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CAMPAMENTO ECONOMICAS

 

¿Qué eran los Grupos de Campamento Universitario?

Los campamentos universitarios de la Universidad de Buenos Aires (UBA) surgieron en varias Facultades a fines de la década de 1950. Fue una actividad de jóvenes universitarios amantes de la naturaleza y de las experiencias comunitarias. Los organizaban los Centros de Estudiantes y el conjunto de campamentos de las distintas Facultades se agruparon en la Federación Estudiantil de Campamentos Universitarios de Buenos Aires (FECUBA).

Es posible que el primer campamento universitario haya sido el de Ingeniería y luego lo siguieron inmediatamente el de Química, el de Económicas en 1956, el de Farmacia…

La propuesta, en su momento de apogeo de la década de 1960, convocó a miles de acampantes y significó una magnífica e incomparable experiencia organizativa, logística y afectiva.

Las prácticas se realizaban a lo largo de todo el año con salidas de fin de semana, especialmente los fines de semana largos, a localidades de las provincias cercanas de Buenos Aires y Entre Ríos. Constituían una experiencia muy valiosa para cada integrante de los grupos además de un acopio de conocimiento e información para la preparación del desafío mayor constituido por el viaje al Sur de todo el mes de enero de cada año.

Para poder comprender esto último en su real dimensión debe imaginarse que las permanencias en el Sur eran totalmente autosuficientes, sin abastecimientos regulares o periódicos. Por lo tanto había que poder calcular cuantas porciones de arroz rendía un kilogramo, lo mismo con la harina de maíz instantánea para la polenta, la leche en polvo, el café, el mate…hasta el papel higiénico! Todo era meticulosamente medido y evaluado en sus cantidades, en su duración, en las posibilidades de fraccionamiento para poder subsistir durante 30 días.

La logística no era sencilla y requería de especialistas, responsables y gran dedicación. Así se formaban grupos de “comida”, “primeros auxilios y medicamentos”, “institucionales” encargados de lograr los permisos en Parques Nacionales, contactos con la Gendarmería, gestiones ante ferrocarriles para la compra de pasajes y traslado de la comida y los equipos y varios más acorde con la complicada estructura de movilizar un centenar de acampantes para sobrevivir “confortablemente” por un mes.

Los Parques Nacionales del sur argentino eran los preferidos por los campamentos universitarios tanto por la provisión ilimitada de leña para cocinar y los inefables fogones como por el acceso al agua provista por los arroyos, ríos y lagos.

Los distintos Sures constituían la experiencia mayor, algo así como la graduación del acampante, fuente de proezas legendarias, miles de anécdotas y vivencias que creaban sólidos lazos de pertenencia.

Dentro de esa pertenencia también se agrupaba la gente por tipo de afinidad, que promovían distintos encuentros de camándulas, reuniones de participación más reducidas donde se solidificaban relaciones de amistad pero no eran excluyentes, sino por el contrario, integradoras.

Pero era nuestro Campamento anual de enero en el sur, en el Parque Nacional Los Alerces, nuestro destino por muchos años, donde “egresaban” cientos de acampantes regularmente y la fuente de tantos recuerdos inolvidables.

¿Por qué Campamento Económicas era “escuela de vida”?

El lema de Económicas era “Campamento es escuela de vida” y de verdad lo fue así, y lo sigue siendo. A partir de aquella experiencia, no hubo momento de nuestra vida que no estuviera ligado a algún recuerdo de aquella rica experiencia. Ese recuerdo se acentuaba aún más cuando enfrentábamos momentos difíciles de lo cotidiano. ¡Habíamos aprendido a superar los obstáculos!

Al viejo acampante.
En el bosque está el recuerdo de su vozQue la brisa en su seno guardoY en el leño que brinda su llama al fogónVive el fuego de su corazón. El viejo acampanteQue esta vida no olvidóEstá con nosotrosAl cantar esta canción. Viene del ayer, recuerdo que no murió, voz y fuego que el bosque guardó. Del Cancionero de CampamentoEconómicas. 10mo Sur. Enero 1967

Claro que cada uno de nosotros se había acercado a Campamento por distintas razones. Los había quienes eran hijos únicos, quienes no tenían hermanos, o hermanas, quienes la alta protección familiar no los había puesto nunca frente a la necesidad de cocinar, de cuidarse a sí mismos. O eran prejuiciosos con la comida, o egoístas con sus pertenencias. O temerosos de la Naturaleza, la lluvia, el viento, el frio. Quienes no habían sido iluminados por las estrellas, quienes no habían comparado con humildad la inmensidad del Universo con nuestro efímero paso por la vida. Quienes no se habían enfrentado con obstáculos y fueron obligados a superarlos por un simple y elemental motivo de… supervivencia.

Todo eso nos enseñó Campamento Económicas y mucho, mucho más. Conocimos en la práctica el profundo sentido de la ecología. Aprendimos a amar a la Naturaleza y a saber que dependíamos de ella. A respetar a las autoridades de los Parques Nacionales que velaban por nuestra seguridad. A admirar la abnegada misión de la Gendarmería Nacional en los puestos más remotos de los límites de nuestra geografía, tomamos mate con ellos, jugamos al truco, compartimos truchas asadas, avutardas y cuanto “bicho que camina” lo pusimos al asador. Eran manjares que rompían la rutina de la polenta, el arroz y el mondongo deshidratado. Los gendarmes y los guardaparques eran nuestros amigos donde quiera que los encontráramos.

Y, fundamentalmente, aprendíamos a vivir en comunidad, creyentes de distintos dioses junto a ateos, sin egoísmos, sabiendo que dependíamos el uno del otro, hermanados en los cotidianos fogones de canciones, juegos y sketchs, con un profundo respeto por los demás, por el medio ambiente al que cuidábamos como lo que debe ser, nuestra casa mayor, la que nos cobijaba a todos.

Frente a toda esa magnificencia, el peso de las mochilas, las limitaciones del menú, el cansancio de las larguísimas caminatas, la ausencia de comodidades, eran mínimos precios a pagar frente a lo que aprendíamos continuamente, a lo que modificaba nuestra formación y se incorporaba a ella. Nos convertíamos en personas nuevas y más sensibles.

Si, sin duda, Campamento era escuela de vida.

Mis bodas de oro con Campamento Económicas.

Otro 12 de Octubre, pero de 1962, también fue viernes y completó un fin de semana largo. En estos días, hace 50 años, realizaba mi primera salida con Campamento Económicas y mi guía fue Santiago Lebedinsky. ¡Ahora cumplo mis bodas de oro!

Por aquellos años nos reuníamos todos los miércoles frente al aula 114 (ahora 211) de la Facultad de Ciencia Económicas, en Córdoba 2122, Buenos Aires. Allí guardábamos nuestros equipos y planificábamos nuestras salidas regulares, se reunían los distintos responsables de cada actividad específica del Campamento.

Una sola anécdota al respecto que reflejó el espíritu y fortaleza de los integrantes de este grupo particular.

En junio de 1966 se produjo un golpe militar que se ensaño especialmente con los estudiantes universitarios. El 28 de junio era derrocado el gobierno democrático de Arturo Illia y se iniciaba la dictadura autodenominada Revolución Argentina liderada por Juan Carlos Onganía. El gobierno usurpador ataco la autonomía universitaria del poder político y el gobierno tripartito de estudiantes docentes y graduados. La represión fue particularmente violenta en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la UBA. Esas acciones se llevaban a cabo por la Policía Federal que estaba bajo la intervención militar y tenía órdenes de reprimir duramente cualquier manifestación de resistencia.

Autoridades universitarias, docentes y estudiantes fueron duramente reprimidos hasta llegar al denigrante episodio del 29 de julio de 1966 que se llamó la noche de los bastones largos, cuando aquella Policía castigó cobardemente a cientos de personas y el gobierno de la Revolución Argentina desmanteló lo más valioso de la intelectualidad científica de aquella época. Equipos completos fueron destruidos como Clementina, la primera computadora de América Latina, renunciaron y emigraron los 70 miembros del Instituto del Cálculo de Ciencias Exactas, donde era operada y lo mismo sucedió con el Instituto de Radiación Cósmica. Fueron detenidas en total 400 personas y destruidos laboratorios y bibliotecas universitarias.

En los meses siguientes cientos de profesores fueron despedidos, renunciaron a sus cátedras o abandonaron el país. En total emigraron 301 profesores universitarios; de ellos 215 eran científicos; 166 se insertaron en universidades latinoamericanas, básicamente en Chile y Venezuela; otros 94 se fueron a universidades de Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico; los 41 restantes se instalaron en Europa. Este hecho fue considerado como el comienzo de la fuga de cerebros junto con la decadencia cultural y académica de Argentina.

En este ambiente y contexto los acampantes e integrantes de la Comisión de Campamento Económicas lograron retirar subrepticiamente, todos los equipos y material guardado en el Aula 211 de la Facultad, patrimonio del CECE, y trasladarlo a buen resguardo al local de una galería comercial cercana lo que permitió mantener las desafiantes actividades por varios años más de manera inclaudicable e inalterable.

Ahora, en mi etapa de “júbilo” y regresando a Argentina, estoy empeñado en reunir a mis viejos y queridos amigos de aquella etapa tan inolvidable como formativa. Lo estamos logrando y cada incorporación es motivo de festejo, celebración y alegría del alma.

Y también soy docente ad-honorem de la Maestría en Gestión Empresaria del Comercio Exterior y de la Integración de la FCE-UBA, intentando de devolver a mi Universidad algo de lo que generosamente me brindó en la educación, en la cultura y en la formación como ser humano. A.

Buenos Aires, Argentina. 12, 13 y 14 octubre 1962 / 2012.