1981. Mi llegada a Brasilia DF

untitledMis vivencias no se refieren a la primera época de pioneros, de 1960 y posteriores, pero sin dudas fue en los inicios de una ciudad que creció enormemente, superando en mucho las dimensiones de sus visionarios.

Apena unos años después, fui el receptor beneficiario y agradecido de la generación de aquel momento tan especial en el desarrollo inicial y crecimiento del Distrito Federal. Así es que quiero brindar el testimonio de quien recogió las impresiones de muchos amigos candangos con los que me rodeé y me rodearon durante mis casi ocho años de disfrutar la vida en Brasilia.

Llegué al Planalto Central en noviembre de 1981, cuando Brasilia había celebrado sus primeros 21 años. Venia de cumplir mi destino diplomático de Lagos, la capital de Nigeria en aquella época. Allí pasé “525 días y sus respectivas noches” como acostumbro decir cuando me preguntan por aquella experiencia, una experiencia que la parte saludable de mi memoria fue borrando poco a poco.

Con este antecedente estuve al aeropuerto Internacional de Brasilia Presidente Juselino Kubitschek donde me esperaba un colega de la Embajada argentina, tal como es lo habitual en nuestra profesión. De mi parte llegaba a Brasil, tierra también de mis antepasados, como quien llega a un destino gratamente ansiado, luego de varias penurias en África.untitled-3

En el trayecto del aeropuerto al hotel, en el Setor Hoteleiro Sul, mi colega trataba de describirme la realidad de la ciudad, enfatizando todas sus limitaciones y lo lejos que estaba de la línea Revlon, como en la jerga diplomática denominamos a los destinos más ambicionados de nuestra idiosincrasia europea: Londres, París, Roma, Madrid, Ginebra, Bruselas, New York…

Recuerdo perfectamente bien aquel momento en que escuchaba como una lejana letanía su apocalíptica versión de la ciudad que me estaba acogiendo. En un momento del viaje por las amplias y despejadas avenidas de aquella época y cansado ya de sus comentarios cargados de conceptos negativos, pregunté con la mayor ingenuidad posible:
¿Aquí hay manteca en el supermercado?
– ¡Si, claro!, respondió con una mezcla de sorpresa y curiosidad.

Como había logrado cortar la corriente tan negativa de su relato, me arriesgué a la siguiente pregunta:
¿Y hay alguna estación de radio que transmita música clásica?
– Pero ¡claro que sí!, continuó respondiendo, ahora con más curiosidad que sorpresa.
– Porque de donde yo vengo ahora no hay ni manteca en el supermercado ni música clásica en las emisoras de radio.

Y así di por terminada esa infausta colección de informaciones cargadas de pesimismo sobre la ciudad que me estaba recibiendo con la mayor calidez.

La primera muestra de esa bienvenida me la dio un anónimo llamado telefónico al cuarto del hotel donde me hospedaba en mis primeros días:
¿Você é o senhor Carlos?
– Sí, soy yo, respondí en español.
– Meu nome é Paulo Etiènne Brasil de Miranda (todavía recuerdo perfectamente bien su nombre). Você tem uma entrevista marcada com a Nigéria na próxima quinta feira, pelo rádio.

Era la época de las comunicaciones por radio, una actividad en la que estuve muy activo durante la época en que las comunicaciones eran difíciles y costosas. La estación de Paulo estaba en el hospital de Gamma, donde él era médico.
– À tarde, no seu hotel, uma pessoa o procurará e depois providenciaremos o seu retorno.

Historias como esta me colmaron de alegría, hospitalidad, calidez y calidad durante los ocho años siguientes. Mis hijos se criaron en un ambiente único, fueron alfabetizados en portugués y aun hoy, más de 25 años después, solo hablan portugués entre ellos. Es la demostración más fehaciente de los magníficos recuerdos que guardan de su experiencia en Brasilia y de su dorada infancia.

imagesRecorrí todo Brasil desde la capital. Fueron años de intenso trabajo que me llevaron de Río Branco, en Acre, a São Luiz de Maranhão, de Manaus en el Amazonas, a Campo Grande en el Pantanal matogrosense. Pasé largas temporadas en Río de Janeiro y en São Paulo. Pero siempre retornaba a mi Planalto Central, donde disfrutaba intensamente del afecto de tantos amigos.

En Brasilia fui miembro de LABRE, con el indicativo PT2ZCA (Papa Tango Dois Zulu Charlie Alfa), fui participante activo de la red de emergencia argentina en Brasilia y gané el Premio Quijote Dorado por los servicios a la red y a la comunidad. Los radioaficionados de LABRE eran una comunidad muy unida y activa, sobre todo en los primeros años de la ciudad, logrando enlaces y comunicaciones, poniendo en contacto amigos y familias, prestando un servicio invalorable, sobre todo en los momentos de urgencia y necesidad, o simplemente de saudades. Pero éste será motivo de relato de otra Vivencia.

Fui un activo cultor de la biodanza y a través de ella y de mi relación con mis colegas de actividad, me terminé convirtiendo en un verdadeiro candango. Conocí personas maravillosas con las cuales mantengo permanente contacto, más de tres décadas después.

Les debo mucho a mis amigos de Brasilia. Ellos me ayudaron enorme y definitivamente a superar momentos difíciles de mi vida personal y familiar. Lo que en realidad ocurría, y esto es lo que quiero principalmente destacar, es que ellos me trasmitían las fortalezas de los pioneros, la tenacidad y la voluntad de los primeros pobladores de Brasilia. Sin dudas, recibía de ellos, el coraje para enfrentar los desafíos de la vida y la energía no solo para sobreponerme a las circunstancias adversas sino también para disfrutar de la vida. A.

Buenos Aires, Argentina. Febrero 2011.

Brasilia, Distrito Federal

Resulta imposible referirse a Brasilia sin hacer mención a sus creadores, el político Juscelino Kubitschek, el urbanista Lucio Costa y el arquitecto Oscar Niemeyer.

Juscelino Kubitschek (1902-1976), fue médico, político y presidente de Brasil entre 1956 y 1961. Su gestión de gobierno fue frecuentemente comparada con la gestión de su par argentino Arturo Frondizi (presidente entre 1958 y 1962), por la tendencia desarrollista de ambos políticos y por sus ideas comunes: ambos atrajeron con éxito a los capitales externos y radicaron fábricas en sus países, buscaban el desarrollo por medio de la industrialización y no se centraban en el liberalismo ni en el estatismo sino en cuidado de las cuentas públicas, sin descuidar la atención sobre la infalibilidad del mercado. Kubitschek es considerado uno de los dirigentes más admirados del panorama político de Brasil.

La idea de construir una nueva capital en el centro geográfico del país ya era idealizado en las Constituciones brasileñas de 1891, 1934 y 1946. Al respecto se documenta una anécdota determinante. En su campaña para lograr la presidencia de Brasil, JK, como era popularmente nombrado, enfatizaba que de ser elegido daría fiel cumplimiento a lo establecido por la Constitución. En uno de sus actos, un asistente pregunto a viva voz “¿aun el referido al traslado de la Capital?” A lo que JK respondió afirmativamente “¡aun el traslado de la capital!”

El cumplimiento de ese compromiso público fue una de sus primeras acciones cuando asumió el gobierno en 1956. Los trabajos, dirigidos por los arquitectos Lucio Costa y Oscar Niemeyer, comenzaron en el mes de febrero de 1957. Fueron utilizadas una considerable cantidad de maquinarias y más de 30 000 trabajadores confluyeron de todas partes del país, especialmente del noreste. La construcción fue efectuada en extenuantes jornadas de trabajo diurnas y nocturnas, todo con el objetivo de terminar Brasilia el 21 de abril de 1960. La obra demoró 41 meses y Brasilia es considerada una obra maestra del urbanismo moderno y la arquitectura.

La nueva capital fue creada para integrar todas las regiones del país, crear puestos de trabajo y mano de obra absorbe en el noreste brasileño y para estimular la economía de la región Centro-Oeste y Norte y fue realizado íntegramente durante el periodo presidencial de Kubitschek, su obra publica más importante y la de mayor trascendencia histórica.

Lúcio Costa (1902-1998) fue un arquitecto y urbanista franco-brasileño. Fue el que, en 1956, presento un anteproyecto en el concurso lanzado para crear la nueva capital de Brasil. La propuesta contravenía algunas normas pero pese a eso, venció casi por unanimidad. Fue así que desarrollo el Plan Piloto de Brasilia y, junto con Niemeyer, pasó a ser conocido en todo el mundo como autor de la nueva ciudad.

Oscar Niemeyer (1907-2012) fue un arquitecto brasileño, seguidor y gran promotor de las ideas de Le Corbusier y es considerado uno de los personajes más influyentes de la arquitectura moderna internacional. Sin duda que entre sus principales proyectos arquitectónicos se destaca la construcción de Brasilia. A.